Bourbon promises (Serie Bourbon Canyon 3) 21 #3
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—Dios mío. —Se incorporó, me puso las manos en el trasero para que me acercara más a él y me lamió un pezón.

Se me escapó un gemido largo y ansioso.

—Gideon.

No tenía mucho espacio para moverme, pero lo hice. Me soltó un poco y se echó hacia atrás.

—Cabálgame, polvorín —Eché la cabeza hacia atrás hasta que el pelo me rozó la parte baja de la espalda y saqué pecho. Aumenté el ritmo y mis pechos se balancearon, luego rebotaron, tal y como él quería—. Joder, sí —dijo con voz entrecortada.

Estaba dispuesta a cabalgarlo todo el tiempo que él quisiera, dejando que mi clímax se acumulara y se retrasara.

En esta postura podía controlar el aumento de la excitación.

Pero entonces pasó el pulgar por mis labios.

Se lo lamí. El calor inundó su mirada un segundo antes de que bajara ese pulgar y lo deslizara por mi clítoris empapado.

Ah, Dios. Jadeé y tuve que echarme hacia delante. Me estaba estimulando el clítoris mientras lo cabalgaba. Las sensaciones eran demasiado intensas; entonces utilizó la otra mano para masajearme un pezón.

—Gideon —gemí.

—Dilo otra vez.

—Gideon. —Me estaba quedando sin aliento. Luchaba por retrasar el clímax, deseando que aquello durara más, pero con él era imposible.

—¿Qué más puedes llamarme?

Mi mente estaba demasiado concentrada en mi centro como para pensar con claridad.

—Gideon.

—¿Qué más?

Claro. Un apodo.

—¿Chico de ciudad?

—¿Qué más? —Alivió la presión sobre mi clítoris. Tenía ganas de llorar. Tenía que correrme. Lo necesitaba. Un temblor sacudió mi cuerpo. Estaba al borde del precipicio y él me mantenía allí—. ¿Qué más, esposa?

Nunca le había llamado de otra forma, pero sabía lo que quería.

—M-marido.

La caricia áspera de su pulgar volvió. La tormenta dentro de mí alcanzó su punto álgido y las explosiones estallaron detrás de mis ojos. Eché la cabeza hacia atrás, gritando algo ininteligible.

Se arqueó y movió las caderas mientras se corría. Lo rodeé con los brazos y él hundió la cabeza en mi pecho.

—Joder, Autumn .

Cuando me desplomé, él me sujetó. Estaba exhausta.

Nos tumbamos de lado; nadie habría dicho que no había sido yo la que había pasado el día a caballo.

Dejé que se deslizara fuera de mi cuerpo.

El extremo holgado del condón me rozó el muslo.

Echó un vistazo entre nosotros y su expresión se ensombreció.

¿Qué significaba esa mirada?

Estaba a punto de acurrucarme contra él cuando se estiró por encima del borde de la cama y cogió la toalla.

Nos limpiamos en silencio. Esperé a que los dos nos acomodáramos en la cama antes de apagar la luz. Cuando estaba oscuro, podía acurrucarme contra él, ya que a menudo nos despertábamos así. Pero esa noche había una extraña distancia entre nosotros desde que habíamos alcanzado el clímax juntos.

¿Había hecho algo mal?

¿Me lo estaba tomando demasiado a pecho? Al día siguiente tenía que levantarse temprano otra vez y faltar más al trabajo. Quizá estaba estresado.

Esa idea no me parecía del todo acertada.

—Siento no poder dejarte embarazada —susurró en la oscuridad.

Sorprendida, me quedé mirando la pared oscura. ¿Se había alejado por mi culpa?

—Lo entiendo. —Como se mostraba vulnerable, podía abrirme un poco más.

Quizá hubiera despotricado sobre que no era ingenua, pero, al mismo tiempo, lo era—.

Fue una tontería por mi parte pensar que plantarías la semilla y seguirías adelante como si te importara un comino.

—Él se habría preocupado mucho por un niño. ¿Era eso lo que le daba miedo?

—Muchos lo hacen.

—Tú no.

—No. Yo no podría. Tú serías una buena madre.

Sentí un ardor detrás de los ojos. Quería una familia, pero no quería sacrificar quién era.

Quería lo que habían tenido mis padres. Mamá Starr y papá Bjorn se habían comprometido el uno con el otro.

Él podría haber dejado a mamá Starr con cuatro hijos pequeños.

Lo mismo podría haber hecho mamá Starr. Pero se habían mantenido unidos en los momentos difíciles hasta el final.

No solo habían sido el apoyo el uno del otro, sino que se habían guardado para sí mismos la gravedad de nuestra situación.

Luego estaban mis padres Bailey, condenadamente entregados el uno al otro.

Una base sólida. Sí, quería tener hijos.

Pero quería aún más una pareja con quien compartir la vida.

Quería a alguien con quien reírme, alguien con quien desahogarme, alguien con quien compartir mis penas.

Quería ese apoyo. Que me quisieran por ser yo misma.

¿Podía ser madre soltera? Sí. Y probablemente se me habría dado bien. Tenía la suerte de contar con una gran red de apoyo. Pero eso solo era una parte de mi sueño.

—Gracias —dije. ¿Era ese uno de esos momentos en los que debía decirle lo mismo?—. Por si sirve de algo, que te preocupes significa que probablemente serías un buen…

—No. No lo sería. Me parezco demasiado a mi padre.

—Gideon. —Estaba intentando acercarme a él cuando se dio la vuelta, mostrándome la amplia y sombría extensión de su espalda.

—Buenas noches, Autumn.