CAPÍTULO 12
Clara
Hoy es sábado.
Cumple de Evie.
Me dio la invitación en clase, junto a todos los demás que irán a su fiesta.
Ha invitado a toda nuestra clase y a algunas personas de la clase de Joe.
Su madre acaba de traerme a su casa diez minutos antes de que empiece la fiesta, para jugar. Ya que, la mía sigue desaparecida, pero nadie salvo mis hermanos y Joe lo saben.
Creo que está muerta.
―Venga, cariño, sube arriba que está Evie ―me ofrece Keeva cogiendo mi regalo y llevándolo a la mesa.
―Voy ―contesto sonriendo.
Evie ya no es mi mejor amiga, está claro.
Les sigue el rollo a las otras, incluso cuando se meten conmigo. No me defiende como antes.
Ahora, no me gusta estar cerca suyo si está con las demás, pero tampoco me quiero quedar sola, por eso a veces, parezco un perrito detrás de ellas.
En vez de subir a su habitación, subo a la de Joe, mi novio .
Llamo a la puerta antes de entrar .
―¿Quién? ―pregunta Joe, de espaldas poniéndose la camiseta.
―Soy yo ―respondo en bajo.
Se gira rápido y viene corriendo hacia mí.
―¿Qué tal, Clara? ―pregunta sonriendo tomándome la mano.
―Bien, ¿y tú?
―Mejor, ahora que te veo.
El calor sube a mis mejillas y me sonrojo.
Siempre sabe hacer que me sienta mejor.
―¿Quieres bajar luego a la fiesta, o nos quedamos aquí? ―pregunta dándome un abrazo.
No lo sé.
De verdad que no quiero, pero su madre lo notará.
Como respuesta, me encojo de hombros.
―Pues nos quedaremos aquí mientras decides.
―Vale.
Nos sentamos a la vez, él en el puf, y yo en la cama.
―Demasiado lejos, Clara ―dice, haciéndome un hueco en el puf.
Con una sonrisita, me levanto y me siento con él.
―Entonces, acércate ―contesto pegándome a él todo lo posible.
―¿Has comido algo hoy?
No .
―Sí.
―¿Qué has comido? ―pregunta alzando las cejas .
Sabía que me iba a preguntar eso, así que siempre tengo una excusa para todas las veces que pregunta.
―Para comer un huevo revuelto ―miento con mi cara más convincente.
Joe suspira y se cruza de brazos.
―Sé que mientes, Clara ―dice levantándose de su asiento.
―No, no miento.
―No disimules, no me la vas a colar.
Jope .
―Voy a por algo de comida abajo, ahora vuelvo.
Y se va según termina la frase.
A los pocos minutos, vuelve con el plato lleno, casi rebosando.
Lo miro aterrorizada.
―¿Me…? ¿Me voy a comer todo eso?
―No, tranquila, he traído para mí y para Grayson.
Me quedo quieta.
¿Va a venir Grayson?
¿Me va a ver comer?
―Él viene luego ―dice tranquilizándome―, le he entretenido para que vaya a buscar el regalo de mi hermana en el patio. Le he dicho que estaba escondido en alguna parte y, que si lo encontraba, le daba un premio.
―¿Le has tratado como a un perro?
―Puede… Pero no quería que te viera… Ya sabes …
―Sí, sí, lo entiendo.
―Bien ―me sonríe acercándome el plato―. He traído un perrito caliente y una galletita. Te lo tienes que comer antes de que venga Grayson en, aproximadamente, diez o quince minutos.
No voy a poder. Ni loca me como todo eso.
Joe coge el perrito caliente y corta un pequeño trozo con las manos.
―Abre la boca ―dice con delicadeza.
No se me abre.
He mejorado esta última semana, pero no tanto como para comer sola, o directamente como para tener la voluntad de comer.
Joe, me ayuda a abrir la boca poniendo su pulgar delicadamente en mi barbilla y coloca un trozo de perrito caliente en mi lengua.
―Ahora, cierra y mastica.
Con la boca temblando, cierro y mastico.
Noto el calor en la cara cuando me dan las arcadas.
―Respira por la nariz, no por la boca ―dice Joe sonriendo―, lo estás haciendo muy bien.
Mastico rápido, y trago. Cuando no noto la comida, abro la boca y respiro hondo.
Me da una arcada y casi vomito.
―Muy bien, ahora igual con el siguiente trozo ―dice cortándole.
Me pongo cada vez más nerviosa.
No quiero comer nada nunca más .
De la desesperación y el dolor que siento en el corazón, me muerdo la mano lo más fuerte que puedo. Tan fuerte que el sabor metálico de la sangre se cuela en mi lengua.
Joe me la retira y se la guarda en el bolsillo.
―Abre ―me dice abriendo también la boca, como si se tratara de un bebé.
Hago lo mismo que antes, sin que falten las incontrolables arcadas. El trozo de pan se siente como una esponja seca en mi garganta. Cada vez que trago, siento que mi estómago se cierra con llave, protestando, queriendo expulsar todo lo que había dentro.
Me cuesta pasar saliva. Cuando finalmente baja el trozo, siento un escalofrío que me recorre toda la espalda. El deseo de correr al baño es como un grito en mi cabeza. Quiero vaciarme, volver a sentirme ligera, quitarme ese peso que me quema por dentro.
Me aprieto la tripa con las manos, escondiéndolas debajo de las sábanas para que él no las vea temblar.
Me fijo en que todavía quedaban dos trozos de comida. Lo que para mí son dos montañas imposibles de tragar.
―No me cabe más ―digo, llorando incasablemente.
―Lo sé, Clara, pero lo tienes que comer, quedan solo dos trocitos.
