Capítulo 22 #2
—Pensaba que solo ibas a hacer recados —bromeé.
Mis padres se rieron, y por primera vez en más de quince años, me sentí como el antiguo Jonah. El chico que no había defraudado a su hermano, a sus padres ni a su mejor amigo. El chico que no le había gritado a Summer cuando ella necesitaba tanta comprensión y apoyo como yo.
Me permití empaparme de esa alegría, de esa comodidad por un momento, y entonces volví a ver esa caja de mudanza.
Quizá me hubiera cortado el pelo, tal vez incluso hubiera salido a cenar con una mujer, pero seguía siendo ese chico que se había alejado del mundo y de todos los que se preocupaban por él.
Era fácil ser diferente, pensar que era distinto deambular por Bozeman, donde nadie me conocía.
Pero en casa… Yo intentaba cambiar, pero Bourbon Canyon también estaba cambiando.
Y lo estaba haciendo muchísimo más rápido que yo.
Summer
Me había quedado a dormir con Jonah otra vez y habíamos ido juntos a casa de mi madre. Le había pedido que la cena fuera informal y lo más privada posible, y, fiel a su palabra, solo estábamos nosotros.
Jonah aparcó detrás de la puerta del garaje donde solían estacionar las visitas. La parte trasera de la gran cabaña de madera no era tan impresionante como el resto de la casa y era difícil juzgar el verdadero tamaño del lugar desde ese ángulo. Quizá por eso prefería entrar por la parte de atrás.
Cuando mis hermanas y yo llegamos por primera vez, la casa se alzaba ante nosotras oscura e intimidante.
Yo todavía estaba dolorida y asustada, pero en cuanto Mae abrió la puerta y se mostró encantada de vernos, gran parte del miedo se desvaneció.
A partir de entonces, la entrada y salida principal fue la puerta trasera, y la casa empezó a parecer nuestra.
Me gustaba que su aspecto no hubiera cambiado de verdad; solo había variado el número de coches aparcados fuera. La camioneta de Cruz y la nueva camioneta de Lane habían desaparecido. No sabía adónde las había mandado mi madre, pero agradecía que nos hubiera dejado sitio.
A Jonah le había sentado bien salir por Bozeman. De hecho, parecía disfrutar yendo a sitios donde no lo reconocían y se mezclaba con la gente en lugar de ser uno de los lugareños sobre los que todo el mundo estaba dispuesto a cotillear.
Aún no habíamos salido juntos por Bourbon Canyon, pero la casa de mi familia estaba más cerca, así que esa noche era un paso en la dirección correcta.
Mi madre abrió la puerta trasera cuando nos acercamos.
—Pasad, chicos. El asado está casi listo.
Entré en el calor de la cocina. Esa estancia siempre estaba más caldeada que el resto de la casa porque era donde ella pasaba gran parte de su tiempo haciendo café, preparando comidas y asomándose por la ventana de la cocina que daba a los graneros, las tiendas y los pastos que más cercanos a la casa.
—¿Puedo ayudar en algo? —Me quité el abrigo y Jonah lo cogió. Le señalé los ganchos de la pared detrás de la puerta y él colgó ahí el mío y el suyo.
Me remangué la blusa. Estábamos a principios de abril y aún no había terminado del todo la temporada de jerséis, pero quería arreglarme un poco.
Esa noche era como una cita. No estaba tan nerviosa como solía cuando les presentaba a mis padres a alguien con quien salía porque sabía que a mi madre le encantaba Jonah.
Conocía su historia y entendía su trauma.
Había trabajado con demasiados niños de acogida como para no saber los efectos que la infancia de una persona tenía en ella. Era comprensiva y me apoyaba.
Me preocupaba más que Jonah decidiera que no merecía la pena hacer nada más que salir a cenar por Bozeman y acostarnos ocasionalmente.
Que prefiriera disfrutar de sus días tranquilos en su taller sin que nadie le molestara.
Que prefiriera ser el fantasma de la montaña del que murmuraban los chicos: el hermano mayor del pobre Eli Dunn, que vivía aislado y fabricaba unos muebles preciosos.
—Ve a por algo de beber. —Mi madre se dirigió al horno—. Sírvete lo que quieras y siéntate a la mesa.
Fui a la nevera y saqué dos latas de Coca-Cola.
Jonah asintió en señal de agradecimiento y lo guie hasta la mesa que mamá había dejado para que cupieran solo entre cuatro y seis personas.
Con las alas extendidas, podían acomodarse hasta doce, y más si añadíamos una mesa plegable al final para los niños.
Lo habíamos hecho unas cuantas veces cuando teníamos hermanos de acogida en casa o cuando alguno de nosotros invitaba a amigos, y estábamos a punto de volver a hacerlo, ya que empezaban a llegar los nietos.
Ya había cubiertos en tres sitios, y en un extremo había una ensalada con verduras de todos los colores. Me senté en una silla y le di una palmadita al asiento de al lado. Nos miramos cuando se sentó, y yo solté una risita.
