Brillando entre las grietas CAPÍTULO 1
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Brillando entre las grietas

Brillando entre las grietas

Por Amaia Gutierrez

© inepub.com

CAPÍTULO 1

Clara

He pasado la noche mirando fijamente a la mochila vieja que cuelga de la silla de mi pequeña habitación como si fuera una pesadilla que me atormenta desde hace semanas.

Son las seis de la mañana, una hora en la que, en mi casa, reina el silencio.

Me visto yo sola, con mi uniforme del colegio público mixto de Pirmory, y bajo sigilosamente las escaleras.

Hoy es, desgraciadamente, mi primer día de segundo de primaria.

La única motivación que tengo para ir es ver a mi mejor amiga Evie. No la veo desde hace unas semanas, así que estoy bastante nerviosa, además de por el tema de mis compañeros.

La abuela habló con el director antes de irse a la ciudad del centro, a tres horas de aquí.

Desde hace mucho tiempo, no tengo amigos aparte de Evie. Y eso no me hubiera importado si me dejaran en paz, pero es que me insultaban todos los días y nunca se querían juntar conmigo, por eso tuvo que intervenir la abuela.

―¿Ya estás lista? ―pregunta en voz baja mi hermana mayor; Cassie. Mientras baja por las escaleras en silencio.

―Si ―susurro para no despertar a mamá .

Cojo algo del frutero y lo meto en la mochila sin importar mucho lo que sea.

―¿Necesitas que te lleve hasta el autobús, o no hace falta?

―No hace falta, puedo ir sola ―respondo, apretando las manos a las cuerdas de la mochila―. Por cierto, ¿y Blair?, ¿no viene?

―No, hoy no va, pero la semana que viene seguro que irá.

―¿Por qué? ―pregunto confundida. Es el primer día, es muy raro que falte.

―Pequeña cotilla ―susurra hacia ella misma, con la intención de que no la oiga. Y con una sonrisa, abre los brazos de par en par.

Me acerco hacia ella y le doy un rápido abrazo de despedida. Cassie me acerca la cazadora y me abre la puerta.

―¿Y Xander? ―murmuro antes de salir a la fría calle―, ¿tampoco ha vuelto hoy?

―No ha venido todavía, pero seguro que lo hará, no te preocupes ―me dice con una leve y casi invisible sonrisa―. Además, no se perdería por nada tu primer día del nuevo curso, todos en casa sabemos lo nerviosa que estás. Nos lo has contagiado hasta a nosotros ―me tranquiliza, ampliando su sonrisa.

―Menos a mamá ―admito bajando mi mirada de sus ojos hasta el suelo .

―No pienses en eso, Clara ―me regaña cruzándose de brazos―, sabes que te quiere, pero…

―No nos quiere a ninguna, Case ―le corrijo en un murmuro.

―Sí que lo hace, solo que…

―No hace falta que me mientas, soy pequeña, pero no tonta.

―Ya lo sé ―admite volviendo a envolverme entre sus cálidos brazos, que contrastan drásticamente con el frío de por la mañana―, eres la niña más lista que conozco.

Con una sonrisa, salgo de casa y observo por el rabillo del ojo a mi hermana cerrar la puerta.

El autobús siempre para cerca de mi casa, por lo que siempre le veo pasar antes de montarme, y cuando escucho el ruido que hace al frenar a mi lado, es mi señal para subirme.

Agarro la fría barandilla, doy un paso tembloroso y justo como si tuviera un botón de silencio instalado en la cara, todos los niños pausan drásticamente sus conversaciones.

―Creímos que este año no vendrías ―exclama alguien por la parte del fondo.

Y después de eso, todos empiezan a murmurar cosas entre ellos, mirándome de vez en cuando con una cara de asco poco disimulada.

Entre toda la gente, distingo a Evie sentada en el sitio de la ventanilla, y con la sonrisa amenazándome poco a poco con desaparecer, me acerco a ella .

―Buenos días ―saluda cantarina, con una alegría que no había visto en días, y que agradezco escuchar ahora.

―Hola ―saludo de vuelta, con la misma poca energía de siempre que tanto me distingue de mi mejor amiga.

Me siento a su lado y dejo la mochila a mis pies.

―¿Estás nerviosa? ―pregunta en una velocidad rápida, como la que utiliza siempre al hablar―, porque yo estoy que creo que me va a dar algo.

¿Qué crees que haremos? ¿Nos dejarán juntarnos con los mayores en el recreo?

¿Crees que este año nos tocará ir a las excursiones guais, o tendremos que esperar más tiempo? No sé, estoy tan nerviosa…

Tras la avalancha de preguntas, solo me puedo acordar de la primera.

―Yo también estoy nerviosa, Evie ―le contesto, soltando una pequeña risa.

―Menos mal, creí que era la única.

En clase, Evie se ha sentado conmigo.

Ha ido tirando a la papelera cada papelito que me han lanzado mis compañeros durante la hora.

Cada papel tenía escrito un mensaje que Evie no me ha querido leer en alto por razones obvias. Concretamente ha dicho que son “bobadas de niños malos”.

Se acaba de levantar de nuevo para tirar otro, y mientras va, me lanzan uno justo al hombro, que aprovecho para cogerlo rápidamente y abrirlo .

“Deja de comer hamburguesas, gordota” Lo que va acompañado de un dibujo de un círculo con manos y piernas. Es decir, un dibujo mío.

―Oye ―reprocha mi amiga cuando me ve con el papel―, no leas eso.

―Lo siento.

―Dámelo y no leas ninguno más, son chorradas.

Asiento con la cabeza como respuesta y le pongo el trozo arrugado sobre la palma de su mano.

