CAPÍTULO 9 #4
―Vale ―acepta su amigo rodando los ojos.
―Pues, el otro día Grayson se quedó a dormir. Y se le ocurrió la maravillosa idea de ir a la habitación de Evie a por un vestido.
―¿Un vestido? ―le corto sorprendida―. ¿Para qué?
―Para disfrazarse y darme un susto cuando me despertara…
En fin, a lo que iba ―continúa contando la historia mirando a Grayson cabreado―.
Se puso el vestido de mi hermana que le quedaba super pequeño.
Tanto, que cuando fue a andar para ir de nuevo a mi habitación, se cayó al suelo porque no podía mover las piernas, y frenó con la cabeza.
Podrás imaginar el golpe que se dio y lo preocupados que estaban mis padres por este cabeza albóndiga.
―Me encantó la cara de tu madre. Tan preocupada por una heridita ―dice Grayson riéndose a carcajadas.
―Es que no solo fue una heridita cacho melón, empezaste a sangrar por la nariz y te pusieron grapas en la cabeza ―exclama Joe mirándole de arriba abajo incrédulo.
―Lo que yo decía ―contesta riéndose.
―Bueno… Lo del plan ―retoma Joe el tema―. Grayson, ve a donde mi hermana y coge el hilo transparente que tiene para hacer pulseras, yo iré a la oficina de mi madre a coger cinta adhesiva .
―Vale ―contesta su amigo y van hacia la puerta.
―¿Y yo?, ¿necesitáis que haga algo? ―pregunto, sintiéndome un poco inútil por no aportar nada.
Se miran uno a otro, como si se hablaran con la mirada, y por fin, me dan una respuesta.
―Tú vienes conmigo ―me dice Grayson―. Podrás distraer a Evie.
―Vale ―acepto nerviosa.
Pensé que tendría que ir con Joe.
―Y ni una palabra sospechosa a Evie, que luego se chiva a mis padres, ¿entendido Grayson?
―¿Por qué me lo dices a mí y no a tu novia? ―pregunta ofendido.
―Porque mi novia es mucho más lista que tú, y sé que no dirá nada ―dice como si fuera obvio.
Grayson me mira con las cejas subidas y se gira, aún ofendido.
―Venga, vamos ―empieza Joe, saliendo.
Grayson y yo vamos sigilosamente a la habitación de Evie.
Llama a la puerta y entramos.
―¡Hola! ―saluda Evie entusiasmada.
―Hola, enana ―saluda Grayson.
―¿Qué queréis?
―Nada, veníamos a ver qué hacías ―contesta el amigo de Joe .
―Pues nada importante, estoy escuchando música y bailando ―dice subiendo la radio.
Normal que se lo esté pasando bien sola, está con canciones muy buenas en la radio… Son todas buenas en general. Mi favorita, sinceramente, no sé cuál es, pero es que esta que está sonando ahora de Britney Spears “ …Baby one more time” , es buenísima.
Veo que Grayson se está distrayendo con Evie bailando, así que cuando se acerca para hacer que yo también baile, le doy un pequeño codazo para que coja el hilo e irnos lo antes posible.
Grayson se da cuenta y para de bailar.
―Bueno, Evie… Tú por casualidad no tendrás un kit para hacer pulseras por aquí ―dice confiado.
Le miro boquiabierta.
― ¿Qué haces? ―vocalizo con la boca, casi sin hablar.
― Confía en mí ―vocaliza con los pulgares arriba.
Miro a Evie, que observa alrededor como si estuviera buscando algo.
―Sip, creo que si tengo ―dice, aun buscando―. ¡Ahí!, está arriba en la estantería con los peluches.
―¿Me lo dejas? ―pide Grayson poniendo cara de pena.
―¿Para qué? ―cuestiona extrañada.
―Voy a hacerle una sorpresa a mi hermana, que va a ser su cumpleaños ―inventa excusándose.
