CAPÍTULO 9 #3
Abro la puerta y salgo disimulando, mirando al suelo.
―Joder ―dice Joe mirándome.
―Estoy fatal ―digo mordiéndome un poco la mano sin que Joe lo note.
―¿Qué dices?, estás preciosa, te queda muchísimo mejor que a mi hermana.
Niego con la cabeza.
―¿Quieres un cordón para atarte el pijama a la cintura? ―pregunta levantándose―, parece que te queda un poco grande.
―Imposible, si estoy gordísima, parezco una ballena ―murmuro por lo bajo, hablando conmigo misma.
Joe se frena de golpe y vuelve hacia mí más deprisa .
―Clara, no estás gorda, ni siquiera lo pienses, ¿me has oído?, el pijama es una talla 8, y te queda grande, así que deja de decir tonterías, y mírate. Estás preciosa.
Se me resbalan las lágrimas de nuevo, con algo que no puedo describir.
Me veo fatal, pero lo que me ha dicho Joe…
―No llores, Clara ―me consuela abrazándome y acariciándome la cabeza.
―Es… Es que ―balbuceo.
―Chiss, tranquila.
Me dejo caer en sus brazos, y él me lleva hasta la cama para sentarme.
―Mira, Clara, ahora voy a ir abajo a coger algo para comer y lo subo aquí, ¿vale?, no hace falta ni que bajes abajo con los demás si no quieres.
―No quiero ―sollozo.
―Solo hay que comer un poquito, si no quieres un plato entero, no hace falta que le comas, pero vamos a intentarlo.
Niego con la cabeza, sin poder hablar.
Joe me limpia las lágrimas con el dedo y me hace mirarle a la cara.
―No llores, ¿vale?, estás muy guapa.
Me da un pequeño beso en la cabeza y se baja de la cama.
Coje su camiseta del suelo y se la pone justo antes de salir de la habitación y cerrar la puerta.
Me duele tanto el corazón .
No quiero comer, no quiero ni siquiera ir al colegio, y menos dormir con Evie.
Cuando me quedo a pasar la noche, no me dejan dormir con Joe, tengo que dormir con Evie. No sé por qué, pero no me gusta.
Quiero dormir con Joe, es el único con el que estoy cómoda, pero hoy encima que se va a quedar Grayson con él, así que no voy a poder ni aunque quisiera.
De repente, entra Joe por la puerta con un plato de comida, un vaso de agua y dos tenedores junto a un cuchillo.
―He traído solo un plato para que no se dieran cuenta, pero he puesto suficiente comida para mí también.
Asiento con la cabeza como respuesta.
Pone todo en la cama y pincha la carne con salsa del plato con el tenedor, me lo acerca a la boca y espera a que coma.
―Abre la boca Clara ―dice abriéndola él para que le imite, como a un bebé.
No puedo, indico negando con la cabeza para hacérselo saber.
―No pasa nada, venga ―se acerca a mí y me acaricia la mejilla.
Luchando conta mí misma, abro la boca, con lágrimas bajando por mi cara silenciosamente.
―Muy bien, así ―sonríe Joe calmado―. Ahora, mastica poco a poco.
Uff.
Las arcadas .
Me dan muchísimas ganas de vomitar. Muchísimas . Necesito ir al baño, porque de veras que siento que voy a vomitarlo todo.
―Con cuidado, muy bien ―me anima cogiendo mis manos, para que no me pueda ir―. Intenta tragarlo ya.
Haciéndole caso, trago lo antes posible.
―Genial, Clara ―me felicita limpiándome las lágrimas de a cara.
No puedo parar de llorar.
―Otro trozo ―dice pinchándolo con el tenedor―, venga, vuelve a abrir la boca.
Aprieto los labios lo más que puedo para que no me pueda dar el trozo de carne.
Joe deja paciente el tenedor en el plato y me acaricia suavemente la mejilla, limpiando mis lágrimas.
―Me gustas, Clara ―dice sonriéndome, con una calma que me pone aún más nerviosa.
