Bourbon Runaway (Serie Bourbon Canyon 2) Capítulo 11
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Capítulo 11

Summer

Estaba calentita y todavía cansada, pero suspiré y me acurruqué en el capullo de calor que me rodeaba. Un cuerpo firme se pegó al mío y una nariz se me hundió en el pelo.

Dejé escapar un suave gemido. ¿Cuándo fue la última vez que me había despertado tan a gusto, sintiéndome tan segura?

El viento rugía fuera, pero la energía inquieta que me atormentaba con esa clase de clima había desaparecido. No me hacía falta levantarme. No estaba sola, en la oscuridad, con los sonidos de una tormenta sobre la cabeza.

Un brazo fuerte me rodeó la cintura y una mano grande se deslizó bajo mi jersey y se posó sobre mi vientre.

Dios, qué bien me sentía al tenerla ahí. Piel cálida y yemas de los dedos curtidas: divino. Me acurruqué contra ese muro de comodidad.

Un gemido muy masculino sonó a mi espalda.

Los labios se me curvaron hacia arriba y los acontecimientos de la noche anterior se me pasaron por la mente.

La ventisca y cómo me había transportado al pasado.

La culpa por Jonah y por el daño que le había hecho.

El placer de adormecerme escuchando esas historias.

Y luego, un latido de arrepentimiento antes de rendirme al sueño.

Abrí los ojos de golpe. Estaba a oscuras, fuera aún era de noche y yo no estaba en la habitación de invitados.

Jonah.

Sus dedos bailaban alrededor de la cinturilla de mi ropa interior. Una erección dura e impresionante se apoyaba contra mi trasero y podía sentirla a través de los pantalones de chándal.

—Jonah —susurré, temerosa de romper el hechizo, pero sabiendo que tenía que hacerlo.

Quería eso. Quería las manos de Jonah sobre mí y quería explorar el placer que podía darme. Pero no podía hacerlo hasta que hubiéramos hablado.

—Mmm. —El gruñido salió del pecho y sentí su vibración en mi espalda. Era un sonido tan masculino… Un placer auditivo. También quería más de eso.

Deslizó las yemas de los dedos bajo mi ropa interior. El deseo me inundó, encendiendo un ardor entre los muslos que él estaba a punto de saciar.

—Jonah —gemí, odiando tener que detenerlo.

Aún no había llegado a mi clítoris, pero estaba cerca.

—Mmm.

Fruncí el ceño. ¿Estaba despierto?

—Jonah —dije, más alto esa vez.

Le tembló la mano.

—Jonah. —Lo agarré de la muñeca. Eso no podía pasar cuando no estaba completamente despierto y no había oído lo que tenía que decirle.

Se tensó. Sí, por fin estaba despierto. Se le contrajeron los músculos y retiró la mano de un tirón.

—Mierda. Lo siento. —Suspiré y me moví hacia mi lado de la cama, que resultó estar más lejos de lo que había previsto.

Había sido como un misil guiado por calor y me había pegado a Jonah en cuanto los dos nos habíamos quedado dormidos.

Me tumbé de lado y me enderecé la sudadera, que se me había torcido y casi me había dejado desnuda.

Por suerte, las sábanas me tapaban casi todo—. Dios, Summer. Lo siento mucho.

—Yo no.

Cerró la boca de golpe y frunció el ceño.

—¿Qué?

—Que yo no lo siento, pero primero tenemos que hablar.

—No, claro. Quiero decir… —Movió la mandíbula como si estuviera catando las palabras y ninguna tuviera el sabor adecuado—. Acabas de salir de una relación.

—Ni te imaginas lo fácil que ha sido superar lo de Boyd. No se trata de él.

Su expresión se volvió neutra. Las marcas en la mejilla, causadas por la almohada, lo hacían parecer más accesible, junto con la neblina del sueño que se estaba disipando de sus ojos. Pero no me gustaba la forma en que parecía estar preparándose para recibir un insulto.

—Tampoco se trata de ti. Soy yo. Y Eli.

La comprensión iluminó esa mirada oscura.

—Nunca lo has superado.

Podía haber gritado de frustración. Además de sentir vergüenza de mí misma, estaba echando a perder esta conversación antes incluso de haber empezado, y ya llegaba quince años tarde.

—De eso es de lo que quiero hablar contigo. Echo de menos a Eli. De verdad. Era un buen amigo y una buena persona. Pero te has estado culpando por su muerte cuando no es culpa tuya en absoluto.

