Bourbon Runaway (Serie Bourbon Canyon 2) Capítulo 7
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Capítulo 7

Summer

Autumn estaba en la zona del bar de Copper Summit cuando terminé de trabajar.

Cuando le pregunté a Tenor si podía usar un espacio para trabajar a distancia, él y Teller lo hicieron posible.

Si no lo hubieran hecho, Wynter me habría hecho compartir el escritorio con ella, pero había una oficina vacía en la planta superior desde donde podía contemplar las montañas en las que antaño se extraía cobre.

Las vistas eran impresionantes. Al otro lado, más allá de las tierras de los Bailey, la mitad de la montaña había sido excavada.

—Hola. —Me senté en un taburete—. ¿Vamos a tomar algo aquí?

Autumn frunció el ceño sin dejar de teclear en la tableta.

Estaba haciendo inventario y llevaba el pelo castaño rojizo recogido en un moño.

Iba vestida con unos pantalones holgados, un jersey de cuello alto blanco y un cárdigan de color arándano.

Como era jueves, probablemente se habría acercado directamente desde sus clases.

Wynter no había estado atendiendo el bar tanto últimamente, porque su embarazo estaba muy avanzado, y Autumn había tomado el relevo.

Teller insistía en que trabajaba demasiado, pero Autumn lo ignoraba como de costumbre.

—Podemos. Así tendremos un sitio donde dormir cuando nos emborrachemos.

—No mola emborracharse donde la familia nos puede ver.

Ella sonrió con aire burlón y cerró la tapa de la tableta.

—Has sonado como Junie.

—No estoy en el escenario, con gente tirándome bragas.

—Creía que algún tío te había tirado su suspensorio.

—Eso fue en el concierto del mes pasado. —Mi hermana, la estrella del country, estaba ascendiendo en la escalera de la fama, pero aún vivía algunas experiencias propias de un bar de pueblo pequeño.

—Vamos a Curly’s. —Se dirigió a la caja fuerte para guardar la tableta bajo llave.

Se me hizo la boca agua al pensar en los bollos caseros y la mantequilla de canela de Curly’s Canyon Grill.

—¿Vas a encargarte del inventario de Wynter?

—Sí —respondió—. No van a obligarme a hacer trabajo de hombres.

Fruncí el ceño. Nuestros padres no eran así ni tampoco mis hermanos.

Nuestro padre nos había enseñado a todos las tareas del rancho y de la destilería.

Cada uno se había decantado por lo suyo.

Autumn era profesora de niños de tercer curso y a veces trabajaba en el bar que teníamos para dar a conocer los licores a través de cócteles.

—¿Qué trabajo quieres hacer?

Sacudió la cabeza y se apartó un mechón de pelo de la cara.

—No me hagas caso. Es que hoy estoy de mal humor. ¿Lista?

La hermana mayor que había en mí quería seguir insistiendo, pero yo estaba en una etapa de mi vida en la que tampoco quería que me presionaran porque mis hermanas podían devolverme el golpe, así que lo dejé estar.

—Venga, vamos a Curly’s. Podemos completar el círculo del feminismo y decepcionar a Curly por no ser como nuestros hermanos.

Ella se rio.

—¿Tú también te has dado cuenta de que los prefiere a ellos?

Mis hermanas y yo teníamos siempre un reservado al fondo del local.

Éramos las Kerrigan y Curly quería que todo el pueblo viera que la familia más influyente del pueblo estaba visitando el local, así que nos buscó sitio.

Curly era un capullo, pero el restaurante servía buena comida y había pocas opciones en un pueblo tan pequeño como Bourbon Canyon.

Quince minutos más tarde, nos sentamos en la penúltima mesa desde el fondo.

—¿Has visto los muffins gigantes que tiene en el mostrador?

Ella asintió.

—Quizá pida un par de los de fresa y queso crema.

Habíamos bromeado sobre beber, pero las dos pedimos una Coca-Cola con hielo. El camarero nos dejó los refrescos y tomó nota de la comida.

Removí la bebida con la pajita después de que se marchara.

—Deberíamos haberle pedido a Scarlett que se viniera. Me preocupa que piense que ya no quiero incluirla, pero ha estado tan ocupada con los pequeños… —Y Chance se había encariñado mucho con ella al tener a su propia madre de viaje tan a menudo.

Una expresión de tristeza se dibujó en el rostro de Autumn.

—Estoy segura de que está disfrutando de su nuevo papel de esposa y madre —dijo con nostalgia.

Me daba mucha pena mi hermana. A Autumn le encantaban los niños, pero quedarse en Bourbon Canyon para trabajar era como dejar la vida sentimental para tener una vida laboral.

Había probado las aplicaciones de citas, pero las opciones que le ofrecía en el pueblo no eran para ella y nadie más quería mudarse de una ciudad más grande a Bourbon Canyon.

Se enderezó y me dedicó una sonrisa forzada—.

En fin, me daba la impresión de que querías hablar y de que no querías que Tate se enterara.

—Gracias. —A pesar de lo que había dicho Tate, él era la versión masculina de mí misma: a veces un poco demasiado insistente y dado a ofrecer consejos.

En ese momento, lo que quería era un hombro en el que apoyarme.

Quería a alguien que me ayudara a ser yo misma.

Me había dejado llevar por ser la novia de Boyd y luego su prometida. Su futura novia.