―No d… debería ―admito sollozando―, soy una inútil.
―No digas eso, Clara ―dice como si le hubiera apuñalado el corazón―, no es cierto.
―Sí que lo es. No hago nada bien, soy fea, gorda, no me quiere nadie…
Las palabras se quedan en el aire porque no puedo decir nada más .
El pecho me sube y baja muy rápido, el corazón me golpea las costillas y siento que no entra nada de aire por mi boca.
Me estoy ahogando.
―Clara, mírame. Respira como yo. Así no ―Joe se tensa. Sus ojos se abren más y empieza a tomar aire profundamente, exagerando el movimiento de sus hombros para que lo copie.
Intento imitarlo, pero el aire se me queda atascado en la garganta.
Niego rápido con la cabeza y empiezo a agitar las manos delante de mi cara para darme aire. Las lágrimas se me quedan frías en las mejillas, pero sigo sin poder respirar.
―Voy a llamar a mi madre ―avisa Joe, y hace el amago de bajarse de la cama a toda prisa.
―¡No! ―consigo decir, tirándole de la camiseta con las pocas fuerzas que tengo. Sabe que si su madre entra, todo empeorará.
―¡Pero es que no sé qué más hacer, Clara! ―confiesa con la voz temblorosa, perdiendo por un segundo el control.
Le tiro del brazo hacia atrás. Me arrastro por la sábanas y me pego del todo a su cuerpo, escondiendo mi cara en su pecho.
Noto que su corazón también va super rápido y que tiembla un poco. Me agarro con fuerza a su sudadera y trato de seguir el ritmo de su pecho cuando sube y baja .
Sé que soy pesada y que ocupo demasiado espacio, pero estar pegada a él es lo único que me frena la cabeza.
Tras un rato así, vuelvo a respirar normal.
Me despego avergonzada de su pecho y desvío la mirada cada vez que me mira.
―¿Puedes comer más? ―pregunta con lástima, cogiendo el tenedor.
Niego con la cabeza.
―Solo unos trozos más y ya, pero, por favor, come .
Abro de nuevo la boca, temblorosa.
―Perfecto ―dice orgulloso, y mete el trozo en mi boca―, como antes, mastica y traga.
Y aquí vamos de nuevo.
Las arcadas no paran.
―No llores, Clara―me pide Joe―, traga rápido, no lo pienses.
Niego con la cabeza. Quiero vomitar.
Él, asiente rápido, contradiciéndome, y al final, trago.
―Muy bien ―vuelve a felicitarme―, dos trozos más y ya.
Sigo llorando, pero sin hacer ruido.
―¿Quieres agua?
Asiento como respuesta.
―Bien, aquí tienes ―me da el vaso delicadamente.
Bebo agua y me quito el sabor de la boca.
―¿Ya ?
―S… Sí
Me retira el vaso de las manos y vuelve a pinchar un trozo.
―Solo queda un poco.
Me mete el trozo en la boca e intento no escupirlo.
―Venga, Clara, tú puedes.
Me tiro del pelo sin darme cuenta, pero me ayuda a tragar, no sé por qué.
Llevo la mano a mi boca de nuevo y pego un mordisco para buscar algo de alivio.
No noto nada, lo único que me calma y que sí puedo percibir es el dolor.
―No, no, no, Clara. Eso no, no te muerdas ―dice, quitándome la mano de la boca―. Este ya es el último trozo.
Me le mete en la boca y me mira a los ojos para que le mire a él y no piense en eso.
Trago el trozo casi sin masticar y cojo corriendo el agua.
Bebo y me quito todo lo que quedaba en mi boca.
―Muy bien, Clara, lo has hecho genial ―me felicita dándome un abrazo―. Vamos al baño y te lavas la cara, ¿quieres?
Asiento con la cabeza.
Entramos al baño y él se sienta en la tapa del váter disimuladamente, pero sé que es para que no pueda vomitar.
