Bourbon Runaway (Serie Bourbon Canyon 2) Capítulo 25 #2
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Capítulo 25 #2

Solté un largo suspiro. La hamburguesa estaba a punto de llegar a mis labios y tuve la tentación de darle un mordisco tan grande que me impidiera hablar.

Entonces recordé cómo me había tratado la última vez que nos habíamos encontrado.

O bien se trataba de una puta coincidencia y de una prueba de mi mala suerte, o bien Jackie era una habitual del bar. Sospechaba que sabía la respuesta.

—¿Seguro que quieres hablar conmigo? —pregunté—. Estamos en público.

Tuvo la delicadeza de parecer contrita.

—Es tan fácil hablar contigo… —dijo con sarcasmo.

Sonaba a tan solo una excusa conveniente. A Summer no la había intimidado. Bueno, al menos en los últimos meses no.

—Ya. —Le di un mordisco. Como esperaba que me supiera a polvo gracias a Jackie, gemí cuando el sabor estalló en mi lengua.

A Summer le habría gustado.

Y por fin llegó ese sabor a tierra. Mastiqué y vi que Jackie se había girado en su taburete.

—Tienes buen aspecto.

—Gracias —dije con la boca llena, y seguí comiendo. A pesar de mis papilas gustativas, mi estómago ya había catado la comida y no iba a irme sin acabarme hasta el último bocado.

—¿Estás ocupado más tarde?

Así solían empezar nuestros mensajes.

Ella o yo mandábamos un «¿Estás libre?», a lo que seguía un sí o un no, y luego quedábamos en vernos en su casa si los dos estábamos libres y dispuestos.

Nunca quedábamos en el bar. Nunca íbamos a un restaurante ni a una cafetería. Nunca permitía que la vieran conmigo.

Di un largo trago a mi Sprite. Quizá la cagara con Summer: había sido demasiado sincero demasiado pronto, y se había encariñado tanto conmigo que había llegado a pensar que siempre iba a estar ahí. Joder. Eso me hacía parecer un capullo egoísta.

Era egoísta. Y era un capullo. Saqué la cartera.

—Aún no he pedido. ¿Quieres venir a casa? —preguntó ella.

Había malinterpretado mis acciones. Me terminé el Sprite.

—No. —Dejé el vaso sobre la mesa, agarré mi bastón y lo clavé en el suelo.

¿Acababa de estremecerse?

—Entonces, ¿los rumores son ciertos? ¿Estás saliendo con Summer Kerrigan?

—No, ya no. Se merece a alguien mejor que yo, pero al menos me enseñó lo que es estar con alguien que no se avergüenza de mí. —Volví a dar un golpecito en el suelo con el bastón.

A Jackie se le curvó una comisura de los labios.

—¿Y qué pasó entre la chica de oro y tú? ¿Quería más y se dio cuenta de tú solo querías echar un par de polvos?

—Era más que eso —gruñí.

—Entonces, ¿por qué rompisteis? —Debió de deducir la respuesta por mi expresión—.

Exacto. Puedes echarme a mí la culpa, pero lo único que hice fue darte una muestra de lo que era estar contigo.

Me importan una mierda tu bastón, tu cicatriz o tu cojera.

Pero no quería que nadie dijera: «Ahí va la pobre Jackie.

¿No aprendió la primera vez?». —Se encogió de hombros y se volvió hacia la barra—.

Al menos, tal y como lo hicimos, todo el mundo sabía que solo follábamos, y que yo controlaba cuándo y dónde.

Sus palabras se me clavaron en el cerebro como hormigón fresco, socavando Todas las suposiciones que había hecho.

—Éramos unos críos.

—Teníamos edad suficiente para beber. Llevábamos saliendo juntos desde el instituto.

Sin embargo, lo único que querías era cazar, pescar y pasar el rato con Teller.

¿Sabes? Llegué a preguntarme si vosotros teníais algo.

Un bromance que en realidad fuera algo serio.

Pero cuando conocí a un chico que de verdad me prestaba atención, vi que eso no importaba.

Yo quería ser importante para ti y lo único que me dabas eran las migajas.

Me había comportado justo como ella lo describía.

Y seguía haciéndolo. La había decepcionado.

No solo entonces, sino también después. No había sido más que una aventura, el acuerdo que yo había querido.

Si ella hubiera pedido más en algún momento desde que había regresado a Bourbon Canyon, ¿la habría dejado tan limpiamente como ella, que se había marchado del pueblo?

Lo habría hecho. La distancia habría sido crucial, y no le habría respondido a los mensajes.

Maldición, era un capullo.

—Lo siento.

Giró la cabeza bruscamente para mirarme con ira. Su expresión vaciló al ver mi rostro.

—¿Lo dices en serio?

—Lo digo en serio, Jackie. Tú… tú también te merecías algo mejor que yo. Siempre lo has merecido y aún lo mereces.

Inspiró hondo y me miró fijamente durante unos largos instantes. Soporté su escrutinio, pero mi nerviosismo quedó en evidencia cuando golpeé con la base del bastón la parte superior de mi bota. Ella no le prestó atención. La había pintado como una villana cuando en realidad el malo era yo.

—Entiendo que tú y yo no estuviéramos destinados a estar juntos, pero ¿y si estás haciendo lo mismo con Summer?

—Deslizó la mano de arriba abajo por mi cuerpo—.

¿Y si no estás buscando a otra persona con quien liarte?

