CAPÍTULO 13
Joe
Hoy es el último partido del curso de primero de secundaria.
Solo queda un curso para que venga Clara.
La quiero tanto .
Ya come sin que yo se lo diga, aunque la ha costado muchos años.
Desde que no vamos juntos al colegio, viene a mi casa por la tarde, o si no, yo voy a la suya.
Se junta con Evie, que me tiene un poco enfadado… Justo voy a hablar con ella esta tarde.
No incluye en nada a Clara.
Siempre va como un perrito detrás de ellas para no quedarse sola, y no me gusta nada.
La siguen diciendo cosas, pero no me lo dice para que no me meta.
Sé que no la ha felicitado ni en su cumpleaños, que ha sido hace unos días. A ver, no me lo ha dicho, pero lo sé. Estoy segurísimo.
Evie era su mejor amiga, no sé qué la pasó.
―Venga tío, que hoy vamos a ganar ―me anima Grayson en los vestuarios.
―Lo sé, joder, es solo que estoy …
―No empieces ―me avisa Grayson, señalándome con el dedo índice de forma acusadora.
―Es que está sola y mi hermana…
―No culpes a tu hermana, a lo mejor tiene una buena razón.
―No, no la defiendas, no hay razón alguna. Tú conoces a Clara y sabes que nunca ha hecho nada para que la dejen de lado, o para que se metan con ella.
―Pero…
―Que no, joder ―le interrumpo lo que iba a decir―. Lleva toda su vida sola, todos se meten con ella, pero no lo cuenta, ¿sabes por qué?
Grayson niega con la cabeza, por una vez, atento a lo que voy a decir.
―Porque no quiere meter a nadie en líos. Se deja insultar y empujar por las amigas de Evie, solo para que la que era su mejor amiga no se quede sola. También tiene una situación familiar horrorosa, los únicos amigos que tiene somos tú y yo.
Grayson se me queda mirando sorprendido.
―Y, además, la quiero tanto, tío… Tú nunca le has visto llorar por cómo se veía, o porque las amigas de mi hermana son tan capullas que la hacían creer cosas que no era.
Incluso la ponían motes horribles, y todo eso se lo callaba, porque no la escuchaban, nadie.
Ni los profesores, ni el director ni nadie…
Incluso su propia madre ―suelto destrozado.
Madre mía .
Me duele tanto recordar cómo estaba, y cómo se sentirá ahora.
Sé que está sola en el recreo, que oculta las cosas, y que a pesar de que ya come, se sigue mordiendo el brazo, o la mano, o lo sea que coño pille.
―No lo sabía ―dice Grayson boquiabierto.
―Ni tú ni nadie, joder. Y los que lo sabían, nunca hicieron nada.
Me recompongo y me sigo poniendo la ropa.
Los dos estamos en silencio, ninguno se atreve a decir nada después de lo que he dicho. Hasta que vienen los del equipo y el entrenador.
―Vale, repasemos lo que vais a hacer ahí fuera ―empieza el señor Fletcher.
Ya estoy en casa. Son como las nueve de la noche.
Hemos ganado 2-14 a 1-10.
Va a venir Clara en unos dos minutos.
He preparado algo de comer para ver una peli.
Cuando estoy en mi cuarto dejando todo, entran a mi habitación.
―Hola ―saluda Clara tímidamente, pasando a mi cuarto, juntando sus manos entre sí, como siempre.
Sonrío y me levanto para caminar hacia ella.
―Demasiado lejos, Clara.
Con una sonrisa casi inapreciable, se acerca del todo hacia mí y espera a que la envuelva entre mis brazos .
―Entonces, acércate ―contesta sin mucha emoción en la voz.
Me doy cuenta de que esta vez, no me abraza de vuelta. Ni si quiera noto que esté respirando bien. Está… ¿triste?
Me separo y la miro a los ojos, rojos y cristalinos.
Parece que está deseando llorar.
―¿Qué te pasa? ―pregunto preocupado, acariciándola el pómulo.
Antes de poder responder, se derrumba en mis brazos, sin atreverse a mirarme a los ojos y empieza a llorar como si no lo hubiera hecho en años.
La acurruco con mi cuerpo y la llevo a mi cama lentamente.
Me siento, apoyando la espalda en la pared y le pongo encima, contra mi pecho.
