Bourbon promises (Serie Bourbon Canyon 3) 18 #2
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—¿Y seguirás adelante con ello si no la detiene?

—Mejor nosotros que algún ricachón de fuera del estado al que le importa un comino Montana y que cree que los residentes locales somos unos campesinos pintorescos y prescindibles.

Yo tampoco quería que Percival acabara en manos de un desconocido.

No quería que se construyeran cabañas de caza, y si hubiera oído hablar de «alquiler» en relación con la propiedad, habría quemado todas las construcciones.

Menuda ironía viniendo de un tipo de ciudad como yo, que trabaja en una gran empresa.

En Bourbon Canyon ya no era tanto esa persona que había sido hacía más de una semana. Cada paso que daba por el pueblo me despojaba de otra capa de artificios.

—En eso estoy de acuerdo contigo.

Se encogió de hombros como si no le importara.

—¿Cómo van las cosas entre Autumn y tú?

Me tomé un trago de ponche de huevo. Autumn era la hostia de sexy, pero dudaba que fuera eso lo que su hermano quería oír.

—Aún no me ha echado de casa.

—Tampoco te has mudado con ella.

¿Qué quería decir con eso? ¿Cómo lo sabía? ¿Había entrado en su dormitorio y había visto mi maleta abierta sobre su cómoda? ¿Había visto la ropa nueva que había colgado en una silla plegable?

Estaba intentando ponerme en un aprieto.

Autumn volvió rápidamente, dejando los vasos de los clientes que acababan de marcharse. Solo quedábamos Teller y yo en el bar.

Él abrazó a Autumn hacia sí para darle un abrazo con un solo brazo. Había soltado la bomba y se apartaba rápidamente para ponerse fuera de su alcance.

—Voy a volver a la oficina a trabajar un rato más. ¿Te importa cerrar con llave cuando te vayas?

Ella le dio una palmadita en la espalda.

—Lo haré. Te quiero, hermanito.

—Sé que estás probando productos —admitió a regañadien tes—. Haces un buen trabajo. Pero sigues siendo mi hermana y voy a meterte caña. —Empezó a alejarse, pero se detuvo—. Ah, y solo me tomo a mí mismo tan en serio porque soy alguien importante.

Ella resopló y le lanzó un trapo. Él se apartó bailando, con una sonrisa burlona, y luego desapareció del bar.

La ayudé a limpiar y a guardar los vasos.

Al salir del bar, apagó las luces y cerró con llave la puerta que daba al exterior, pero me condujo a través de la entrada hasta la destilería principal. Al fondo había una pequeña tienda, escondida en una esquina junto a otra pared acristalada que daba a la sala de alambiques.

Autumn se dio cuenta de que la estaba mirando.

—No has visto el resto de Copper Summit, ¿verdad?

Sorprendido de que me interesara, negué con la cabeza.

—No, ¿te importa enseñármelo?

Me cogió del brazo.

—Solo si me prometes que no te desconectarás cuando me ponga en plan friki.

—Me llevó a rastras hasta los ventanales.

Unos alambiques gigantes de cobre y acero ocupaban un extremo de la sala.

Una pequeña escalera conducía a una plataforma situada entre unos tanques achaparrados, pero aun así bastante grandes.

Los techos eran altos y las paredes estaban construidas con una mezcla de bloques de hormigón y roca, muy diferentes del exterior de madera y piedra rugosa que hacía que el lugar pareciera más propio de la industria minera.

Unas tuberías metálicas discurrían entre las ollas y los alambiques, y un laberinto de conductos bajaba del techo y subía desde el suelo—.

Los tanques de maceración son los más bajos. Entremos para que puedas olerlos.

—Nunca antes una mujer me había pedido que oliera algo.

Ella sonrió.

—¿Quién mejor para hacerlo que tu mujer?

—Me empujó hacia uno de los tanques de maceración.

En su interior, burbujeaba una mezcla amarillenta.

La imagen me recordó a unos copos de maíz empapados—.

Las levaduras están trabajando a toda máquina.

Cuando éramos niños llamábamos a las burbujas «pedos de levadura».

—Pasó la mano por encima—. Desde aquí se huele mejor y se nota el calor.

—Olisqueé. Un aroma afrutado y a pan me invadió la nariz, mucho más intenso que el aroma a grano caliente del resto del local—.

Cada día formará menos burbujas —explicó ella—.

Y se volverá más oscuro. Entonces lo llamamos «cerveza de destilería».

Se conduce por estas tuberías hasta los tanques de destilación, donde, básicamente, lo convertiremos en aguardiente y luego lo destilaremos un poco más.

—Me había criado a apenas unas millas de ese lugar y nunca me habían hecho una visita guiada.

Había estado en la tienda de comestibles o paseando por el centro y había oído a los turistas exclamar lo genial que era Copper Summit .

En aquel entonces no le había dado mucha importancia.

Copper Summit era solo otra cosa que había dejado atrás.

Me llevó hasta los alambiques—. ¿Sabes cuántos galones de bourbon podemos obtener de quinientos galones de cerveza de destilería?

