20 #2
Estaba a punto de decirle que el paisaje era precioso cuando salió del coche.
La colina que acabábamos de coronar quedaba detrás de nosotros y bloqueaba la vista de la carretera.
Parecía que no había rastro de civilización en millas a la redonda y, la verdad, no había mucho.
Otro rancho limitaba con el campo al otro lado de este, y si Gideon hubiera podido atravesarlo, habría llegado a la casa de su padre, pero dudaba de que el camino aguantara un vehículo.
Me bajé del coche.
—¿Venías hasta aquí a caballo? ¿O en quad ?
—Me daba la espalda y miraba por encima de la grieta.
No respondió. Me tragué la angustia al detenerme a su lado.
Mi suave jadeo se lo llevó el viento. El otro lado descendía más abajo de donde estábamos, y en el borde había una pequeña y pulcra cruz blanca.
Un ramo de flores secas se mecía con la brisa.
Jenni James había fallecido al volcar con su moto de nieve.
Me llevé los dedos a la boca. Las lágrimas me picaban en los ojos—. Ay, Gideon. Lo siento muchísimo.
Puso los brazos en jarras y bajó la vista hacia sus botas.
—Murió en noviembre. —¿Si intentaba abrazarlo, iba a rechazarme?
Desprendía un aura que decía a gritos «Déjame en paz».
Me rendí. Si me apartaba, que así fuera, pero no debía estar aislado emocionalmente en ese momento.
Probablemente no había tenido muchos hombros en los que llorar cuando era más joven.
Pasé mis brazos entre los suyos y le estreché la cintura.
Era como abrazar un poste de madera. Un instante después, él me rodeó con sus brazos.
No tuve que levantar la vista para saber que tenía la mirada clavada en aquella cruz blanca—.
Fijó la fecha del cierre de la venta para el mes en que la perdimos. —Sus palabras destilaban pura agonía.
—Lo siento.
Sentí cómo asentía.
—Supongo que debería haberlo esperado.
Mantuve la mejilla apoyada contra su fuerte pecho.
Su latido era fuerte y constante, pero incluso eso sonaba lúgubre junto a mi oído.
Se estaba perdiendo en su pena. ¿Alguna vez había procesado sus emociones o las había encerrado bajo llave?
¿Había pensado que los que le rodeaban también estaban lidiando con sus propios sentimientos desgarradores?
—¿Puedo hacer de abogado del diablo? —pregunté.
La tensión se apoderó de él.
—Siempre y cuando estés dispuesta a escuchar que no estoy de acuerdo.
—Lo primero que me pregunto es si él ha hecho su propio recorrido por el duelo.
—Levanté la cara hacia él. Su expresión no se suavizó—.
Así fue como lo llamaron en el funeral de mi padre.
El «recorrido individual por el duelo». —Habría puesto los ojos en blanco si no me hubiera llegado tan hondo.
Me abrazó con más fuerza y volví a apoyar la mejilla contra su pecho—.
Wynter no podía estar cerca cuando estuvo más enfermo.
Era demasiado pa recido a estar sentada en aquel coche, esperando y sabiendo que nuestros padres habían muerto.
A mis hermanos les costaba entender por qué ella evitaba la casa.
A mí no. —Porque yo había estado en ese mismo coche—.
Me preguntó… Quizá para nosotros no tenga sentido en absoluto, pero para tu padre…
Me pregunto si es su forma de respetar lo que ella le dejó.
Se puso tenso de nuevo.
—Dudo que ella no pensara que la estaba respetando.
—Solo es una idea. La gente no siempre hace lo más lógico cuando está sufriendo. Lo veo en los niños y, sinceramente, no creo que lo superemos con la edad como pensamos.
—¿Qué ves en los niños?
—Los que más sufren son los que arremeten con más fuerza, ya sea contra los demás o contra sí mismos.
Se le hizo un nudo en el estómago. Estaba pasando por un mal trago, pero tampoco intentaba marcharse. ¿Le sorprendía pensar que su padre probablemente siguiera destrozado por lo de su madre?
—¿Alguna vez has…? —Su pecho se expandió al inspirar—. ¿Alguna vez has vuelto al lugar donde ocurrió?
No tuve que preguntarle qué lugar era ese.
—Sí. Fuimos todas cuando Summer se sacó el carné.
Mi madre nos preguntaba en privado si necesitábamos visitar las tumbas de nuestros padres o el lugar.
Todas decíamos que no. —Solté una risa seca—.
Pero una noche, cuando tenía, no sé, unos quince años, estábamos ayudando a Wynter a pasar una tormenta porque las odia.
Bueno, a ninguna de nosotras nos gustan después de aquella noche, pero a ella le pasa algo peor con ellas, ¿sabes?
