Breathe Out (Silver Springs 1) 42. Pizza de chocolate. Nate Miller #2
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42. Pizza de chocolate. Nate Miller #2

—No recuerdo ni un solo día de clase que fuera bueno para mí.

—Sonríe mientras una lágrima le cae por la mejilla—.

Siempre me he sentido sola. Me encerraba en los baños para que no me grabasen, me cortaban el pelo, me escupían…

—Hace una pausa—. Cada vez que hacía una amiga de otra clase, la amenazaban con darle una paliza, así que siempre estaba sola y mis ganas de conocer a más gente fueron haciéndose cada vez más pequeñas.

Cierro los ojos y trago saliva, mientras mi pecho se mueve rápidamente. Me duele respirar.

Me cago en mi puta vida.

Quiero coger un puto avión a primera hora y plantarme en Portland. Quiero romper cada uno de los dientes de las personas que alguna vez se atrevieron a hacerle daño. Quiero matarlos, joder.

—Joder, Moon…

—No quiero que me mires con pena —me corta enseguida—. Pero quería que lo supieras todo porque, si prefieres irte de mi vida, estás a tiempo.

Veo cómo se aleja de mí con los brazos y me aparta de ella. Me incorporo un poco y le cojo la cara con las manos, obligándola a mirarme.

—No me voy a ir de tu lado, y menos por algo que no ha sido tu culpa.

Sus ojos se llenan de lágrimas, pero no aparta la mirada.

—Sí que lo ha sido, Nate. Soy un desastre, ¿vale? Soy una cobarde que ha permitido que le peguen, que la insulten y la humillen. No pude defenderme.

Rompe a llorar cada vez más y me hierve la sangre.

—Me costó mucho tomar la decisión de venir aquí. Me daba miedo saber que estaba gastando la última bala que tenía para estar bien y me daba miedo lo que iba a encontrarme aquí. Me aterraba la certeza de pensar que tendría un mal diagnóstico, que me confirmasen que no tengo solución.

—Pero no ha sido así, ¿verdad?

Le acaricio la mejilla con el pulgar.

—Ha sido la mejor decisión que he tomado nunca, pero sigo sin estar bien.

—Keyla, una persona con tu historia de vida no puede estar bien en tres meses, ni siquiera en años.

—Es que veo muy lejos la casilla de salida, Nate.

—Has avanzado muchísimo estos meses. Mírate, Moon.

Ella asiente despacio, como si también quisiera creérselo.

—Estás mejor, preciosa. Aquí. Sola y también conmigo.

—¿No tienes ganas de salir corriendo? —pregunta avergonzada.

—Si es contigo, sí.

—Pero ¿de verdad no piensas que voy a contagiarte mi mala suerte o algo así? Siento que siempre he estropeado todo lo que toco.

—Desde que has llegado lo único que he hecho es sentirme cada vez mejor. Entreno mejor, duermo mejor. Soy una persona con más paciencia.

—¿En serio?

—Te lo prometo.

—No me gustan las promesas, Nate.

—A mí no me gusta la gente que las incumple, pero no es ni será mi caso.

Sus labios se estiran hacia arriba, y consigo ver un poco de calma en su mirada.

Se acurruca otra vez contra mi pecho y me quedo quieto, escuchando cómo su respiración se mezcla con la mía.

—A veces pienso que volverá a pasar y tengo ganas de salir corriendo de este sitio. De olvidar vuestros nombres y volver a mi burbuja, y no dejar que entre nadie más.

—Pues lo siento, pero lo tienes difícil.

—En algún momento tendré que irme, Nate.

No pienses en eso ahora.

—Ese algún momento todavía no ha llegado. Además, ¿por qué tendrías que irte?

—Allí tengo a mi familia. No puedo dejarlos allí para siempre.

—Ahora aquí también tienes familia.

Keyla abre mucho los ojos y su boca dibuja un círculo perfecto.

—Me da miedo pensar que las únicas personas que estarán siempre a mi lado serán mis tíos.

—Pero eso es irreal, Moon. Hay muchas familias que no quieren a sus hijos, y amigos que se convierten en familia para siempre.

—Yo nunca he tenido eso, así que no sé lo que es ni cómo funciona. Las pocas veces que alguien ha entrado en mi vida… no quiero ni recordar cómo me sentí.

—Hay gente buena, princesa. Gente que vale la pena.

—Incluso las buenas personas prefieren las cosas que no están rotas.

—Mírame.

Pongo los dedos bajo su barbilla y la obligo a enfrentarse a mí. Sus ojos están húmedos, pero tienen esa energía que tanto me gusta.

—Tú no eres un objeto roto, Keyla. Eres una persona entera y llena de luz, a pesar de que siempre se han empeñado en apagarte.

—Supongo que tendré que fiarme de que no vas a salir corriendo.

—No tengo piernas para correr lejos de ti. —Me señalo el pecho—. Me tienes atrapado aquí. Así que no pienses ahora mismo en que me voy a ir, porque entonces ese día me habré convertido en alguien que no merece estar contigo.

Me mira con esa mirada rota pero dulce, y veo mi futuro a través de esos ojos.

—A veces me olvido de que todavía puedo construir cosas bonitas.

—No sé qué pasará mañana, Moon. Pero, si fui capaz de alquilar una librería solo para verte sonreír, imagínate lo que soy capaz de hacer para que no vuelvas a sentirte sola.

Por primera vez, el miedo en su mirada le cede un poco de espacio a la confianza.

—No tengo piernas para correr lejos de ti —le susurro contra los labios—. Aunque quisiera, creo que ya me has ganado el partido por goleada. Quédate conmigo esta noche. Y la que viene también.

Ahora me doy cuenta de que lo único que he querido toda mi vida también era esto.

Un lugar donde nadie me conozca por mi apellido.

Un lugar donde alguien me haga descansar del frío.

Ella era diferente a las demás, por eso nunca había conocido en toda mi vida cómo era sentirme de este modo.

Ella me habla acerca de quién soy, sin obligarme a rechazar la parte en la que me convierto cuando juego.

La bestia que devora en la pista. La mentira que soy frente a las cámaras.

Ella es todo lo que le hace falta al mundo: esperanza, valentía y corazón.