Breathe Out (Silver Springs 1) 17. Secretos y citas. Keyla Blake
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17. Secretos y citas. Keyla Blake

Keyla Blake

Cuando nos levantamos noto que me tiemblan un poco las rodillas. Quiero salir de aquí. No sé si por la intensidad de la sesión o porque llevo desde esta mañana con una especie de electricidad recorriéndome el estómago que nada tiene que ver con la terapia, sino con las cosas nuevas.

Avery me coge del brazo mientras nos dirigimos hacia la salida, cruzando los pasillos del centro hasta que el aire libre nos golpea la cara.

El mar hoy está precioso, los caballos pastan en la hierba y las flores de lavanda se mueven violentamente con el viento.

Caminamos hacia el faro sin hablar demasiado.

Hay algo en este lugar que parece detener el ruido del mundo, pero mi cabeza va a mil por hora.

Mi amiga, que todavía lleva su minifalda de tablas de las animadoras y la sudadera gris del equipo, me da un empujoncito con el hombro.

—¿Te pasa algo? —pregunta Avery, ladeando la cabeza—. Estás muy callada.

La miro de reojo y dudo. No quiero parecer una idiota, pero, teniendo en cuenta que estamos en un centro de ayuda donde la gente llora abrazada a caballos, creo que lo de parecerlo es muy relativo. Suspiro, sabiendo que esta vez no tengo por qué gestionar sola las cosas.

—Nate me ha escrito —suelto de golpe, como si escupiera una confesión de alto secreto.

Avery se para en seco, tan rápido que casi me tropiezo con mis propios pies.

—¿Perdona?

—Me escribió justo cuando salíamos del pabellón.

Avery abre la boca, indignada.

—¿Cómo? ¿Y me lo dices ahora? —Me señala acusadoramente—. Keyla, hemos estado veinte minutos encerradas en mi coche viniendo hacia aquí. ¡Veinte minutos! ¿Y no me has dicho nada?

—¡Es que estaba procesándolo! —me defiendo, alzando las manos—. Mi cerebro entró en modo avión. Me quedé en shock cuando vi la notificación y luego tuvimos que correr para no llegar tarde a la sesión y…, no sé, no me salían las palabras.

—Déjame verlo —me dice entusiasmada—. Por favor, Key.

Se lo tiendo sin rechistar, porque creo que discutir con ella es deporte de riesgo. Desbloquea la pantalla (sí, ya se sabe mi código) y lee el mensaje en voz alta, poniendo una voz grave intentando imitar a Nate:

«… me sentía un imbécil por lo del otro día… Nos vemos el miércoles».

Avery pega un grito antes de devolverme el móvil.

—¡Lo sabía! —exclama, dando un saltito con la falda de animadora—. «Nos vemos el miércoles». Ya no hay escapatoria, amiga. El miércoles cenamos en el Grey’s y Nate Miller va a estar allí por ti.

Siento que el estómago se me encoge.

—No es una cita, Avery. Es una quedada de grupo.

—Llámalo como quieras, pero él te ha escrito para confirmarlo. —Me mira fijamente, entrecerrando los ojos—. Espera…, no veo tu respuesta. ¿Qué le has contestado?

Me muerdo el labio y miro hacia el suelo, encontrando muy interesante una hormiga que pasa por allí.

—Nada.

—¿Cómo que nada?

—No le he vuelto a responder, así que tampoco tiene importancia ¿vale? —intento quitarle hierro al asunto, echando a andar de nuevo. Pero Avery me adelanta y se planta delante de mí, cortándome el paso.

—¿Qué? ¿Por qué no?

—Porque… no sé. —Me abrazo a mí misma, sintiendo el borrego de sudadera acariciando mi piel—. No estoy preparada para hablar con nadie, Avery. Me asusta la gente, ¿recuerdas? Y, además, no tengo…, bueno, mucha experiencia en esto.

Avery suaviza la expresión. Me clava los ojos con una mezcla de cariño y exasperación.