En fin. A Summer se le ocurrió la idea. Está a veinte millas de distancia, en una zona bastante rural, porque estábamos de acampada. Fuimos sin decírselo a mi madre.
—¿Por qué? —Empezó a acariciarme el hombro.
—Quién sabe. Quizá pensamos que diría que no.
O quizá teníamos miedo de estrellarnos y romperles el corazón a los Bailey.
A veces pienso que se habría ofrecido a venir con nosotras, incluso a llevarnos en coche, pero queríamos…
no, necesitábamos que fuera algo solo de hermanas.
Por lo que sé, esa fue la única vez que alguna de nosotras ha estado allí.
Una vez fue suficiente, y proba blemente ninguna de nosotras podría explicar por qué.
—Levanté la cabeza hacia él—. ¿Es la primera vez que vienes?
—No —respondió en voz baja—. Solía venir aquí mucho de niño.
Mi padre se enfadó muchísimo la vez que me llevé el quad ; creo que, en realidad, tenía miedo de que me pasara lo mismo, así que, a partir de entonces, tuve que montar a Chalado.
—Se le curvó una esquina de la boca—. Era el caballo de mi madre.
Una vez le oí decirle a mi padre que su verdadero nombre era Cabrón Chalado, pero para cuando yo estuve listo para montarlo, ya era viejo y tranquilo.
—He conocido a algunos animales a los que se les podría llamar Cabrón Chalado.
—Es la primera vez que vengo aquí desde que me fui de casa. Solía sentarme aquí un rato y simplemente preguntarme…
No hizo falta que me dijera lo que le pasaba por la cabeza: los «Y si…».
¿Y si ella hubiera sobrevivido? ¿Y si no hubiera pasado nada? ¿Y si hubiera muerto él en su lugar? Y las preguntas. ¿En qué habrían cambiado las cosas? ¿Habrían sido mejores? ¿Podía ser peor la vida que cuando las personas a las que más querías ya no estaban? Yo había tenido pensamientos similares.
En mi caso, a mis hermanas y a mí nos habían acogido en un hogar excelente y los Bailey eran nuestra familia.
Nos habíamos convertido en Bailey. Solo habíamos conservado nuestros apellidos porque nos quedaba muy poco de nuestros padres, y ya se habían producido un montón de cambios.
En el caso de Gideon, él sabía que las cosas habrían ido mejor con su madre.
Habría sido más feliz. Su padre habría gozado de mejor salud.
Le acaricié la espalda.
—Tengo una manta en la parte de atrás del coche. Voy a por ella. Podemos quedarnos un rato.
—¿No tienes que trabajar esta noche en el bar? —Su expresión tensa, como si temiera que yo fuera a decir «Vaya, tienes razón».
—Esa es una de las ventajas de ser una de los propietarios. Puedo ir cuando me dé la gana.
G ideon
Habíamos tenido que regresar al coche porque hacía demasiado frío para estar sentados en una manta en el suelo.
Ella abatió los asientos. Yo estaba sentado, recostado contra el asiento delantero y Autumn se acurrucaba a mi lado.
No estábamos follando: eran mimos en toda regla. Algo que solo hacíamos en la oscuridad de su dormitorio. Algo que, por lo demás, nunca hacía. Pero a Autumn habría podido tenerla pegada a mí el resto del día. Y al siguiente también.
Hace unos minutos, había recibido un mensaje sorprendente de Tate.
No era la llamada que esperaba, pero al menos no había sido Taya.
No paraba de dejarme mensajes para que la llamara.
Si lo que tenía que decirme no se podía enviar por mensaje o por correo, no necesitaba oírlo. Tenía que mantener la profesionalidad.
Le enseñé el mensaje a Autumn.
Tate: Esta semana vamos a hacer movimientos en cuadrícula. Si crees que aún puedes mantenerte sobre un caballo, nos vendría bien una mano.
¿«Movimientos en cuadrícula»? —le pregunté a Autumn—. ¿Es un término nuevo?
—No lo sé. Tate empezó a usarlo cuando se hizo cargo. Tiene libros para sus libros.
—Cuando dices cosas así, me da la sensación de que Tate y yo podríamos llevarnos bien.
Ella soltó una risita.
—Seríais grandes amigos, o enemigos acérrimos. ¿Sabes cómo se lio con Scarlett?
—¿Le exigió que saliera con él?
—Aceptó participar en la subasta benéfica de solteros.
Me habría encantado verlo desfilar delante de un montón de mujeres y ser subastado, pero por el tono de Autumn parecía que la gala benéfica era un evento desenfadado y divertido.
—¿Desde cuándo hay una subasta de solteros en Bourbon Canyon?