Su historia con Eli no te detuvo. —Resopló como si no pudiera creerlo—.

Quizá estabas más comprometido de lo que pensabas.

Quizá lo estaba. Y eso me aterrorizaba.

El sueño no me había sido propicio. Al día siguiente iban a cumplirse dos semanas desde que Summer se había ido, estaba cansado y de mal humor, y hacía dos días me había clavado el taladro en el dorso de la mano.

La puñetera herida seguía sangrando a través de las vendas, pero la verdad era que tampoco le había dado ocasión de curarse.

Había tenido heridas peores y se habían curado. Con el tiempo. A su manera.

Y no iba a dejar de trabajar. Me habría vuelto loco. Esperar a que llegaran el resto de mis suministros ya me ponía lo bastante nervioso.

Se suponía que los barriles iban a llegar ese día, que un repartidor de Copper Summit iba a estar ahí en breve.

Por suerte, solo había tenido que enviarle un correo al encargado de reutilizar los barriles y no había tenido que recurrir a uno de los Bailey.

No había visto a ninguno de ellos desde que Summer se había enfadado y se había ido.

Tampoco había ido al pueblo desde lo de Jackie.

Oí el motor antes de que sonara el timbre.

No me molesté en mirar las imágenes de la cámara para ver a qué chico de instituto habían enviado esta vez.

Los chicos solían ser puntuales y querían terminar de una vez con el trabajo para poder fichar la salida.

Normalmente no prestaban mucha atención a mi pierna ni me decían que dejara de intentar ayudarlos.

Pulsé el botón de la puerta basculante y esperé, con los brazos en jarras. El aire fresco se coló en el interior junto con un montón de luz solar. La primavera había llegado y podía sentirla en la cálida brisa.

La parte trasera de una pequeña furgoneta de reparto blanca apareció ante mi vista. Una sombra la rodeó y Teller se plantó frente a mí, con el rostro pétreo.

—¿Qué coño haces aquí? —Putos Bailey. No necesitaba que más gente de mi presente o mi futuro me dijera lo mucho que la había cagado.

—La semana pasada le gruñiste a Dougie.

—Casi chocó contra la puerta del garaje.

—No fue así y lo sabes. —Se cruzó de brazos, sin prisa por abrir la parte trasera de la furgoneta ni descargar los barriles—. Es capaz de dar marcha atrás entre dos camiones circulando a ochenta por hora uno al lado del otro en la interestatal sin tocar a ninguno de los dos.

—Eso no tiene puta lógica.

—Qué coincidencia. Tú tampoco.

Fui a abrir el pestillo de la parte trasera de la camioneta. La enorme mano de Teller lo tapó de golpe.

—Aún puedo ganarte en una pelea —dije apretando los dientes.

—No podías antes y, joder, seguro que tampoco puedes ahora, pero no lo vas a intentarlo siquiera, porque los dos tendremos que darnos un baño de hielo y tomarnos demasiados ibuprofenos. No vale la pena a nuestra edad, tío.

No podía rebatírselo y, además, no quería pelearme con Teller. Ya tenía bastante cargo de conciencia en lo que a él se refería.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—No lo sé. Te estás tirando a mi hermana. ¿No puedo pasarme a saludar?

—No estamos…

Teller chasqueó los dedos.

—Claro. Habéis roto. —Me lanzó una mirada fingidamente perpleja—. ¿O es que ni siquiera estabais juntos?

—Estábamos juntos. —Nunca había dicho nada con más certeza.

—¿Estás seguro? Parecía que lo ocultabas. Solo comías con mi madre, no nos veías al resto de nosotros, salíais fuera del pueblo. —Soltó el pestillo y puso los brazos en jarras.

—Tenía un montón de cosas con las que lidiar.

—¿Estás diciendo que Summer era parte de esa mierda?

—No. —Me estaba provocando y lo sabía, pero seguí defendiéndome—. Ella fue la razón por la que lo hacía. La única razón por la que quería hacerlo.

—Entonces, ¿por qué demonios no estáis juntos? ¿Por qué Tenor y yo estamos recibiendo correos de gente a la que Summer representa para preguntarnos si está bien?

Una sensación de alarma se disparó en mis venas.

—¿Está bien?

—Melancólica de narices. Casi prefería verla con Boyd… —Un gruñido sordo escapó de mi pecho—. He dicho «Casi». Summer no es una persona triste ni abatida. La única vez que me preocupé así por ella fue un par de meses después de que Eli muriera.

Solo dos veces, y las dos habían sido culpa mía.

—¿Te ha hablado alguna vez de ese día?

—Hace poco. Me dijo que había roto con él.

—Intentó decírmelo en el hospital, hace años, pero le grité y la eché antes de que pudiera explicarse.

Asintió, como si ya se lo esperara.

—Te gustaba mi hermana.

La sorpresa me habría hecho caer al suelo sin aliento si no hubiera tenido la camioneta en la que apoyarme.

—¿Lo sabías?

—Cualquiera que os viera pasar a un palmo el uno del otro lo sabía.

Y sentía pena por ella. —Ante mi mirada interrogativa, se encogió de hombros—.

Ella estaba con Eli. A él se le iluminaban los ojos cuando hablaba de ella, y yo pensaba: «Bueno, Summer la ha cagado».

Tampoco es que pensara que tú ibas a ir a por ella.

—Por aquel entonces era un capullo inmaduro. —Y todavía lo era.