18
G ideon
Aunque estaba claro que a mi mujer le gustaba su trabajo en Copper Summit , deseaba que lo dejara ya para que pudiéramos irnos a casa y ahí volver a meterme entre sus piernas.
Era un hombre obsesionado. El día anterior apenas había podido separarse de mí para ir a trabajar.
En ese momento era sábado por la noche. Estaba más o menos al día con el trabajo —después de saciarme con mi mujer— y, de hecho, estaba disfrutando de la velada.
Autumn se reía y bromeaba con sus clientes.
Algunos de ellos me dirigieron la palabra.
Como la única zona abierta de Copper Summit era el bar, y todo el recinto era una destilería, estaba a salvo de encontrarme con mi padre.
Me había llamado el día anterior para preguntarme si quería echarle una mano con unos proyectos.
A pesar de todo, estuve a punto de decirle que sí, pero, sinceramente, tenía reuniones e informes que pasarle a mi asistente para que los redactara de cara a la semana siguiente.
Además, necesitaba alejarme un poco de él.
Autumn era una agradable distracción y tenía toda mi atención centrada en ella. No tenía claro qué pensar de mi padre, no sabía qué iba a hacer y tampoco tenía claro cómo me sentía respecto a la casa, a él y a todo lo demás.
— Voilà . —Autumn deslizó una taza de cristal transparente delante de mí.
Fruncí el ceño ante la bebida blanca y espumosa con una pizca de canela. Ya me había tomado un brebaje que incluía la limonada de Scarlett, un cóctel ligero y afrutado que se salía de lo que solía beber. Eso era algo totalmente fuera de lo común.
—¿Un batido de bourbon ?
—No. —Se rio, pero luego se detuvo a considerar la idea—.
¿Sabes?, eso podría funcionar y satisfacer el deseo de Teller y Tenor de más bebidas de edición limitada.
Tendré que darle vueltas con Wynter. —Le dio un golpecito al vaso—.
Tú eres mi conejillo de Indias. Este es nuestro ponche de huevo con bourbon .
Wynter y yo cambiamos la receta todos los años y este me toca a mí.
—Nunca he probado el ponche de huevo.
—Está riquísimo, te lo juro.
—¿Huevo crudo en mi bebida? —pregunté con escepticismo.
—Usamos huevo pasteurizado. Es seguro, te lo prometo.
Le di un sorbo. Lo primero que llegó a mi paladar fue la mezcla de especias. Canela, probablemente nuez moscada, quizá jengibre y algo más que no pude identificar. El suave bourbon se amalgamaba con el sabor cremoso.
—Está bueno.
Ella sonrió, orgullosa.
—Este año le he puesto jengibre y cardamomo.
Normalmente solo añadimos una especia nueva cada año y quitamos otra.
—Se apoyó en la barra—. Aprendimos por las malas que no podemos alejarnos demasiado del sabor tradicional del ponche de huevo.
El ponche de menta fue un fracaso épico.
—Miró por encima de mi hombro y se enderezó—. Oye, Teller, ¿va todo bien?
—¿No puedo tomarme una copa y charlar con mi hermana? —Sacó un taburete, dejando uno vacío entre él y yo. Encajaba perfectamente con la clientela, con su camisa de cuadros verdes, vaqueros azules y botas. Llevaba el pelo oscuro revuelto, pero la barba bien recortada—. James.
—Bailey —saludé a mi vez. Yo no iba vestido de forma muy diferente, y no se trataba de que quisiera pasar desapercibido, sino tan solo de que era lógico. Me daba la impresión de que estaba aceptando ese nuevo matrimonio y esa nueva vida… en un lugar donde no iba a encontrarme con mi padre.
—¿Te está dando a probar sus nuevos brebajes?
Estaba bromeando, pero también estaba menospreciando su trabajo.
El bar era un escaparate para la destilería.
Autumn se encargaba del marketing de base de la empresa.
La gente no iba ahí solo por las bebidas: iba por el ambiente y también por los empleados que les atendían y les ofrecían una conversación agradable para poner el broche final a su día.
—Menos mal que tu hermana es una experta a la hora de preparar cócteles.
Teller frunció el ceño.
—No he dicho lo contrario.
—Pero tampoco has dicho que lo fuera.
Se pasó una mano por el pelo.
—Ha sido un puto día larguísimo, James, y ahora me estás diciendo que soy un hermano de mierda.
—No eres un hermano de mierda. —Autumn dejó un vaso achaparrado y vacío delante de Teller—. Eres mandón, terco, lo cual, según he oído, es un rasgo familiar, y tiendes a tratarme como a una hermana pequeña molesta. A veces me gustaría que me tomaras tan en serio como te tomas a ti mismo.
Si sonreía, iba a parecer que me regodeaba, pero permití que me invadiera el orgullo.
No había rehuido el tema. Quizá ya se lo había dicho antes y a él le había resbalado como el agua de lluvia, pero esa vez me tenía a mí para corroborarlo.
Teller la observó mientras ella cogía una botella del estante superior, una Copper Summit Gold, y le servía dos dedos.
Hizo girar el vaso entre los dedos.
—¿Se trata de lo que sacó a colación Tenor?
Autumn me lanzó una mirada como si buscara permiso para mantenerse firme. Le transmití todo el ánimo que pude con mi expresión.
