Bourbon promises (Serie Bourbon Canyon 3) 17 #3
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—Joder, Autumn . —Apenas me di cuenta de que se incorporaba.

Abrí los ojos a tiempo para verlo abrir con los dientes la esquina del paquete con el condón; se bajó los pantalones cortos.

Estaba mojada y chorreando, y, aunque se suponía que debía sentir vergüenza, no me importaba lo más mínimo.

Su erección se tensó entre nosotros. Era grande, con su longitud surcada por venas.

Envolví mi mano a su alrededor, absorbiendo el calor y la fuerza con mis dedos.

Se estremeció bajo mi tacto, y el envase vacío del condón cayó al suelo—.

Quita la mano, polvorín, porque necesito meterme dentro de ti ahora mismo, joder.

Me tomé mi tiempo para apartar la mano. Quería jugar, pero lo prometedora que era su expresión me indicó que iba a tener tiempo de sobra más tarde. Se puso el condón de un tirón y se colocó en mi entrada. Me aferré a sus hombros, disfrutando de la presión, pero también necesitando mucho más.

—¿Gideon?

Un estremecimiento le recorrió el cuerpo, como si se estuviera conteniendo por mí.

—¿Sí?

—Te quiero dentro de mí.

La determinación se dibujó en su rostro y se metió dentro de mí de una estocada.

Jadeé ante el puro placer, la sensación de plenitud, lo abrumadoramente grande que era, pero también ante cómo me adaptaba para ajustarme a él a la perfección.

Apoyó la frente contra la mía y se balanceó en mi interior.

—Joder. —Un ligero retroceso y una embestida—. Joder. Entonces su boca cayó sobre la mía, devorándome.

Noté mi propio sabor, mezclado con el suyo, y con la forma en que se movía dentro de mí…

Estaba perdida. Mi excitación era una nube de tormenta, expandiéndose y creciendo, preparándose para otro temporal.

Con cada embestida, mi clítoris, excesivamente sensible, se rozaba contra él y eso echaba leña al fuego que ardía en mi interior.

Sincronizó el ritmo de su lengua con el de sus caderas. Nuestra primera vez juntos fue tan revolucionaria como esperaba que fuera. Así iba a echarme a perder por completo para cualquier otra persona en el futuro.

Me acercaba a otro clímax, estaba lista para explotar, pero un tenue pensamiento surgió en lo más recóndito de mi mente. ¿Y si eso fuera real? ¿Y si le gustara de verdad y no fuera solo un oportunista?

¿Y si…?

Me dejé llevar por el éxtasis que se acumulaba en todo mi cuerpo. No. Eso era el presente y no podía permitirme pensar en un futuro con ese hombre. Me había dicho lo que buscaba, y no era una vida con esposa e hijos.

Iba a quedarme con el recuerdo de un sinfín de orgasmos, pero no con el corazón roto.

G ideon

Apenas pude aguantar cuando se ciñó a mi alrededor y alcanzó el clímax. Apartó su boca de la mía.

—¡Gideon! ¡Sí!

La abracé con fuerza. Clavé las manos en sus caderas para sujetarla cuando llegué a la cima. Tuve que cerrar los ojos con fuerza ante el placer que me recorrió las entrañas.

—Joder. —Mi vocabulario se había reducido a una sola palabra—. Joder, joder, joder —repetí entre dientes.

El orgasmo fue infinito. Temblé y me aferré a ella. Ella era mi salvavidas, la única forma de mantenerme en pie, de que no cayéramos al suelo los dos. No iba a interrumpir el mejor sexo de mi vida tirado en el suelo.

Sus gemidos ya se habían calmado para cuando empecé a bajar del clímax. Ella hundió la cara en mi pecho, jadeante. Yo respiraba como si hubiera dado unas cuantas vueltas a la manzana a toda velocidad.

¿Qué leches había sido aquello?

Habíamos follado en la encimera de la cocina. Me gustaba el sexo y no pensaba que fuera a estar mal con Autumn, pero no tenía ni idea de que me iba a revolver el cerebro como si fuera un cartón de huevos. Los orgasmos no eran tan potentes.

Aparté las manos de su suave piel. Ella todavía llevaba puesta la camiseta. Yo tenía los pantalones cortos en los tobillos, y lo único que quería era llevarla a la cama y abrazarla hasta que mi mundo volviera a su órbita.

Ella puso las manos sobre mi camiseta e inspiró profundamente.

—Vaya…

No tenía fuerzas ni para reírme. La quería desnuda y en la cama. Para eso sí tenía fuerzas.

—Sí.

La levanté de la encimera. Se acurrucó contra mí como si ese fuera su sitio.

¿Y si lo fuera?

No. Esa vida no era para mí y debía hacerme a la idea, igual que estaba afrontando el ajuste de cuentas con mi pasado.

Me quité los pantalones cortos y fui con el culo al aire hasta su dormitorio. Por suerte, todas las persianas estaban bajadas. Todo el barrio habría visto lo que era mi espectáculo privado. Solo mío.

Ella me mordisqueó la clavícula. Mi erección decidió que no tenía por qué irse. Volvía a estar duro y listo para la acción. Quizá fuera porque ya hacía bastante tiempo, pero no lo creía.

Había algo en Autumn que me atraía hasta un nivel que nunca había alcanzado.

Si hubiera sido más listo, habría hecho las maletas y habría cogido el primer avión a Las Vegas.

Me habría resignado a que se vendieran los terrenos y habría seguido con mi vida.

Tenía un trabajo cojonudo y un lugar extravagante donde vivir.

Mis aho rros e inversiones me convertían en un hombre rico.

El lugar que había intentado olvidar durante un par de décadas debía darme igual.

Pero no lo hice. Quizá una parte de mí era tan débil como mi padre, cediendo a las tentaciones terrenales.

Vi el paquete abierto de condones y me alegré de haber comprado la caja más grande que había en la tienda.