Sabía que la pasaba algo. Siempre que va a llorar, entra así.
Por suerte, sé lo que tengo que hacer, así que cuando se deja tocar, la masajeo la cabeza con una mano mientras la sujeto fuertemente a mi cuerpo con la otra.
Su respiración se va calmando poco a poco, hasta que solo quedan sollozos.
Un rato después, parece haberse calmado.
―¿Qué te pasa, Clara? ―pregunto suavemente, volviendo a acariciar su cabeza.
―No es nada, solo quería llorar ―dice sin mirarme a los ojos, separándose de mi cuerpo .
―No mientas, sé que te han vuelto a hacer algo.
Noto como su pecho sube y baja rápidamente.
Está nerviosa .
―Me lo puedes contar ―le digo con tono cálido y meloso, para ver si consigo convencerla.
Se lo piensa unos segundos, mirando al suelo.
―Estoy harta ―dice incorporándose en la cama sollozando, con dolor en su voz―, de todo. No puedo más.
―Lo sé ―la tranquilizo acercándome y acariciando su mejilla.
―Es que no he hecho nada, pero parece que me odian.
Acerco su cara a la mía y le doy un pequeño beso en la mejilla.
―Quiero ir contigo al instituto ―me mira al fin a los ojos.
Está preciosa, como siempre, aunque llore .
―Ya queda poco, solo unos meses más.
―Lo sé ―me vuelvo a cercar a darla otro beso en la otra mejilla.
―Otro ―pide poniendo pucheros.
Le doy otro beso en la nariz.
―Otro.
Apoyo mis labios en su frente.
―Más.
Le doy uno en el cuello, y noto que la da un escalofrío que la recorre toda la columna.
Me mira a los ojos, y luego a los labios .
Se muerde el labio y se acerca a mi cara.
―Otro.
Le doy otro en la barbilla.
Como me pida más, no me voy a poder resistir.
―Otro.
Joder .
Acerco su boca a la mía, y le doy un rápido beso en los labios.
No parece importarla, creo que estaba esperándolo.
Nos separamos lentamente y se vuelve a tumbar, pero esta vez, sobre mi cama.
Me meto bajo las sábanas con ella, y me abraza.
―¿No vas a querer ver la peli? ―la susurro al oído.
Niega con la cabeza.
Aún solloza un poco, pero se tranquila poco a poco.
―Defiéndete ―murmuro, casi para mí mismo.
Me mira extrañada, frunciendo un poco el ceño.
―Cuando se metan contigo, defiéndete. Si hace falta insultar, insulta. Sé ingeniosa, pero no te quedes sin hacer nada.
Asiente, temblorosa.
―¿Vamos a dormir ya? ―pregunto un poco incómodo sin el pijama.
―Yo sí que quiero ―dice en voz baja, mirando a cualquier cosa menos a mí―, no quiero sentir nada más.
―No digas eso, mi amor ―digo sonrojándome rápidamente al decir eso último .
―Es la verdad, Joe. Nadie me quiere aquí.
―Yo sí que lo hago.
Niega con la cabeza repetidas veces, y se lleva la mano a la boca, marcándose la dentadura en la piel todo lo fuerte que puede.
―Te vas a hacer daño, Clara ―la regaño quitándola la mano de entre los dientes y entrelazándola con la mía.
―Mejor ―murmura en un suspiro casi inaudible.
Me levanto poco a poco de la cama para ponerme el pijama.
―No te vayas ―pide Clara estirándose, aún tumbada.
―Solo me voy a poner el pijama.
―Ya no puedo coger postura ―se queja incorporándose y poniendo pucheros.
Me quito los pantalones y me pongo los del pijama, que son unos cortos holgados con estampado de tartán.
Por último, me quito la camiseta y vuelvo con Clara, que me mira fijamente.
Cuando está a mi lado, se queda embobada en mi pelo rubio oscuro con rizos.
Lo toca, recuperando una leve sonrisa pícara, y se levanta para ir al baño.
Vuelve con dos gomas de pelo que guardo ahí para ella.
―No, no, no ―digo un poco asustado.
Se lo que va a hacer.
Me va a poner las gomas en el pelo y va a hacerme peinaditos como a una niña pequeña .
