Capítulo 6
Summer
El día siguiente a que Jonah me dejara en casa, Tate me llevó en coche a Bozeman para recoger algo de ropa más adecuada para el invierno de Montana que para una luna de miel en Bali.
Se quedó vigilando hasta que terminé de meterlo todo en la camioneta.
Después también me interrogó para saber quién tenía las llaves del piso.
Nunca había estado tan agradecida por la personalidad elitista de Boyd. La ruptura fue bastante limpia, y la necesidad de mantener un cierto estatus iba a mantenerlo alejado de mí porque, de lo contrario, iba a contarle a todo el mundo que me había pegado.
Tate aparcó junto a la puerta trasera de la casa de mi madre.
—Llámame si necesitas algo.
—Entendido. —Fui a abrir la puerta.
—Summer.
Me detuve con la mano en el pomo. Estaba usando la voz de hermano mayor mandón.
—Ya lo sé, Tate. Estoy bien.
—Eres la chica que me «compró» para Scarlett en una subasta de solteros con el fin de que nos juntáramos.
—¿Le habrías pedido que saliera contigo de otro modo?
—Quizá, pero no me refiero a eso. —Apoyó el codo en el volante y giró el torso hacia mí—. Te entrometes. Interfieres. Nos dices lo que tenemos que hacer.
Fruncí el ceño y me toqué los pantalones del pijama a cuadros. Había tenido la tentación de quedarme con los pantalones de nieve de Jonah puestos. Solo había pasado un día y ya deseaba estar otra vez en la tranquila cabaña, escondiéndome de la vida.
—Me haces parecer horrible.
—Tampoco es eso lo que quiero decir —protestó, exasperado—. Te preocupas por nosotros, pero ¿qué te hace pensar que eres la única de nosotros que puede ayudar? En vez de eso, te quedaste atrapada por la nieve con Dunn.
—¿Qué quieres decir? Él no ha hecho nada malo.
—Lo sé. Pero ¿cómo lo sabías tú?
—Lo conozco desde siempre, Tate.
Soltó un suspiro.
—No se trata de si Jonah es o no un buen tipo.
No te habría dejado irte con él si no hubiera pensado que estarías a salvo.
Lo que intento decir es que has evitado a todos los que se preocupan por tu felicidad y te has ido con alguien que lleva encerrado en su cabaña desde que salió del hospital por última vez.
Por última vez. El dolor detrás del esternón volvió. Jonah había seguido un largo camino hasta la recuperación y luego se había aislado.
—Se está castigando a sí mismo.
—No me digas.
Puse los ojos en blanco ante el sarcasmo y luego bajé la mirada hacia mis manos.
—Me daba vergüenza.
—Nosotros no nos avergonzamos de ti.
Le dediqué una pequeña sonrisa.
—Gracias. Necesitaba oír eso.
—Cuando me divorcié, pensaba que era un fracasado.
Ladeé la cabeza y lo miré fijamente. Tate era el mayor de todos nosotros: de sus hermanos, de mis hermanas y de mí, y de todos los niños en acogida que habían pasado por la casa de mi madre.
Para mí era infalible y a menudo olvidaba que solo era un chico que se preguntaba si estaba tomando las decisiones correctas.
Pero las había tomado. Quizá él y su ex no estaban destinados a estar juntos, pero se llevaban bien.
Compartían la crianza de los hijos a pesar de la apretada agenda de viajes de ella.
Su esposa, Scarlett, resplandecía, y no solo cuando estaba embarazada.
Mi amiga era feliz como nunca lo había sido cuando estaba soltera y bajaba tímidamente la mirada cuando Autumn y yo hablábamos de Tate.
—Has triunfado incluso en el divorcio —le señalé. No le había roto el corazón y ella no se había enfurecido ni había hecho ninguna tontería.
—El divorcio tiene una forma de hacer que todo parezca lo contrario al éxito. —Me miró con el ceño fruncido—. ¿Cómo hemos acabado hablando de mí otra vez?
Sonreí.
—Te pillé.
—Eres la más testaruda de todos nosotros.
—¡Retira eso! No puedo ser más terca que Junie.
Sacudió la cabeza de un lado a otro.
—Tienes razón. Pero no estamos hablando de ella. Puedes acudir a mí si necesitas algo. No soy una mujer ni soy Autumn, ni Junie ni Wynter, pero puedes hablar conmigo. No voy a perder los estribos. Me gusta pensar que he madurado con la edad.
—Supongo que solo quería escapar. Tenía que averiguar primero cómo me sentía.
Asintió.
—Lo entiendo. Y Jonah sin duda te habrá dejado a tu aire.
Algo me oprimió el corazón. Jonah me había dejado a mi aire, pero había estado cerca cuando necesitaba a alguien que me entendiera. No éramos amigos, pero tampoco éramos enemigos.
