Breathe Out (Silver Springs 1) 41. Ahora somos tres. Keyla Blake
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41. Ahora somos tres. Keyla Blake

Keyla Blake

Dos ojos brillantes del tamaño de un botón me miran desde una minicueva de madera.

—Qué novia más guapa tienes.

—Es preciosa. —Nate toca su naricita con los dedos—. Es muy reservada. Eres la primera chica a la que conoce, pero parece que le caes bien.

Miro a Olivia y luego a Nate. Ha construido una casa a medida para un animal de apenas unos gramos. Me muerdo el labio, sintiendo ese calorcito en el pecho que ya empiezo a sentir más familiar conforme avanza el tiempo.

—Mírate, cosita —le digo poniendo voz de niña pequeña—. Te hemos despertado, ¿verdad, bonita?

—Los erizos duermen un montón, así que seguro que estaba durmiendo. Le hice esta casa a medida para ella que tiene un sistema para calentarse.

—Qué eriza tan privilegiada. ¿Tiene un sistema de calefacción o algo así?

—Sí, mira. —Me señala por debajo de la casita una especie de tapa—. Tiene un pequeño cable térmico debajo del suelo de madera. No quiero que pase frío.

Nate mira a Olivia con tanta ternura que me podría derretir aquí mismo.

—Cuando la adopté, me dijo su veterinario que los erizos necesitan calor constante o se aletargan.

—¿Y duerme ahí dentro?

—La mayor parte del día, sí.

Me acerco un poco y veo cómo parpadea, se estira y hace un ruidito con la nariz antes de volver a enroscarse en sí misma.

—Es adorable.

—Lo es. Y muy suya. —Nate se quita la sudadera y se estira—. Como tú.

Le lanzo una mirada vacilona por encima del hombro.

—¿Yo?

—Sí. Disfrutas del silencio, de los lugares tranquilos y te abres con muy poca gente.

—Qué observador, Miller.

—Detallista, Blake.

Olivia capta nuestra atención una última vez, acomodándose todavía más hasta quedarse dormida.

Me quedo mirándola y algo nuevo se despierta dentro de mí: algo parecido a la paz.

Nate me pasa una toalla por el pelo, con cuidado, y su voz en mi oído hace que me dé un escalofrío.

Hay algo en su forma de cuidarme que hace que se bajen todas mis alarmas, pero una voz dentro de mí sigue pidiéndome que tenga cuidado.

—Este pelo necesita una ducha.

—Y tú otra. Hueles como el rabo de una mofeta.

—Qué chica tan cochina. No sabía que sentías una especie de atracción por ese tipo de olores.

Me hace cosquillas por detrás y pone su cara en mi cuello.

—Venga, preciosa, vas a coger frío. —Me coge de la mano y me lleva hasta el baño—. Te he preparado un baño para que puedas pasar a relajarte un rato a solas, sé que es importante para ti.

Tierra llamando a Keyla.

Estás en problemas, niña.

A causa de los libros siempre había tenido un estándar muy alto con el amor. Quizá por eso las veces que intenté conocer a algún chico salió mal.

A pesar de las cosas malas que me han sucedido a mi corta edad, siempre supe que el hombre de mis sueños no me haría sufrir.

No soy capaz de entender a esas chicas a las que les gustan los tíos que son unos capullos. ¿Quién puede elegir sufrir por encima de amar?

Lo cierto es que Nate parece estar dentro de ese estándar y me asusta.

Madre mía, claro que me asusta.

Esto no estaba en mis planes. Yo solo venía a curarme, a trabajar en mis problemas hasta hacer mis maletas y volverme a casa, pero ahora estoy conociendo a personas que me están haciendo sentir que ha valido la pena cada decisión anterior a venir aquí, porque todas han hecho posible llegar a este destino.

Mi destino.

Con este chico mirándome así solo puedo pensar en que la vida, si lo deseas con todo tu corazón, siempre tiene un plan mucho mejor para ti.

