Capítulo 20 #2
—Yo me encargo de todo. —Quizá sonara un poco presuntuoso, pero podía intervenir en cualquier fase, desde buscar proveedores hasta el embotellado—. Aunque no puedo conducir los camiones de reparto. Al menos los que requieren algo más que un carné de conducir normal.
—Iba a decirlo… Te he visto conducir muchos camiones de reparto.
—Solo los pequeños —respondí con voz melosa. Mi padre nos había hecho acostumbrarnos a mis hermanos y a mí a conocer todas las funciones.
Jonah gruñó, descontento, y abrió la puerta. Salí y me encontré con él en la parte delantera.
Después de abrir la puerta para que entrásemos los dos y volver a activar el sistema de seguridad, me giré hacia el espacio abierto que teníamos delante.
—A la derecha están las pasarelas que conectan con las bodegas de barricas.
Cuando Tate estaba al mando, las construyó adosadas al edificio con un sistema de climatización, pero seguimos utilizando la bodega de barricas que hay al final del terreno.
En ese edificio, es la madre naturaleza la que se encarga de la calefacción y la refrigeración.
—La previsibilidad de la temperatura debe de ser un cambio agradable.
—Lo es, sobre todo para nuestras líneas más comerciales.
La mayoría de los años, tenemos suficientes cambios de temperatura para que las barricas se expandan y se contraigan de verdad y extraigan los sabores de la madera.
—Señalé el rincón con la luz de seguridad a mitad de camino de una de las pasarelas—.
La línea de embotellado está al otro lado.
Ahí es cuando la sala de envejecimiento anexa resulta muy útil.
Te voy a enseñar dónde está toda la diversión.
—Deslicé mi mano en la suya. No era la primera vez que estaba sola en la destilería.
A veces me asustaba, pero esa noche la emoción me recorría el cuerpo.
Cuando empecé, había guiado algunas visitas, pero sobre todo me había dedicado a dirigir el lugar.
El hecho de que pudiera intervenir en cada parte del proceso no significaba que tuviera muchas oportunidades de hacerlo—.
Terminaremos en mi oficina. —Lo llevé a través de las grandes puertas dobles.
El olor a grano caliente nos envolvía. Estábamos cerca de los tanques de maceración—. ¿Quieres oler la levadura?
—Quizá te sorprenda, pero ya la he olido antes. —Seguía detrás de mí, con una leve sonrisa en el rostro.
Encendí las luces y lo llevé hasta un tanque que burbujeaba con un mosto amarillento. Inspiré hondo. Ese era el olor de mi infancia.
Se agachó y lo olisqueó.
—Recuerdo que Teller siempre lo llamaba pedos de levadura.
—A mi padre le horrorizaba ese término. Así que, por supuesto, a todos mis hermanos y a mí nos parecía divertidísimo.
Sus ojos adoptaron una mirada ausente.
—Recuerdo el olor fuera del Copper Summit, en casa. No había pensado en eso hasta ahora.
—Sí. Es de secar el mosto de grano. Otro olor a hogar.
—No habrá un examen al final, ¿verdad?
—No, esto es un extra. Normalmente no hacemos una visita guiada por aquí.
Para eso están los grandes ventanales. Se llena demasiado de gente y los destiladores prefieren trabajar sin que los molesten.
Solíamos hacer visitas los sábados, pero Tate las suspendió y yo no las he vuelto a poner en marcha.
Este lugar se centra más en la producción.
—¿Soy un invitado especial?
Le dediqué una sonrisa.
—El invitado especial de una vip. —Lo llevé a través de los tanques de maceración hasta los grandes alambiques de cobre.
Él miró hacia arriba, a los tubos de condensación.
—Echaba… Echaba de menos esto. —La tristeza en su voz me partió el corazón.
—¿Echas de menos qué? —Salimos por donde habíamos entrado. No quería que sus palabras se perdieran en aquella sala cavernosa.