—No va mucho al pueblo, ¿verdad?
Tate apretó los labios, como si estuviera decidiendo qué decir.
—Teller dice que sale más de lo que pensamos. Quiero decir, tiene que hacer la compra y conseguir suministros para el negocio.
—Claro, el negocio. No tenía ni idea de que fabricara muebles.
—Todo el mundo lo sabe. Sus piezas desaparecen en cuanto les ponen la etiqueta de venta. Así que va al pueblo a hacer entregas y, eeeh… Bueno… —Carraspeó.
—¿Qué? —Entrecerré los ojos para mirar al hermano. ¿Se estaba sonrojando?
—Es un hombre. —Me miró de reojo, pero yo no tenía ni idea de a qué se refería. Que Jonah fuera un hombre era lo primero que veías de él. Tate suspiró—. Tiene, ya sabes, necesidades.
Jadeé; mi cerebro primitivo registró lo que Tate quería decir antes de que pudiera darle vueltas como una adulta.
—¿Va al pueblo a echar un polvo?
—No sé si él y Jackie Weller tienen algo o…
—¿Jackie Weller?
—No creo que sea nada serio.
Ya antes me caía mal, y cuando me la cruzaba, prefería fingir que no existía.
Había sido la novia intermitente de Jonah en el instituto.
Luego, al terminar el instituto, se había casado con un tipo que había llegado al pueblo para trabajar en los yacimientos petrolíferos y Eli había dicho que había dejado a Jonah sin decir ni una palabra. Lo había hecho sentir fatal.
Sabía que se había divorciado y había vuelto a usar el apellido de soltera, pero ¿que estaba saliendo con Jonah? ¿O algo más? Eso era nuevo.
Él habría mencionado que tenía novia, ¿no? No habría echado a perder una relación, ¿verdad?
Una relación.
—¿Van en serio?
—No puede ser muy serio, ya que ella está en el bar todos los fines de semana. La he visto subirse a las camionetas de otros tíos.
Un rollo ocasional. El alivio no fue inmediato. La tensión permanecía en mis hombros y la ira no había remitido. ¿Por qué seguiría Jonah saliendo con Jackie? Ella lo trataba como basura.
—No me gusta.
La mirada de Tate se intensificó.
—A poca gente le gusta.
Me ardió la piel bajo su escrutinio.
—Se merece algo mejor. —No estaba celosa. Estaba sorprendida. Eso era todo.
—A mí me lo vas a decir, hermana.
Hermana. Otro apodo. Al igual que cariño o florecilla, de mi madre, ese apodo lo tenía mucha más gente. Era genérico. Algunos dirían que rayito de sol era el apodo más genérico que podía haber, pero yo lo consideraba algo que Jonah solo me decía a mí.
Tate seguía mirándome. Tenía que entrar y poner en orden mis pensamientos. Como por qué me iluminaba por dentro como un rayo de sol cuando Jonah me llamaba así. Me hacía falta descansar y asimilar los últimos días.
—Gracias por traerme.
—Recuerda lo que te he dicho.
Pensaba hacerlo, pero dudaba de que nos refiriéramos a lo mismo. Salí y cogí una de las maletas. Tate cogió la otra.
Mi madre ya estaba abriendo la puerta.
—Hola, mamá. —Entré y dejé la maleta en el suelo.
Tate entró detrás de mí, se quitó las botas, le dio a nuestra madre un beso en la mejilla y cogió mi equipaje. Entró en la casa y bajó las escaleras hasta el dormitorio en el que me iba a quedar.
Colgué el abrigo de invierno junto al que tenía que devolverle a Jonah. Tuve tentaciones de ponérmelo, pero me quedaba demasiado grande como para justificárselo ante mi madre o ante Tate.
Ella me dio un abrazo, apretándome casi con la misma fuerza que el día anterior. Las lágrimas me picaban en los ojos, pero ahí se quedaron. ¿Era raro que no hubiera llorado por Boyd?
Ella dio un paso atrás.
—Wynter y Autumn vendrán esta noche. ¿Te parece bien?
El día anterior había estado ocupada fuera, cuidando de las gallinas y echando un vistazo a los caballos y al ganado con Tenor y los hermanos de Myles. Sobre todo, pensé que me estaba dando espacio. No me merecía una madre como ella.
—Siento haberme ido tan de repente. —Ya se lo había dicho, pero necesitaba repetirlo. Ella no iba a sacar el tema de la boda hasta que yo lo hiciera. ¿Le preocupaba que me fuera a esconder en otra cabaña en la montaña?
—Nunca te disculpes por cuidar de ti misma.
Si cuidar de mí misma significaba ir apenas vestida, eso era lo que estaba haciendo.
Llevaba unos viejos pantalones de pijama de franela roja y un jersey mullido de la Universidad Estatal de Montana.
