Bourbon Runaway (Serie Bourbon Canyon 2) Capítulo 25
92%

Capítulo 25

Jonah

—Ahora mismo vuelvo, Jonah. —Macy se alejó a toda prisa y yo me quedé esperando en la entrada de la ferretería. El chico joven que atendía la caja me miró con la barbilla levantada, como si fuera nuestra rutina habitual.

De hecho, lo era.

Me pasé una mano por el pelo, esperando a que los mechones me acariciaran la frente, pero con los cortes de pelo regulares, eso ocurría cada vez menos. Me había recortado la barba y mi cicatriz se veía más a través de la barba incipiente, pero el chico no se había fijado.

De hecho, tampoco lo había hecho nadie en Curly’s el fin de semana anterior.

No me gustaba pensar en ese fin de semana ni en que me había comportado como un auténtico capullo y había arremetido contra Summer. Ni en cómo me había ido a la cama solo ni en la cara que había puesto cuando le había dicho esas cosas tan horribles.

Había intentado alejarla cuando ella solo quería tener una conversación sincera.

Joder. Como de costumbre, mis pensamientos daban vueltas como las ruedas de un tractor en el barro.

Me costaba concentrarme en la tarea que tenía entre manos. Tenía que recoger otro pedido de epoxi, una fresadora por encargo especial y una hoja de sierra de cinta para otro proyecto a medida. Esa vez me había asegurado de que el pedido no incluyera reliquias familiares ni objetos de colección.

Pero había sido una mesa tan bonita…

No. No iba a hacer más como esa. La presión había sido excesiva.

Sin embargo… Un encargo como ese podía quitarme a Summer de la cabeza y cómo la echaba de menos cada segundo del día.

Me pellizqué el puente de la nariz. La pérdida me desgarró el pecho, seguida del pánico de no poder volver atrás en el tiempo y retirar todo lo que había dicho para que Summer se marchara.

Pero lo había hecho, y había hablado en serio. Summer iba a estar mejor rehaciendo su vida con otra persona con la que pudiera tener lo que quería. No iba permitir que ella pusiera su vida en pausa para esperarme.

Una rueda de carrito chirrió cuando Macy regresó a mi lado.

—¿Está todo bien? —Ni me molesté en comprobar el pedido.

Solo una vez en quince años había faltado algún artículo, y ese día me daba igual.

Había ido al pueblo para no estar en casa y seguir dándole vueltas a la conversación en mi cabeza como había hecho durante los cuatro últimos días—.

Te lo cargaré en cuenta. —Su sonrisa era más amplia de lo habitual—.

Parece que el aire primaveral te sienta bien.

Estaba sacándome información que yo no estaba dispuesto a dar. Me sentía fatal. Me parecía un insulto a lo que tenía con Summer recibir cumplidos por mi aspecto, como si despertarme sabiendo que no iba a verla ese fin de semana no fuera pasar por un infierno.

—Gracias. —Me costó todas mis fuerzas suavizar el tono de mi respuesta. Macy y su marido habían sido demasiado buenos conmigo a lo largo de los años como para responderle mal por pensar que era un adulto funcional—. Por fin se ha acabado el invierno.

Un agujero punzante me quemaba el pecho. ¿Había dicho eso para recordarme lo que había perdido? No habría más tormentas de nieve hasta el próximo invierno. Summer ya no iba a quedarse tirada en mi cabaña. Solo iba a estar yo. Solo yo. Hasta el invierno siguiente.

Le dediqué a Macy una sonrisa forzada, con la esperanza de que no pareciera una mueca, y empujé mi carrito hacia la puerta.

Las ruedas chirriaban al ritmo de mi cojera.

Una brisa me llevó el olor a hamburguesas hasta la nariz.

Eché un vistazo hacia el bar. No había muchos coches en el aparcamiento y tampoco me importaba llamar la atención.

Aunque lo de sentirme libre de miedo duró poco: no quería que me preguntaran por Summer.

¿Qué iba a decirles?

Claro que no sabía si iban a preguntarme.

Quizá no se habrían creído lo que se decía si no hubieran estado allí ellos mismos.

Y además… quizá la gente ni siquiera estaba hablando de mí.

¿Por qué demonios iba a ser noticia cuando los demás seguían con sus vidas intentando sobrevivir y comprar comida?

Ninguna de mis cavilaciones me importó cuando me rugió el estómago. ¿Ya había comido?

Durante los últimos días, había estado comiendo sándwiches hasta que no me quedó nada en la nevera. La noche anterior había cenado un bocadillo de queso por no preparar una comida que pudiera evocar recuerdos de Summer revoloteando por mi cocina.

Con o sin Summer, no iba a volver a ser un ermitaño.

Iba a ser sin Summer, claro. Ella no estaba conmigo, y dudaba que se planteara siquiera salir conmigo en un futuro próximo. Pero ya había ido a un bar de mala muerte antes sin ella. Me había detenido allí y había pedido una hamburguesa.

Un coche redujo la velocidad para aparcar en la plaza de al lado. Me sobresalté. Estaba justo donde querían aparcar. ¿Cuánto tiempo llevaba allí pensando en Summer?

