Bourbon Runaway (Serie Bourbon Canyon 2) Capítulo 25 #4
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Capítulo 25 #4

—Tú y yo no éramos tan jóvenes. Aunque Eli sí lo era.

Si no hubiera pasado nada aquel día, si hubiéramos recogido los aparejos de pesca antes, ¿qué habría pasado más tarde, cuando otra novia le rompiera el corazón?

Nadie sabe si habría tomado la misma decisión estúpida, o si hoy todavía habría estado con nosotros.

Ni siquiera sabemos si habría salido a comprar comida solo para que otro tipo que se había emborrachado por una chica chocara contra él.

—Intelectualmente, sabía que lo que decía tenía todo el sentido del mundo.

Emocionalmente, no quería escucharlo—. Pero, sí, te sientes culpable.

Sinceramente, yo también me siento así y nadie puede convencerme de lo contrario.

Yo insistí para que te quedaras más tiempo fuera de casa.

Así que quizá deberíamos dejar de decirte lo que no debes sentir y decirte que tienes que aprender a aceptarlo y seguir adelante.

No había aceptado lo que había pasado. La forma en que estaba viviendo no era seguir adelante—.

En cuanto a tus padres, ¿has hablado con ellos sobre cómo te sientes al pensar que no has sido una ayuda para ellos?

Apenas pude negar con la cabeza.

—Me mentirían para no hacerme daño. Venden la casa porque mi padre lleva demasiado tiempo llevándolo todo solo y ya no puede arreglárselas así.

—O te dirán algo que te sorprenderá por completo.

—Se apartó de la camioneta y se puso a dar vueltas entre la parte trasera y la puerta abierta del taller—.

Sabes que mi padre solía decir que le gustaba el rancho para tomarse un descanso de todo lo relacionado con la destilación.

A mi padre le encantaba el rancho, joder.

Le encantaba ver a sus hijos aprender sobre los animales, sobre las temporadas de cultivo y sobre las tasas de natalidad.

Iba a la ferretería a por una caja de tornillos y se quedaba una hora charlando sobre los precios del pienso.

—Darin Bailey se había entusiasmado con todo lo que hacía.

Criar a sus hijos, criar ganado y destilar alcohol.

Tenía un entusiasmo poco común. Pero yo no entendía a dónde quería llegar Teller.

Como si me hubiera leído el pensamiento, dejó de dar vueltas—.

Tu padre nunca me ha dado esa impresión.

—¿Qué quieres decir? —A mi padre le gustaba trabajar con los animales y la tierra.

—Habla con él. Quizá descubras que la idea de no poder jubilarse nunca le resultaba muy deprimente.

—Nunca tuvo pensado jubilarse. —O nunca había dicho nada al respecto, al menos.

—Sin embargo, nunca te presionó para que siguieras sus pasos. Te animaba a salir a la naturaleza tan a menudo como quisieras.

—Eli iba a hacerse cargo de todo.

—Porque a Eli le encantaba esa vida. Joder, no lo sé.

Quizá tu padre esté decepcionado por vender, pero eso no es problema tuyo.

Mi padre siempre fue claro con nosotros: sin expectativas.

Si no nos gustaba, no teníamos por qué hacerlo.

Que nuestras familias tengan negocios no significa que sean nuestro destino.

Contemplé la losa de hormigón bajo mis botas con el ceño fruncido. ¿Y si mi padre no pensaba lo mismo?

¿Y si sí lo pensaba?

—No puedo hablar contigo y con mis padres, y luego ir a decirle a Summer que estoy listo para tener hijos y un monovolumen.

—Un monovolumen sería un rollo en esta carretera. Asegúrate de que sea de tracción a las cuatro ruedas.

Fruncí el ceño.

—Hablo en serio.

—Yo también. Trabaja en lo que sientes de una vez.

Dudo que Summer vaya a salir pronto del bache en el que, por lo que he oído, se encuentra.

—Sonrió con aire burlón—. Por eso no estoy animándola a ella.

Ha salido con algunos tipos de que son de lo peor.

El imbécil de Boyd solo era el más ambicioso del grupo. —Teller se estremeció.

La ira había regresado, pero en esa ocasión el objetivo no era Teller, sino todos esos hombres sin nombre y sin rostro que no eran lo bastante buenos para Summer Kerrigan. Me hervía la sangre lo suficiente como para cocinarlos vivos a todos.

—¿Pero en general le va bien? —No debería tener que sentirse tan desgraciada como yo. La culpa era toda mía.

—Me aseguraré de ello. ¿Qué tal si descargamos estos barriles y vamos a comer algo?

Lo dijo con tanta naturalidad, con tanta facilidad, que fue casi como si hubiéramos retrocedido en el tiempo.

Su pregunta no debía parecerme gran cosa, pero sí me lo parecía.

La última vez que me lo había preguntado, probablemente le había soltado alguna respuesta cáustica del tipo: «¿Te parece que puedo irme así como así a comer algo? ».

No me merecía a Teller como amigo, dijera lo que dijera. Pero quizá lo necesitara. Igual que necesitaba hablar con mis padres. Y como había necesitado escuchar lo que Jackie tenía que decir.

Estaba muy lejos de poder darle a Summer todo lo que ella quería. Tenía que trabajar en mí mismo, o no iba a ser más que otro capullo anónimo y sin rostro que no la trataba como se merecía.

Y cuando lo hubiera hecho, tal vez iba a ser capaz de enfrentarme al anhelo que sentía al pensar que esa casa no solo era para mí.