29. Tardes de canela y pistachos. Keyla Blake #2
—Oye, Avy, ¿al final quedaste con el jugador de hockey que conocimos hace unas semanas? —le pregunta Sienna.
—¿Con Dean? No, he decidido que paso de los hombres.
—Dices eso cada dos semanas, cabrona —le responde.
—Es que… me aburren. Hablo dos días con ellos, me pienso que estoy increíblemente enamorada y un día me despierto y, ¡chas!, me olvido de que existen.
—Eso es porque no ha aparecido el que te guste de verdad —le digo a mi amiga con la boca llena—. Mmm, vaya, sí que está rico este pastel.
—¿Y tú, Sisi? ¿Cómo te va con el yogurín de Aiden? —le pregunta Avery, socarrona.
—No es ningún yogurín y no me va de ninguna manera porque ya te he dicho mil veces que no hay nada entre nosotros.
—Vamos, tía, soy tu amiga. Sé que él es mi amigo de la infancia y prometí no meterme en medio si algo salía mal entre vosotros, pero ¿vas a seguir fingiendo que no hay nada?
—Es complicado, Avery, y lo sabes. Lo nuestro es imposible, así que problema resuelto.
—¿Pero por qué? Estáis locos el uno por el otro.
—Le saco cuatro años, Avy. He sido su niñera cuando él apenas levantaba dos palmos del suelo y yo ya había tenido mi primera menstruación. Además, nuestras vidas son polos opuestos. Él es el heredero de un imperio y yo… yo solo intento llegar a fin de mes.
Avery me lanza una mirada mientras da un sorbo a su café. Se lleva la mano a la boca para limpiarse antes de saborear otro bocado.
—¿Sabes quién sí tiene una cita? —pregunta mientras me lanza una expresión pícara.
—Avery —pronuncio mientras me tapo los ojos con las dos manos—, lo confieso, necesito ayuda profesional. Nunca he tenido una cita, chicas, y me da muchísima vergüenza.
—¿Cómo? ¿Vas a tener una cita? —dice Sienna—. Cuéntamelo todo.
—Mañana Nate vendrá a buscarme, aunque no sé, no ha mencionado que sea una cita, solamente que será una sorpresa y que esté preparada.
—Nena, eso es una cita aquí, en Lima y en Japón —grita Avery.
—¿Conque Nate, eh? —me dice Sienna con la sonrisa ladeada—. Es muy guapo.
—No lo sé…, no me he fijado mucho —respondo sin saber muy bien lo que estoy diciendo.
Sienna y Avery empiezan a reírse y, sin darme cuenta, empiezo a reírme yo también. Es la primera vez que siento esto con unas amigas y, aunque es algo que siempre había soñado tener, también es algo que daba por imposible.
—Gracias por acogerme en vuestro grupo, chicas —agradezco con las mejillas acaloradas—. Es muy especial para mí.
—Nena, a partir de ahora eres una más de nosotras —me dice la rubia—. Todos hemos sido nuevos alguna vez.
—¿Y si lo de mañana no sale bien?
—¿Por qué iba a salir mal? —me pregunta Sienna—. No conozco a Nate en profundidad, pero con lo implicado que estuvo la otra noche se ve que le importas.
—La verdad es que siempre que estoy con él me siento muy bien, aunque no lo conozca demasiado.
—A veces pasa eso, ¿sabes? Hay personas que llegan a tu vida y de repente, ¡boom!, tocan partes de ti a las que nunca habían llegado otros antes —confiesa Sienna.
—A ver, aunque no fuese a ser una historia de amor, podría gustarte perfectamente solo por su físico, pero creo que aquí hay algo más —dice Avery dirigiéndose a mí—.
Es como si…, no sé, hubiera algo que hace que os atraigáis el uno al otro.
Nunca he visto a Nate tener una cita sorpresa con ninguna tía.
—Pero ¿tuvo una novia hace un tiempo, no? —pregunta Sienna—. Estelle, si no recuerdo mal.
—Ah, esa. Sí, estuvieron saliendo un tiempo, pero Nate acabó dejándola.
Un nudo se instala en mi garganta. Estelle… No quiero saber quién es porque no quiero compararme con ella. Y si él la dejó… quizá sea porque tiene facilidad para dejar a las personas.
—No fue nada especial, Key —dice Avery al verme la cara—. Además, tú, aparte de ser literalmente perfecta por fuera, eres una persona increíble. Y ¡sorpresa! Alguien más lo ha visto, así que disfrútalo, nena.
—¿Qué te vas a poner? —me pregunta Sienna—. Creo que deberíamos pasarnos por mi casa y te dejo algo.
—Sííí, por favor —añade Avery—. Sienna es diseñadora y se hace su propia ropa, con el cuerpo que tenéis seguro que te sirve.
—Él ha dicho que fuese cómoda.
—¿Cómoda pero zorrona, quieres decir? Tengo el conjunto ideal para eso.
—Ay, yo no, yo nunca, yo… —me trabo porque no sé ni cómo voy a poder decir en alto lo que voy a decir—. Veréis... yo nunca me he dado un beso con nadie.
Mis amigas se miran entre ellas con complicidad.
El silencio que sigue no es incómodo, es… protector. Las dos me miran con una ternura que me hace querer encogerme y, a la vez, abrazarlas.
—A Nate le va a dar algo cuando se entere —susurra Sienna con una sonrisa maliciosa—. Pero no porque sea un problema, Key, sino porque va a querer que ese primer beso sea el mejor de tu vida.
—¿Sabes lo que hacía yo cuando era niña? —dice Avery—. Me besaba con el espejo para practicar.
—¡Puaj, tía, qué puto asco! ¡Eso está lleno de bacterias! —exclama Sienna—. Yo practicaba con el codo. Mira, así —dice antes de doblar el brazo y sacar la lengua.
—Chicas, por favor, ¡qué vergüenza!
Nos echamos las tres a reír, pero a Sienna se le borra la sonrisa al ver la pantalla iluminada de su móvil.
—Voy a tener que ir yéndome, así que os acerco ya a casa y mañana intento subirte el conjunto al centro.
—¿Todo bien? —pregunta Avery.
—La misma mierda de siempre.
Avery la mira y se dirige hacia la barra.
—A esto invito yo, amigas.
—No, no. De ninguna manera —respondo—. Va a salir supercaro.
—Keyla, no me hace falta el dinero. Quiero invitaros, ¿vale?
—Son setenta y tres dólares con cincuenta —dice Pippa.
—Cóbrame setenta y cinco, con tarjeta.
Mientras Avery termina, Sienna y yo salimos afuera con el sol empezando a caer.
—¿Será esta la primera de muchas tardes juntas? —pregunta Sienna.
—Sí. La primera de muchas.