CAPÍTULO 2 #4
―No, no puedo. ¿Es que no te das cuenta de lo chungo que es esto? ―pregunta, mirándome impaciente―. No le he dicho a mi madre lo que te hacen en el colegio, ¿pero esto en tu propia casa?… Joder, Clara, ¡que está loca! Hay que decírselo a la policía.
―Joe, te juro que si dices algo no te lo perdonaré en la vida, ¿me has oído? ¡En la vida!
Con un suspiro frustrado, se da la vuelta y pega el oído a la puerta.
―Ya se ha ido ―confirma.
Vuelve a girar su cuerpo hacia mí y se acerca.
―Vendré a tu casa todos los días que pueda, cogeré el autobús después del entreno y vendré aquí.
―No, Joe. No creo que sea buena …
―Es eso o decírselo a mi madre ―me reta cruzándose de brazos―, elige.
―No puedo elegir ninguna de las dos, no tendría que haber pasado nada de esto ―explico con el pecho subiendo y bajando rápidamente.
―Tienes todo el día para elegir, pero creo que ya deberías saber qué es lo mejor para ti.
Suspiro, notando un peso enorme sobre los hombros. Ninguna de las alternativas me beneficia; todas son malas.
―Está bien, pero no vengas muy tarde ―termino cediendo.
Él se sienta a mi lado en la cama con una media sonrisa. Intento disimular los nervios y me retiro un poco.
―¿Por qué te apartas? ―pregunta acomodándose.
El calor sube a mi cara, haciendo que me ponga roja.
―Nunca ha venido nadie a mi habitación ―admito, avergonzada.
Se queda mirando el techo, no sonríe, pero tampoco se le ve tan enfadado como antes.
Después de un rato, oigo la puerta.
―¿Qué hora es? ―pregunto tensándome de arriba abajo nuevamente.
¿Ha vuelto?
―Las cinco de la tarde ―contesta Joe.
Una calma profunda me destensa los hombros. A esta hora deben de ser mis hermanos, no ella .
Me levanto lentamente, y abro la puerta sin hacer ruido, a ver si escucho algo de lo que dicen.
―¿La subo las galletas? ―distingo la voz de Blair, cada vez más cerca de las escaleras.
―Oh, no.
Empujo la puerta hasta escuchar el clic y me vuelvo hacia Joe.
―Escóndete ―murmuro con la voz temblando.
―¿Por qué? ―pregunta, frunciendo el ceño.
El sonido de la puerta me sobresalta antes de que le pueda contestar.
―Por eso ―susurro, mordiéndome el interior del carrillo.
Joe me mira con un destello de pánico en los ojos, y yo, le tapo el cuerpo con la manta rosa que siempre tengo encima de la cama.
Me siento justo delante para tapar el bulto que forma su cuerpo y respiro hondo antes de hablar.
―Pasa ―grito.
Blair cruza el umbral con Arlo en brazos; ni siquiera saluda, su mirada va directa a mi escayola.
―Te hemos comprado unas galletas, para que te sientas mejor ―dice estirando su mano para darme el paquete de galletas―. Evie me ha contado lo que ha pasado.
Abro los ojos de par en par y se me corta la respiración, rezando en mi interior porque Xander no se haya enterado .
―Tranquila, no se lo he dicho a Xander, solo a Cassie ―me tranquiliza al verme la cara, de seguro colorada.
Asiento, volviendo a respirar de nuevo.
Si Xander se entera, se volverá a meter en problemas, y no podemos vivir sin él. Sobre todo si viene mamá de nuevo.
―¿Qué es eso que se mueve? ―pregunta mi hermana señalando al chico cubierto de mantas detrás de mí.
―No sé, no creo que sea nada. A lo mejor ha sido el aire ―invento dándole a Joe un codazo disimuladamente para que se deje de mover.
