Brillando entre las grietas CAPÍTULO 1 #3
6%

CAPÍTULO 1 #3

―¡Xander! ―grita Blair cuando consigue reaccionar―. ¡Mamá le está haciendo algo a Clara!

Mi hermano, sale disparado de su habitación, con rabia visible en la cara.

―Déjala ya, joder ―gruñe acercándose y separándola de mí de un empujón.

Siento un golpe seco en mis rodillas al caer al suelo.

―¡Es una inútil, se lo merecía! ―dice mamá señalándome con descaro.

Xander la pega otro empujón y la acerca a las escaleras.

―Pírate de aquí, puta loca.

―Es mi casa ―se defiende mi madre sin bajar las escaleras.

―La estoy pagando yo, así que vete ya de mi puta casa si no quieres que llame a la policía.

Mamá baja las escaleras riéndose como una psicópata, demasiado tranquila para lo que acaba de hacerme .

Xander viene hacia mí y me acuna entre sus brazos.

―Case, vete a por gasas y agua. Y tú, Blair, ve a asegurarte que Arlo siga dormido.

Las dos van a hacer lo que Xander las acaba de mandar.

―Vamos a vestirte, Clara, creo que hay que llevarte al hospital.

Los ojos se me abren de par en par. No me gusta el hospital, no me da buena sensación, más bien me aterra.

―No hace falta ―balbuceo mientras me seco las lágrimas que ni yo misma sabía que estaba echando―, se puede curar solo.

―Seguramente tengan que ponerte puntos, no pasa nada.

Noto cómo mi pecho sube y baja rápidamente sin yo poderlo controlar.

―No te preocupes, iremos Cassie y yo contigo.

Contemplo la sombra de preocupación que cruza su rostro al mirarme.

―Has vuelto ―alcanzo a decir en un susurro.

―Siempre lo hago ―me responde dándome un suave beso en la frente.

Dos horas en el hospital.

Eso es todo el tiempo que llevo sentada en la sala de espera de emergencias esperando a que el médico venga a atenderme.

He tirado dos gasas completamente llenas de sangre, porque no me deja de sangrar, aunque cada vez vaya a menos.

Es una sensación rara, me escuece mucho y las gasas no ayudan, pero por otro lado, no noto el dolor de tener algún corte de estos que duele la zona entera.

Esto solo escuece mucho y me duele si me aprieto, que desgraciadamente, es lo que tengo que hacer para que no sangre.

Mi cuello estaba goteando líquido rojo hace un rato, pero de tanto tiempo que hemos pasado esperando se ha secado.

Una doctora pasa rápido hacia una sala mientras la seguía una camilla con alguien encima, que parece inconsciente.

El miedo me invade poco a poco cada vez que pasa alguien, sobre todo cuando van con médicos al lado.

Xander me coge de la mano al notar mi pierna subir y bajar nerviosamente.

―No tengas miedo, Clara, solo te van a mirar.

Le observo con los ojos bien abiertos.

Cassie a su lado, me dedica una sonrisa y se levanta hasta ponerse de cuclillas enfrente mío.

―¿Te duele mucho? ―pregunta sacándose algo del bolso.

Asiento con la cabeza como respuesta.

―Me escuece.

―Vale, vamos a hacer un trato. Cuando salgamos de aquí, te compraré un helado si te portas bien, ¿vale?

La oferta es tentadora, pero no puedo aceptarla. Quedé en que no iba a comer nada durante unos días, no puedo coger ahora y comerme un helado.

―No hace falta, no tengo hambre .

Con un suspiro, me mira a los ojos con pena.

―Prométeme que te portarás bien y que no dirás nada de mamá.

Sabía que me lo pediría, siempre es lo mismo.

Cuando yo tenía cuatro años, ella le dio una paliza horrible a Blair, que en ese tiempo tenía siete, los mismos que tengo yo ahora.

Xander no se quedó callado, se lo contó a alguien y la policía terminó enterándose.

Iban a meterla en la cárcel, pero ella dijo que tenía problemas mentales, así que la encerraron unos meses en un centro hasta que la dejaron salir.

Nosotros nos quedamos con la abuela mientras tanto.

Pero el día que vino a buscarnos, casi nos mata a golpes a todos.

Al único que no tocó fue a Arlo; él solo tenía un par de meses y logramos esconderlo en una habitación.

Desde ese momento mis hermanos no me dejan decirle nada a nadie de lo que pasa con mamá.

―Te lo prometo.

―Muy bien.

―¿Clara Clark? ―llama una chica menuda, de no más de veinticinco años, que está en la puerta de una habitación.

―Nos toca ―dice Xander, cogiéndome en brazos.

Entramos a la sala y me sienta con él en una silla grande.

―¿Dónde están sus padres? ―nos pregunta la doctora mientras mira a Cassie.

―No están. Somos sus hermanos mayores ―contesta ella, seria .

―De acuerdo ―la doctora anota algo en el ordenador y luego se gira hacia mí con una sonrisa amable―. A ver, cuéntame, ¿qué te ha pasado en la oreja?

Xander me aparta la gasa que me estaba sujetando. La doctora se acerca, se pone unos guantes de látex y me examina con mucho cuidado.

―Hay que dar unos puntos para cerrar le herida ―concluye―. ¿Cómo te lo has hecho?

―Se le enganchó al quitarse el casco de la bici ―responde Xander. Le tiembla un poco la voz, pero sostiene la mirada.

La doctora no dice nada más y empieza a preparar las cosas en una bandeja metálica.

El corazón me empieza a ir muy rápido. Veo una aguja. ¿Con eso me va a coser la oreja? Ay, no.

Un pitido agudo en el oído es lo último que escucho antes de que todo se vuelva negro.