—Nate, esto... —digo señalando a la bañera llena de espuma—. No era necesario. Estás haciendo demasiado por mí. Yo…

—Tsssh. —Se acerca para ponerme los dedos encima de los labios—. Esto no es nada en comparación a todo lo que podría hacer por ti.

—Pero no he hecho nada para merecérmelo, y yo nunca podría devolverte este tipo de lujos.

—Keyla, ya me das todo lo que necesito con la forma en la que me tratas.

Coge mi cabeza con sus manos y mezcla su saliva con la mía una vez más. Con dominancia, me muerde el labio antes de pasar su boca por mi cuello. Me atrae hacia él y desliza una mano por mi cintura, al borde de mi trasero, y me rodea con ella casi por completo.

Este chico sabe lo que hace.

Madre mía.

Nunca nadie había conseguido que perdiese la cabeza así.

Nate gruñe contra mis labios una vez más antes de separarse y darme un beso en la frente.

—Te dejo mientras me voy a duchar a otro de los baños. Tómate tu tiempo.

No tengo experiencia con estas cosas, así que intento tomarme en serio su palabra y darme mi tiempo para relajarme y alejarme de los malos pensamientos del pasado.

Troy pretendía que nos viésemos a escondidas, y yo, como una tonta, cedía. Era brusco, nada cuidadoso, y desde luego no le importaba ni lo más mínimo ni mi placer ni mi bienestar. La única vez que nos dimos algo parecido a un beso, fue de lo más vulgar, así que no lo puedo considerar como tal.

Yo le gustaba, sí, pero de puertas hacia dentro. Supongo que él también tenía miedo de que le hicieran lo mismo que a mí si lo veían conmigo.

Por suerte, nunca llegamos a más. Fui incapaz, gracias a que tenía una voz sabia dentro de mí que aparecía de vez en cuando.

Con Nate siento que todo es distinto. En su forma de tocarme, en el fuego de su mirada. Es la mezcla perfecta entre ternura y sensualidad.

Dios.

Me atrae muchísimo.

Con él en otra habitación me atrevo a mirar el baño. Es enorme. Las paredes están cubiertas con piedra beis y el suelo es de mármol blanco, seguramente para conservar mejor el calor. Práctico pero elegante.

El agua burbujea lentamente, invitándome a sumergirme en ella. Me quedo completamente desnuda y me observo en el espejo que hay enfrente de mí.

Veo las marcas de mis brazos, que, aunque parecen cada vez más tenues porque el sol ya no hace efecto en mi piel a causa del invierno, siguen sin gustarme.

Pero lo demás me gusta. Me miro y me siento distinta a la Keyla que llegó aquí hace meses. Mi vida ha cambiado tanto, he tomado tantas buenas decisiones… que he conseguido estar en deuda conmigo por estar intentándolo.

Estoy aprendiendo que, aunque puede salir mal —como hoy—, no tiene por qué ser malo, sino que forma parte de la vida.

Vivir no son simplemente las conversaciones banales que tiene la gente en los bares. Vivir es crudo, despiadado, bonito, intenso.

Y en este capítulo de mi historia lo estoy haciendo sin evitar las partes de colores, como siempre he hecho por miedo a perderlas.

Me deslizo dentro de la bañera y cierro los ojos, dejando que el vapor suba y me limpie no solo la piel, sino también la sal de las lágrimas y la lluvia.

Nunca estarás a su altura.

Me hundo más en la espuma para no escuchar las voces confusas de mi cabeza porque yo no soy mis pensamientos. O no todos, al menos.

Vuelvo a la realidad e intento nombrar cosas que han pasado hoy de manera realista.

«Nate te ha cuidado».

«Nate te ha dado un refugio».

«Nate te ha elegido».

Su manera de tratarme me hace darme cuenta de que su forma de respetarme es algo desconocido para mí.

Con Troy, era un secreto.

Con Nate, una prioridad.

Ya no eres una causa perdida, Keyla la valiente.