CAPÍTULO 17
Clara
Justo lo que necesitaba. Una fiesta de adolescentes borrachos que beben y beben hasta la saciedad.
―No voy a ir, Blair ―digo por milésima vez, retirando el vestido de mi cama.
―Vas a ir, Clara. Xander y Cassie me obligan a llevarte. Tienes doce años, lo normal es que salgas de casa y esas cosas de niños normales.
Niego con la cabeza y doy el último sorbo a mi vaso de agua.
―No te lo vuelvo a decir, Clara, no querrás avergonzarme dejándome ir sola.
―Te avergonzaré si voy contigo ―la intento hacer entrar en razón―, nadie quiere ir conmigo a una fiesta.
Escuché a las chicas del curso de mi hermana el otro día. Hablaban de ella. Decían que era la única sin novio, la única marginada. Y que la culpa era toda mía. Por culpa de mi cara. Por ser tan fea. Nadie quiere salir con le hermana de la rara.
―No digas bobadas, si estás buenísima ―me regaña tirándome de los brazos para que me levante de entre las sábanas.
Me incorporo a regañadientes y cojo el vestido negro. Es corto, pegado por arriba y con volantes por la parte de abajo .
―No querrás que me ponga esto, ¿verdad? ―pregunto sorprendida de ver el tamaño―. No me va a valer, soy enorme.
―¿Eres tonta? ―pregunta ella, frunciendo el ceño como si de verdad lo pensara―, el único problema en el que tienes que pensar es en cómo apartar a los chicos de tu lado, porque van a estar rondándote como moscas.
Ah, y también en que cuando te agaches, que no se te vea el culo. Pero ya pensaremos en eso más tarde…
El problema que tengo es que solo quiero a Joe. No paro de pensar en él, y es una tortura.
Me duele el corazón, pero no sé si es por lo que me dijo, o por no verle.
Es la primera vez en años que estamos tanto tiempo separados, y le extraño tanto…
―Vale ―acepto rodando los ojos.
Me encierro en el baño y me pongo el ajustado vestido.
Frente al espejo, examino mi reflejo por completo. La prenda es preciosa. En cambio yo…
Salgo de allí cruzando los brazos sobre el estómago, intentando ocultar mi notable barriga.
―Joder… ―dice mi hermana, completamente impresionada.
―No digas nada, por favor ―le pido en un suspiro entrecortado.
―Estás más guapa que yo …
La fiesta está llena de gente mucho mayor que yo, hay hasta chicas de veintidós años.
La música retumba por toda la casa y está todo el mundo bailando en la cocina y el salón.
Mi hermana está todo el rato pendiente de mí para que no me quede sola y no me gusta. Ella no está disfrutando con sus amigas como debería de estar haciendo.
―Quédate aquí, voy a fuera a tomar el aire, no hace falta que me acompañes ―le digo hablando por encima de la música.
―Voy contigo, no te preocupes ―responde caminando hacia mí, torpemente por los tacones.
―No, no, no, quédate aquí. Voy a estar bien, solo serán unos segundos ―aseguro, intentando sonar lo más convincente posible.
―¿Segura?
Asiento con la cabeza, me giro antes de que me pueda decir algo más y voy esquivando a toda la gente apelotonada en la sala.
No conozco a nadie, pero justo cuando estoy buscando la puerta, distingo caras familiares.
Dolorosamente familiares .
Joe Hunt está en la fiesta, acompañado de Grayson y los demás chicos del equipo.
Me quedo paralizada, sin poder moverme mientras veo como todos se divierten a su alrededor menos él, que tiene cara de pocos amigos .
De pronto, se les acerca un grupo de chicas, en concreto, se le acerca a Joe una pelinegra muy guapa, delgada y alta, que tiene pinta de ser de su edad.
Noto la fría tensión que hay entre ellos, o al menos, eso creía antes de que la chica le sacase a bailar.
Los pierdo entre la gente, y con un suspiro entrecortado, lo tomo como señal para seguir buscando la salida.
Me abro paso entre la multitud, esquivando los codazos de todos los que bailan a mi alrededor. Y justo cuando distingo la salida, con la puerta abierta esperando a que pase, me choco con el enorme pecho de alguien.
Miro hacia arriba y me encuentro a Grayson con uno de los chicos del equipo, mirándome boquiabierto.
―Clara… ―abre los ojos de par en par, como si no creyera que de verdad estoy frente a él.
Antes de que pueda decir nada, salgo corriendo a la calle.
El frío viento de por la noche llena mis pulmones y el cambio de temperatura es bastante grande, lo que hace que un escalofrío recorra mi columna.
Me siento en la acera, recogiendo mis piernas entre mis brazos, acurrucándome en mi misma para no perder el calor corporal.
El sonido envolvente y amortiguado de la música atraviesa las paredes de la casa, pero a pesar de eso, se oye el sonido del viento y siento una tranquilidad inmediata.
Cojo un pequeño palo que hay en el suelo y empiezo a hacer como que escribo en la carretera .
Primero hago un corazón, luego una carita triste, luego de nuevo el corazón, y por último una “J”.
Frustrada y un poco dolida al recordarle, lanzo el palo lo más lejos posible y retomo la postura de antes.