Frunció el ceño.
—¿Qué te hace tanta gracia?
—Te comportas como si mi madre fuera a preguntarte si estás mancillando a su hija.
Se agachó hacia mí.
—Es lo que hago. Y por eso estoy nervioso de cojones.
—Mi madre está a favor de una buena deshonra.
Las puntas de sus orejas se sonrojaron.
—No necesitaba saber eso.
—Está bien. —Mi madre entró apresurada, sujetando una olla humeante con sus manos cubiertas por los guantes de flores. Dejó la comida sobre un salvamanteles. Un asado en rodajas con patatas y zanahorias.
Jonah me miró arqueando una ceja.
—Ahora sé de dónde sacas tus recetas. —Mi madre nos miró a los dos; las puntas de las orejas de Jonah seguían rojas—. Summer me ha preparado lo mismo varias veces.
Ella sonrió, radiante. Era una mujer progresista, pero también le gustaba que sus hijos heredaran sus dotes domésticas.
—Apuesto a que estaba delicioso. Summer es buena cocinera.
—Especialmente con verduras frescas. He oído que son fundamentales. —Me tocó a mí sonrojarme. Llenamos nuestros platos y el tintineo de los cubiertos apagó el silencio de la estancia—. Esto está muy bueno, Mae.
La sonrisa orgullosa de mi madre me encantaba. Demostraba su amor de muchas maneras, pero dar de comer a los demás era una de las principales.
—Espero que no te importe que te pregunte… ¿Cómo están tus padres? He oído que se van a mudar.
Le eché un vistazo a Jonah. Estaba asintiendo mientras terminaba de masticar. No me había hablado mucho sobre la mudanza, ni sobre su madre y su padre.
Se limpió la boca con una servilleta antes de hablar.
—Han vendido la parcela principal donde está la casa y dos pastos, quizá más. Yo compré el terreno donde está mi casa cuando construí el taller.
—¿Ya tienen un comprador? —preguntó.
—Rhys Kinkade.
¿Le habían vendido la casa a Rhys, y a Jonah no se le había ocurrido decírmelo?
—¿El ex de Junie?
—Solo fueron novios en el instituto —comentó mi madre para tranquilizarme.
Solo que… Si la gente ya había estado segura de que Eli y yo íbamos a casarnos, habrían apostado todos sus ahorros por Junie y Rhys.
Habían tenido una relación apasionada desde la secundaria hasta el año de su graduación.
Luego Junie se marchó para dedicarse a la música, y Rhys se quedó atrás.
Se había casado, y después su mujer lo había abandonado a él y a las niñas.
No conocía la historia que había detrás de su ruptura; de hecho, tampoco sabía por qué él y Junie habían roto, pero todos suponíamos que ella quería salir de gira y convertirse en una estrella y él quería mantener sus raíces en Bourbon Canyon.
—No recordaba que hubieran salido —comentó Jonah.
Lo miré, boquiabierta.
—Solían salir conmigo y con Eli.
La mirada cautelosa de Jonah se cruzó con la mía.
—Yo estaba en mi propio mundo.
La risita de mi madre suavizó la tensión entre nosotros.
—Tú, Teller y los otros chicos solo estabais a lo vuestro.
—Su sonrisa era amable—. Diría que tramando algo, pero todos sabemos que eso no era cierto.
Darin y yo solíamos bromear diciendo que nuestros ingresos aumentaban cuando vosotros, chicos, os dedicabais a cazar.
Podíamos vender más carne de vacuno y alimentarnos de la caza y las aves que capturabais.
A Jonah se le arrugaron las comisuras de los ojos.
—¿Ya no es así?
Ella se encogió de hombros.
—Ya sabes. Así es la vida. Tate se mudó, y ahora ha regresado, pero con tres niños pequeños, no tiene tiempo para cazar.
—Resopló—. A Chance desde luego no le interesa.
Sabe cómo hacerlo, pero solo porque dice que es una habilidad importante por si llega el apocalipsis.
—La comisura de los labios de Jonah se curvó hacia arriba.
Estaba reservado esa noche, como si tuviera miedo de abrirse.
Esa situación tenía que resultarle extraña—.
Teller y Tenor ya no salen tanto como antes —continuó—, pero también están más involucrados en el rancho y en la destilería que nunca desde que falleció Darin.
Me alegro de que hayan disfrutado de esos años de libertad.
Apretó la mandíbula.
—Sí.
—¿Más patatas? —ofreció mi madre—. En un abrir y cerrar de ojos llegará la hora de plantar más. Espero que tengamos una temporada de cosecha tan buena como la del año pasado.
¿Qué le había molestado a Jonah? ¿Había notado ella su incomodidad y había cambiado de tema?
Estaba dándole demasiadas vueltas a todo. Pero Jonah y yo quizá estuviéramos viviendo nuestra relación en dos líneas temporales diferentes, y, si ese era el caso, no sabía si debía ir más despacio. Si presionaba a Jonah para que acelerara el paso, quizá solo iba a conseguir llegar antes al final.