―No, no creo que sea el aire, no está la ventana abierta ―dice frunciendo el ceño, recorriéndome con la mirada―, ¿qué escondes, hermanita?
―Nada, no es nada ―disimulo, haciéndome la tonta.
Blair deja a Arlo en el suelo y viene hacia nosotros.
De un momento a otro, quita la manta de un tirón, y el chico rubio que tenía escondido detrás comienza a reír nervioso, mirándome en busca de ayuda.
Mi hermana abre los ojos de par en par, mientras el rubor le tiñe las mejillas. Desvío la mirada de nuevo hacia Joe, que tiene la mandíbula apretada y el cuerpo rígido.
―Joe ―balbucea mi hermana horrorizada mientras se coloca la ropa para hacer algo con las manos.
Sorprendida, me quedo observando cómo se miran nerviosos.
―Blair… ―responde este, bastante rígido .
Confundida, miro a Joe, que se incorpora, aclarándose la garganta.
Me devuelve la mirada con una pequeña sonrisa que no logra disfrazar su incomodidad y se levanta de la cama.
―¿Qué haces en mi casa? ―pregunta Blair cruzándose de brazos.
―Me… Me voy a quedar a dormir aquí hoy.
Mi hermana me mira con los ojos abiertos de par en par justo antes de clavar los ojos en Joe, que se tensa aún más al rozarme el brazo en un intento de acomodarse en el colchón. De inmediato, Blair da media vuelta y baja las escaleras corriendo mientras llama a nuestro hermano a gritos.
―¿De qué os conocéis? ―pregunto tímidamente, tratando de romper el silencio que ha quedado en la habitación.
―Se supone que deberíamos de ir a clase juntos, pero ya te dije que repetí, entonces solo nos conocemos porque va a vernos con sus amigas a jugar al fútbol gaélico en los recreos
―responde suspirando―. No sabía que era tu hermana.
―Ya… No somos muy parecidas, yo me parezco más a Cassie y ella… No sé a quién se parece.
―¿Cassie? ―pregunta confundido.
Cierto. Nunca le he mencionado nada de mis hermanos.
―Es mi hermana mayor; antes de ella está Xander, luego Blair, luego yo y por último Arlo.
―¿Tienes cuatro hermanos? ―sube el tono, bastante sorprendido.
―Sí ―admito, entrelazando mis manos .
Vale, necesito cambiar el tema. No me gusta que hurguen en mi vida privada, y menos con el tema de mi familia.
―¿Juegas con los mayores? ―desvío la conversación, lo más naturalmente posible.
Ellos son los únicos que no se meten conmigo, aunque creo que es porque no les interesamos nada de nada los pequeños. Se mueven como en otra liga, lejos de los problemas de los de mi edad.
―Tienen los mismos años que yo, así que no ha sido difícil hacerme un hueco en el grupo.
Noto algo moviéndose a mi lado, y veo que Arlo viene hacia nosotros.
Desvío mi mirada hacia él, que me hace señas para que lo coja y lo ponga a la altura de Joe.
―Yo… Arlo ―se presenta estirando su pequeña mano.
Le sostengo en mis brazos y lo acerco a Joe, que le deja su mano para que la agarre.
―¿Malo? ―pregunta murmurando mi hermano pequeño, que se pega cada vez más fuerte mi cuerpo.
Joe le mira boquiabierto, sorprendido de que un niño de dos años sepa decir esa palabra.
―No, Arlo, no es malo, ¿quieres saber su nombre? ―le pregunto sentándome con él en la cama, ignorando los gritos provenientes de la planta de abajo.
―Sí ―dice, acompañándolo con un gesto de la cabeza .
―Se llama Joe, es el hermano de Evie ―explico mirando al rubio, que se ha puesto de pie, pero que sigue mirándome―. A Evie sí que la conoces, ¿verdad?
―Evie buena ―dice mi hermano, recuperando la sonrisa.
―Sí, Arlo, Evie es muy buena.