―No son solo dos trocitos… ―digo en un susurro, que apenas se escucha.
Diez minutos después, he comido todo .
Todo entero.
Todavía estoy un poco roja y con algunas lágrimas en la cara, pero… Me siento bien por conseguirlo.
De repente, Grayson, entra por la puerta. Como siempre, sin llamar.
―Lo siento, tío, pero no he encontrado nada en el patio ―dice Grayson yendo al baño a limpiarse la cara y los brazos. Que se venía sacudiendo antes, ya que los trae sucísimos de tierra.
―Vale, no te preocupes ―le dice Joe fingiendo tristeza.
Grayson se gira para mirar a Joe, pero como estoy a su lado, se le van los ojos a mí.
Me mira confundido, al igual que yo a él.
¿Qué pasa?
―¿Qué le has hecho, Joe? ―pregunta Grayson boquiabierto sin dejar de mirarme.
Confundido, mi novio me da la mano.
―Yo nada, ¿por qué?
―Se la ve que ha estado llorando…
Mierda .
―No ha sido nada, solo me he dado un golpe con la cama en el pie ―invento rápidamente.
―Ah, bueno, entonces no pasa nada con mi hermana ―dice Grayson, volviendo a sonreír. Y se mete al baño.
Madre mía.
¿Se lo ha creído así de fácil?
Creí que haría falta algo más para convencerle .
Un rato después, estamos Grayson, Joe y yo, sentados en corro, mirándonos unos a otros.
―Mi idea es mejor que la tuya, señor “quiero colorear” ―pelea Grayson contra Joe, levantándose indignado―. Hasta tu novia me da la razón, ¿a que sí, Clara?
Cachis.
Siempre me toca a mí elegir entre estos dos…
Joe es mi novio, pero me gusta la idea de Grayson.
―Tengo yo una idea ―intervengo.
―¿Cuál? ―pregunta Joe y se le ilumina la cara, como si le estuviera salvando.
Grayson, rueda los ojos.
―¿Y si vamos a pintar al parque? ―añado, como opción.
Si mezclo las dos opciones, los dos saldrán ganando, ¿no?
―¡Me parece bien! ―señala Grayson super rápido, y se levanta de golpe.
Joe suspira y me mira con cara de decepción.
Me levanto y le cojo del brazo para que nos siga a su amigo y a mí.
―Pero ha llovido, el parque estará empapado como para pintar allí ―intenta hacernos cambiar de opinión.
―No seas pesado, capi. Vamos allí, y luego ya veremos ―dice Grayson saliendo por la puerta .
Cuando oigo que no está, me acerco a Joe, que se le ve un poco enfadado.
―Te prometo que nos lo pasaremos bien ―susurro abrazándole.
Me abraza de vuelta y me toma la mano.
―Volveremos en media hora, ¿vale?
―Vale ―acepto el trato, satisfecha.
Bajamos sigilosamente, para escabullirnos y encontrar a Grayson para salir.
―¿Dónde se habrá metido este cabrón? ―se pregunta en alto a si mismo Joe, que parece enfadado.
Vamos por el salón, donde había un círculo con niñas de mi edad.
Están todas gritando y riéndose.
Joe y yo nos asomamos.
Grayson está ahí, bailando al ritmo de “I want it that way” de los Backstreet Boys .
Nunca le había visto bailar así delante de tanta gente, pero, parece que todas las amigas de Evie se están enamorando de él.
Joe se mete entre las niñas y saca a Grayson de a oreja, mientras le abucheaban por hacerlo.
―Joder… ¿No puedes estarte quieto? ―le regaña Joe, mientras nos salimos de casa.
―Lo mismo digo, tío. Estaban todas embobadas conmigo ―se queja su amigo.
Joe niega desesperado y le suelta en el camino .
Cuando llegamos al parque, está todo mojado.
Hay unos cuantos charcos de agua de la lluvia.
Grayson, sin pensarlo, se tira a uno y empieza a saltar. Salpicando todo lo que puede.
Joe y yo nos retiramos.
Aunque me estoy quedando con ganas…
Nunca he saltado en un charco.
Pero, no tengo ropa de cambio por si me mancho.
―¿Quieres ir? ―me pregunta Joe, mirándome a los ojos.
Me sonrojo.
Asiento con la cabeza, sin pensar en lo que acabo de decir.
―O sea, no ―añado rápido.
Joe me coge del brazo y me lleva hasta otro charco más grande.
―A la de tres ―comienza Joe.
―No, no, no.
―Uno…
No puedo hacer esto, llegaré a casa como un cerdito, entre lo gorda que estoy y si me ensucio de barro…
Además, no tengo ropa para cambiarme si me empapo.
―Dos…
Y sin llegar a tres, me arrastra al charco, saltando, y aupándome, para que yo también lo haga.
Todo nuestro alrededor queda sucio, incluso Grayson, que nos mira declarándonos la guerra y empieza a saltar .
—Joe, ten compasión —suplica su amigo, dando pasitos hacia atrás mientras el barro manchaba su ropa de un marrón horrible.
—Tú lo has querido, mi querido amigo —dice Joe, soltando una risita traviesa.
—Pero es que sois dos contra uno —protestó él, dejando de saltar—. Y encima mi charco es el más pequeño de todos.
Al verlo parar, Joe y yo también nos quedamos quietos.
—Lo siento, tío, pero esto no puede parar ahora—se ríe Joe, agarrándome de la mano para volver a saltar con fuerza.
De repente, Grayson me agarra del brazo y me arrastra volando a su charco. Me hizo dar un salto gigante con él y empapamos por completo a Joe con un montón de agua sucia.