Siempre tenía una etiqueta. La chica de los padres sin hogar. Una Kerrigan, en lugar de una Bailey. La novia de Eli Dunn. Luego la novia de otros chicos, seguida de «¿Sabes?, la de la familia Copper Summit?». Y después todo lo relacionado con Boyd.

Rayito de sol era una etiqueta que no me importaba. Era más personal. Me gustaba pensar que era mía.

Autumn apoyó los codos en la mesa.

—Además, no puedo sacarte todos los trapos sucios de Jonah con ellos por aquí. Suéltalo.

La miré con indiferencia. El instinto protector hacia él formó un muro a mi alrededor. No había ido a cotillear sobre Jonah.

—No hay nada que contar.

Su mirada fue escéptica. Mis hermanos solían tratar a Autumn como a una ingenua, aislada de lo peor de la vida, y, afortunadamente, así era, pero también era perspicaz. Descubría las mentiras antes que la mayoría de la gente.

—Boyd es un capullo pretencioso, y me encanta que se viera obligado a ser humilde.

La miré boquiabierta.

—¿No te gustaba Boyd?

—A ninguno de nosotros. Pero queríamos apoyarte.

Abrí la boca. La cerré de golpe. ¿A ninguno de ellos? No me habían dicho lo que pensaban de él. La humillación ardió en mi interior, intensa y brillante, abrasándome la nuca.

—¿Por qué nunca me dijisteis nada? Yo lo habría hecho si hubieras sido tú.

Su expresión se volvió cómplice.

—Sí, lo habrías hecho. Por eso sabemos lo mal que sienta. — Touché—. Y pensaba que nunca llegarías a casarte con ese tío. Y entonces… ¡bum! La boda. Para entonces, creo que todas pensamos que ya era demasiado tarde y que solo necesitabas nuestro apoyo.

Al final, habían sido los ánimos que me habían dado todas lo que me había llevado a cancelar la boda. No actuaron como yo lo habría hecho, pero el resultado había sido el mismo.

—Jonah estaba buscando el baño. —No iba a compartir el motivo. Me gustaba que me hubiera confiado la razón—. Vio cómo Boyd me abofeteaba.

El bufido de asco de Autumn hizo que todos se giraran, pero los ignoramos. El truco en un pueblo pequeño era actuar como si no tuvieras nada que ocultar.

—Deberíamos haberle dado una paliza.

—Jonah acorraló a Boyd contra la pared con el bastón. —Esa imagen se quedaría grabada para siempre en mi mente.

—Debería haberle dado una buen golpe a ese cabrón con el bastón. —Negó con la cabeza, y el verde de sus ojos relampagueó.

Una pareja nos miró, y Autumn les dedicó una sonrisa empalagosa a modo de disculpa por decir palabrotas. Yo, en cambio, los miré con una expresión desafiante que decía: «Meteos en vuestros asuntos y no le oiréis decir palabrotas».

Autumn me dio una patada en la espinilla bajo la mesa. Era lo justo. Ella tenía que vivir ahí mientras que yo podía irme, cosa que haría tan pronto como terminara la «luna de miel».

Se pasó un rizo rebelde por detrás de la oreja.

—¿Qué hicisteis en su casa?

—Dormir. Ver la tele. —Hablar. Esa parte era mi favorita—. Él trabajaba. ¿Sabías que fabrica muebles?

Ladeó la cabeza.

—¿Tú no lo sabías?

¿Por qué todo el mundo actuaba como yo tuviera que saber en qué trabajaba?

—Me dijo que consigue barriles viejos de Copper Summit. Yo esperaba que él y Teller hubieran vuelto a hablarse.

La tristeza inundó sus ojos.

—Ya no son tan amigos como antes. —Dio un largo trago al refresco—. Creo que Teller se preocupa por él cuando no lo ve por el pueblo durante un tiempo. Le he escuchado interrogar a los repartidores. Jonah cambió después del accidente y nunca ha vuelto a ser el de antes, pero ¿quién podría culparlo?

—Jonah se culpa a sí mismo por lo de Eli. —No debería. La responsabilidad recaía por completo sobre los hombros del propio Eli. Solo yo sabía por qué Eli había ido a casa de Jonah aquel día y había bebido demasiado.

Nos llevaron la comida y Autumn dejó de lado todo lo relacionado con Jonah.

Me contó las travesuras de sus alumnos de tercer curso, lo mayor que se sentía al ver a los profesores nuevos, diez años más jóvenes que ella, y que, si no fuera por Scarlett, quizá habría dejado el trabajo.

Me encantó tener esa conversación, tan increíblemente normal.

Cuando llegó la hora de irnos, Autumn se levantó de un salto de la mesa.

—Voy corriendo al baño antes de atiborrarme de muffins .

—Yo compraré unos cuantos mientras te espero.

El mismo camarero que nos había atendido me recibió en el mostrador de la panadería. Pedí dos muffins de queso crema y fresa y dos de queso crema y calabaza. Mi madre iba a querer comerse al menos uno. Ah, espera, los hermanos de Myles, Lane y Cruz, también iban a estar ahí.

—¿Puedes ponerme uno más de cada uno? —pedí al recordar el apetito de los chicos—. Espera, dos más. ¿Sabes qué? Pon media docena de cada uno.

Los muffins de Autumn correrían a mi cargo.

La camarera sonrió y se puso manos a la obra para empaquetar el pedido.

—¿Summer? Me sorprende verte aquí.

Me di la vuelta, con un nudo en el estómago al reconocer de quién era la voz.

Jackie Weller.