Bourbon promises (Serie Bourbon Canyon 3) 28 #3
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El único movimiento detrás de él era el de mis hermanas, que se acercaban despacio. Eran mucho más bajitas que los chicos, pero aun así, si Gideon me hacía daño, iban a abalanzarse sobre él y a esconder su cadáver.

¿Tenía idea de en dónde se había metido?

Un momento… había borrado el correo. El correo.

—¿Por qué? ¿No ibas a enviarme esos documentos?

Cada día me encogía de miedo al revisar mi bandeja de entrada.

Cada día, soltaba un suspiro de alivio, para luego pasar de la esperanza a la desesperación, solo para volver a angustiarme pensando en revisar mi correo al día siguiente.

No podía seguir así. No podía seguir preguntándome si estaba demasiado ocupado como para pensar en mí lo suficiente como para romper el débil vínculo que nos unía.

—Eres mi mujer, Autumn. Quiero que siga siendo así.

Me eché a reír. Se me escapó una carcajada sin poder evitarlo. ¿Quería quedarse conmigo? ¿Quería que siguiéramos juntos?

—No vas a dejar tu trabajo.

—Acabo de hacerlo.

Se me paralizaron las cuerdas vocales. ¿Había dimitido?

—Les dije que me había casado hacía dos meses y que vivir separados no compensaba el sueldo.

—Hizo un gesto con la mano hacia la ventana—.

Luego hice las maletas y me compré una camioneta para venir hasta aquí.

—Se había comprado una camioneta. No sabía qué pensar de eso.

Así que tenía un medio de transporte. La mayoría de la gente lo tenía.

Él rara vez salía del Silver. Pero estaba ahí—.

He parado antes para hablar con mi padre —susurró—.

Si no, habría llegado antes. Pero no podía verte hasta que aclarara algunas cosas con él.

El dolor en mi pecho se atenuó. Lo había llamado «padre» en lugar de «Hank». No. Estaba sacando conclusiones precipitadas. Su vida estaba patas arriba.

—¿Y qué hay de la otra oferta de trabajo?

—Le dije a Harold que me interesaba invertir con él en proyectos más pequeños, pero que primero tengo que comprar un par de cosas para un colegio de mi pueblo natal. Por lo demás, estoy en paro. —Se encogió de hombros—. De todos modos, da igual. Somos millonarios.

Se me escapó otra carcajada. Sí, estaba en una buena situación económica. Cuando las empresas de mi familia dependían de la economía, los precios de los cereales y los impuestos, solíamos ser ahorradores y no derrochábamos.

—Yo no soy rica, señor Casino.

—Eres mi mujer. Somos ricos. Mi abogado se encargará de anular el acuerdo matrimonial, a menos que te dé miedo que tenga algo que decir sobre tus bienes.

A mí no me importa porque nunca nos vamos a divorciar.

—Dirigió la mirada hacia los miembros de mi familia.

Aparentemente imperturbable ante su presencia y la de todos los clientes del bar, que seguían en silencio, continuó—: Todo ese dinero es lo que ahorré para comprar la granja Percival y puedo vivir con él.

Si no te importa tener un marido amo de casa.

—Me quedé mirándolo fijamente. Rico. Amo de casa.

Nada de aquello tenía sentido. Él miró a Teller y a Tenor, que al final, se hicieron a un lado—.

Te he echado de menos. —Gideon se acercó a mí—.

No he hecho otra cosa que echarte de menos y arrepentirme de no haber podido ser el hombre que tú querías.

Entonces vi ese puñetero correo. No puedo perderte, Autumn.

El mes que pasé contigo fue el mejor de mi vida.

Quiero más. Quiero estar contigo para siempre.

Quiero hijos. Quiero más gatos. Un perro.

Quizá una casa más grande, pero nuestra casa actual servirá hasta que la familia crezca.

El miedo que me había invadido se vio sofocado por la esperanza y se transformó en incredulidad.

—¿Estás seguro?

—Estoy la hostia de seguro. La charla que he tenido con mi padre me ha aclarado muchas cosas. Crecí escuchando que todo en mi vida giraba en torno a Percival y eso no es lo que mi madre quería para mí. Él lo sabía y por eso no me lo quería vender.

—Ay, Gideon . —Le puse una mano sobre su pecho firme. Estaba tan caliente, era tan real…

—Fue lo mejor que pudo haber hecho por mí.

Pensaba que estaba perdiendo mi legado, el único lugar que consideraba mi hogar, pero tú eres mi hogar, Autumn.

Dondequiera que estés, ahí está mi hogar.

—Rebuscó en el bolsillo de su abrigo y se arrodilló.

Atónita, solo pude mirarlo. ¿Qué estaba pasando?

Abrió una pequeña caja de terciopelo negro—.

Sé que ya tienes un anillo, pero este era el que debí comprarte desde el principio.

El diamante de cinco quilates de la capilla nupcial.

—Gideon.

—Sé que no te lo vas a poner, pero necesitaba hacerlo. Tengo que ser el marido que no fui durante nuestro primer mes. Te quiero muchísimo. Así que, Autumn Kerrigan, ¿seguirás casada conmigo? El hombre de mis sueños estaba arrodillado ante mí, ofreciéndome todo lo que deseaba.

—Dios mío, sí. —Me lancé hacia él. Me cogió antes de que mis rodillas tocaran el suelo. Estaba de nuevo en sus brazos, con su boca pegada a la mía, y ya no me sentía vacía.

—Yo también te quiero.