CAPÍTULO 5
Clara
Hoy es el día de la despedida. Joe se va a Edimburgo esta tarde. Y con su marcha, el vacío se vuelve real.
No ha vuelto a aparecer por clase.
Mi último recuerdo se quedó pausado aquel viernes en casa. Ahora que se va, no paro de pensar en cómo se llena el espacio que deja alguien que lo era todo. Estoy todos los días en mi habitación encerrada por miedo a que venga mamá.
Mis hermanos no están mucho por casa, como siempre. Y me tengo que hacer cargo de Arlo, que también se queda en mi habitación.
Todo eso y Joe todavía no se ha ido, así que si se va… Todo será peor sabiendo que él no está a la otra punta de la cuidad, si no que a más de una hora de aquí, en otra cuidad completamente diferente.
―Clara ―dice alguien llamando a la puerta de mi habitación.
Por la voz, sé que es un chico.
―Pasa ―digo sin ánimo en la voz.
Joe entra por la vuelta con una sonrisa triste en la cara.
―Te he traído algo.
Sorprendida de que esté aquí, me levanto de la cama con un brinco .
Joe pasa a la habitación con una cesta enorme. Literalmente es la más grande que he visto.
―¿Qué es esto? ―pregunto mirándole a los ojos, confundida.
―Es una cesta ―indica señalando el canasto rosa―. Mira lo que hay dentro.
Me dejo caer en el suelo, dispuesta a abrirla, y cuando saco lo que hay dentro, me quedo sin palabras.
Hay un montón de galletas y botellas de zumo.
Y cuando digo un montón es un montón.
¿Cuánto dinero se habrá gastado?
No me lo podría permitir ni en millones de años.
―Joe, no tenías por qué…
―Es tuyo, Clara, así me aseguraré de que comas. Tienes galletas para casi todo el tiempo que esté fuera. Esto quédatelo aquí en tu habitación y así si viene tu madre no te quitará nada.
―Te has gastado mucho dinero, yo no tengo nada para darte ―confieso mordiéndome el interior del carrillo.
―No necesito que me des nada a cambio, solo come y ya ―dice como si no le importara gastarse todo ese dinero en mí.
Me le quedo mirando de forma sincera. No me puedo quedar de brazos cruzados, sin darle nada.
―Bueno… ―dice pensativo―, creo que me podrías dar algo a cambio .
―¿El qué? ―pregunto esperanzada en poder ayudarlo con algo.
―Es un favor un tanto especial, sé que te va a costar, pero hazlo por mí.
―Vale ―respondo recelosa.
―Si te vuelven a hacer algo en clase, díselo a Xander.
No . Ni estando loca se lo diría.
―Sabes que no puedo hacer eso, Joe… Se meterá en problemas ―le explico, levantándome del suelo poco a poco.
―Pues díselo a Cassie o a Blair, incluso a mi madre, pero por favor díselo a alguien y no dejes que te afecte ―dice viniendo hacia mí―. No tienen razón, es envidia.
Creo que mi cara expresa todo lo que se me pasa por la cabeza ahora mismo. ¿Envidia?, que chorrada .
¿De qué me podrán envidiar a mí? No tengo nada bueno.
―No digas eso cuando sabes que es mentira, Joe. No me tienen envidia. No tengo nada especial por lo que puedan estar celosas.
―No pienses esas cosas, Clara, no me hagas pensar que eres tonta, porque sé perfectamente lo lista que eres y no me lo estás demostrando ―me regaña viniendo hacia mí―. Ahora ven aquí y dame un abrazo antes de irme, Clara Clark.
Sonrío, dejo que me envuelva entre su cuerpo y me fundo en el abrazo. Siempre está tan calentito que dan ganas de no separarse nunca.
Él hace el amago de alejarse, pero recula y se acerca un poco más. Siento su respiración apenas un segundo, y al siguiente, un toque suave me acaricia la mejilla, como si una mariposa se hubiera posado en mi rostro.
Me ha dado un beso en la mejilla .
Madre mía. Se me ha revuelto hasta el estómago.
―No vemos en fin de año, mejor amiga ―se despide con una sonrisa, dándose la vuelta para salir de mi habitación―. Adiós a ti también, Arlo.
Con mucha pena, le intento sonreír de vuelta.
Joe sale de mi habitación, dejándonos a mi hermano pequeño y a mí solos de nuevo.
―Tata mua ―dice mi hermano imitando el sonido del beso que me ha dado mi mejor amigo.
―Sí, Arlo, pero la tata está triste.
Con confusión, me mira abriendo más los ojos.
―¿Mamá mala? ―pregunta estremeciéndose en el suelo.
―No ha sido mamá, he sido yo sola.
―¿Sola?
―Sí, Arlo. Me pone triste que Joe se vaya ―explico caminando hacia él, y cogiéndole en brazos.
―Joe… ¿Adiós? ―pregunta haciendo pucheros.
―Sí ―contesto temblorosa―, pero volverá conmigo.