Se le frunció el ceño y le dio un puñetazo a la almohada para ahuecarla.

—Puedes repetirlo hasta quedarte afónica, pero eso no va a conseguir que sea cierto.

Él no se bebió el alcohol de cualquiera.

No embistió a un desconocido. Fue mi alcohol.

Me embistió a mí. No estuve ahí para él cuando estaba claro que algo le preocupaba, pero sí estuve ahí en el peor momento posible.

—Levantó una mano—. Y no me digas que podría haber matado o herido a otra persona. Conozco todos los hechos.

—Todos no. —Los latidos de mi corazón se ralentizaron, como si estuviera bombeando lodo en lugar de sangre. Ahí iba: lo que debería haberle contado antes de que me echara de la habitación del hospital—. Rompí con él. Por eso estaba borracho.

Jonah

Tenía que haberlo escuchado mal. Mi pene seguía acaparando sangre y mi cerebro funcionaba con un suministro insuficiente.

—¿Puedes repetirlo?

—Estaba furioso y dolido. Estaba enfadado contigo y molesto conmigo.

Los acontecimientos de aquel día me pasaron por la cabeza.

Había visto a Eli en el desayuno cuando me había pasado por allí para ayudar con las tareas del rancho.

Mis padres me habían preguntado qué iba a hacer y les había dicho que pensaba pasar el rato con Teller.

Tenía un par de barriles viejos de bourbon que no podían vender e íbamos a entretenernos en el taller.

Aquel día me había iniciado en la reutilización de barriles.

Eli estaba emocionado. Summer había regresado a casa para pasar el fin de semana y él tenía planes con ella todo el día.

¿Había roto con él? Debía de estar destrozado. Una nueva y fresca culpa brotó dentro de mí. Sabía que estaba sufriendo, y ya sabía por qué. No había estado ahí para él.

¿Era por eso por lo que estaba enfadado conmigo? ¿Y cómo lo sabía Summer?

—¿Por qué se sentía así?

El ambiente se enrareció. Vi la lástima en sus ojos, pero era el miedo que había en ellos también me destrozaba. Ella no debía tener miedo de hablar conmigo, pero eso también era culpa mía.

—Yo…

—¿Por qué, Summer? —dije, pronunciando el nombre con brusquedad. La paciencia se me estaba agotando. Había pasado de despertarme en un estado de felicidad que nunca había conocido a tener una roca suspendida sobre la cabeza, lista para caer—. ¿Por qué estaba enfadado conmigo por vuestra ruptura?

—Yo… —Cerró los ojos con fuerza.

La ansiedad se acumulaba dentro de mí como nubes de tormenta. Ella era quien mejor conocía a Eli. Había ido a mi habitación del hospital por una razón y había puesto la mano sobre la mía de forma reconfortante. Hacía quince malditos años.

—Dímelo. ¿Qué hice para que mi hermano me odiara tanto como para emborracharse y bajar a toda velocidad por la montaña? ¿Por qué no me lo dijiste entonces? ¿Lo saben mis padres?

Seguía con los ojos bien cerrados.

—No —susurró—. No podía hacerles eso.

Me relajé solo un poco. La respetaba por haberles ahorrado más angustia. Perder a Eli ya los había cambiado de forma irrevocable.

Tragó saliva.

—Rompí con él. Estaba en la universidad y él se tomó un año sabático, y pensaba que nos habíamos distanciado, y él creyó…

—Esta era la parte que iba a odiar. Lo presentía.

Summer siempre decía lo que pensaba, pero se había guardado eso para sí misma durante una década y media—. Sospechaba que me gustabas.

La sorpresa me impulsó a sentarme de golpe. Sentí un pinchazo en la cadera y el hombro, pero ignoré el dolor.

—¿Qué? Le dijiste que no era así, ¿verdad? —Se quedó mirándome, atormentada—. Le dijiste que no —repetí entre dientes.

Se le escapó un sollozo silencioso.

—Nunca le mentía a Eli.

Me levanté de la cama tan rápido que fue un milagro que la pierna no me fallara.

Jadeaba. Me había vuelto loco porque no había estado ahí para Eli, pero ¿pensar que también me odiaba?

¿Que había estado celoso y resentido? Y peor aún: que una pequeña parte de mí se iluminaba por dentro, lista para celebrar que la perfecta Summer Kerrigan se hubiera enamorado de mí.

—¿Qué coño, Summer? ¿Pero qué coño…? ¿Le rompiste el corazón por mi culpa?