—Se trata de que Tenor lo haya hablado primero con Tate, luego contigo y después me lo haya contado a mí como si fuera una empleada más y no una de las copropietarias.
Me he hecho cargo de la gestión del bar, pero es un ámbito de especialización mío y de Wynter.
¿Vosotros dos hablaríais de campañas de marketing sin ella?
Teller frunció el ceño.
—Ya tienes un trabajo…
—Tengo dos —lo interrumpió ella con firmeza—. Y soy yo quien decide si estoy desbordada o no. Ya no soy una niña. Me doy cuenta de que es un inconveniente que no esté en Copper Summit tanto como vosotros, pero podéis llamarme, enviarme un mensaje o un correo.
—Mierda —gruñó Teller—. No me había dado cuenta de que te molestara tanto.
Ella puso los ojos en blanco.
—Te dabas cuenta, pero no me tomabas en serio.
Teller se echó hacia atrás como si ella le hubiera dado un golpe.
—Me parece justo. Me aseguraré de que Tenor y yo hablemos antes contigo de lo que te afecta. —Autumn bajó la cabeza, con gratitud y alivio, y Teller se volvió hacia mí—. Estás intentando no reírte. —Solté una risita—. No te reirías tanto si fuera a ti a quien le hubiera llamado la atención.
—Me ha puesto en mi sitio un par de veces. —Le di un sorbo a la bebida alcohólica y cremosa. El sabor empezaba a gustarme cada vez más. Se habría convertido en mi puta bebida favorita si eso hubiera molestado a Teller.
—La animaré a que lo haga más a menudo —refunfuñó él.
Ella entró en el almacén, volvió a salir con un par de botellas nuevas y empezó a reponer el bar. ¿Nos estaba dejando solos a Teller y a mí a propósito? ¿O yo estaba invadiendo su trabajo y esperando que me atendiera en lugar de hacer lo suyo?
Teller hizo girar su vaso sobre el borde. El ambiente entre nosotros no era tenso, pero tampoco era distendido.
Debería haber evitado el tema de la venta, pero no lo hice.
—¿Le has pedido a Hank que arregle la valla?
Teller siguió haciendo girar su vaso.
—Nos preguntó si nos importaba. Supuse que quería mantenerse ocupado antes de la época navideña.
Me tragué las palabras. No iba a preguntarle qué significaba eso.
—¿Y qué pasa con la época navideña? —Perdí la batalla.
—Su labor benéfica. —Dio un sorbo, me miró de reojo y puso cara de sorpresa—. ¿No sabes nada de las organizaciones benéficas?
Aparte de lo que le había oído mencionar a los Bailey, no. No sabía gran cosa de lo que hacía mi padre desde que me había ido.
—No hablamos mucho.
Se limpió la boca.
—No lo entiendo. Yo hablaba con mi padre todos los días hasta que murió.
—¿Se emborrachaba todos los días y te ignoraba?
¿Se olvidaba de comprar comida o te trataba como a un empleado al que no le pagaban?
¿Te gritaba durante cinco minutos seguidos cuando era él quien se había gastado el dinero de la compra en cerveza?
—Teller apretó la mandíbula—. ¿Descuidó todo lo que significaba algo para ti hasta que se echó a perder?
—Me respondió con un ligero movimiento de cabeza en señal de negación—.
Ni siquiera voy a mencionar la venta, para colmo de todo.
Se bebió todo lo que teníamos y ahora va a vender lo que debería ser mío, lo que mi madre quería que fuera para mí.
Así que perdóname si no sé nada de sus proyectos caritativos.
—Hace de Papá Noel en el centro de mayores —dijo Teller—.
Se disfraza para las excursiones escolares cuando cantan para los residentes.
Trabaja en el banco de alimentos todo el año.
Normalmente solo abre una vez a la semana, pero entre Acción de Gracias y Año Nuevo, el horario de atención es de tres días a la semana.
Luego está la recogida de juguetes. He oído que envuelve los regalos de maravilla.
—No sabría decirte…
A Teller le tembló la mejilla derecha y apuró la copa de un trago y miró a Autumn como si quisiera asegurarse de que seguía al otro lado de la sala.
—El hombre que tú conoces no es el que conoce el resto de Bourbon Canyon, y creo que, una vez que lo entiendas, quizá comprendas sus motivaciones.
Lo que te pasó estuvo mal. Pero si te hubieras enamorado locamente de mi hermana de verdad y la hubieras perdido de golpe, ¿mantendrías la compostura?
¿O perderías los estribos hasta que el dolor se atenuara lo suficiente como para afrontarlo?
Eso nunca iba a pasar. Primero tenía que enamorarme.
—Era un crío.
—Lo sé. —Su voz era suave, compasiva—. Solo digo que quizá puedas entenderlo.
Mira, nadie sabe por qué no te vende la granja Percival.
He investigado sobre tu fortuna y Dios sabe que puedes pagársela.
¿Quizá sea orgullo? ¿No quiere vivir a costa del hijo que no tuvo la oportunidad de vivir a su costa?
No lo sé. Nadie lo sabe. Pero recordarle todas las razones por las que lo odias probable mente no vaya a ablandarlo lo suficiente como para que frene la venta.
Yo no odiaba a mi padre. Eso era parte del problema.