―Una cosa ―me dice de vuelta al tono alegre de siempre, mientras cierra el puño, asegurándose de que no se la escapa de las manos―. ¿Luego vendrás a mi casa a cenar?

―¿A cenar? ―repito confundida, jugando nerviosa con mis manos.

―Sip, es que mi hermano ha invitado a Grayson y yo quería invitarte a ti.

Sorprendida por sus palabras, frunzo el ceño.

―¿De verdad?, quiero decir, es que…

―No pasa nada, mi madre está encantada ―se apresura a decir antes de que pueda hablar―, me ha dicho que te lo dijera.

―Bueno… Vale ―acepto mientras cojo mi almuerzo de la mochila.

Su característica sonrisa radiante vuelve a su cara inmediatamente.

―¡Que guay! ―empieza a celebrar, acompañada de un bailecito con los hombros―, nos lo pasaremos genial. Te encantará Grayson, va a la clase de mi hermano. Seguro que le conoces, es de tercero, ¿no te suena?

Como respuesta, niego con la cabeza.

No es que conozca a mucha gente, normalmente nadie quiere estar conmigo, así que siempre estoy con Evie o sola.

―Pues es super majo ―asegura con brillo en los ojos―. Y mi hermano… Mejor no le digas nada y ya, es un tonto.

A su hermano tampoco lo conozco. Cuando le menciona, siempre se refiere a él como “mi hermano” así que no sé ni su nombre.

Además de que, no me habla muy bien de él. Las únicas cosas que sé es que es un poco guarro y que una vez, le arrancó el pelo a Cristal, la muñeca favorita de Evie.

Mi amiga tuerce la boca, extrañada. Me llevo las manos a las mejillas, dándome cuenta de que mi propia cara me ha delatado.

―Sí que conoces a mi hermano, ¿no? ―pregunta guardando las pinturas de colores de vuelta a su estuche rosa de brilli brilli.

―Nunca me lo has presentado ―le digo encogiéndome de hombros.

―Genial, pues así será más fácil no hacerle caso―me coge de la mano y me arrastra con ella fuera de clase―. Venga, vamos ya a almorzar.

Juntas, salimos al patio. Concretamente a la zona donde están el arenero y los columpios .

Evie me aprieta la mano para tranquilizarme, pero no lo consigue, mi pecho sigue subiendo y bajando rápidamente mientras pasamos por donde están los demás.

Al llegar a la piedra gigante en el arenero, me siento y junto nerviosamente las manos mientras miro a mi alrededor.

Todo es como el año pasado; los chicos juegan al fútbol gaélico o al baloncesto, las mayores se sientan a verlos jugar, y las pequeñas como nosotras, jugamos en el arenero.

Mi hermana mayor, Blair, se sienta a ver jugar a los chicos, pero hoy no ha venido y sigo sin saber por qué.

Cuando estoy un poco más tranquila y no me tiemblan tanto las manos, sostengo la manzana y le doy el primer bocado.

―El kit de pul… ¿Me estás escuchando, Clara? ―pregunta Evie, agitando la mano enfrente de mi cara.

―Sí, sí, el kit de pulseras, qué pasa.

―Que podemos jugar luego con él, está sin abrir, así que no se me ha gastado ninguna goma todavía.

―Vale, luego jugamos.

Doy otro bocado a la manzana mientras noto como sube el calor de mi cuerpo al ver que se está acercando un grupo de niñas mayores junto con las de mi clase.

De un momento a otro, la manzana que me estaba comiendo acaba en el suelo.

―Ups, perdón ―dice la rubia, que es de las niñas grandes del patio―. Es que no te había visto .

Miro la manzana en el suelo, llena de arena y piedras pequeñas.

―No te preocupes, te he hecho un favor ―dice riéndose mirando a las demás mientras hace un gesto con los brazos simulando una barriga―, a ver si así no estás tan…

Evie se levanta de mi lado y se pone enfrente de ellas.

―Que te calles, Caraculo ―me defiende mi amiga poniendo su mano en forma de L, enfrente de la cara de la rubia―. ¿Te crees guay por decirla eso a Clara?, porque solo eres una loser .

―Cállate ya, no necesitas ser su protectora.

―No soy su protectora, soy su amiga.

―Ay, que mona, dice que es su amiga ―se ríe haciendo burla a Evie.

―Pues sí, así que vete a freír espárragos y déjanos en paz.

Riéndose, la rubia se gira hacia su grupo de amigas y se van.

Ahora, ya es por la tarde, y desgraciadamente en el colegio todo ha sucedido exactamente igual que el resto de cursos. El director no hizo nada más que promesas absurdas al aire.

Ahora estoy con Evie en su habitación. Las dos estamos tumbadas boca abajo en la alfombra del suelo haciendo pulseras y escuchando música en su radio rosa.

De pronto, la puerta se abre y entra un niño rubio de ojos marrones, con una sonrisa enorme en la cara .

―¡Grayson! ―grita Evie mientras se levanta del suelo y corre hacia los brazos del chico.

―Hola, Evie ―saluda el chico mientras la envuelve entre su cuerpo.

Mi amiga le coje de la mano y le arrastra hasta donde estoy tumbada.

―Mira, esta es Clara ―me presenta sentándose a mi lado―. Clara, este es Grayson. ¡Ay! ―chilla entusiasmada moviendo las manos―, ¡os vais a llevar tan bien!

Con una risa, los ojos de Grayson se posan sobre mí.

―Hola, Clara.

―Hola ―le devuelvo el saludo mucho más nerviosa de lo que me gustaría, y me vuelvo a centrar en la pulsera de gomas que estaba haciendo.

Desgraciadamente estoy muy ansiosa. Se le ve majo, pero yo soy fea y no se me ve maja, entonces no sé si le habré caído bien.