—Porque no estaba enamorada de Eli como él lo estaba de mí.

—Ella también se había levantado. El jersey de Copper Summit me parecía una burla.

La chica y el alcohol que habían llevado a Eli al límite—.

Marcharnos a la universidad dejó nuestras diferencias al descubierto, y ya no podía seguir mintiéndome a mí misma.

—¿Por qué no se lo dijiste?

—Lo hice. Él me acusó de mentirle. —La angustia le contrajo el rostro—. Luego me preguntó por ti. Pasara lo que pasase, no me gustaba de la misma forma en que yo le gustaba a él, pero… nunca le mentía. Se habría dado cuenta. Así que le dije que era un capricho tonto, que no significaba nada.

Me eché hacia atrás y sentí una punzada de dolor en la cadera. ¿Un capricho sin importancia?

—Salías con Eli desde el instituto. ¿Qué demonios hacías fijándote en mí?

—Eli y yo éramos amigos de verdad. Tú eras mayor.

Para ti solo era una niña, y yo quería salir con alguien que me tratara bien.

—Se pasó las manos por el pelo. Y pensar que yo había querido saber cómo se habría sido sentir esos mechones entre los dedos mientras la penetraba—.

Fue un error, y pensé que podía regresar a la universidad y olvidarme del daño que le había hecho y…

olvidarme de ti también. Entonces ocurrió el accidente.

Durante quince putos años me había dejado creer…

—¿Y cuando viniste a verme al hospital aquel día? ¿Ibas a declararme tu amor eterno?

—Pensaba que debías saber que yo había sido la razón por la que había bebido —susurró—. Que había roto con él. Pero tú estabas sufriendo mucho y me atacaste solo por preocuparme por ti. Me di cuenta de que te hacía sentir culpable. Así que me fui. Y cuanto más tiempo pasaba, más difícil se hacía.

—Así que te fuiste. Eso es lo que haces siempre, ¿no?

Se abrazó a sí misma.

—¿Qué quieres decir?

—Te fuiste de esa habitación del hospital. Te fuiste de Bourbon Canyon, joder. Te fuiste de tu puñetera boda. ¿O es que solo te vas cuando yo me meto en medio?

—Eso no es justo.

—Es cierto.

—Mira, Jonah…

—¿Cómo es que la culpa no te devora viva? ¿Cómo vas al pueblo, sales con tíos de mierda y trabajas en esa lujosa destilería sin que la culpa te devore como a mí?

Le temblaba el labio inferior y se le humedecieron los ojos.

—¿Qué se suponía que debía hacer?

—¡Decir la puta verdad!

Ella se estremeció.

Me pasé una mano por el pelo. Se me puso la carne de gallina y me hirvió la sangre en la venas por la emoción punzante de rabia, pérdida y… arrepentimiento.

—Vete.

Se encogió sobre sí misma, abrazándose como si fuera su único apoyo.

Había seguido adelante sin pestañear.

Llevaba tanto tiempo enfadado y sin encontrarle sentido a nada… Por qué mi hermano, que nunca bebía, se había emborrachado. Por qué no había hablado conmigo. Por qué había estado tan atormentado…

—Lo siento —susurró.

El brillo de sus lágrimas era más de lo que podía soportar. Me di la vuelta. Por muy traicionado y furioso que estuviera, no podía soportar ver a Summer llorando.

—Por una vez, haz lo que te pido y vete.

—Oí cómo se desvanecían sus pasos y sus sollozos.

Esperé a oír el crujido de los escalones mientras subía, pero no llegó.

Entonces oí un movimiento junto a la puerta principal.

No sé qué me impulsó, pero salí cojeando del dormitorio.

No se me escapó la ironía de que pudiera mantener el equilibrio gracias al masaje.

Salí al pasillo. Llevaba puesto el abrigo y las botas, y tenía la mano en el pomo de la puerta—. ¡¿Qué demonios estás haciendo?! —bramé.

Se quedó paralizada y me miró por encima del hombro. Su piel se le veía más pálida a la luz que entraba por las ventanas.

—Me has pedido que me fuera.

—¡En medio de una puta ventisca no! Me refería a que te fueras de mi dormitorio.

Su boca formó una o. A pesar de la ira, no pude evitar fijarme en esos labios llenos ni en su cabello revuelto por haber estado en mi cama.

Maldita fuera. Mi hermano había muerto por eso.

Me encerré en el dormitorio dando un portazo.