Bourbon promises (Serie Bourbon Canyon 3) 15 #2
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—Lo hablaré con ella.

—Teller cree que diciembre sería un buen momento para empezar.

Lo cual significaba que eso era lo que teníamos que hacer Wynter y yo.

—De tres a cuatro especiales de Navidad, para dentro de nada.

Entrecerró los ojos al percibir el tono cortante de mi voz.

—Vale. Te… eh… dejaré en paz. —Rodeó la barra y se dirigió hacia la entrada de la parte principal de la destilería.

—Claro. Solo avísame de lo que decidáis Tate y tú sobre el bar.

Se detuvo y me miró por encima del hombro. Me dedicó un pequeño gesto de asentimiento y luego se marchó.

Había sido un poco maliciosa, pero, a ver, Tenor nunca se pasaba por allí para charlar sobre sus ideas, solo para ordenarme que las llevara a cabo.

Me puse a revisar el resto de los informes. Summer entró con paso ligero, frotándose las manos y ajustándose el jersey color crema de cuello vuelto. Las oficinas de arriba podían llegar a ser frías con esas ventanas viejas.

—Bueno. ¿Estás lista para hablar de lo que pasó la otra noche? —preguntó.

Casi me había olvidado cómo nos habíamos marchado de la fiesta y de lo reacio que se mostraba Gideon a hablar de ello.

Lo de la noche anterior no había dejado de darme vueltas en la cabeza desde que me había despertado esa mañana.

Dar clase de las tablas de multiplicar cuando prefería pensar en los sonidos posesivos que había soltado era un infierno para mi concentración.

—Todavía se está acostumbrando a volver a hablar con su padre. —No iba a decirle a mi hermana que no lo sabía. No tenía ni idea de por qué Gideon nos había sacado de la granja sin previo aviso, y él había dejado claro que no iba a contármelo.

Podía enfadarme. O podía disfrutar de despertarme en sus brazos mientras él estaba en mi cama. Opción dos, por favor.

Se apoyó en la barra y se llevó la mano a la barbilla.

—¿Alguna vez me vas a contar qué está pasando en realidad?

Suspiré. Mis hermanas y yo estábamos muy unidas.

No solíamos tener secretos entre nosotras…

hasta que los tuvimos. Durante años, Summer no nos había contado que había roto con su novio del instituto justo antes de que él se hubiera emborrachado, hubiera tenido un accidente con su camioneta y hubiera muerto.

Solo recientemente se había sincerado con alguien al respecto, empezando por Jonah, el hermano de su ex y su actual marido.

Antes de eso, Wynter se había ido a Colorado para seguir discretamente al que en ese momento era su marido. Él había sido un niño en acogida en nuestra casa cuando éramos pequeñas. Solo nos había dicho que estaba en Colorado por trabajo, pero no por qué.

Quién sabía qué se guardaba Junie para sí misma. Se metía en todos nuestros asuntos cuando tenía tiempo, pero a la hora de compartir lo que pasaba en su vida, no entraba en detalles.

Podía echárselo todo en cara a Summer, como había hecho cuando ella me había confrontado con los demás.

Sin embargo, no podía negar que necesitaba hablar con alguien.

Mi marido me estaba provocando un montón de sentimientos contradictorios.

Era distante, pero inesperadamente atento.

Me dejaba alucinada en la cama, pero no pedía nada a cambio.

Y en ese momento estaba ayudando a su padre, aunque no parecía muy entusiasmado con ello.

Sin embargo, se había saltado un día de trabajo, aunque no me creía que fuera solo para ganarse el favor de su padre e influir en la venta.

Tomé una decisión.

—Si se lo cuentas a alguno de nuestros hermanos, me iré al otro extremo del mundo y me quedaré a vivir allí para siempre.

—Sus cejas claras se arquearon. Odiaba volar.

Mi amenaza era un golpe personal, pero lo decía en serio.

Nuestros hermanos habrían echado a Gideon del pueblo si supieran por qué se había casado conmigo.

Y les habría dado igual que yo hubiera querido sacar algo de aquel trato, algo que no iba a conseguir.

Pulsé el botón para apagar la pantalla de mi tableta.

El inventario iba a tener que esperar al fin de semana.

Les eché un vistazo a los chicos que estaban junto a la ventana.

No nos prestaban atención y sus vasos seguían llenos—.

Hicimos un trato —dije en voz baja—. Acordamos casarnos y aparentar que somos felices para que su padre cambie de opinión y piense que vamos a tener un montón de bebecitos James a los que dejarles la finca.

Se quedó en silencio durante unos segundos, mientras me escrutaba con sus penetrantes ojos marrones.

—¿Qué sacas tú de todo esto?

Agradecí que no diera por sentado que estaba tan enamorada de aquel hombre como para hacer cualquier cosa, que me bastara con ir del brazo de él.

Aunque ese fuera el caso.

—Eh… Quería tener un hijo.

Su grito ahogado llamó la atención de los clientes. Les dio la espalda y se cruzó de brazos.

—Autumn —siseó—. ¿Qué leches…? —Sacudió la cabeza—. Da igual; tiene mucho sentido, la verdad.

¿Debía sentirme ofendida?

—Sí, bueno, eso ya no es una opción. —Se quedó callada, esperando a que yo respondiera.

