22 #4
—Hoy no ha sido un día diferente a cualquier otro. —Eso sí que era diferente. Estar ahí con Gideon no formaba parte de un día normal, salvo en las últimas semanas.
Empujó el vaso hacia mí y apoyó las manos sobre la mesa.
—Autumn, llevas tres días acribillándome a preguntas sobre el traslado del ganado y cómo me he sentido al respecto. Tú rara vez hablas de tu trabajo.
¿Me estaba impidiendo que le hiciera preguntas más profundas sobre cómo se sentía? ¿Como sobre qué le había estado preocupando anoche?
—Solo soy profesora, y se supone que no debo hablar de los alumnos.
—Sin embargo, la casa está llena de planes de clase y ejemplos de manualidades para Acción de Gracias. De eso sí que puedes hablarme.
—Los pavos hechos a mano son cosa del siglo pasado. Estoy intentando encontrar otra forma de hacer pavos que no lleve dos horas.
—Buen comienzo. Cuéntame más.
Cogí una aceituna y me la metí en la boca.
—Esa es la cuestión —dije con la boca llena. Estaba llena, pero me habría tragado cualquier cosa que él me hubiera preparado—. Diriges un casino. ¿Cuánto gana al año?
—Eso no importa.
—Trescientos cincuenta millones. Lo he buscado. —Removí las aceitunas en el líquido—. Sé que enseñar a los niños es importante, pero todo el mundo ha ido al colegio. Todo el mundo sabe lo que hacen los profesores.
—Quiero saber a qué te dedicas tú.
—¿Pero durante cuánto tiempo? —¿De verdad había preguntado eso? Me metí otra aceituna en la boca.
Él esperó. Yo di un trago. ¿Cómo se me había escapado esa pregunta? Maldita sea, Summer . Ella me había metido en la cabeza que podía hablar con Gideon, decirle que me estaba enamorando de él —me había enamorado perdidamente nada más verlo—, pero me estaba saliendo de mi mundo de fantasía.
—¿Qué quieres decir? —preguntó cuando tragué saliva.
—Nada. Es solo que no veo cómo se puede comparar mi día con el casino o incluso con lo que has estado haciendo toda la semana.
—Tú creciste haciendo lo mismo.
—Tienes razón. Dirigía un casino local cuando tenía ocho años.
El humor iluminó el verde de sus ojos.
—Resulta que las listillas me parecen sexys.
—Qué conveniente que estés casado con una. —Sonrió, pero al poco la sonrisa se desvaneció. La seriedad volvió a apoderarse de él—. ¿Quieres hablar de ello? —le pregunté en voz baja.
Apoyó las manos en la encimera y echó un pie hacia atrás. Me preparé para que me dijera que lo que fuera que estuviera sintiendo no era asunto mío.
—Tu madre me hizo llevarle un plato de comida a Hank anoche.
No era de extrañar que estuviera tan absorto en sus pensamientos cuando había llegado a casa.
—No creo que ella quisiera entrometerse. —Arqueó una ceja—. Normalmente está ahí para nosotros, pero no es entrometida. Probablemente se enteró de que trabajaste con él unos días y luego lo ayudaste a remolcar su camioneta.
—Pero sabe que sigue con la intención de vender los terrenos.
Formulé mis siguientes palabras con cuidado. Ese tema era delicado y sabía cuál era su postura. Aun así, había que decirlo.
—Mantenerte en buenos términos con tu padre no depende necesariamente de si vende o no.
Su expresión se endureció.
—Sí que depende.
Asentí. No esperaba otra respuesta.
—¿Cómo fue?
—Dijo algo que no consigo entender, y él espera que yo sepa a qué se refería. —Su mirada severa se dirigió hacia el ventanal—. Dijo que lo vende porque todos necesitamos vivir nuestras propias vidas.
—¿Qué significa eso?
—Exactamente.
Su padre le había estado repitiendo una y otra vez que iba a seguir adelante con la venta.
—Está bastante decidido.
—Sí.
Tragué saliva con dificultad. Me había olvidado de mi bebida.
—¿Te vas a quedar hasta que cierren?
Sus mirada se aguzó.
—¿Por qué no iba a hacerlo?
Una pequeña chispa que no tenía nada que ver con el bloody Mary se encendió en mi interior.
—Aún tengo tiempo para hacerle entrar en razón.
—La chispa se apagó. Claro. La tierra era lo primero.
Esa era su prioridad. Yo no era más que una distracción conveniente—.
Autumn . —Estaba mirando mi copa con el ceño fruncido.
Levanté la vista hacia él—. Estoy disfrutando de este tiempo contigo.
Pero cuando esto se acabe, no te lo tomes como algo personal. No estoy hecho para el matrimonio.
Pues las últimas semanas lo había hecho genial. Me quedaban quince días más con él y no quería llorar ni suplicar.
—Te voy a echar de menos. Eso es todo.
Soltó el aire con fuerza.
—Joder, Autumn . Yo también te voy a echar de menos. La idea de volver a mi vida… no va a ser tan fácil como pensaba. Eres una persona especial. Cualquier tío sería afortunado de tenerte.
Una mirada asesina se asomó por un instante en sus ojos. Parpadeé y ya había desaparecido.
Ese tío habría tenido, primero, que quererme y, después, que gustarme a mí. Eso parecía imposible con Gideon ahí delante. ¿Iba a ser capaz, mucho después de que se hubiera ido de mi casa y su olor se hubiera borrado de las sábanas, de conocer a otro hombre y no compararlo con Gideon?
En lugar de seguir adelante con mi vida cuando me casé con él, me había estancado. Al pronunciar mis votos, me había privado del futuro que deseaba.