Brillando entre las grietas CAPÍTULO 16
56%

CAPÍTULO 16

Joe

Me paso con dolor en el pecho todos los días a todas horas desde que se fue. Llevo queriendo a la misma chica desde tercero de primaria y todo iba bien hasta que metí la pata hasta el fondo con ella.

¿En qué momento se me pasó por la cabeza que era buena idea decir todo eso?

El problema fue que no utilizaste la cabeza, gilipollas ―pienso para mis adentros, contestándome solo a mi pregunta. Como todos los días últimamente.

He pasado varias veces por su casa, pero nunca me ha abierto nadie.

Hoy ya es la quinta vez que llamo.

―¿Qué coño quieres? ―dice la voz cortante de Xander desde el otro lado de la puerta.

―Abre, por favor ―suplico, desesperado.

―Ni de puta coña.

―Venga, Xander, quiero hablar con tu hermana ―insisto, dando un golpe a la puerta.

―Ha sido todo tu culpa ―ruge con la voz temblorosa.

―¿Qué ha pasado? ―pregunto, con el corazón dándome un vuelco y con el miedo recorriéndome las venas.

―¡Todo ha sido tu puta culpa! ¡Por un niñato de mierda mi hermana está así !

Unos pasos se acercan a él.

Pego la oreja en la puerta para escuchar lo que pasa dentro de la casa.

―Arlo, vete de aquí.

―No. Estás llorando, Xander, no puedes llorar ―dice una vocecita que cada vez suena más cerca.

―No estoy llorando, es que me he salpicado con agua fregando los platos.

Xander está… ¿Llorando?

Vuelvo a pegar mi oreja en le puerta y oigo que se aproximan más pasos. Con suerte, los de Clara.

―¿Con quién hablabas? ―pregunta una chica, que por la voz tiene pinta de no ser la razón por la que vengo.

―Con nadie, nena, solo un imbécil que pasaba por aquí.

Es su novia, creo.

―Clara no sale de su cuarto ―dice la chica, suavizando la voz.

―Iré a verla, quédate con Arlo abajo.

Cuando noto que ya no está Xander, vuelvo a llamar a ver si con suerte, esta chica me abre.

Una adolescente con pelo castaño y ojos verdes abre la puerta.

―¿Quién eres? ―pregunta cargando a Arlo entre sus brazos.

El pequeño niño, que ha crecido bastante desde la última vez que le vi, se abalanza a mis brazos.

―¡Joe! ―dice, con la sonrisa iluminada .

―Arlo, hace mucho que no te veía pequeñín ―saludo dándole un corto abrazo.

―No soy pequeño, tengo seis años ―puntualiza poniendo cara de concentración mientras hace el número seis con las manos.

―Es verdad, ya eres todo un mayor.

A medida que se aleja, noto sus ojos analizándome cuidadosamente de arriba abajo, y su rostro va perdiendo la sonrisa.

―Le has hecho daño a la tata Clara ―dice frunciendo el ceño, acusándome con el dedo índice.

Suspiro, con el corazón en un puño y más nervioso de lo que me gustaría.

―¿Eres tú? ―pregunta la chica, abriendo más los ojos, como si ahora lo comprendiera todo.

La miro a los ojos, intentando no derrumbarme mientras ella me mira de arriba abajo justo como hizo Arlo.

―¿Puedo verla? ―pregunto con la voz rota.

―No ―niega la chica acompañado de un gesto con la cabeza―. Por favor, vete.

―Pero…

Así, sin más, la chica empuja la puerta, y antes de que pueda llegar a cerrarse del todo, la freno con el pie.

―¿Qué la pasa? ―pregunto tembloroso.

Niega con la cabeza, decidida a no dirigirme más la palabra.

―Por favor ―suplico nuevamente .

―Le has hecho daño ―dice con lágrimas asomándose por sus ojos―, no come, está en los huesos. No habla con nadie, se… se…

―No fui yo. Yo no la pegué ―aclaro en un hilo de voz.

La chica, coje aire y me mira fijamente.

―Lo sé. Sé quién eres.

―Entonces, ¿no puedo hablar con ella? De verdad que lo necesito.

―No creo que… ―con un suspiro, se muerde el interior del labio―. Ella no te quiere ver. No sé lo que la hiciste, no nos habla mucho del tema, pero le dolió. Conozco a Clara y creo que no está así porque la pegaran…―las palabras van desapareciendo y la chica cierra la puerta

No quiero creerlo.

No quiero creer que fui yo quien le hizo tanto daño a su pequeño y delicado corazón. Yo. Yo, que sé mejor que nadie cómo lo vive.

Y pensar que yo le hice eso… Se me revuelve el estómago. Me doy asco.

Cuando llego a casa, lo primero que hago es ir a la habitación de Evie.

Necesito que me diga cómo la ve en clase. Es mi última opción. No quería recurrir a ella porque me da miedo que vuelvan a centrar su atención a Clara de nuevo.

Pero sobre todo necesito que deje de hacer bobadas con las otras y que se dé cuenta de que son malas. Que la están utilizando. Que son seres dañinos y que también la podrían hacer daño a ella en cuanto se olviden de Clara.

―¿Qué haces aquí? ―pregunta enfadada cuando irrumpo en su cuarto sin llamar.

―¿Cómo está Clara? ―suelto sin andarme con rodeos, necesitado de una respuesta.

Evie se yergue en su sitio, y su postura se congela unos segundos.

―Muy… Bien. Sí, eso, está bien.

Su voz suena demasiado falsa como para creerla.

―Evie…

―¡No miento!

―No soy tonto. ¿Qué la está pasando?

Baja la cabeza y entrelaza sus manos entre sí.

―Espero que no la hayáis hecho nada, porque si no…

―Ya no está.

Se me corta por completo la respiración y no puedo mover ni un puñetero músculo de mi cuerpo.

―¿Cómo que ya no está? ―balbuceo boquiabierto―. ¿Ya no está yendo al cole? ¿Hace cuanto que no va?

Con un suspiro tembloroso, Evie me mira a los ojos con una mezcla de culpabilidad y tristeza, mordiéndose el interior del carrillo.

―Se cambió de colegio cuando terminó el segundo trimestre. Cuando paso todo eso…

No, no, no.

No puede ser.