—¿Qué pasa si me equivoco?

Ella sonrió.

—No te gusta equivocarte, ¿verdad?

Para nada.

—¿Cincuenta galones?

—Uno. —Su sonrisa era de esas de empollona de las que me había advertido.

En la destilería se sentía como pez en el agua.

Y en la escuela también. Tenía suerte de contar con más de un lugar donde destacaba.

Bourbon Canyon le ofrecía los dos, pero para mí no había nada en ese lugar sin la granja Percival.

—¿Cuántos galones hay en un barril? —pregunté para evitar que mi mente diera vueltas a cómo me había labrado un hueco en Las Vegas.

—Cincuenta y tres, pero nunca sacamos tantos galones.

—¿La parte de los ángeles?

Sus ojos se iluminaron al ver mis conocimientos tan limitados sobre términos de destilería.

—Cada año que envejecemos un barril, perdemos un porcentaje del producto, pero también se consiguen extraer más sabores y azúcares de la madera.

—Es un poco raro pensar que le das sabor al alcohol con madera.

—Con roble, concretamente, pero nos gusta experimentar con diferentes variedades de roble.

—Se encogió de hombros y recorrió el edificio con la mirada.

Pude verlo en sus ojos. Para ella, Copper Summit era una obra de arte, pero también era consuelo.

Era pasión. Era su hogar. Ella no iba a irse jamás y yo no podía quedarme—.

Los otros edificios del recinto son las bodegas de barricas.

Es mejor visitarlas durante el día. —Me acompañó de regreso a la entrada principal—.

Copper Summit también cuenta con sus propios repartidores. Mi padre estaba muy orgulloso de eso.

—Ofrece muchos puestos de trabajo.

Ella sonrió, radiante.

—Es un equipo pequeño pero muy unido. No podemos decir que seamos como una familia, ya que no puedo llamar testarudos a los demás empleados como hago con mis hermanos.

Pero tenemos varios puestos a tiempo completo además de los de mis hermanos.

—Se volvió hacia las ventanas. Junto a la pared del fondo había tres pantallas de ordenador y un escritorio en forma de U repleto de papeles y carpetas—.

Llevamos un control de todo. Temperaturas, cepas de levadura, los tipos de cereales y las cantidades…

A Tenor le encanta profundizar en todo eso.

—¿Y tú? ¿Te dedicas solo al bar?

—Mi padre me obligó a echar una mano cargando sacos de cereal de unas cincuenta libras, pero ya no hago esas cosas. Me estaría metiendo de lleno en la coreografía muy bien ensayada que tienen los destiladores.

Había crecido rodeada del legado familiar, pero había elegido otra profesión. Tenía tres hermanos mayores y una hermana mayor. Era algo así como una monarquía: ella se había quedado demasiado atrás en la línea de sucesión como para tener mucha autoridad.

—¿No te importaba saber que nunca ibas a estar al mando?

—Ah, no. Sigue siendo nuestro. —Sus palabras se repitieron en mi cabeza.

Todos los niños que habían asistido a la fiesta que había organizado mi padre iban a aprender exactamente lo mismo que Autumn y sus hermanos.

Si Autumn y yo tuviéramos hijos, pasaría lo mismo.

Sus raíces se hundirían profundamente en la zona de Bourbon Canyon.

Pero no íbamos a tener hijos—. La línea de embotellado está al otro lado.

—Me tiró de la mano otra vez—. Podemos echar un vistazo, pero no es nada emocionante.

Solo es una pequeña cadena de montaje donde se llenan, se sellan, se etiquetan y se empaquetan las botellas para su envío.

Los camiones también entran y salen por ese lado.

Accionó un interruptor. Las luces inundaron una sala sencilla cuyo elemento central era la línea de embotellado metálica.

Una larga cinta transportadora recorría casi toda su longitud.

En un extremo había boquillas para llenar las botellas, seguidas de más mandos plateados y piezas móviles para taparlas y etiquetarlas.

Al final había un espacio para las cajas y los cajones.

—¿Cuál de los hermanos se encarga de esto?

—Teller. Él está al mando, así que le tocan las tareas aburridas.

Tenor es su segundo, pero prefiere estar todo el día haciendo cálculos.

Tate les echa una mano, pero no le gusta que Teller o Summer sientan que los está vigilando.

Puede que Junie no trabaje físicamente en las instalaciones, pero coordina con Wynter los anuncios y las cuñas radiofónicas.

Todo ese edificio era un pequeño ecosistema que tomaba de su entorno y le devolvía lo mismo. Según lo que había dicho Teller, mi padre también estaba devolviendo algo.

Yo quería la granja Percival para mí. Quería que se quedara en la familia.

Me había centrado solo en lo que quería, pero nunca había pensado en cómo contribuir a cambio.

Aportar algo a la comunidad no había sido una de las lecciones de mi abuelo.

Mientras estaba allí, contemplando lo que no era más que una parte del imperio Bailey, me costaba encontrar un buen ejemplo de lo que yo podía aportar.