Uff, nos ha salvado.
Evie, pone una cara más confusa si se puede .
―Grayson ―dice Evie extrañada―, tú no tienes una hermana.
¿Cómo?
Me quedo plantada en el sitio. Esperando a que a Grayson se le ocurra algo para disimular. ¿Es tonto, o qué?
Le doy otro codazo, esta vez más notorio.
Idiota.
―Con hermana me refiero a… ―empieza a decir, con un pie zapateando rápidamente de los nervios.
Madre mía, no sabe que excusa poner ahora.
Piensa, Clara, piensa .
―A mí ―intervengo, tan rápido como puedo―, es un tontorrón y me llama hermana, pero la pulsera es para mí, ¿recuerdas que mi cumpleaños es el día diecisiete? ―pregunto nerviosa.
―Sí, me acordaba ―dice Evie sonriendo, mirándome a los ojos―, soy tu mejor amiga.
Es verdad, es mi mejor amiga. Aunque creo que ya no quiere serlo más. Se ha enfadado conmigo y no sé por qué. Pero aunque ahora diga que lo soy, no voy a dormir en su cuarto, la verdad es que no me siento cómoda.
La sonrío como respuesta.
―Bueno, ¿me le dejas? ―pregunta Grayson, volviendo al tema del hilo.
―Sí, sí, cógele ―responde despreocupada, volviendo a subir la radio .
Grayson se apresura a cogerlo, y salimos de la habitación.
Justo, nos encontramos a Joe entrando a su cuarto.
Pasamos todos juntos y cerramos la puerta.
―¿Lo habéis conseguido? ―pregunta Joe, expectante con los ojos bien abiertos.
―Joder, tío, tu novia es la mejor ―dice Grayson aún impresionado―, nos ha salvado.
Me sonrojo, bastante avergonzada. No me gusta que me den todo el mérito, solo he hecho una pequeña parte.
―¿Qué has hecho mal? ―le pregunta a Grayson, cruzándose de brazos.
―A ver… Puede que le haya pedido directamente el kit de pulseras ―comienza a contar rascándose la nuca con la mano―. Y que cuando me preguntara que para qué lo necesitaba, me inventara que tengo una hermana.
Joe le mira como si le quisiera matar.
―En mi defensa, no contaba con que ella supiera que no era cierto… Pero puede que al final sí que lo supiera.
Mi novio coge aire y se cruje los dedos.
―Joder ―dice resoplando, pasándose una mano por el pelo―. ¿Cómo no lo va a saber?, si pasas las veinticuatro horas del día con ella.
―No me eches la culpa a mí ―reprocha su amigo, poniendo pucheros.
―Es que es tu culpa, cacho melón ―rebate Joe, sentándose en la cama .
Me hace una seña para que vaya a su lado, y, desesperada por sentarme, me acerco y me siento, un poco tensa en la cama.
―¿Y qué ha pasado después de tu mayor estupidez? ―retoma el tema Joe, pasándome el brazo por los hombros, para que me relaje.
―Pues que Clara dijo que yo la llamaba hermana y que la pulsera que iba a hacer era para ella como regalo de cumpleaños, que encima va a ser pronto ―dice como si estuviera contando un cuento mágico―. Si quieres te digo cuando, para que le compres algo ―susurra, creyendo que no le puedo oír.
―No, no ―intervengo, notando como el calor me sube a la cara―, no hace falta que me compres nada.
Joe me mira con una sonrisa ladeada, y me acerca más a su pecho.
―Luego me lo dices ―le susurra de vuelta a su amigo.
Me muerdo el labio inferior y suspiro.
Ya lo que me faltaba, que supieran cuando es mi absurdo cumpleaños.
No me gusta.
La vez que lo celebré el año pasado en clase, ―porque en casa no lo celebro―, nadie me felicitó, ni siquiera se acercaron a mí, solo comieron como si fuera una fiesta normal y se siguieron burlando de mí.