Bourbon Runaway (Serie Bourbon Canyon 2) Capítulo 21 #3
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Capítulo 21 #3

Intenté comparar su resistencia con algo de mi mundo. Nosotros teníamos un solo barril para hacer un lote y a veces se producían catástrofes con el envasado. Copper Summit tenía más barriles y podía superar algunos desastres. Jonah era un hombre orquesta y se tomaba los fracasos como algo personal.

Pero no podía dejar de pensar en lo bien que había quedado la mesa ni en lo emocionado que iba a estar el cliente al verla.

—Creo que le has hecho justicia a la colección de su padre. Muy pocos habrían podido hacerlo.

En lugar de buscar un recogedor, cogió una aspiradora industrial que había en la esquina.

—Hay más gente que podría haberlo hecho. —Aspiró los restos que había barrido.

—¿Qué te llevó a hacer esta?

No respondió hasta que devolvió la aspiradora industrial a su sitio.

Todo tenía su lugar. Luego se acercó a mí, con un contoneo más pronunciado debido a su pierna; cuanto más tiempo pasaba con él en el taller, más admiraba su forma de moverse.

Su cuerpo rebosaba fuerza y su cojera solo era un característico contoneo.

Me encantaba verlo hacer cualquier cosa.

Estaba loca por él.

Se detuvo frente a mí y apoyó las manos en los bordes del taburete.

—Acepté en un momento de locura del que te culpo a ti.

Se me tensó la espalda. No estaba segura de hasta qué punto estaba bromeando.

—¿A mí?

—Me has sacado de mi rutina, y decidí probar algo diferente.

Oh. Eso no sonaba nada mal.

—Tu cliente va a estar encantado. Es como un fotograma sacado de una película.

—Lo sé. He visto algunas de esas escenas una y otra vez para asegurarme de que la composición fuera la correcta.

No iba a decirle cómo hacer su trabajo, pero me habría gustado que tuviera más confianza en sí mismo. Era un artista. Pero no iba a conseguir nada presionándolo, y no había ido a verlo para eso.

—Me ha llamado mi madre.

—¿Cómo está?

Siempre me preguntaba por mi familia cuando le decía que había hablado con alguien.

¿Cómo les iba a Wynter y a Myles en su primer mes como padres?

¿Cómo estaba Autumn, ya que hacía tiempo que no la veía por el pueblo?

Había oído la nueva canción de Junie en la radio y tenía que contármelo.

Incluso había preguntado por mis hermanos, pero siempre había un matiz de pesar en su voz.

—Está bien. Me ha preguntado si te gustaría cenar con nosotros el próximo fin de semana.

Su rostro se congeló en una expresión cuidadosamente neutra, pero sus ojos eran tormentosos. La sorpresa, la incertidumbre y, probablemente, un poco de pánico se entremezclaban en sus iris.

—¿Quiere que vaya a cenar el próximo fin de semana?

Su pregunta me recordó a cuando entrevistaba a candidatos para puestos vacantes y ellos repetían la pregunta para darse más tiempo a formular una respuesta.

—Sí. Con nosotros. Puedo decirle que sea una cena íntima.

Cruz y Lane ni siquiera tienen que estar allí.

—Eran los únicos que vivían en la casa con mi madre.

El resto de nosotros entrábamos y salíamos.

—La confusión borró las demás emociones, y luego se hizo presente el reconocimiento—.

¿No conoces a Lane y a Cruz? —Le había hablado de ellos y había dado por hecho que Jonah los conocía más allá de sus nombres y de su relación con los Bailey.

—Quizá me los haya cruzado en la tienda.

—Estaban en la boda. Probablemente flanqueando a mamá. Pueden ser un poco sobreprotectores.

Se le levantó una esquina de la boca.

—Buenos chicos.

Me eché a reír.

—Todos los vemos como si fueran niños, pero Cruz ya tiene veinte años y Lane, veintitrés. Pero sí, han madurado mucho desde que trabajan en el rancho. En fin, podemos hacer algo íntimo. Incluso puedo decirme a mi madre que iremos a Curly’s o algo así.

Me había dejado llevar por las esperanzas: no podía explicar por qué una cita en mi pueblo natal era importante, pero lo era.

No se estaba mostrando muy entusiasmado con la invitación y mi ansiedad aumentaba por momentos.

Conocía a mi madre, había estado dispuesto a aventurarse a venir a mi boda…

Por sus propios motivos personales, pero aun así, era mi boda.

Y, sin embargo, una cena en familia lo hacía dudar. ¿Lo asustaba mi familia?

—No tenemos por qué hacerlo.

—No. —Sacudió la cabeza—. No, iré. Es solo que hace años que no voy a casa de tu madre.

Ah. Tenía razón. Iba a ser como retroceder en el tiempo y eso lo iba a hacer pensar en lo mucho que había cambiado todo.

—¿Debería decirle que no?

—No voy a decirle que no a Mae Bailey.

Sonreí, aliviada. Si no estaba dispuesto a decepcionar a mi madre, quizá debía de estar dispuesto a empezar a contarle a la gente lo nuestro.

—Puedo decirle a mi madre que lo haga en petit comité . Para que te sientas más cómodo.

—Claro. No, no pasa nada. Todo irá bien.

¿Por qué parecía que se estaba convenciendo a sí mismo? Aparté mi preocupación. Había dicho que iba a hacerlo y no iba a echarse atrás. Era mejor que apartara mis inquietudes para después de la cena.

—¿Te importa si me quedo aquí el próximo fin de semana?

—Por supuesto que no.

Su falta de vacilación contribuyó en gran medida a calmar mis nervios. Él me quería y yo lo quería a él, y eso bastaba. De momento.