Capítulo 17 #3
Lo era. Pero me había sentido débil durante tanto tiempo, y tan a menudo, que a veces todavía me sentía así. Aunque mi movilidad era limitada, podía levantar tablones de madera y transportar herramientas pesadas como mi sierra de mesa.
—Túmbate y déjame darme un festín.
Ella enredó sus manos en mi pelo.
—Quiero mirar.
La lujuria me golpeó en las entrañas, haciendo que mis abdominales se tensaran.
—Tus deseos son órdenes para mí.
Me daba miedo lo en serio que lo había dicho.
Summer
Jonah deslizó los brazos bajo mis muslos y se acurrucó entre mis piernas. Apoyé las manos detrás de mí. Con lo mojada que estaba, no iba a poder salir con ese jersey puesto. Iba a pegársele al cuerpo.
Pero me daba igual. No podía preocuparme por eso en ese momento. Pasó la lengua por mi sexo y atacó mi clítoris como si me estuviera correspondiendo con placer a la incomodidad que mis elogios le habían causado.
No me había dado cuenta de lo incómodo que se sentía con los halagos por todas las cosas buenas que hacía. Se cargaba de responsabilidad, junto con la culpa, y se aislaba para que la gente no pudiera decirle que era un ser humano decente.
Y entonces me sacó de mis pensamientos. No podía concentrarme en nada más que en la forma en que me devoraba, con una expresión a la vez extasiada y decidida.
—Jonah. —Yo también estaba disfrutando de unas vistas increíbles en ese momento: su lengua lamiendo y rodeando mi clítoris. Me sostenía la mirada con esa mirada ardiente durante unos instantes y luego cerraba los ojos como si mi sabor fuera tan bueno que casi no podía soportarlo.
Llevaba una camiseta blanca lisa debajo del jersey, y casi se la arranco por la cabeza. Pero no podía arriesgarme a frenar mi meteórico ascenso hacia el clímax, y más cuando metió dos dedos dentro de mí.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo y separé más las piernas. Me balanceé contra él, que ni siquiera tenía que mover la mano. Ya lo hacía yo por él, que solo debía seguir el ritmo con la lengua.
—Sé que ya lo he dicho antes —jadeé y me retorcí—, pero se te da muy bien usar la lengua.
Soltó un gruñido grave que vibró en mis entrañas.
Estaba rendida a él. Eché la cabeza hacia atrás—.
¡Jonah! —Las estrellas estallaron detrás de mis ojos y me estremecí, atrapándole la cabeza con las piernas; sabía que a él no le importaba—.
¡Jonah! —grité de nuevo porque él no cedía.
Me desplomé hacia atrás y renuncié a cualquier atisbo de control.
O bien mis cumplidos estaban alimentando esa intensa sesión oral o era una venganza.
Yo salía ganando de todas formas. Entonces me soltó las piernas con suavidad.
Tenía los pies en el borde de la mesa y estaba expuesta ante él, pero también demasiado sobrecogida como para que me importara.
Tuve que recuperar el aliento antes de moverme.
Me tomó de la mano para ayudarme a sentarme.
En cuanto estuve erguida, me levantó y se puso en mi entrada.
Me aferré a él. Mi trasero no tocaba la mesa, como si él temiera que fuera demasiado incómodo.
Me penetró y yo gemí. No había nada como sentirme llena de él, pero tampoco quería que tenerme en vilo le hiciera daño. Y no quería ofenderlo.
—¿Jonah? —Busqué en su rostro cualquier signo de dolor o incertidumbre. No me iba a parecer mal si me soltara.
—¿Recuerdas lo que has dicho sobre lo fuerte que soy? —Sus manos eran firmes en mis caderas. Me embistió una vez más y su grueso miembro me llenó centímetro a centímetro.
Se me escapó un gemido. Qué bueno era, joder.
—Eres la hostia de fuerte. —Le rodeé el cuello con los brazos y le estreché las piernas alrededor de la cintura—. Has estado lanzando tablones de madera solo para este momento.
—Tienes toda la razón. —Follamos de pie y no tembló ni un instante. Sus piernas eran fuertes y su rostro estaba esculpido por la determinación—. Follas tan maravillosamente como creas tu arte.
Lo besé y le mordisqueé el labio inferior.
Su barba me hacía cosquillas en la boca, pero no bajé el ritmo con el que cabalgaba su miembro.
Las huellas de sus manos iban a quedárseme marcadas en los costados, y me parecía bien.
La forma en que estábamos juntos iba formar parte de mí para siempre.
Después de él, no iba a volver a disfrutar del sexo si no era así.
La fricción de nuestros cuerpos llevó mi clítoris al límite y en cuestión de segundos me precipité hacia un segundo clímax.
Increíble. Lo que había entre nosotros era inaudito e inimitable.
Jonah era el único para mí. Como si hubiera adivinado mis pensamientos, me estrechó más entre sus brazos y desencadenó el orgasmo inminente.
—¡Sí! ¡Jonah! —Mi voz retumbó en las paredes.
—¡Joder! ¡Summer! —Un gruñido salvaje se le escapó de los labios y se estremeció dentro de mí—. Joder, joder, joder.
No podía articular palabra mientras mi clímax alcanzaba su punto álgido y se desvanecía.
—Dios mío —gemí, colgada de él.
Él se mantuvo firme. Inquebrantable. Él era el único para mí. Ojalá él pensara lo mismo de mí. Autumn tenía razón. Tenía que hablar con él. Pero ¿y si eso fuera el final? ¿El final de lo nuestro?