45. Rancho y spa. Keyla Blake #2
Nos echamos todas a reír y durante un rato perdemos la noción del tiempo entre el sonido de los cepillos sobre el pelo, el chasquido de los cascos contra el suelo y los resoplidos de nuestros caballos, que sacan la paciencia de donde pueden.
El tiempo pasa más rápido de lo que esperaba mientras les hacemos una sesión de belleza y vamos sacándonos fotos, cubiertas hasta arriba de paja y tierra, y, cuando por fin tenemos a los tres caballos relucientes, Maeve consulta el reloj.
—¿No teníais reserva para el sitio moderno ese? El espar .
Avery se queda petrificada mientras nos pide disculpas con la mirada.
—Son las doce cuarenta, chicas. —Mira su teléfono móvil.
—¿Podríamos llamar para ver si tienen otra hora? —pregunto.
—No, nena, ya es tarde —dice Sienna, más relajada ahora que Pluto ha conseguido relajarla.
Avery resopla con las manos sobre la cintura y el ceño fruncido para trazar uno de sus planes maléficos.
—¿Por qué no vamos directamente a la playa? —pregunta Sienna.
El calor golpea entrando por cada ventana y hueco del establo, pegándosenos a la piel.
—La verdad es que estoy bastante guarra, no me vendría mal un baño. —Avery nos enseña lo sucia que está su ropa.
—Un baño en la playa suena bastante bien —admito.
—¡Ea! No necesitamos un spa carísimo cuando podemos vivir nuestra etapa de diosas del mar.
Maeve nos mira pasándose la mano por la frente para quitarse el sudor.
—Pues anda, tiraos a la playa antes de que me dé un golpe de calor solo de veros.
Las tres le damos un abrazo y ella nos da un beso ruidoso en la mejilla a cada una.
—Gracias por todo, reina de la Estrella Errante —agradece Avery.
—Gracias a vosotras por dejar a mis hijos relucientes.
Llegamos al agua después de quince minutos bajando por el camino pedregoso que nos lleva hasta ella. La arena está caliente pero agradable, y por fin huelo uno de mis olores favoritos: el de la crema solar.
—¿Listas? —pregunta Avery cuando las tres estamos con el biquini puesto preparadas para correr hacia el agua.
—¡Listas! —coreamos al unísono.
—Tres…
—Dos…
—¡Uno!
Salimos corriendo de la mano como si estuviésemos huyendo de un ladrón y el sonido de nuestros gritos y risas se mezcla con el del agua cuando nos hundimos en ella.
Con el agua fría mojando mi piel, me doy cuenta de que la ansiedad siempre me había hecho creer muchas cosas que no eran verdad. Me repetía como una enemiga que nunca iba a sentirme así, tranquila, feliz… porque yo no podía merecerlo.
Mírate ahora.
Estoy viviendo un momento bueno, real, con dos personas que no me juzgan por lo que les dijeron de mí, sino que me quieren por cómo soy.
Durante años la ansiedad me repetía que lo bueno no llegaría, no para mí, y que siempre iba a tener que estar alerta porque algo malo iba a pasar.
¿Cuántas veces ha fallado?
¿Cuántas veces me ha hecho preocuparme por cosas que nunca ocurrieron?
Supongo que la ansiedad puede hablar muy alto, pero eso no significa que tenga razón. Y en momentos como este lo veo claro, aunque no todos los días vea el sol salir por la ventana con tantas ganas.
—¡Qué fría está! —grita Avery mientras las olas nos golpean.
—Me he mojado el pelo —se queja Sienna.
—Aún con el pelo mojado estás espectacular, Sienna.
—Parezco un gremlin, chicas.
—Lo eres cuando te despiertas por las mañanas, bicho malo.
—Tengo mal despertar, ¿vale? No es mi culpa, es genética.
—Está siendo un día genial —confieso.
Nos miramos y veo cómo empiezan a poner una expresión que no me gusta nada.
Odio hablar de mí.
—Ya que estamos las tres en este momento tan relajadito… —Avery se acerca cada vez más a mí.
—Eso, eso…
—Chicas, que me muero de la vergüenza.
Sienna se echa a reír.
—Cuéntanoslo ya, porque llevo estos diez días queriendo preguntarte cómo te quitó Nate el vestido.
—Keyla, querida, cielo de mi vida.
—No.
—Sí —replica Avery—. Quiero un informe detallado de cómo fue la primera vez con Nate.
Suspiro antes de pasarme los siguientes veinte minutos ofreciéndoles todos los detalles: desde lo que pasó con su madre hasta el momento lluvia y nuestra noche en su casa.
—¿Que te dormiste con sus calzoncillos? —pregunta Sienna.
—El momento más sexy de toda chica.
—Fue bochornoso quedarme sin bragas limpias. Más de lo que creéis.
—A citas así hay que ir preparadas, Kiki.
—En el siguiente vestido que te diseñe, lo haré a juego con un tanga de encaje.
—Callaos, callaos.
—¿Sabes que has cumplido el sueño erótico de la mayoría de las chicas de la universidad?
Avery apoya una mano en mi hombro.
