15 #3
—No pasa nada. Gideon llegará enseguida.
No parecía muy convencida.
—Vale, pero llevaré el móvil encima. Llámame si necesitas que te recoja.
—Ya llegará.
—Ya está aquí. —Una voz grave interrumpió la conversación.
Me giré y parpadeé. Detrás de mí había un chico con una gorra azul marino polvorienta. Llevaba una sudadera con capucha verde oliva que se ceñía a sus anchos hombros y que hacía juego con sus penetrantes ojos verdes.
—¿Gideon?
—¿Esperabas a otra persona?
La mirada de Summer se clavó en mí. Sí, me había quedado boquiabierta contemplando al hombre con el que me había casado.
—Que Dios me ayude si llevas botas. —Tenía la boca seca y el pulso acelerado. Mi cuerpo sabía perfectamente cómo me hacía sentir este hombre, pero verlo con ese look tan campestre me estaba provocando palpitaciones.
Frunció el ceño al mirar su calzado.
—Son nuevas, pero después de hoy ya no lo parecen.
Me eché sobre el mostrador. Llevaba unas botas de vaquero negras de punta cuadrada, tan rústicas como el resto de su aspecto. Gemí.
—Es incluso mejor de lo que imaginaba.
Summer se atragantó detrás de mí.
Gideon se agachó y me dio un besito en los labios.
Cerré los ojos como si fuera mi primer beso.
La presión de más miradas sobre mí se me clavaba en la piel.
¿Lo había hecho de cara a la ga lería? ¿O quería besarme en público por más razones que la de consolidar la idea de que éramos una pareja de verdad?
—Estoy sucio y mosqueado —murmuró contra mis labios. La visera de la gorra le ensombrecía los ojos—. ¿Es eso lo que te excita?
Mi corazón latía con fuerza contra las costillas. Ese hombre era puro fuego cuando llevaba un traje; la hostia de guapo. ¿Pero con esa barba de tres días asomando a través de la piel bronceada por el sol y el viento? Calmaos, hormonas enloquecidas.
—Te hace parecer menos como si quisieras dar un puñetazo a todo el mundo —dijo Summer—. Ahora parece como si quisieras darles un puñetazo y luego atropellarlos con tu tractor.
—Exacto —respondió él—. Excepto a la presente —concluyó, levantándose la gorra.
Ay, quería que Summer supiera que no la estaba insultando.
—No estés tan seguro. Te daré la lata si creo que lo necesitas. —Golpeteó el mostrador con los dedos—. Me voy, entonces. Llámame si necesitas algo.
Me despedí de ella y, cuando me volví hacia Gideon, él me observaba con esos ojos intensos entrecerrados.
Ahí se esfumó el cosquilleo en mi estómago.
—Vale, yo estoy molesta porque mis hermanos no me dejan participar en sus ideas para el bar. ¿Por qué estás molesto tú?
Entrecerró los ojos.
—Tienes que decirles a tus hermanos que dejen de hacer eso.
—Lo haré.
—Usa la misma autoridad con la que nos trataste a mí y a Deon. Haz como si tus hermanos fueran unos niños de tercer curso que no saben escuchar.
Si lo hiciera, quizá no iba a poder contener la risa, pero también… Les hablaba a mis hermanos como una hermana pequeña y, a lo mejor, lo que debía hacer era sacar a relucir mi faceta de profesora en la conversación.
—Tienes razón. Pero ya basta de hablar de mí. ¿Por qué estás enfadado?
La mirada ceñuda volvió a aparecer.
—La ética de trabajo de Hank ha cambiado a lo que sea, cuando sea. Está arreglando una valla que no necesita reparación. Bueno, la necesita, pero no por parte de él. Y lo ha dejado a la mitad, alegando que tenía que irse al pueblo.
—¿Así sin más?
—No me ha dicho qué asuntos tenía, ni me ha explicado por qué no me quiere vender la finca, aparte de que me mete en el mismo saco que a cualquier urbanita que contrataría a un administrador para el rancho.
—Al menos tú eres de por aquí.
Se dejó caer en un taburete.
—¿Quieres decir que al pueblo no le gustaría que contratara a un administrador para el rancho?
Puse un cubito grande de hielo en un vaso achaparrado y saqué mi botella especial de bourbon . Autumn’s Summit .
Le echó un vistazo a la botella y soltó una risita seca.
—Nunca se me había ocurrido antes. Hay una para cada uno de vosotros.
—Creía que lo habías prohibido en las instalaciones del Silver.
Le dio un sorbo, moviendo la mandíbula mientras deslizaba el líquido por la lengua. Se le movió el cuello al tragar.
—Me preocupo por conocer a mi competencia. —Observó el líquido del vaso.
Me eché a reír.
—No sabías que me alojaba en el Silver el fin de semana pasado. —Su ardiente mirada se alzó hacia la mía y me dejó inmóvil—. ¿Lo sabías?
—Quería que me avisaran si algún Bailey entraba en el casino. Habría sido una negligencia por mi parte dejar fuera a las hermanas Kerrigan.
—¿Me estabas vigilando? —Cogí un trapo y pasé un trapo por la barra. El cosquilleo se apagó del todo por culpa de la vergüenza—. ¿Nuestro encuentro no fue una coincidencia?
—Yo no diría eso. Como ya te dije, me dirigía al Glitter. Encontrarme contigo en el ascensor fue, aun así, una pequeña sorpresa.
—Eh… —Debería haberme sentido incómoda. Escandalizada. Pero la sensación de que habíamos estado entrelazados desde antes de conocernos me tranquilizaba. Me daba una esperanza que no debía tener. Precisamente por eso estaba preocupada Summer.
—Tengo malas noticias.
Dejé de limpiar la encimera.
—¿Qué?
—No he tenido tiempo de ir a Bozeman. La buena noticia es que el próximo trago que saboree serás tú.
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