Bourbon Runaway (Serie Bourbon Canyon 2) Capítulo 3
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Capítulo 3

Jonah

No estaba acostumbrado a tener a nadie bajo mi techo, ni como invitado ni, desde luego, tampoco para pasar la noche.

No estaba acostumbrado a fijarme en mi cabaña y preguntarme qué iba a pensar Summer de ella.

¿Pensaba que debía decorarla mejor? Tenía pocos cuadros colgados y no había ni un solo adorno.

Dejaba que la madera y las vistas a través de los ventanales mostraran su belleza.

¿Iba a fijarse en todos los bastones que tenía apoyados contra las paredes? No los usaba tanto en casa como para pasear fuera o por el pueblo, pero me resultaban útiles si estaba agarrotado o demasiado dolorido después de trabajar en el jardín o en mi taller.

El taller me llamaba. El día anterior me lo había tomado libre porque había tardado una puta eternidad en encontrar unos pantalones y una camisa que me valieran para la ceremonia, y tenía un montón de proyectos que poner al día.

Mi productividad siempre se iba a la mierda en esta época del año.

No me importaba quedarme aislado por la nieve o las tormentas, pero los camiones de reparto no podían subir ni bajar la montaña.

Deambulé por la cocina, con mi cojera más fuerte que nunca.

Llevaba puestas las botas porque estaba decidido a que mi día fuera normal, pero la noche pasada Summer había desaparecido arriba con su elaborado vestido de novia después de que llegáramos y no la había vuelto a ver desde entonces.

Era media mañana. ¿Debía ir a ver cómo estaba?

Mi rodilla izquierda odiaba las escaleras. Mi pie izquierdo no se quedaba atrás.

Fui al salón y miré hacia las escaleras, como si pudiera averiguar cómo estaba a través de la puerta cerrada de su dormitorio.

Todo permanecía en silencio. Había dejado apagada la luz de mi rincón, en la biblioteca que había construido al mudarme.

No había nada suyo tirado en el rellano, por lo que pude ver entre los listones de la barandilla de madera tallada, así que seguramente aún debía de estar durmiendo.

Sonó el teléfono y no tuve ni que mirarlo para saber que era mi madre. Era la única que llamaba, pero llevaba intentando localizarme desde que me había ido de la boda el día anterior. Le había enviado un mensaje, pero no iba a dejarlo pasar hasta que oyera mi voz.

Contesté de camino a la cocina para no despertar a mi invitada.

—No tienes por qué preocuparte.

—Claro que sí —dijo sin dudar—. ¿Cómo está?

No tenía ni puta idea.

—Durmiendo. —Quizás.

—Pobrecita. ¿Sabes?, los vi juntos una vez y ya lo noté.

Él no me gustaba. —Se me curvó la comisura de los labios.

Mi madre lo había dicho como si sus sentimientos fueran un secreto y una advertencia.

A ella no le gustaba, así que él debía de ser una persona horrible.

La mayoría de las veces tenía razón—. Los hermanos de Summer estaban muy alterados después de que te fueras.

Y el resto de nosotros estábamos…, bueno, confundidos.

Yo lo estaba, desde luego. —Mi madre solo intentaba provocarme y yo lo sabía, pero siempre le había dado todo lo que quería.

Excepto una nuera y nietos. En eso había fracasado estrepitosamente.

A veces me enfadaba con Eli por no estar aquí para darle los nietos de ensueño que ella deseaba—.

¿Cómo te has metido en esto? —Nunca se andaba con rodeos.

Si no le respondía, iba a seguir acribillándome a preguntas.

—Estaba en el lugar adecuado en el momento adecuado.

—¿O era en el lugar equivocado en el momento inoportuno?

No estaba seguro. Odiaba verme arrastrado a un drama, pero no habría cambiado nada en lo que se refería a impedir que ese imbécil volviera a pegarle.

Le había dado una bofetada sabiendo que probablemente no iba a salirle un moratón antes de que terminara la ceremonia y estaba a punto de pegarle de nuevo donde nadie habría visto la marca. Me hervía la sangre.

Pero algo de lo que había dicho mi madre había calado hondo en mí. «Y el resto de nosotros estábamos…, bueno, confundidos».

¿Cuántos de los asistentes, aparte de la familia, sabían que Summer se había ido conmigo? Maldita sea, ¿qué impresión había causado?

—¿Hay rumores?

—Ah, ya sabes, siempre hay rumores, pero no te preocupes. Tate me dijo que se había ido contigo y me pidió que lo mantuviéramos en secreto. No había mucha gente de Bourbon Canyon allí. De todos modos, no sabía que vosotros dos seguíais en contacto.

Mi madre y mi padre no iban a decir nada porque sabían más que la mayoría de la gente.

Tras la muerte de Eli, los rumores de que Eli, de diecinueve años, era un alcohólico en secreto y que quizá lo sabíamos se habían extendido por todo el pueblo.

La gente había especulado con que su accidente había sido inevitable.