—Eso me pone más nerviosa de lo que me agrada, Avery.
—Me alegro tanto por vosotros. —Avery me estruja.
—La verdad es que siento que tengo mucha suerte. Es un chico… increíble.
—Me está sorprendiendo mucho, Key. No sabes lo distante que es desde siempre con todas las tías. —Sienna juega con el agua mientras me mira contenta.
—No sé cómo será con las demás, pero, por lo que a mí respecta…, nunca pensé que me sentiría así con nadie, ¿sabéis? Me siento aceptada e importante. Y siempre me escucha.
—Nate siempre ha tenido un corazón enorme, pero una vida complicada —responde Sienna.
—¿Y tú cómo sabes eso? —pregunta Avery, frunciendo el ceño.
—Por nada, por nada.
—¡Anda ya! A ti te ha contado cosas Aiden que las demás no sabemos.
—Las cosas que me cuenta Aiden no puedo contarlas, como comprenderás.
—Puaj, sois como un pack indivisible, pero demasiado cobarde para aceptarlo.
—Es cierto, Sisi —bromeo—. Hacéis tan buena pareja…
—Callaos, víboras. —Sienna hace morritos—. No he venido a hablar de mi libro.
—Acepto el cambio de tema solo porque quiero saber cuándo va a pedirte oficialmente salir.
—No hemos hablado de eso, chicas. Y ya sabéis que yo voy a irme…
—¿De verdad quieres?
—No lo sé, tendría que pensarlo. Es un tema que intento evitar.
—En algún momento tendrás que hacerle frente. —Sienna pone un brazo sobre mi hombro.
—Además —me aclaro la garganta—, él quiere irse a la NBA.
Y yo me alegro por él, claro que sí, pero…
—trago saliva— una parte de mí siente que, cuando llegue ese momento, se dará cuenta de que no necesita tenerme en su vida.
Que yo no soy… suficiente para acompañarlo a ese mundo.
—Me muerdo el interior de la mejilla antes de atreverme a añadir lo que de verdad me duele—.
Y también me da miedo que, si me acostumbro demasiado a esto —hago un círculo en el aire con los brazos—, a él…
, luego me toque verlo marcharse y volver a quedarme sola.
No puedo soportar que la gente se vaya de mi vida.
Nunca he sido la prioridad de nadie, y no sé, pero a veces siento que, cuando la gente tiene más opciones, soy siempre la más fácil de abandonar.
Sienna me aprieta el brazo con fuerza.
—Keyla, ese tío, con todo lo que te ha demostrado, ¿crees que no querría llevarte contigo? —Sienna niega con la cabeza—. Es más, apostaría a que incluso te daría opciones. Seguro que le ofrecen algo en varias ciudades y puede que te puedas ir con él y terminar tu carrera donde él trabaje.
—Keyla, tú eres maravillosa y tanto para él como para nosotras eres una prioridad, así que como te separe de nosotras iré a buscarte al fin del mundo.
—Me cuesta imaginármelo, pero… ¿no os parecería increíble vernos en cada ciudad que él vaya a jugar? Y recorrer el mundo juntas.
—Mataría por una vida a vuestro lado, chicas. —Avery se emociona—. Venid aquí.
Nos fundimos en un abrazo con el mar cubriéndonos hasta la cintura y cada movimiento es un recordatorio de que estoy aquí, de que estoy viva y de que debería saber lo que quiero.
—No tienes que temer que él se vaya. La gente que de verdad quiere quedarse se queda. Y si un día se va… será porque tenía que pasar, no porque tú no fueras suficiente. —Avery me aprieta las manos.
—¿A ti qué te gustaría hacer? —pregunta Sienna.
Pienso por un momento y me doy cuenta de que siempre he querido hacer algo relacionado con los libros, pero, conforme iba creciendo, cada vez me iba encontrando peor, con menos ganas de estudiar y de ir a clase.
Dejé de entender cuáles eran mis propios intereses, dejé de sentirme cómoda siendo quien soy. Y ahora… la verdad es que no sé a qué me quiero dedicar, porque mi principal objetivo es estar bien para poder decidirlo.
—Me cuesta conectar con mis objetivos —confieso—. ¿Podría terminar la carrera? Si fuese en otro lugar que no fuese Portland, sí, pero allí… la verdad es que se me hace todo demasiado difícil. Me da miedo ir por la calle y encontrarme a alguna de las personas de mi clase.
—Cuando vayamos de visita quiero sus direcciones porque la paliza que les voy a dar a todas esas zorr…
—Avery. —Sienna hace un gesto con la cabeza—. Mira, Key, si algo he aprendido es que una tiene que luchar por sus sueños. Si ahora te has desviado del camino, ¿qué importa? Tienes tiempo para pensarlo, pero nunca te niegues a estar donde te mereces por miedo a intentarlo.
Por un segundo, siento que pertenezco a un lugar en el que me quieren.
Por un segundo, mi cabeza deja de ser mi enemiga.
Por un segundo, casi puedo creer que estoy a salvo.
La sensación de irrealidad sigue ahí, al fondo de mi cabeza, pero una voz amable dentro de mí me hace saber que no es lo único que siento.