La veo reírse un poco, cosa que me tranquiliza, pero no hace que me olvide de lo que quiere hacerme.
―Ni de coña, Clara.
―Por favor ―dice poniendo ojos de cachorro, sin mucha alegría en la voz―. Me haría sentir mejor.
―No, ni se te ocurra.
Viene corriendo hacia mí, pero me salgo de la cama.
Sigue corriendo, y esquivo todo para escapar de ella.
Cuando no miro para atrás, se me abalanza a la espalda, con lo que noto un leve peso encima. Es increíble lo poco que pesa para tener doce años. El otro día cuando empujé a mi hermana me costó más moverla.
Clara se agarra a mi cuello, rodea mi cintura con las piernas y se agarra bien.
―Clara, bájate de mi espalda. No me vas a peinar.
―Porfa ―pide alargando la palabra―, luego te lo quito yo.
―Que no ―me niego rotundamente.
La llevo de espaldas hacia la cama, me siento y la intento soltar, pero se agarra más fuerte con las piernas a mi cadera y con los brazos a mi cuello.
―Clara… ―aviso.
―Joe… ―imita mi tono.
―Que no te voy a dejar ―digo sin cambiar mi respuesta―. Además, esas gomas me tiran mucho del pelo.
―Que te las quito yo sin hacerte daño, venga.
―No .
Se suelta y me tumba en la cama, mientras que ella se sienta en mi piernas y se inclina hasta estar encima de mí.
―Porfaa.
―No.
Me agarra la cara y me empieza a dar besos por todas partes. Desgraciadamente por todas menos por los labios.
Joder .
Se frena y me mira.
―¿Ya puedo?
―No.
Vuelve a besarme, pero esta vez, baja al cuello y a los brazos.
Veo que va a preguntar de nuevo.
―No ―me adelanto.
La veo indecisa, pero por fin, posa sus labios en los míos rápidamente y luego los quita.
―¿Ya? ―pregunta evitando el contacto visual.
La veo nerviosa y sus mofletes cogen color.
Suspiro cansado y acepto.
Sonríe de oreja a oreja y se pone a hacerme coletitas.
Después de un rato de un peinado tras otro, se tumba en la cama, apoyada en mis brazos, a los que les ha crecido músculo gracias a los entrenamientos.
No sé cómo sigo con pelo.
Los ojos se la van cerrando a medida que pasa el tiempo, y poco a poco, se duerme .
Que guapa .
Al día siguiente, la dejo en el colegio yo, para asegurarme de que nadie la dice nada al entrar. Y voy al instituto.
Tengo entrenamiento ahora, porque nos han cambiado el horario para estas últimas semanas.
Veo a Grayson con los demás en los vestuarios.
―Hola, Joe ―saludan todos.
―Hola ―saludo de vuelta.
Me siento con ellos a planear jugadas antes de salir al campo.
―¿Qué tal, tío?, se te ve mejor ―dice Grayson.
―Bien, estoy contento…
―Clara fue ayer a tu casa, ¿no?
―¿Por qué dices eso?
―Porque estás… demasiado contento.
Se le abren los ojos de par en par y me mira con una sonrisa ladeada.
―Os liasteis, a que sí ―dice divertido―, o mejor…
―¡No! ―contesto sabiendo a lo que se refiere.
―Hostia, que mala suerte.
Este tío está mal.
―¿Qué cojones dices?, cacho melón.
―Nada, nada, pesado… Es solo que pensé que…
―Que nada, no ha pasado nada, cotilla.
Joder …
Lo que sí que voy a hacer, es hablar con Evie esta tarde sin falta.
Estamos llegando, pero está mi madre conduciendo, y Clara no me deja que ella lo sepa.
Es que no se puede quedar así.
Cuando ya estamos en casa, entro en su habitación donde está ella sacando unos libros de la mochila.
―¿Qué quieres? ―pregunta mirándome mal.
―Hablar contigo sobre algo.
―¿Qué?
Joder… Esta puta niña…
―¿Qué le hacen a Clara tus amigas?
―Cómo no ibas a hablar sobre ella ―dice rodando los ojos―. ¿Es tu novia o es solo una obsesión que tenéis desde que erais pequeños?
―No importa, te estoy preguntando una cosa, Evie, contesta.
―Osea que sois novios… Joder, lo sabía, que asco.