Una vez de nuevo en la entrada principal, se giró para mirar a través de las ventanas que manteníamos impecables para que el público pudiera ver la belleza de la destilación. Entrelacé mis dedos con los suyos.
—Pasar el rato en Copper Summit. No aquí, claro, pero solía ir con Teller cuando tenía que parar en la de Bourbon Canyon.
—Se le movió el cuello al tragar saliva—.
Por eso tenía unas cuantas botellas de bourbon en casa.
Me gustaba tomarme una copa de vez en cuando y admiraba Copper Summit.
Respetaba la pasión de la familia, y una parte de mí deseaba…
Le apreté suavemente los dedos.
—¿Qué deseabas?
—Deseaba que hubiera algo por lo que pudiera sentir lo mismo.
Ayudé a mi padre a construir la cabaña y luego no tuve nada más que hacer.
Cuando Eli se graduó, le dejé encantado que se hiciera cargo de más tareas; mi padre necesitaba la ayuda.
Luego, cuando Eli se fue, mi padre se quedó sin nadie.
No podía ayudarlo, y, Dios, el alivio me destrozó.
No quería una vida haciendo lo que hacía mi padre.
Me quedé paralizada por un momento. Eli había comentado varias veces que debía ir a la universidad o iba a acabar viviendo a la sombra de Jonah toda su vida. Todos habían dado por hecho que Jonah iba a hacerse cargo de todo, y luego resultó que no podía.
—¿No querías trabajar en el rancho?
Negó con la cabeza lentamente y la culpa se reflejó en sus rasgos.
—No. Es demasiado para una sola persona. Tanto si yo estuviera al mando como si lo estuviera Eli, los dos estaríamos atados a ello, y yo buscaba cualquier excusa para escapar. Era como si el accidente fuera mi castigo por ser un cabrón egoísta.
—No eres egoísta, Jonah.
—Lo soy. —Se giró. Solo estábamos nosotros dos en aquel edificio gigantesco, pero apenas nos separaban unos centímetros—. Mi madre me ha dicho que se van a mudar. ¿Sabes lo irritado que estaba? Todavía lo estoy. No deberían mudarse. Deberían quedarse en el lugar donde crecí.
¿Sus padres iban a vender la casa? No había dicho ni una palabra al respecto durante toda la cena.
—Creo que es un sentimiento normal. Yo estaría destrozada si mi madre se mudara.
—También me siento culpable porque estoy aliviado. Ya no tengo que arrepentirme de no poder ayudar a mi padre. Pero me he comportado como un capullo con mi madre cuando me lo ha dicho.
—Estoy segura de que ella lo entiende. —Le acaricié el antebrazo—. Y siempre puedes pedirle perdón.
Tensó la mandíbula y negó con la cabeza.
—Tengo tanto por lo que disculparme… Nunca he estado ahí para ellos. Decía que no quería que tuvieran que hacerme de niñeras, pero eso es solo una parte. Debería haberlo superado.
—No es fácil. Yo sigo pensando que mis hermanos me ven como a esa niña herida que dejaron en la puerta de su casa una noche.
Me pegó a él.
—Te quieren mucho.
—Y tus padres te quieren a ti. —Lo besé en los labios—. ¿De verdad crees que tu padre podría jubilarse si tú te encargaras del rancho? ¿Piensas que siempre iba a sentir que tenía que estar ahí para ayudarte porque sabe lo duro que es?
Frunció el ceño.
—Tuvo que reducir el tamaño del negocio.
Le pasé un dedo por la arruga de la frente.
—La muerte de Eli hizo que todos nos replanteáramos la vida.
—¿Fue eso lo que hiciste tú?
—No estamos hablando de mí, señor Dunn. —Le di otro beso en la comisura de la boca. Luego otro en el otro lado.
—Ya he terminado de hablar de mí.
No iba a presionarlo. Su mundo estaba cambiando de nuevo. Solo esperaba que no se volviera a encerrar en sí mismo.
No se movió ni un momento mientras le mordisqueaba los labios, pero finalmente me correspondió.