Me lavo y seco la cara frotándomela todo lo que puedo con la toalla.
Joe me coge la mano y me saca del baño .
―Voy a cenar yo, y te llevo a la habitación de Evie para que puedas dormir, ¿vale?
Acepto, no muy convencida.
―¿Qué pasa?
―No quiero dormir en la habitación de Evie ―admito, mirando al suelo.
―Es que no te dejan dormir conmigo.
―Ya…
―A no ser que le pida un favor a Grayson ―se le iluminan los ojos.
―No, no le molestes ―intervengo rápidamente.
Justo, alguien entra a la habitación sin llamar.
Grayson .
―Hola, tortolitos ―saluda sonriendo.
―Gran amigo ―empieza Joe, sonriendo de manera un poquito falsa.
Grayson se frena drásticamente.
―Oh, no. Tú nunca me dices eso ―dice con miedo en la cara―. ¿Qué quieres de mí?
―Quería pedirte un favorcito…
―Joder, lo sabía ―dice con los ojos bien abiertos, negando con la cabeza.
―¿Te importaría dormir en el suelo?
―No, eso sí que no ―dice moviendo el dedo índice a los lados, remarcando su respuesta―, yo duermo en el colchón del suelo, no en el suelo .
―Es que Clara se va a quedar aquí y no va a dormir en el suelo.
―¿Por qué no duerme con Evie?
―Ese no es el caso, el caso es si dormirías o no en el suelo.
―Pues no, si tu amada quiere dormir aquí va a tener que ser en el suelo o contigo.
Joe abre los ojos y levanta las cejas.
―Buena idea ―le dice a Grayson―. Clara, duermes conmigo en la cama. Hay suficiente espacio para los dos.
―No vamos a caber ―empiezo yo.
―Podríamos caber hasta con Grayson, no te preocupes por eso.
―¡Oye! ―exclama este, molesto.
―Con respeto ―aclara Joe.
Grayson rueda los ojos como respuesta.
―Vale. Ahora, ¿cómo te escondemos para que Keeva no se dé cuenta? ―me pregunta el amigo de Joe.
Me encojo de hombros.
Eso no lo tenía pensado.
―¿Y si te ponemos una peluca rubia y vas a la habitación de Evie, a hacer como que soy yo durmiendo? ―le propongo a Grayson.
―No, no funcionaría, tu pelo es único, mi madre lo notaría mucho ―me dice Joe, lo que hace que me sonroje .
―A ver, a lo mejor no es buena idea que durmáis juntos ―nos corta el rollo Grayson―. Sois un peligro, os podríais besuquear en cualquier momento.
―Deja de decir bobadas, capullo ―contesta Joe molesto―. A ver, ahora en serio, ¿alguien tiene alguna idea buena?
Nos callamos todos.
Creo que nadie tiene una buena idea.
―Bien ―se rinde Joe―. Si nadie tiene una buena idea, haremos lo que podamos.
―¿A qué te refieres? ―pregunta su amigo.
―Clara irá a la habitación de Evie. Cuando mi hermana se duerma, hará una señal en la puerta con el hilo transparente que vamos a conectar desde mi habitación a la otra. Con esa señal sabré que debo abrir la puerta e ir a distraer a mis padres, que seguramente vendrán si oyen la puerta.
―¿Ese es tu plan?, ¿no hay algo menos lioso?, como que venga directamente después de que Evie se duerma ―sugiere Grayson.
―No, eso no vale, porque ya sabes que mis padres siempre están pendientes de lo que hacemos cuando se queda alguien a dormir, especialmente tú, Grayson. ¿O te tengo que recordar lo del otro día?
―No, no hace falta tío, creo que sé a lo que te refieres ―dice son una gran sonrisa.
―¿Qué pasó? ―pregunto curiosa, mordiéndome las uñas .
Joe suspira y Grayson se empieza a reír.
―Verás ―empieza Grayson.
―No, no, lo cuento yo ―dice Joe interrumpiéndole―, no queremos que haya modificaciones en la historia.