Capítulo 20
Jonah
Summer estaba tan guapa que me costó mucho recorrer las calles de Bozeman.
Esos pantalones se le ceñían al cuerpo como una segunda piel.
Mostraba curvas por doquier, y yo quería esas piernas alrededor de mi cintura.
La había visto con un peinado elegante el día de su boda.
Después, se había dejado el pelo suelto o recogido en una especie de moño descuidado que le quedaba de lo más bonito.
Esa noche, sus brillantes mechones se deslizaban en grandes rizos sobre un hombro.
El tono fresa era más evidente de lo normal y me encantaba. Estaba buenísima.
Si no hubiera querido demostrarme a mí mismo que mi semiexilio no me había convertido en una bestia sin modales, la habría empujado hacia atrás dentro del apartamento y habríamos follado contra la puerta. Pero podía ser un puto caballero por una noche.
Durante unas horas.
Menos mal que el sitio que había localizado de antemano era un asador. A juzgar por su grito de alegría cuando giré hacia el aparcamiento, había elegido el lugar adecuado.
Nos dirigíamos hacia la puerta y ella me agarró del brazo. Me había dejado el bastón en el coche. El aparcamiento estaba prácticamente despejado, con muy poco hielo. Ella me servía de apoyo, y yo prefería agarrarme a ella antes que a cualquier otra cosa.
Cuando llegamos a la puerta, una chica la abrió de par en par, con una sonrisa pegada a la cara. Su mirada se posó en mis piernas, sin duda fijándose en mi cojera, y luego subió a mi cara, directamente a la cicatriz. Su atención se desvió hacia Summer, y sonrió aún más.
—¡Bienvenidos!
Me echó un vistazo tímido, pero no se atrevía a sostenerme la mirada.
Mi humor se ensombreció. Me había ido a otro pueblo precisamente para escapar de ese tipo de comportamiento. ¿Se habría dado cuenta Summer de que había asustado a esa joven?
—¿Mesa para dos? —preguntó la camarera con su tono más alegre. Tenía la mirada fija en Summer, y era como si yo ya no existiera.
—Sí, por favor.
Nos llevaron a una mesa para dos cerca de la barra. Las mesas más grandes, con familias y niños, ocupaban la zona principal.
Ayudé a Summer a colgar el abrigo en el respaldo de su silla y le aparté la silla.
Su dulce aroma me envolvió con un recuerdo de sábanas arrugadas y gemidos bajos.
Mi humor no estaba tan agrio como para no darme cuenta.
Se sentó y me dedicó una sonrisa recatada que me llegó directamente a la entrepierna.
La camarera siguió hablando mientras yo cojeaba a su alrededor y me quitaba el abrigo.
—Nuestros platos especiales son el chuletón con ensalada o patatas, a elegir, y un plato combinado de mar y montaña, que es el más popular de la carta. ¿Puedo ayudarles en algo más antes de que llegue su camarero? —Me lanzó una rápida mirada y volvió a centrar su atención en Summer.
—No, gracias —respondió Summer.
Miré la carta con el ceño fruncido. La noche apenas había comenzado y Summer estaba respondiendo a todas las preguntas. ¿Era tan repulsivo? Creía que me había arreglado como debía. Hacía años que no me sentía tan bien como esa noche. Sin embargo, esa joven apenas podía mirarme.
Summer tenía un gran corazón y su reacción hacia mí era sincera, pero la había decepcionado. No sabía cómo explicarlo.
La intensidad de su mirada finalmente llamó mi atención. Levanté la vista y ella arqueó una ceja. Sus ojos brillaban bajo las luces del restaurante. Me parecía cada vez más hermosa a medida que avanzaba la noche.
—¿Por qué te has puesto de mal humor? —preguntó.
—No estoy de mal humor. —No había leído ni una palabra de la carta y me había guardado mis sentimientos para mí mismo. Sin embargo, seguía siendo una cita de mierda.
—Suéltalo, Dunn.
Dejé la carta sobre la mesa.
—Esa chica tan joven me tenía miedo.
Summer miró hacia el mostrador de la recepcionista.
—¿Por qué crees eso?
—Apenas podía mirarme después de ver la cicatriz.
Una risita se escapó de entre sus labios.
—¿Lo dices en serio?
—Claro que lo digo en serio ¿No te has dado cuenta?
Summer dio unos golpecitos con el dedo sobre la mesa, pensativa.
—Varias cosas. Una, probablemente esté en la universidad, así que no es tan joven.
Dos, seguramente me presta más atención porque las mujeres se sienten más cómodas hablando con otra mujer antes que con un hombre.
Los camareros lo hacen para conseguir mejores propinas.
No pueden permitir que pienses que le gustas.
—Levantó el dedo al mencionar el último punto—.
¿Crees que la repulsión es la razón por la que no puede mirarte?
—Creo que es miedo.
Ella se rio entre dientes de nuevo.
—No es por eso. —Sacó el teléfono del bolsillo de su abrigo, tocó la pantalla y lo giró hacia mí. Había activado la cámara. Me estaba viendo a mí mismo—. ¿Ese chico te da miedo? ¿O te parece tan increíblemente sexy que te preocupa que se me caigan las bragas al suelo?
Me ardieron las puntas de las orejas.
