20 #3
—No recuerdo cuándo empezó, pero sabía que a Scarlett le gustaba Tate. Summer y yo sospechábamos que Tate sentía lo mismo. Scarlett fue la profesora de Chance en cuarto de primaria, así que se conocían.
—¿Así que animaste a Scarlett a pujar por él?
Autumn negó con la cabeza, con una sonrisa pícara. Era una de mis expresiones favoritas de ella.
—La invitamos a la subasta y pujamos sin decirle que estábamos pujando en su nombre.
—¿Compraste a tu hermano para tu amiga?
Ella esbozó una sonrisa.
—El resto ya es historia. Todas echamos una mano. Summer tuvo que pujar a lo grande. Era un producto muy codiciado.
En lugar de enfadarme por lo increíble que todo el mundo consideraba a Tate, me eché a reír. Toda una familia reuniendo dinero para ayudar a un ser querido a encontrar el amor.
¿Cómo era tener una familia tan grande como esa? ¿Contar con todo ese apoyo cuando las cosas se iban a la mierda? ¿Tener a alguien con quien celebrar los buenos momentos?
La graduación universitaria había sido un día como cualquier otro, solo que sin clases.
No tenía a nadie a quien contárselo cuando había conseguido mi primer trabajo de verdad.
Y cuando me habían nombrado director ejecutivo del Silver Casino and Hotel, me había regalado una cena en un restaurante y después había regresado solo a casa.
El vacío que sentía en mi interior se volvió inquietante. Me había casado con alguien de esa misma familia, pero dudaba de que fueran a celebrarlo por mí.
—¿Vas a buscarles una pareja a Teller y a Tenor?
—Puede que tengamos que hacerlo. —Me acarició la mejilla con el dorso de los dedos—. ¿Vas a ayudar a mis hermanos a trasladar el ganado el lunes?
—Tengo curiosidad por ver si planean hacer que me pisoteen y llamarlo «accidente».
—Eso es un humor muy negro. —Y, sin embargo, sonreía—. Quizá tengas que desempolvar esas habilidades de chico de campo para seguirles el ritmo.
—Tendrán que ser ellos quienes me lo sigan a mí —mascullé. Habían pasado ya unos cuantos años, pero manejar ganado me había salido con tanta naturalidad como si lo hubiera estado haciendo en el Silver toda mi vida adulta.
—Ojalá pudiera verlo.
—No seré más que otro tío a caballo.
—No eres un tío cualquiera.
Cuando decía cosas así, se me hinchaba el pecho de orgullo. Ella no me lanzaba cumplidos superficiales, como habían hecho otros a lo largo de toda mi carrera. Cuando decía algo, lo decía en serio.
Mi mujer era generosa, realista y sincera. Unos rasgos que iban a hacer difícil mi vuelta al trabajo.
Unos cuantos mechones de pelo se le habían escapado del moño. Dejé que se deslizaran entre mis dedos. El color resaltaba sobre la piel bronceada de mis manos.
—¿Por qué no puedes ir a ver cómo hago de superhéroe vaquero?
—Esta semana son los recitales de música de cuarto y quinto de primaria. Normalmente ayudo, y ahora me ha tocado a mí porque los alumnos han querido hacer sketches a última hora.
—¿Te han hecho sentir culpable? —pregunté con tono ligero.
—Se podría decir que sí. Scarlett y Joseph no están molestos, pero dije que ayudaría.
Joseph iba a echar una mano de todos modos, pero como él me la echó a mí, se lo debo.
—Me cogió de la mano y entrelazó sus dedos con los míos—.
Me va a fastidiar no verte de vaquero, pero tienes que prometerme una cosa.
—Sentado con ella, frente al lugar donde había fallecido mi madre y donde mi padre seguramente aún se detenía para presentar sus respetos, estaba dispuesto a prometerle el mundo—.
Si mi madre se ofrece a cocinar para todos mañana por la noche, tienes que quedarte y luego llevarme un plato a casa.
—¿Cómo sabes que me invitarán?
—Ella se asegurará de que estés allí. A sus ojos, eres de la familia.
Sentí un nudo en el corazón y un dolor que se extendía desde las costillas. No formaba parte de la familia. Solo tenía a mi padre, y él nunca había estado ahí.
Pero lo había intentado…
Aparté ese pensamiento de mi mente. Él quería forjar una relación y yo quería que dejara de ser tan estúpido. Los Bailey solo iban a ser mis suegros durante un par de semanas más.
Mi mirada se posó en aquella cruz blanca y en las flores, que no llevaban mucho tiempo allí.
Una maraña de emociones se agolpó en mi pecho.
Mi padre no había hablado de mi madre después de su muerte, y yo no estaba con él lo suficiente como para saber si lo hacía en ese momento.
Mis abuelos habían fallecido hacía años; mi padre era el único que sabía dónde había muerto mi madre y al que le importaba lo suficiente como para cuidar de la cruz y ponerle flores.
¿Tenía razón Autumn? ¿La venta era una forma de que él se deshiciera del dolor al que se había aferrado? ¿De esas emociones que lo habían llevado a beber? Acudía a Alcohólicos Anónimos, pero luego, tras cada reunión, regresaba a una casa vacía que una vez había estado llena de amor y familia.
Le había prometido a mi madre que iba a estar con ella hasta que la muerte los separara y después de eso no le había quedado nada a lo que aferrarse. Yo no había sido suficiente entonces, y tampoco iba a quedarme ya.