Levanté la barbilla en señal de reconocimiento y me aparté arrastrando los pies. Me subí a mi camioneta y conduje hasta el bar. Luego me planté allí y me quedé mirando la puerta sin entrar.

La comida era buena, y me habría encantado llevar ahí a Summer para comer y regresar luego a la cabaña y perdernos el uno en el otro.

A la mañana siguiente… ¿Qué? Yo habría ido a trabajar al taller y ella se habría quedado merodeando por ahí, o quizá se habría ido a visitar a su familia sin mí.

Y luego habríamos salido otra vez, habríamos practicado sexo… Y vuelta a empezar.

Me gustaba nuestra rutina. Pero seguir con la rutina yo solo no era lo mismo. ¿Había estado utilizando a Summer como mi novia de apoyo emocional?

¿Había sido mi novia?

Por supuesto que sí.

¿Alguna vez la había llamado así?

Ella quería saber qué futuro teníamos, cuando yo me conformaba con la semirrelación más monógama del mundo.

Alguien se detuvo a mi lado y abrí la puerta antes de que me pillaran otra vez mirando a la nada.

Una pareja que debía de ser al menos diez años más joven que yo salió del coche.

El chico me resultaba vagamente familiar aunque tardé unos segundos en reconocerlo.

Se llamaba Bennett. Me había llevado barriles de Copper Summit unas cuantas veces.

Agarré mi bastón en cuanto eché un buen vistazo al aparcamiento lleno de baches. El invierno había sido duro con el asfalto.

Bennett me saludó con la cabeza. Su mujer me dedicó una sonrisa amistosa y luego lo cogió de la mano y fueron juntos hacia la entrada, y yo los seguí. Después de que ella pasara, Bennett se detuvo para sujetarme la puerta. Necesité unos segundos para alcanzarlos.

—Gracias —dije.

—No hay de qué. —Cuando entré, él me siguió. Di un paso atrás para dejar que me adelantara y llegara junto a su mujer. Asintió casi avergonzado—. Nuestras citas nocturnas son cada vez más escasas y más pronto. —Su risa fue seca.

Cuando hacía entregas, había intentado charlar conmigo antes. Yo le había respondido con poco más que gruñidos, pero en ese momento, por una vez, no quería ser grosero.

—Sé lo que quieres decir. —¿Había sido ese comentario tan hueco como parecía?

Esbozó una sonrisa fugaz.

—¿Verdad? Como nuestras niñeras no son mucho mayores que los niños, tenemos que llegar antes.

No tenía ni puta idea de qué estaba hablando, pero asentí. Hacía mucho tiempo que no tenía una charla trivial como esta. Los desconocidos no me hablaban a menos que fuera sobre mis lesiones. Si no me sintiera como un perro apaleado, habría agradecido el esfuerzo de aquel hombre.

—Tenemos lo mejor de ambos mundos —añadió su mujer, entrelazando sus dedos con los de él—. Podemos salir a cenar y además llegar a tiempo para acostarlos.

Normalmente, habría querido marcharme, pero la franqueza de la pareja me hizo querer corresponderles.

—Suena genial.

Sentí una punzada en el esternón y luego el anhelo ocupó su lugar.

Joder. Eso era lo que me tocaba por intentar seguir adelante apenas unos días después de que Summer me hubiera dejado.

¿Por qué no podía encontrarme con una pareja que hablara de coches o del tiempo o algo así?

¿Por qué tenía que encontrarme con dos padres emocionados por tener una cita a primera hora de la tarde?

Debería haberme quedado en mi taller y haber encontrado alguna obra de arte de valor incalculable a la que algún cliente quisiera que le echara epoxi.

—Por aquí. —Tiró de Bennett hacia una mesa junto a la ventana.

—Nos vemos, Jonah.

—Hasta luego, Bennett.

No se lo había pensado dos veces antes de charlar conmigo, incluso después de que sus experiencias anteriores entre los dos hubieran sido cualquier cosa menos estelares. ¿Acaso las reacciones de la gente durante la última década o más habían sido solo producto de mi imaginación?

¿Las había utilizado como excusa para no salir de mi cabaña?

Me desvié hacia la barra para poder dar la espalda a la feliz pareja que esa noche iba a llegar a tiempo para arropar a sus hijos.

Me pasé las manos por la cara cuando Mike se detuvo frente a mí.

—¿Qué vas a tomar?

—Una hamburguesa con queso y patatas fritas con un Sprite.

—Entendido. —Dio un golpecito en la barra y se alejó.

Clavé la vista en el partido de béisbol que echaban por la tele. No estaba lo bastante atento como para fijarme en los equipos, ni siquiera en qué liga jugaban.

¿Quería tener hijos?

Una oleada de terror me oprimió el corazón. La respuesta era no.

Así que había hecho lo correcto. Por mí. Y por Summer.

Me repetí ese mantra una y otra vez hasta que me sirvieron la comida. Entró más gente, pero no les presté la más mínima atención. Iba a comer y a irme a casa, y si tenía suerte, no iba a encontrarme a más parejas felices al salir.

Estaba a punto de dar un bocado cuando un perfume empalagoso y familiar llegó a mi nariz.

—¿Jonah?