Brillando entre las grietas CAPÍTULO 1 #2
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CAPÍTULO 1 #2

Me tiemblan un poco las manos y tengo que respirar hondo unas cuantas veces para calmarme.

―¿Y el bobo de mi hermano? ―pregunta Evie, devolviéndome a la realidad.

―Sigue en el entrenamiento, volverá a la hora de cenar, así que en esta hora, soy todo tuyo.

Mi amiga se sube a su regazo y le da otro abrazo, super emocionada.

―Quiero jugar a los hipopótamos tragabolas ―empieza a decir Evie .

En la cena, nos sentamos todos juntos. Grayson y el hermano de Evie enfrente de nosotras, y la madre de mi amiga, en una orilla, enfrente de su marido.

Todos empiezan a comer, pero yo he perdido el apetito. No tengo ganas de comer nada, incluso después de no haber comido apenas más de dos bocados de la manzana en toda la mañana.

El primer día ha sido tan decepcionante y tan normal para mí, que no tengo ganas de hacer absolutamente nada. ¿Por qué el director no las ha reñido? Se suponía que en este curso debían portarse bien conmigo, pero no he durado ni dos minutos sin ningún comentario.

―Clara, cariño, ¿no tienes hambre? ―me pregunta la madre de Evie, mirándome extrañada.

―Tiene que tener hambre, no ha comido nada en la comida ―interviene mi amiga, delatándome.

Le lanzo una mirada avergonzada a Evie.

―¿Por qué no has comido nada, cariño?

―No es nada…

―Le han vuelto a tirar el almuerzo al suelo ―se vuelve a entrometerse Evie.

Jope, lo que me faltaba.

Que su familia se enterara.

―Comeré ahora, no se preocupe, señora Hunt.

Con un suspiro, pincho un trozo de carne de mi plato y me lo meto en la boca a regañadientes .

Siento el peso de todas las miradas sobre mí.

De inmediato, un calor traicionero me enciende las mejillas, revelando mi agitación.

Sin embargo, la cena retoma su curso habitual; las conversaciones vuelven a cruzarse sobre la mesa como si el tema nunca hubiera surgido, devolviéndome al refugio de la normalidad.

Más tarde, Evie juega con Grayson a algo, mientras que yo me quedo apartada, sentada en el suelo conteniendo las lágrimas.

¿Y si esa niña tiene razón?

¿Y si es mejor que deje de comer un tiempo?

Me quedaré más delgada, seré guapa y no me volverán a decir nada. Tendré más de un amigo por primera vez en la vida.

Solo de imaginarme rodeada de gente que me quiere, me hace autoconvencerme automáticamente.

De pronto, la puerta se abre y entra el hermano de Evie, con lo que parece ser el pijama puesto y su pelo rubio empapado, con una leve onda.

Evie y Grayson lo ignoran, pero yo me lo quedo mirando. Es muy guapo. Mucho más que mi amiga.

Cuando él se gira en mi dirección, bajo la mirada al suelo para evitar el contacto visual y me seco rápidamente una lágrima que no había notado que caía.

Viene hacia mí y se agacha hasta quedar a mi altura.

―¿Estás llorando? ―pregunta mirándome a los ojos.

Niego con la cabeza, intentando sacar una sonrisa de mi interior .

―Me lo puedes contar ―insiste sentándose en el suelo, a mi lado.

―No me pasa nada, es una chorrada.

―Si eso lo dijera mi hermana, dejaría el tema porque es muy dramática. Pero no eres mi hermana, así que cuéntame lo que te pasa.

Suspiro y desvío la mirada. Mientras noto como mi pecho sube y baja rápidamente de los nervios.

―Soy mayor para ir contando secretos, si eso es lo que te preocupa ―dice, haciendo que suba la mirada y le encuentre mirándome con sus ojos oscuros.

Noto que sonríe con los mofletes rosas.

―¿Qué pasa? ―pregunto confundida por su repentina reacción.

―Nada… No es nada.

―¿Es que tengo algo en la cara? ―digo mientras me la froto fuertemente.

―No, estás perfecta.

Su comentario hace que me note instantáneamente el calor inundar mis mejillas.

―Soy Joe, el hermano de Evie ―se presenta después de un rato―, ¿tú tienes nombre?

―Sí ―respondo nerviosa―, me llamo Clara, voy… Emm… A clase con tu hermana.

―Yo voy a tercero, pero tendría que ir a cuarto.

―¿Repetiste un curso? ―pregunto sorprendida.

No se le ve como el típico chico que repite, parece listo .

―Así es ―confirma asintiendo con la cabeza―. Entonces, Clara, ¿me cuentas ya lo que te pasa?

Con un suspiro, entrelazo mis dedos y desvío mi mirada.

―Que estoy gorda, eso es lo que me pasa ―digo en un susurro.

Al ver que Joe no dice nada, subo mi mirada hasta encontrarme con sus cálidos ojos oscuros.

―No que va ―dice negando varias veces con la cabeza y el ceño fruncido.

―Sí.

―Pues yo creo que eres muy guapa ―dice muy seguro de lo que acaba de decir.

Me quedo quieta. Literalmente no puedo mover ni un músculo de mi cuerpo.

Y justo cuando me doy cuenta, ya está saliendo de la habitación con Grayson.

Unos segundos después, la madre de Evie entra por la puerta, con la cazadora puesta y las llaves del coche.

―Clara, nos tenemos que ir ya, cariño ―me dice cogiendo mis zapatos y acercándolos a la cama para que me los ponga.

Asiento con la cabeza como respuesta, me calzo y salgo de la habitación.

Voy una última vez al baño a despejarme y cuando salgo, me encuentro con Joe, apoyado contra la pared y sonriendo de lado.

―Clara.

―Hola, Joe ―saludo de nuevo.

Sonríe y se acerca hasta que quedan solo unos centímetros entre nosotros.

―Oye, si te dicen algo avísame, ¿vale?

Lo miro confundida.

―En clase quiero decir, no dudes en buscarme y me encargo yo de esos hijos de puta.

Me quedo boquiabierta, con los nervios al descubierto. Es más, creo que se me ha puesto la cara roja otra vez.

―Has dicho una palabrota.

―Se lo merecen ―dice encogiéndose de hombros, restándole importancia.

Y así, sin más, se va de nuevo hacia su cuarto.

Ya me han dejado en casa.

Cassie me ha abierto la puerta y se ha subido arriba antes de que la pillara mamá.

Dejo la cazadora en el perchero de la entrada y subo sigilosamente las escaleras, mientras que el olor a tabaco y alcohol inunda la planta de abajo.

―¿Crees que puedes irte de mi casa sin avisar? ―oigo decir a mi madre desde el fondo del pasillo.

Antes de que pueda contestar, noto el suelo temblar mientras se acerca a mí.

―Eres una ingenua, niña ―ríe mientras me tira del oído hasta llegar a la mitad del pasillo .

Noto que la oreja me arde y a la vez me dan una especie de cosquillas dolorosas, como si tuviera hormigas dentro moviéndose cada vez que tira. La piel se me estira a más no poder, y con un último tirón, siento algo caliente bajando por mi cuello.

Un grito entrecortado del dolor se me escapa de la boca, lo que avisa a mis hermanos.

Cassie sale de su habitación con Blair y se quedan paradas analizando la escena; gotitas de sangre por el suelo, y mamá y yo en medio, con mi oreja sangrando.