Capítulo 21 #2
Autumn ya tenía preparados dos vasos bajos. Cuando bebíamos juntas y compartíamos nuestras penas, tomábamos el bourbon solo. Serví un dedo de bourbon para cada una, guardé la botella y regresé a mi asiento.
Levanté mi vaso.
—Por nuestras futuras familias.
—Me siento como si debiera entregar mi carné de feminista cada vez que me lamento de mi soltería. —Ella correspondió al brindis y las dos dimos un sorbo. Cerró los ojos—. Mmm, qué bueno está.
El sabor inundó mi paladar. Notas de caramelo, vainilla y roble ahumado. Todo el bourbon Copper Summit era de calidad, pero mi línea era mi favorita. Quizá no fuera imparcial.
—Está bien querer tener una familia. Está bien sentir pánico al pensar que no va a suceder. —Más valía que estuviera bien, porque yo sentía lo mismo.
—Lo sé. Intelectualmente, lo sé.
—Yo soy una mujer de éxito y aun así quiero una familia.
—También eres una niña de papá. —Se tomó otro trago.
—Cierto. —Había conseguido mi trabajo sin esfuerzo, un puesto que me gustaba. Si hubiera tenido que trabajar y competir por él, ¿habría sido diferente? Quizás, pero también sabía lo valiosa que era la familia, y quería tener la mía propia.
—Tampoco es que se te dé bien la charla motivadora desde que estás tan liada con Jonah.
Dejé mi vaso sobre la barra y me quedé mirando el líquido ámbar.
—Solo llevamos poco más de un mes saliendo de verdad. No hemos hablado de matrimonio ni de hijos.
—Has hablado de matrimonio, pero no del tuyo con él. —Esbozó una sonrisa pícara.
La miré con rabia fingida.
—Ja, ja, ja.
Ella siguió mirándome mientras daba otro sorbo.
—¿Te da miedo hablar del futuro con él?
Sí. Muchísimo.
—Entré en su vida como un huracán. Ha pasado de ser un ermitaño a un dios del sexo. ¿Y si se da cuenta de lo que se ha estado perdiendo y quiere salir con otras? —Le di un trago a mi bourbon.
—Jonah nunca fue del tipo de «salir con otras» —Arrugó la nariz—. Por lo que recuerdo, era más del tipo «si puedes, sígueme el ritmo». Jackie se cansó de intentarlo.
No creía que fuera a volver a su personalidad anterior con toda su fuerza, pero eso no disipaba mi preocupación.
—Está pasando por un período muy movido.
Apuró el bourbon de un trago, cogió mi vaso y lo vació también. No me importó. No quería sentirme como si estuviera ahogando mis preocupaciones en alcohol.
—Y esa parece otra charla que estás evitando.
La miré con el ceño fruncido mientras llenaba el pequeño fregadero de agua y lavaba los vasos.
—¿Qué quieres decir?
—Creo que has estado descuidando tener conversaciones importantes con los hombres de tu vida. Como lo que de verdad quieres para una boda.
—Boyd era diferente. —Su ceja pelirroja enarcada me frenó en seco. Iba a seguir teniendo relaciones de mierda si evitara por completo las conversaciones difíciles. Aunque quizás solo las había pospuesto—. No estoy evitando esas conversaciones. Solo busco el momento adecuado.
—¿Te acuerdas de ese chico con el que salías antes de Boyd?
Había tenido unos cuantos novios serios de adulta. Boyd había sido el más duradero y el más serio, lo cual era mucho decir, ya que, mirando atrás, nuestra relación había tenido tanta sustancia como unas bolas de algodón.
—¿Cuál?
Frunció el ceño.
—Eeeh… ¿Jerry? ¿Gerald?
—¿Garrett? —dije secamente.
Chasqueó los dedos.
—Exacto. El chico al que le encantaba ahumar carne y beber cerveza.
—Me gusta la carne ahumada.
—No le dijiste que pasar el fin de semana construyendo ahumadores caseros no era lo tuyo. Ni que no te gusta la cerveza.
—No me gustaba su cerveza.
Su mirada era firme.
—Lo que quiero decir es que no le hablaste de algo que podría haber acabado con la relación.
—La carne ahumada no debería echar a perder una relación —repliqué con desdén.
—Con Jerry lo hizo.
—Garrett.
—Qué conveniente que se mudara por trabajo, y cuando insinuó que podrías irte con él, le enseñaste la destilería familiar.
Había insistido mucho en lo de la familia.
—Vale. Puede que esté un poco asustada. En comparación con Boyd y con Garrett, lo que siento por Jonah es… —Todo. Lo quería todo. Si él no quería lo mismo, entonces, ¿qué?
Ella abrió la boca, pero unas voces que se alzaban en la distancia llamaron nuestra atención. La cerró de golpe y las dos volvimos la cabeza.
No conseguía entender lo que decían, pero se estaban moviendo. Me moví en mi asiento para mirar por la ventana. Quienquiera que fuera aún no había salido del edificio, pero el tipo del coche bonito debía de estar discutiendo con uno o varios de mis hermanos.