Había salido de fiesta y había tomado decisiones estúpidas como muchos adolescentes de pueblos pequeños, pero su accidente había ocurrido a plena luz del día, sin nadie más cerca… salvo yo.

Me pellizqué el puente de la nariz. Últimamente había pensado mucho en mi hermano, pero con Summer bajo mi techo, su recuerdo era una presencia constante.

Él y Summer podrían haberle dado a mamá esos nietos que tanto deseaba.

Summer era la hija que mi madre siempre había querido.

Y yo podría haber sido el tío gruñón que les hubiera enseñado a cazar, pescar y acampar.

—Solo necesita un poco de tiempo —respondí—, y cuando las cosas se tuercen, la familia es a veces la última en dártelo. —Y yo lo sabía muy bien—. Solo… Bueno, yo estaba ahí y tenía las llaves de la camioneta. Nada más.

—Claro. Sí. Ella te conoce, y me alegro de que estuvieras dispuesto a ayudar.

El grado de disposición que había mostrado —dejarlo todo y llevar a Summer a la seguridad de mi casa— me pesaba en la conciencia.

—No podía dejarla en la boca del lobo.

Mi madre resopló.

—Y qué lobos más bien vestidos. La madre del novio daba miedo. Tendrías que haber visto cómo miraba mi vestido. Y creo que… —Bajó la voz hasta el tono de un susurro—. Creo que el padre del novio ya estaba borracho.

—Lo estaba. —Ruidoso, bullicioso y sacando a relucir una petaca.

Daba la impresión de ser encantador y elegante, pero estaba un poco demasiado achispado para tratarse de los momentos previos a la boda de su hijo.

Su alardeo sobre el coste de todo el evento había formado parte de la sobrecarga sensorial que me había llevado a buscar un baño.

—Se ha librado de un buen lío. Pobrecita —repitió—. Cuida de ella.

—Lo haré. —Colgué.

Summer Kerrigan sabía cuidarse sola. Por eso solo había necesitado un par de segundos para actuar después de verla recibir una bofetada.

Nadie se metía con Summer sin saber lo que le esperaba.

Si tocabas a una Kerrigan, enfurecías a todo el nido de hermanos.

Un tío del pueblo había conseguido tener las cuatro ruedas rajadas como prueba de ello.

Pero ella se había quedado allí, mirando a su ex con los ojos muy abiertos, mientras él la acorralaba. No pensaba arrepentirme de haber intervenido.

Pero quizá me arrepintiera de haberla llevado a mi casa.

Dormí a ratos, por si acaso empezaba a deambular en busca de comida o del baño. Una tontería, ya que había un baño en su puñetera habitación. ¿A quién quería engañar? Me quedé despierto por si quería compañía en una casa desconocida.

Tenía a una mujer preciosa en mi casa y estaba en alerta máxima. Pero, de todas las mujeres, Summer era la última en la que debería pensar de esa manera. Había sido el verdadero amor de mi hermano.

Ella tampoco me veía de ese modo. Una vez me había engañado lo suficiente como para creerlo, colocado con analgésicos que no quería, pero que necesitaba, y la había atacado por el mero hecho de hablarme.

Entonces había sido un idiota, y no iba a volver a cometer el mismo error. Yo no era Boyd Harrington.

Antes del accidente, de la cicatriz, de la cojera y de mi cambio de actitud, había salido con bastantes mujeres, pero eran todo lo contrario a Summer: mujeres que se pasaban el rato en los bares en lugar de regentarlos.

Mujeres que querían pasarlo bien, y que no buscaban una relación duradera.

No había tenido tiempo, aparte de mis aficiones, para hacerle hueco a una relación.

En ese momento el tipo de mujer no había cambiado, pero eran ellas las que no querían una relación conmigo.

Yo era el tío con el que las mujeres alardeaban de haberse acostado…

una vez. El hermano mayor de los Dunn, que parecía capaz de matarte mientras dormías después de haber follado contigo hasta dejarte sin sentido.

Esa era una cita textual. Y luego la gente se preguntaba por qué solo iba al pueblo por necesidad…

Me acerqué al fregadero y miré por la ventana de la cocina.

Solo habían caído unos siete centímetros y medio de nieve hasta el momento.

De vez en cuando, el viento arreciaba, hacía girar los copos y luego amainaba, lo que provocaba que el tiempo fuera lo bastante impredecible como para no salir a la carretera, aunque tampoco lo suficientemente malo como para quedarnos atrapados mucho tiempo.

El frente pasaría, limpiarían las carreteras y entonces podría llevar a Summer a casa de su madre.

Ese fin de semana habría sido perfecto para trabajar. Mis padres no se habrían preocupado de que no saliera mucho porque iba a estar aislado por la nieve, y yo podría haberme adaptado a las llamadas diarias de mi madre.

El suelo crujió sobre mi cabeza. Luego se oyó el sonido del agua corriendo por las tuberías. Estaba usando el baño de arriba.