Bourbon Runaway (Serie Bourbon Canyon 2) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

—Supongo que no necesitaré guantes —dije, levantando una manga que escondía mi mano.

—Y tiene capucha. Ahora pruébate las botas.

—Me quité las sandalias y me puse las botas.

Eran geniales, como el resto del equipo.

Al levantar un pie, solté una risita. Tenía que mantener los dedos de los pies tensos para dar un paso sin que se me salieran.

Esbozó una sonrisa y cogió la maleta y la bolsa de basura en la que había metido el vestido de novia—.

Servirán. Al menos te abrigarán si nos quedamos tirados.

Agradecida de que él pensara en la supervivencia invernal mientras yo, en el fondo, solo deseaba poder quedarme más tiempo, entré en el garaje.

Avancé como una de las alumnas de Autumn abriéndose paso entre medio metro de nieve en el patio de la escuela. Arrastraba las botas y me reí entre dientes y me balanceé como un pingüino.

Él se acercó por detrás y abrió la puerta. Se le levantó una esquina de la boca cuando recorrí el resto del camino arrastrando los pies.

—¿Vas a hacer equilibrios con un huevo en los pies?

Me reí con más ganas. Era una tontería, pero Jonah se lo había tomado con buen humor. Boyd habría hecho algún comentario que me habría hecho sentir torpe y avergonzada.

Me subí al coche, luchando por mantener las botas puestas.

—¿Dónde está tu abrigo?

Se agachó para ayudarme a meter el pie y sujetar la bota que había quedado colgando para que no cayera al suelo helado.

—En el asiento trasero.

Eché un vistazo hacia atrás mientras él cargaba mis pertenencias en el coche. En el asiento trasero había una chaqueta de trabajo de color beige . Probablemente debajo de la chaqueta había un gorro y unos guantes. Debía de tener un auténtico kit de supervivencia para el invierno en el asiento.

Cuando se puso al volante, me pareció que la cabina se encogía a nuestro alrededor. El olor a pino recién cortado me envolvió. Era tan diferente de Boyd…

Iba a volver al mundo real. El tiempo que había pasado ahí no era mi vida.

La casa de mi madre era acogedora y cálida, y podía tener tiempo para mí, pero tanto como en la cabaña no.

Ahí no tenía que esconderme en una habitación para encontrar paz.

Jonah podía estar en el sofá conmigo, viendo una serie con una expresión estoica que no revelaba si estaba disfrutando o no, y yo no me sentía agobiada.

No sentía que todo el mundo se metía en mis asuntos.

Salió marcha atrás del garaje y entrecerré los ojos. Con el sol en lo alto, el resplandor de la nieve era cegador. Bajé la visera, pero se me empezaron a humedecer los ojos. ¿Llevaba tanto tiempo en Bozeman que había olvidado lo intensamente blanco que se volvía el campo después de una nevada?

¿Cómo podía conducir Jonah? Se le marcaban arrugas en las comisuras de los ojos entrecerrados. Él no llevaba gafas de sol. Las mías estaban en mi coche, que estaba en casa de mi madre gracias a mis hermanos.

No tenía que regresar a Bozeman hasta que llegara la hora de reincorporarme al trabajo.

—Va a ser raro.

Él se concentró en la carretera recién despejada.

—¿Qué va a ser raro?

—Meterme en ese piso vacío. —Vivía sola, pero por primera vez en mucho tiempo no tenía nadie con quien hacer planes: ni amigos ni prometido. Y la mayor parte de mi familia estaba en Bourbon Canyon—. He estado con Boyd dos años, pero parece mucho más tiempo.

—¿Él puede entrar en tu casa? —Esa vez me dedicó una mirada con un cierto destello amenazante.

—No. Nunca le di llave. Y tampoco quería quedarse ahí cuando tenía esa horrible casa de cartón de leche.

—¿Una casa de cartón de leche?

—Es una construcción de estilo moderno que parece como si le hubieran cortado una solapa a un cartón de leche y hubieran metido otro más pequeño dentro.

—Nunca le había dicho a Boyd que pensaba que la casa era fea.

El arrepentimiento era intenso. Había insistido en venderla y comprar otra después de la luna de miel—.

En fin, sigo esperando que las cosas sean diferentes, pero en realidad no lo serán.

Apenas venía conmigo a Bourbon Canyon a visitar a mi familia.

Trabajaba muchas horas. Nuestras citas eran sobre todo cenas de trabajo y… bastante aburridas.

—¿Qué habrías preferido hacer?

Miré por la ventanilla, cerrando el ojo izquierdo porque la luz seguía siendo cegadora.

—Hablar. ¿Sabes cómo es eso de sentarse en un bar e ir conociendo a la otra persona? —Giré la cabeza a tiempo para ver cómo se le tensaba un músculo en la comisura de la mandíbula. Mierda. Claro—. Lo siento.

—No te disculpes. No soy mucho de ir a bares.

Solía serlo. No era un asiduo de los bares, pero él y Teller, y a veces también Tenor y Tate, salían por la noche juntos.

Jonah solía hacer catas con mi padre y con mis hermanos y a mí me daba envidia cuando se convertían en una noche de chicos.

En su mayoría, eran chicos a los que les gustaba el aire libre, pero a Teller y Jonah se los veía a menudo en el pueblo.

—¿Boyd y tú no hablabais? —Enarcó una ceja, pero ese tic en la mandíbula seguía ahí.

—No, qué va. Quiero decir… El sexo era aburrido. —Dios mío. Lo había dicho. Esas palabras habían salido de mi boca y habían llegado a los oídos de Jonah. Ni siquiera les había confesado a mis hermanas que Boyd era un soso.

Jonah se detuvo en una carretera comarcal más ancha que bordeaba la periferia del pueblo antes de salir de los límites municipales hacia las tierras de los Bailey.

—¿Una casa de cartón de leche y sexo aburrido? Por Dios, rayo de sol. Sabes que te mereces algo.

El apodo volvió a escapársele de los labios.

Cuando éramos más jóvenes no habría usado ese apodo cariñoso porque habría sido inapropiado, teniendo en cuenta que yo salía con su hermano, pero cada vez que lo decía, me sentía orgullosa.

Éramos diferentes de lo que habíamos sido.

Quizás las cosas entre nosotros también pudieran ser diferentes.