—Keyla, cariño. Esto te lo digo con amor, ¿vale? Pero date cuenta. —Pone los ojos en blanco, suspirando—. Ese chico no le escribe a cualquiera. Nate pasa de todo el mundo. Si te ha escrito a ti, justo después de verte, no es por educación. Es porque quiere que le contestes.

—No creo que me fuese a hablar con ninguna intención, solo quiere ser educado y ya está.

—Sí, claro, y yo salí del huevo de un dinosaurio.

Sin tardar más de un segundo, Avery me quita el móvil de las manos.

—No sé si quiero gustarle, ni hablar con alguien. Estoy… demasiado jodida para eso.

Avery se encoge de hombros.

—Pues estupendo, ya somos dos. Y mira qué bien me va —dice, haciendo una pose ridícula con los brazos en jarras—. Además, ¿y si no se trata de gustarle a él? ¿Y si se trata simplemente de conocer a personas nuevas y que te puedan ver? Eres preciosa, Keyli.

—Está bien —susurro—. Pero tienes que ver una película de terror conmigo si la cago.

—Hablamos con Ellie y hacemos maratón con una botella de vino si hace falta.

Nos damos la vuelta y empezamos a caminar de nuevo, con la promesa de que esta vez no voy a poder huir.

Me coge por el brazo como si fuésemos dos abuelas y descubrimos una casa del árbol con vistas al mar. Tiene unas escaleras de color beis y unas cortinas blancas recogidas en la entrada, con dos columpios colgados de una de las ramas.

—Parece que en las dos semanas que llevamos aquí nunca se terminan de encontrar todas las sorpresas que nos guarda este lugar —digo con una sonrisa que me duele de tanto estirarse.

Siempre había querido una casa del árbol y había peleado mucho con el tío Will para que me hiciera una. Fue uno de los pocos caprichos que no conseguí sacarle.

—Ahora mismo nos sentamos ahí y le contestas a ese mensaje —me susurra Avery al oído antes de echar a correr hacia uno de los columpios.

—¡Avery, por favor! ¡Te lo suplico! ¡No me obligues a interactuar con hombres! —grito para que me escuche desde allí.

—Es por tu bien, nena —responde, victoriosa, mientras llego jadeando—. Te dejo tu intimidad.

Me dejo caer en el columpio, sintiendo el peso de mi cuerpo estirarse contra las cuerdas. Acaricio la textura áspera con las palmas y cedo al viento el control de mi pelo.

Por un momento, me siento parte del mundo. Una parte pequeñita, pero llena de vida. Y sé que tengo que aprovecharlo.

Respiro hondo antes de sacar el móvil.

¿Qué se supone que tengo que responder a esto?

KEYLA Según Avery, lo del miércoles es obligatorio. He recuperado mi camiseta :) pero gracias por disculparte.

Enviar.

No tarda ni diez segundos. Veo los tres puntos suspensivos aparecer y desaparecer, como si estuviera borrando lo que escribe.

NATE Teniendo en cuenta la cara de susto que tenías hoy en la grada, no te recomiendo sentarte al lado de Wyatt.

KEYLA Wyatt suena a tipo peligroso…, ¿es el chico malo del grupo?

NATE El peor. Pero, tranquila, sé cómo mantenerlo a raya. No dejaré que haga daño a nadie.

Me quedo mirando la pantalla. El corazón me late con tanta fuerza que siento que el móvil vibra al ritmo de mis pulsaciones.

No es que se me olvide responder, es que me da pánico decir algo fuera de lugar y que me deje de contestar.

Permanezco ahí, con el dedo suspendido sobre el teclado, hasta que Nate vuelve a escribir.

NATE ¿Y qué te ha traído aquí? El día que nos vimos en el avión pensé que estarías de viaje.

KEYLA Es una larga historia.

NATE Me gustan las historias.

No la mía, pienso.

No esta historia.

KEYLA Me he venido una temporada para solucionar algunas cosas.

NATE O sea que ¿estarás aquí temporalmente?

KEYLA Sí. Solo he venido unos meses.

NATE ¿Y la historia?

KEYLA Está sin escribir.

NATE Se me da bien esperar.