—¡No puedes aprovecharte así de un viejo borracho! —gritó por fin.
—Estaba completamente sobrio cuando habló con nosotros. —Ese era Teller.
—Los Bailey os creéis que tenéis derecho a todo.
—Si no nos lo vende a nosotros, se lo venderá a otro. —Eso lo dijo Tenor.
—Me lo venderá a mí, maldita sea. —Esa vez, la voz del desconocido era un gruñido grave—. Esa tierra ha pertenecido a mi familia durante generaciones.
—Tendrás que discutirlo con él —dijo Teller con más que un toque de actitud defensiva.
Una puerta se abrió de golpe. Autumn y yo dimos un respingo.
Los poderosos pasos de un hombre alto devoraban el pavimento mientras se dirigía a toda prisa hacia el elegante coche negro.
Su traje gris carbón estaba hecho a medida para resaltar su cuerpo largo y esbelto y sus anchos hombros.
El sol poniente se reflejaba en su cabello negro azabache.
Abrió de un tirón la puerta del conductor, y temí que fuera a arrancarla de un tirón.
Con una mirada de despedida que habría derretido el cristal, se introdujo deslizándose en el coche tras el volante y se alejó a toda velocidad.
Los comentarios de Teller de hacía más de un mes sobre comprar más tierras me rondaban por la cabeza. Sabía quién era ese hombre.
—Gideon James.
Autumn mostró una expresión interesada.
—Vaya.
—Sí. —Me gustaba Jonah, pero sabía reconocer cuando otro hombre era atractivo.
—Vaya —repitió Autumn con un suspiro—. Creo que mis ovarios acaban de hacer las maletas para seguirlo —susurró.
Me reí entre dientes. El hechizo de Gideon James se había roto, al menos para mí, pero la mirada embelesada de Autumn seguía clavada en la ventana.
—Al parecer —comenté—, no está muy de acuerdo con que su padre nos venda algo.
Parpadeó.
—¿Qué? ¿Vamos a hacer negocios con ese tío? —No se me escapó el interés en su voz.
—Con él no. Su padre debe de estar llevando las negociaciones de la venta sin habérselo consultado. —Sentí empatía por el pobre hombre. Si mi padre lo hubiera vendido todo antes de fallecer, me habría enfadado. Si no nos lo hubiera contado antes, me habría quedado destrozada.
—Qué mal. —Sacudió la cabeza como si quisiera deshacerse de los últimos restos de un hechizo—. Nos va a odiar a todos y cada uno de nosotros.
Sí. Quizá Copper Summit comprara el terreno, pero mis hermanos y yo éramos los propietarios.
Teller entró en el bar con el ceño fruncido. Tenor iba detrás de él, subiéndose las gafas. Me hizo un pequeño gesto con la mano cuando vio que estaba allí.
—Parece que necesitáis una copa. —Autumn dejó una jarra de mezcla sobre la barra.
Teller soltó un suspiro y se sentó en el taburete junto al mío.
—Que sea flojo. Lo quiero tan delicado que a un tipo como Gideon le suba la tensión al saber que me lo he bebido después de nuestra charla.
Tenor se sentó a mi otro lado. Me acomodé.
No iba a tomarme otra copa, pero sí a quedarme y a dejar que el consejo de Autumn calara en lo más profundo de mi mente.
Quizá tenía razón. Pero quizá era demasiado pronto para preguntarle a Jonah qué esperaba de lo nuestro.
Al fin y al cabo, ni siquiera estaba dispuesto a que lo vieran en una cita conmigo en Bourbon Canyon.
Jonah había envuelto las mesas y los taburetes con fundas protectoras y relleno acolchado, y los había llevado hasta la puerta de carga. Ya tenía todo empaquetado y estaba listo para ir a Bozeman. Mi madre me había llamado mientras Jonah terminaba en el taller.
Él estaba limpiando sus bancos de trabajo y reorganizando las herramientas.
Los cubos se apilaban en las esquinas y, de vez en cuando, se agachaba para recoger algún tornillo suelto o un trozo de madera.
Era meticuloso con su espacio de trabajo, pero no lo había visto tan relajado en todo el fin de semana.
Me senté en uno de los taburetes que él mismo había fabricado, con una base giratoria y un precioso asiento de madera pulida que parecía hecho de piedra.
—Lo has terminado todo.
Asintió y cogió la escoba. La tensión de sus hombros había disminuido, pero aún estaba ahí.
—Casi. Cuando el cliente firme la entrega, sí que se habrá acabado.
Había visto la mesa cuando ya estaba completamente lista, y era impresionante. Una obra de arte a medida. Si quisiera, Jonah podía verse inundado de pedidos.
—¿De verdad no vas a hacer otro proyecto como este?
—No. —Negó con la cabeza y se puso a dar vueltas por el taller con la escoba.
La noche anterior le había dado un masaje después de un día entero trabajando de pie.
Su cojera era más pronunciada y se había retorcido en el sofá, señales evidentes de que le dolía todo.
En ese momento se movía mejor—. La presión le quita toda la diversión al trabajo.