Capítulo 1 #4
Si iba a mi apartamento en Bozeman, Boyd podía encontrarme.
Él no tenía las llaves, pero podría llamar a la puerta.
Si iba a casa, a la casa que siempre había sido mi hogar, la casa de mamá en el rancho Bailey, iba a enfrentarme al fracaso delante de todos; iba a tener que responder a las preguntas de mis hermanos y mantenerme fuerte por mis hermanas, y lo único que quería era estar sola.
La mirada acerada de Jonah se dirigió hacia la puerta de salida. Sus ojos eran de un azul índigo intenso. No lo recordaba hasta que lo vi mirando el letrero de salida. Había muchas cosas de Jonah Dunn que había intentado olvidar.
Los músculos de su mandíbula se tensaron.
—Está bien. Coge tus cosas.
Negué con la cabeza. Un paseo de la vergüenza. Un espectáculo. Eso iba a convertirme en el centro de atención por razones que no eran verdad.
—Mis cosas están en la sale donde nos hemos cambiado. Es que no… —No podía contener las lágrimas—. He sido tan estúpida… —Mi voz salía entrecortada, apenas un susurro—. Tan estúpida… No quiero que me vean así.
Su suspiro fue apenas audible. Me rodeó con un brazo y me guio hacia la salida.
—Te sacaré de aquí.
Sus pasos eran desiguales y su bastón golpeaba el suelo de forma errática.
Cuando salimos a toda prisa por la puerta, un viento frío me golpeó en la cara.
Otro detalle que no había deseado para mi boda.
Un tiempo gélido y nieve acumulada en el suelo en el que debía de ser el día más feliz de mi vida.
Previsión de nieve y nubes gris oscuro en la distancia. Se avecinaba más nieve.
Feliz San Valentín.
Me acurruqué contra Jonah, sin importarme adónde me llevara; solo quería que fuera lejos de allí. La firmeza de su cuerpo no debería ser reconfortante, pero lo era. Conocía a Jonah desde hacía mucho tiempo, pero nunca había estado tan cerca de él.
—¡Summer! —gritó Wynter.
Me puse tensa y casi me detuve, pero no podía hacer nada contra la fuerza de Jonah.
—No puede andar correteando por aquí fuera. Está demasiado embarazada.
Jonah por fin se detuvo y miró por encima del hombro.
—¡La llevaré a casa!
Eché un vistazo a escondidas. Mis hermanas salieron corriendo.
Myles ya tenía un brazo alrededor de la cintura de Wynter para evitar que me persiguiera.
Junie puso los ojos como platos cuando su mirada se posó en Jonah.
Él no salía mucho, y Junie ya no vivía en nuestro pueblo natal.
Probablemente hacía años que no lo veía.
¿Sabía quién era? Jonah había sido muy amigo de mis hermanos, sobre todo de Teller, pero los chicos eran todos mayores que nosotras.
Mis hermanos se agolpaban en la puerta. Tate, Teller y Tenor, todos vestidos de traje, todos con una profunda preocupación grabada en sus rostros.
Se me hizo un nudo en el estómago. Iban a meterse en mis asuntos y a querer echar a Boyd del pueblo… o atropellarlo. No quería estar en medio del lío que había causado.
—¿Qué ha hecho? —le preguntó Tate a Jonah, como si supiera que yo no iba a decírselo.
Tate intentó pasar por delante de Junie, pero Autumn se interpuso ante él. Empujó mi maleta hacia mí, y las ruedas golpearon el pavimento. No tenía ni idea de cómo había sabido que iba a necesitarla, pero Autumn era más observadora que los demás.
Una rueda chocó contra un trozo de hielo y la maleta volcó. Teller intentó abrirse paso entre mis hermanas, con toda la intención de coger mi equipaje y a mí también. Como era lógico, quería una explicación. Y después también iba a querer darle una paliza a Boyd.
Me encogí. Quería olvidar lo estúpida que había sido. Quería escabullirme y salvaguardar mi orgullo.
Jonah levantó una mano.
—Quiere intimidad. —Carraspeó como si no estuviera acostumbrado a hablar tanto ni tan alto—.
Ocúpate de ese pedazo de mierda que hay ahí dentro.
—Señaló la iglesia con la cabeza—. Asegúrate de que ese gilipollas no vuelva a acercarse a ella.
—Cojeó un par de pasos y agachó su corpulento cuerpo para recoger mi maleta.
Su pierna izquierda no se doblaba tanto como la derecha.
—¿Summer? —Tenor era mi hermano más tranquilo, pero la ira y la preocupación brillaban en sus ojos—. ¿Estás bien?
—Lo estaré —dije en voz baja—. Solo necesito algo de tiempo para asimilar lo que ha pasado. Por favor, dile a mamá que no se preocupe.
Todos sabíamos que iba a hacerlo.
Jonah pasó frente a mí y dejó mi maleta en el asiento trasero. Su vieja camioneta roja y plateada me tranquilizó. No conducía un coche llamativo como Boyd. La camioneta de Jonah estaba cubierta de polvo, con una capa de suciedad más espesa acumulada alrededor de los pasos de rueda.
Cuando me abrió la puerta, me volví hacia él. Nunca lo había visto sin vaqueros y camisa de franela, pero llevaba pantalones negros y una camisa de vestir azul oscuro. Estaba guapo, con un atractivo rudo, oscuro y misterioso, pero lo prefería con vaqueros.
Abrió la puerta del copiloto
—Sube.
Me volví hacia mi familia.
—Lo siento —me disculpé, con un volumen apenas suficiente para que el viento frío lo llevara hasta ellos.
Luego hice un pequeño gesto con la mano que se suponía que debía ser tranquilizador, pero el temblor de mis dedos me delataba.
Iba a subirme a una camioneta con un hombre con el que no había hablado en años, pero prefería estar con un hombre casi desconocido que con mi novio el día de mi boda.