―Clara… ―oigo que dice alguien detrás de mí.
Me giro y el dolor se vuelve a instaurar en mi pecho. Esta vez es más fuerte y profundo, hasta el punto de que me arde el corazón y cada vez respiro más rápido.
Me levanto de la acera y camino hacia el interior de la casa para evitarlo a toda costa.
―Háblame, por favor ―me pide Joe, que también parece dolido.
Niego con la cabeza, con las lágrimas a punto de resbalarse por mi rostro. Él me toma del brazo con delicadeza y me frena.
―Te has cambiado de colegio ―suelta en un hilo de voz ahogada, que no parece precisamente una pregunta.
―Sí… Mi hermano… Él…
Con un suspiro hondo, asiento con la cabeza al ver que no me salen las palabras.
―Clara yo…
―No me expliques nada ―intervengo subiendo la mirada hasta sus ojos―, pillé el mensaje. No tendrás que volver a ocuparte de mí.
Se le encoge el cuerpo, como si le hubiera pegado una bofetada .
―No es eso, Clara. Estaba tan enfadado, y dolido al verte sufrir de esa manera por esas idiotas, que… que…
―No hace falta que inventes nada, Joe. Entiendo que te hayas cansado de mí ― yo también lo he hecho ―. A partir de ahora intentaré no ser tan idiota y te dejaré en paz.
―No digas eso, mi amor ―solloza con lágrimas bajando por su rostro―. No puedes hacer eso, no te alejes de mí. Soy un imbécil, pero por favor, no lo dejemos así.
―Ya no puedes hacer nada por mí ―digo, empezando a sentir que me arden los ojos y mi visión se vuelve borrosa. Pero a pesar de eso, intento con todas mis fuerzas poner una pequeña sonrisa.
―Sí que puedo, Clara ―insiste, con su pecho subiendo y bajando rápidamente.
―Adiós, Joe ―me despido hecha un mar de lágrimas, intentando mantener lo poco que me queda de la sonrisa.
Corre hacia donde estoy y se pone delante de mí para que no pueda avanzar.
―Me haces daño diciendo todo eso ―se queja secándose las lágrimas.
Le trato de apartar ignorando lo que ha dicho, pero es imposible, por lo que paso por su lado.
―¡Estás destrozándome! ―grita, dejándose caer en el suelo―, me duele que me ignores, pero me duele más que te hayas cambiado de colegio sin decírmelo o que hayas vuelto a dejar de comer. Que por cierto, sé que lo has hecho.
Me desgarra un grito ahogado del pecho .
―¿Cómo lo sabes? ―pregunto sintiendo el pesado impacto de sus palabras.
―Clara… Mírate.
―¿Cómo coño lo sabes? ―vuelvo a preguntar perdiendo la paciencia.
Yo no se lo he dicho, y no lo sabe nadie.
―Me lo dijo… Creo que es la novia de Xander.
Oh, no.
El mundo se para un instante. Xander lo sabe. Dios, pensé que nadie se había dado cuenta porque todavía no estoy delgada. Esto no puede estar pasando.
El estómago se me retuerce y me entran ganas de vomitar. Busco la pared a ciegas, apoyando la espalda para no desplomarme por el mareo.
―¿Qué te pasa? ―pregunta Joe con un destello de preocupación en los ojos, viniendo hacia mí―. Clara, ¿qué cojones te pasa?
―Déjame ―digo, incorporándome tomando una profunda bocanada de aire.
Joe se sigue acercando y coloca sus manos en mis hombros.
―¡Que no me toques! ―subo el volumen, desesperada por coger aire mientras me zafo de su agarre.
Joe se retira con una mueca de dolor y con las manos en alto para que las vea.
―¿Crees que solo sufres tú? ―pregunto gritando al mismo volumen en el que lo había hecho él antes―.
¿Crees que a mí no me duele tener que cambiarme de colegio porque la situación se descontroló?
, creí que por una vez en la vida iba a tener amigas aparte de Evie, y, ¿sabes qué?
, para sorpresa de nadie fue todo mentira.
Porque soy desagradable, inútil, fea, estoy gorda y tengo un montón de defectos más que no sé, pero que la gente ve.
Levanta los ojos hacia mí y se pone en pie con lentitud, sin romper el contacto visual.
―No es verdad ―suelta, y su voz no admite réplica―. Eres preciosa, inteligente y honesta. Tienes un corazón delicado al que le cuesta confiar en los demás, y un físico espectacular. Mírate.
Me tapo los oídos y aparto la vista, sacudiendo la cabeza. Miente. Todo lo que sale de su boca es mentira. No me lo creo.
―Te quiero, Clara.
―No me puedes querer. No sé ni cómo lo haces.
―Clara…
―Sabía que Evie no vendría detrás a ver qué tal estaba… Pero tenía la esperanza de que, al menos, tú te preocuparas por mí. Estaba segura de que lo harías. Pero dejaste claro que no.
―Cariño…
―No me llames así, Joe. Se acabó.
Quizá esto sea lo mejor para Joe, no lidiará más conmigo y ya no seré una carga. Pero yo no lo soportaré.