Tenía la verdad en la punta de la lengua—.

Uno: aún no lo hemos hecho. —La compasión se reflejó en sus ojos y sentí un escalofrío en la nuca—.

La primera noche yo había bebido y él no quiso aprovecharse.

Luego se dio cuenta de lo nerviosa que estaba y dijo que teníamos tiempo para que me acostumbrara a él.

No tardé mucho en notar lo raro que se pone ante la idea de tener un hijo.

—Me lo imagino. No estará pensando en mudarse aquí para seguir con la farsa, ¿verdad? La venta se cerrará o se cancelará a mediados de noviembre. Se vería obligado a abandonar a un niño.

—No, no se va a quedar. —Se abrió una pequeña grieta en mi corazón. Ese era el riesgo de disfrutar de un sueño—. Los papeles del divorcio estarán listos para cuando él lo esté.

—Autumn —dijo ella con tono seco.

—Da igual. No quiero tener hijos con un tipo que no está seguro de quererlos. No me importa ayudarlo a detener la venta. —Ante su mirada de reproche, puse los ojos en blanco—. Sí, ¿vale? Me gusta tenerlo cerca. ¿Puedes culparme? Despertarme junto a eso cada mañana no ha sido ningún sacrificio.

Esbozó una sonrisa.

—Es bonito abrir los ojos y ver a alguien a quien te apetece montar con cada latido del corazón.

—Eso es demasiada información. —Aunque sus sentimientos por Jonah no eran ningún secreto—. Me ayudó a montar el escenario para el programa musical de mañana por la noche. Y hoy ha ido a ayudar a su padre.

—Seguro que no hace falta que te lo diga…

—Su tono indicaba que, de todas formas, me lo iba a decir—.

Pero lleva fuera desde que se graduó. No conoce a su padre sobrio.

Tú y yo no conocemos a su padre borracho.

Hank James es solo un tipo simpático al que vemos por el pueblo.

—Siempre solía decir: «¿Cómo están hoy las chicas Bailey?

» cuando se cruzaba con nosotras por la calle, y siempre terminaba la charla con un «Saludad a vuestros padres de mi parte, ¿vale?

»—. Gideon está pasando por un mal momento emocional, y no me parece una persona que acostumbre a estar en contacto con sus emociones.

—Apreté los dientes. No podía contradecirla—.

Estoy preocupada, Autumn. Veo que te gusta de verdad, y la forma en que te mira y cómo te defendió la otra noche es la única razón por la que nuestros hermanos no lo han tirado por un barranco.

—Me gustaría ver cómo lo intentan.

—Sin duda sería todo un espectáculo. —Suspiró—. Te estás encariñando, te estás haciendo ilusiones de que este matrimonio será real, y él no ve más allá de si su padre firmará los papeles.

—No me estoy haciendo ilusiones. Tengo los papeles del divorcio, listos para firmarlos, ¿recuerdas?

—No podía olvidarlo. Por culpa de eso, no estaba pensando en cómo habría sido despertarme, sonreírle, quizá tener un orgasmo matutino, y luego sentarnos a la mesa con un zumo de naranja y unos huevos, y hablar del día que teníamos por delante.

No pensaba en cómo habría sido que colgara su ropa en mi armario.

Claro, no teníamos mucho espacio, pero podía hacerle sitio.

No pensaba en mudarnos a una casa con más dormitorios y un garaje más grande.

Esa camioneta que mencionó que iba a comprar habría estado aparcada junto a la mía.

¿Iba a entender que no quería construir en mi terreno?

¿O a enfadarse si no pudiera vivir donde se había criado?

—Puedo ver los corazones en tus ojos —dijo Summer. Me dio un apretón en el hombro—. Al menos sigue hablándome, ¿vale? Tú y Scarlett estuvisteis ahí para mí cuando pensé que Jonah y yo habíamos terminado. Y Wynter ya no es una madre primeriza estresada. Todas estamos aquí para ti.

—No, no se lo puedo contar a Scarlett. No puedo esperar que le oculte algo así a Tate.

—Habla con Wynter. Necesita un poco de drama jugoso para alimentar su inspiración en el marketing .

Wynter era la directora de Marketing de Copper Summit y había vuelto al trabajo a tiempo completo rebosante de ideas.

Ya nos habíamos tomado una bebida sin alcohol en el bar llamada Fool’s Gold .

Me imaginaba perfectamente qué se le habría ocurrido a Wynter: «El matrimonio de mi hermana es falso, pero nuestro bourbon no lo es» .

O también podía llamar a una nueva línea «Summit Impulsivo»; o a un barril «Especial Boda en Las Vegas»; ¿«Divorcio a lo Copper Summit »?

Entraron unas cuantas personas más. Dos de ellas eran los pa dres de un alumno que había tenido hace un par de años y otro chico con el que había ido al instituto.

Se sentaron a una mesa al otro lado de la sala, frente a los chicos que estaban junto a la ventana.

Cuando terminé de tomarles nota y de prepararles las bebidas, entraron unas cuantas personas más.

Normalmente teníamos una oleada de clientes los miércoles por la noche, después de la misa, antes de cerrar.

Summer me dio un golpecito en el hombro.

—¿Seguro que no te importa si me voy?