―Que te calles la boca y me contestes: ¿qué la hacen?
―Nada, son solo bromas.
―No, no son solo bromas y lo sabes. Hace unos años la hubieras defendido.
―Tú lo has dicho, hace unos años.
―¿Por qué ahora no ?
―Porque ahora tengo a mis amigas ―dice como si fuera obvio―. No digo que Clara no lo sea, digo que las otras también lo son y no las quiero perder.
―A lo mejor, te venía bien perderlas, son unas estúpidas criticonas que no sirven para nada.
―¿Qué coño dices, imbécil? Son mis amigas, ¿por qué te importa Clara más que yo? Soy tu puta hermana.
―¡Porque yo también lo siento! ¡Lo estoy viviendo todo a través de ella!
¡Solo sois unas niñatas que no sabéis las barbaridades que decís!
, sois tontas, mimadas y hacéis que la gente se sienta inferior.
No sabes por todo lo que ha pasado Clara gracias a ti y a tus amigas, y encima no la defiendes, tú, Evie, tú , que has sido su amiga desde siempre, y ahora vas, y dejas que se metan con ella.
No sabes lo que una acción o palabra puede cambiar a una persona.
Y mucho menos las batallas por las que está pasando en este momento.
Se queda parada mirándome con asco.
―Batallas dice… ―se burla mi hermana, soltando una carcajada.
―Sí, Evie. Aunque no espero que sepas lo que es eso, porque a ti todo te lo dan hecho. ¿Sabes hacer algo por ti sola?
―Salte de mi cuarto ―exclama Evie enfadada.
Me cruzo de brazos sin hacer caso hasta escuchar una respuesta.
―¡Que salgas de mi puto cuarto, animal! ―grita Evie .
Aún no me voy a ir.
Sé que se siente culpable, por eso no dice nada. Pero lo que quiero que haga es que la defienda cuando no estoy yo, o por lo menos que les frene el pie a las otras imbéciles.
Gracias al escándalo que está montando, mi madre sube a la habitación.
―¿Qué está pasando? ―pregunta subiendo el volumen de la voz, al ver que no la hacemos caso.
―Que se ha metido a mi cuarto el imbécil de él ―intenta explicar mi hermana enfadada.
―No. La estoy diciendo algo, pero como sabe que tengo razón, me ignora y lo evita.
―No es cierto, dice que me meto con…
Antes de que pueda decir nada, la corto.
―Cállate, hostia ya ― Por los pelos ―. Me voy a mi cuarto, dónde no hay niñatas.
―Eso es ahora que no está Clara contigo ―empieza a burlarse Evie―. ¿Por qué cierras con pestillo cuando está en casa?
Mi madre me mira enfadada y a la vez sorprendida.
―Lo mismo digo con Grayson ―intento defenderme―, ¿Qué hacéis en la habitación cuando estáis solos?
―Nada, solo bailamos o jugamos.
―¿De veras?, porque ahora mi amigo tiene trece años y es muy poco maduro. No creo que se sepa controlar si te quiere besar.
―¿Y tú crees que te sabes controlar con Clara ?
―Pues claro, eso es lo que hago, gilipollas.
Ups .
Mi madre grita, y un silencio absoluto invade la habitación.
―No creo que sea cierto lo que acabo de oír de ninguno de los dos ―empieza―. Sé que Grayson y Clara son buenos chicos, pero vosotros no si os comportáis como imbéciles. Así que no quiero volver a escucharos discutir o estaréis castigados sin que vuelvan a casa.
Silencio.
―Joe Hunt, a tu cuarto ―ordena mi madre―. Y Evie, por decir eso tan feo de tu hermano y de Clara, ve abajo a limpiar el salón.
―¿Y él?, ha dicho que Grayson y yo…
―Sé que lo ha hecho para defenderse, le castigaré con otra cosa, ahora, abajo, ya.
Evie baja molesta mientras mi madre me mira fijamente.
―Te has pasado, eres el mayor y debes de dar ejemplo. No voy a prohibir a ninguno de tus amigos que entre, porque sé que eres responsable, pero si ves que Evie hace algo, me lo dices.
Y así, sin más, se baja a vigilar a Evie.
Bien . No me ha castigado.
Será mejor que tenga cuidado.