Tenía el pelo lacio y no llevaba ni una pizca de maquillaje.
A Boyd le daría asco si pudiera verme. Yo estaba cómoda.
—Me sorprende con quién has buscado refugio. —Mi madre podía ser entrometida cuando quería, pero también era la reina de las frases con doble sentido.
—Ya somos dos. —Me arrastré hasta la mesa de la cocina. Había dos tazas humeantes sobre la mesa y ella tenía una botella de crema de vainilla francesa junto a una de ellas. Tate había debido de enviarle un mensaje antes de que saliéramos de Bozeman para decirle a qué hora íbamos a llegar.
Me dejé caer en la silla. Ella se sentó mientras yo le echaba crema al café.
—Jonah estuvo ahí cuando lo necesitaba —dije, sintiendo la necesidad de explicarle por qué no había acudido a ella.
No se lo tomaba como algo personal, pero tenía que hacerle saber que esa decisión no había sido personal.
Aunque marcharme con Jonah si había sido algo personal, sin duda, pero ya estaba bastante confundida. Dejé de darle vueltas al asunto.
—Me enteré de lo que hizo Jonah. —Cuando la miré, capté la sonrisa que se dibujaba en los labios.
Ella ya sabía toda la historia cuando la llamé desde la cabaña y se había guardado la mayor parte de la información para sí misma—.
Corinne Harrington no fue tan discreta como esperaba cuando acorraló a Boyd en el camerino y le echó la bronca.
Le gritó por no haber sido capaz de reducir, y cito textualmente, «a ese hombre horriblemente desfigurado con el bastón».
—Me sorprende que eso sea lo peor que dijo. —Me mordí el labio inferior—. Debería haberlo visto venir.
—Ay, Summer. Asumes demasiada responsabilidad. Es su deber ser una buena persona, y pegarle a su prometida no es de buena persona.
—Jonah dijo lo mismo. —A pesar de la curiosidad en sus ojos, no me apetecía hablar del tiempo que había pasado con Jonah.
Había sido catártico, relajante y breve, pero lo bastante largo como para salvar la distancia que nos separaba desde la última vez que lo había visto en el hospital—.
¿Te parece bien si me quedo unos días antes de volver al trabajo?
Frunció el ceño.
—Pensaba que te ibas a quedar más tiempo.
Jonah me había animado a tomarme todo mi tiempo libre para pensar, pero yo me había invitado a casa de mi madre sin preguntarle si tenía sitio para mí.
Sí, sabía que lo tenía y que habría hecho sitio aunque no lo tuviera, pero no quería darlo por sentado.
Tampoco me apetecía pensar en lo mucho que deseaba estar en una tranquila cabaña en la montaña con una conexión wifi insólitamente potente y casi sin productos frescos.
—Si no te importa, me gustaría quedarme aquí, pero también quiero trabajar.
—¿Estás segura de que estás preparada?
Se refería a si podría enfrentarme a todo el mundo.
La historia ya estaba dando vueltas por ahí.
La cancelación de la boda de Boyd Harrington en el último momento habría causado un gran revuelo en Bozeman.
Que Summer Kerrigan hubiera dejado plantado a su prometido para quedarse en una cabaña con Jonah Dunn habría corrido por Bourbon Canyon como un incendio forestal.
Mi próxima visita al supermercado o a la cafetería probablemente iba a hacer que se detuvieran todas las conversaciones a mi paso.
Era inevitable. Ya lo había vivido antes, podía volver a hacerlo.
—Todo el mundo sabe lo que ha pasado. Más vale que afronte los cotilleos y, la verdad, prefiero estar ocupada.
—Estoy segura de que Teller y Tenor te buscarán la manera de trabajar desde las instalaciones de Bourbon Canyon si quieres salir de casa.
Era muy tentador. Pero también me exponía. La familia trabajaba en Copper Summit, pero todos los de Copper Summit se consideraban el círculo más cercano. Debían de saber todos los detalles.
Me dio una palmadita en la mano.
—Piénsalo un rato. Haz lo que tengas que hacer aquí. Si tienes que adueñarte de la mesa de la cocina, hazlo.
Me quedé mirando las vetas de la madera de la mesa. Una mesa de madera normal y corriente. El trabajo de Jonah era arte funcional.
Tenía que dejar de pensar en él. Podía trabajar desde casa hasta que llegara la hora de volver a la oficina sin haberme bronceado al estilo balinés. Podía ayudar a los chicos y a mi madre con las tareas domésticas y disfrutar de una dosis diaria de aire fresco y sol.
Pero si utilizaba la sede de Bourbon Canyon para trabajar, estaría fuera de casa. Podía ir al pueblo a tomar un café. Después del primer viaje, las paradas serían menos incómodas, me sentiría menos cohibida a salir de casa… Y quizá volvería a ver a Jonah.