—Summer…
Ella mantuvo la cámara apuntando hacia mí.
—Yo sé por cuál me decanto. —Se movió en su asiento.
La lujuria se avivó con más fuerza en mis entrañas. La única mujer a la que me importaba gustarle estaba sentada frente a mí. Eso no significaba que Summer tuviera razón.
—No creo que…
—No hace falta. La entiendo mejor que tú. —Por fin guardó el maldito teléfono—. Te lo digo yo, estás buenísimo. Esa cicatriz es seductora, sí, pero no acapara toda la atención. El resto de ti sí.
Mi cara debía de estar roja como un tomate.
—Entendido.
Ella sonrió, triunfante.
—Bien.
—En Bourbon Canyon no es así.
Reflexionó un momento, con los labios rosados fruncidos.
—Porque te conocen. Han oído historias que probablemente te hacen parecer salvaje.
La gente debe de tener miedo de cómo vas a reaccionar.
—Se echó hacia delante—. Pero apuesto a que muchos de ellos siguen pensando que eres guapo.
—Quizá me importaran las opiniones de otras mujeres antes de la boda de Summer, pero ya no.
Ella dio unos golpecitos con el dedo sobre la mesa—.
Yo, eeeh…, debería decirte que hablé con Teller y él se dio cuenta de que entre nosotros había pasado algo más que quitar nieve en la cabaña.
Mierda. ¿Teller sabía que estaba follando con su hermana? Antes me habría avergonzado muchísimo. Por aquel entonces no era el mejor novio del mundo, y Teller solía burlarse de mí. Me habría dado una paliza si se hubiera tratado de una de sus hermanas.
—¿Qué te dijo?
—No mucho. Se sorprendió, pero no tanto. Estoy segura de que tuvo tiempo de acostumbrarse a la idea cuando se enteró de que me había quedado tirada en tu casa por segunda vez.
—No fuiste muy sutil.
—Y tú no tienes escorbuto.
Me reí, pero luego me invadió la ansiedad.
—¿Cuántos de tu familia lo saben?
—Mi madre se dio cuenta. Y Autumn también. Bueno, a ella se lo conté, pero necesitaba hablar con alguien cuando pensaba que me odiabas. No sé hasta qué punto se lo contarán el uno al otro, pero creo que puedes confiar en que mi familia será discreta.
Lo que significaba que no debería llegar a oídos de mi madre y mi padre hasta que yo estuviera listo para contárselo. Iban a mudarse y a cambiar de vida, dejando atrás todo lo que yo conocía, y no quería que pensaran que era un hijo aún peor de lo que creían por haberle robado la novia a Eli.
La camarera no era mucho mayor que la recepcionista. Le sonrió ampliamente a Summer y luego se volvió hacia mí; su mirada acarició mi cicatriz para luego descender hacia mi pecho. Un destello de admiración brilló en sus ojos.
Bueno, joder. Estaba acostumbrado a la fascinación morbosa. Pero a eso no.
El cambio de perspectiva fue un buen estímulo. Quizá me habría ido bien entablar más charlas triviales por Bourbon Canyon, para que la gente no se preocupara de que bajara de la montaña enfurecido.
¿Cuánto tiempo había dejado que mis inseguridades controlaran mi vida? ¿Habían sido una excusa conveniente que con el tiempo se convirtió en mi propia realidad? ¿Una forma de engañarme a mí mismo para no salir nunca de casa y evitar las partes de la vida que no podía recuperar?
Cuando la camarera se volvió hacia mí, con una actitud profesional y distante tras echarme un primer vistazo, el resto de mi tensión se disipó.
—Tomaré lo mismo que ella —dije.
Cuando volvimos a estar solos, me eché sobre la mesa.
Había una parte de la vida de Summer en la que había pensado durante el trayecto a Bozeman.
Seguía sin interesarme el alcohol, no tenía motivos para ello, pero las bebidas espirituosas eran una parte muy importante de su vida.
El bourbon corría por las venas de los Bailey, y Summer y sus hermanas no eran la excepción.
Habían crecido aprendiendo el proceso de destilación, catando el producto y trabajando en todas las facetas de la industria.
Si quería a Summer, tenía que aceptarla tal y como era.
—Cuando terminemos, ¿puedo ver dónde trabajas?
Summer
Jonah aparcó frente a Copper Summit.
—Nunca había visto este lugar.
—¿Ni siquiera cuando tú y Teller salías juntos?
Él negó con la cabeza. Sus ojos oscuros reflejaban las luces del aparcamiento que rodeaba la parte del almacén. La parte más bonita del edificio, donde vendíamos botellas y merchandising, junto a las oficinas, estaba en la parte delantera.
—¿No hay bar?
—No, aquí no. Ni siquiera tenemos una sala de degustación. Queríamos un lugar más práctico para el embotellado y la distribución a gran escala. Si Wynter se hubiera mudado a Bozeman, quizá habríamos abierto un pequeño bar. En su lugar, hacemos visitas guiadas y vendemos licores de barrica única.
—Darin quería canalizar el turismo hacia Bourbon Canyon.
—Sí. —Me reí entre dientes—. Eso también. Mi padre era así de listo. ¿Quieres hacer una visita guiada?
—Quiero ver lo que haces.
Señalé con la mano hacia la destilería.