14
G ideon
Me iba a quedar sin tiempo para ir a por los condones.
La noche anterior ella se había acurrucado entre mis brazos mientras yo escuchaba su respiración regular. Me había costado otra hora conciliar el sueño.
Esa mañana mi molesta erección me exigía o bien un alivio, o bien atención médica, pero Autumn tenía que irse a trabajar.
La había dejado en la escuela y ella me había dado un beso tímido antes de bajarse del coche, y luego yo había regresado a la mesa del comedor para la reunión.
La reunión, que yo creía que iba a ser para aprobar el calendario y los costes de la reforma, se convirtió en una reprimenda —no del todo inesperada— por meterme con los porteros del Glitter y en un sutil interrogatorio sobre por qué me había ido a casa.
Si estaban tan preocupados por una emergencia familiar, era mejor no comentarles que me había casado.
Debería haberme sentido halagado porque les preocupara que hiciera las maletas y me largara, pero, al mismo tiempo, estaba cabreado como una mona.
Al parecer, molestarme era su pago por años de servicio diligente.
La ironía me irritaba. La junta se preocupaba por mi ausencia cuando pocos de ellos vivían en Nevada.
O si vivían allí, estaban en sus segundas o terceras residencias, que tenían repartidas por todo el mundo.
Solté un profundo suspiro, deseando poder cerrar el portátil y poner en marcha el programa, ya que la reunión de la junta había terminado, pero Taya seguía al otro lado de la línea.
—¿Podemos pasar al modo de cámara? —preguntó.
—¿Es necesario?
El silencio que siguió a mi pregunta me indicó que no. Taya quería que esa llamada fuera personal, pero yo ya no tenía asuntos personales con ella.
—Muy bien —dijo ella—. ¿Vas a contarme qué está pasando en realidad?
—Ya he dicho todo lo que había que decir.
—Gideon… —Utilizó el mismo tono que cuando se acurrucaba contra mí en el Glitter jamás habría admitido que pensaba que su forma de hacer las cosas era mejor cuando mi proceso funcionaba perfectamente.
Me mordí el labio inferior.
Yo: Sí, pero llegaré más tarde de lo habitual. Gideon me va a recoger después del trabajo.
Pensé que el siguiente mensaje era la respuesta de Summer, pero era de Junie.
Junie: ¡¿QUÉÉÉ?!
No podía acabar de enterarse de mi matrimonio. Le envié un mensaje.
Mi móvil empezó a sonar. El mensaje de Summer apareció en la pantalla antes de que contestara.
Summer: Te recogeré del trabajo de camino al bar.
Me habría gustado salir por la puerta y encontrar a Gideon esperándome después de clase, pero tenía que contestarle a Junie, o no iba a parar de enviarme mensajes. Me llevé el teléfono a la oreja.
—Hola.
—¡Pero qué demonios, chica! —gritó casi cantando.
Hice un gesto de dolor ante su volumen.
—Han pasado cinco días.
—¡Lo sé! He estado evitando el móvil y las redes sociales.
—¿Han salido demasiadas fotos besuqueándote con tu novio?
—Una web acababa de publicar que Junie había empezado a salir con otra estrella del country en alza.
Se le consideraba un auténtico galán. Si te gustaba el tipo de mujeriego reformado, claro.
El único problema era que, según los medios, no se había reformado.
—Siempre me sacan en mal ángulo. —Junie no tenía ángulos desfavorables—. ¡Pues bien! ¡Estás casada! —chilló—. Lo he buscado en Google.
Esperé.
—¿Y?
—¿Alto, moreno y taciturno? Parece que está enfadado todo el tiempo. Me gusta.
Me eché a reír.
—Bueno, eres la única.
—¿Cómo se lo ha tomado mamá? Dios mío, cuéntamelo todo.
—Estoy en el descanso. Solo tengo diez minutos. —Miré la hora en el móvil—. Ocho minutos.
—Habla rápido.
—Me fui de viaje con las chicas, lo conocí en el casino donde trabaja, nos casamos y ahora los chicos están enfadados conmigo. Y Summer y Wynter también. —Mi madre se había dado cuenta de todo, pero no le mencioné esa parte—. Mamá se lo toma con calma. Ya sabes cómo es.
Junie resopló.
—Por eso sé que no somos parientes de sangre. Vale. Te has casado con un tío que es puro sexo con patas. ¿Y ahora qué?
—Yo… no lo sé. —Se me acababa el tiempo, pero Junie estaba emocionada por mí.
Estaba encantada de una forma diferente a la de mis compañeros de trabajo.
Probablemente habría podido contárselo todo y ni se habría inmutado.
Me habría guardado el secreto sin problemas.
Summer y Wynter también, pero era como si ya les hubiera mentido.
Confesarlo me haría sentir peor de alguna manera—.
Quería formar una familia enseguida, pero no sé si eso va a suceder.
—Autumn. —Rara vez había oído a Junie tan seria—. Tener hijos es tu sueño.
—Pero no creo que sea el suyo.
—Ah. Vaya. Quiero decir… ¿Qué vas a hacer?
—Lo hablaremos. Ha pasado menos de una semana.
—Ya lo habíamos hablado. Ni siquiera un mes habría bastado para evitar que se pusiera pálido cada vez que se mencionaban los bebés.
No podía seguir contando medias verdades.
La culpa me carcomería las entrañas—. Siento mucho tener que interrumpirte, pero tengo que volver al trabajo.
—Autumn.
—¿Sí?
—¿Seguro que estás bien?
Después de la noche anterior, mi cuerpo cantaba de placer, y me aterrorizaba un poco que pudiera volver a devorarme.
Solo había usado la lengua y un dedo. Si metía todo el cuerpo en la ecuación, quizá no sobreviviera.
Pero, además, no. No estaba bien. Tenía un marido al que no conocía de verdad.
Tenía un matrimonio de conveniencia que quería que fuera real.
Y tenía una familia que no se creía que un tipo como Gideon pudiera haberse enamorado perdidamente de mí.
Lo único que me quedaba eran mis fantasías.
Probablemente Junie era la que más se lo creía, porque no estaba allí para ver la extraña pareja que formábamos Gideon y yo. El director general del casino y la profesora de colegio.
Le devolví la pregunta.
—¿Y tú estás bien?
—Mmm. ¿Qué tal si nos decimos la una a la otra que estamos bien y seguimos mintiéndonos?
Mi hermana no era de las que lo admitían cuando lo estaban pasando mal. ¿Por qué había dicho eso?
—Junie…
—Estoy bien. ¡Genial! Muac. —Hizo un ruido de beso—. Mantenme al tanto del drama del bebé.
No iba a sacarle nada más. Sabía cerrarse en banda mejor que mis hermanos.
—Te quiero, Junie.
—Te quiero tanto que te incluiré en una canción.
—Escribes canciones de desamor.
Se estaba riendo cuando colgué. Volví a pensar en el mensaje de Summer.
Probablemente quería estar a solas conmigo y, tras el revuelo de los últimos días, iba a venirme bien pasar un rato con mi hermana.
Llamé a Gideon. Era la primera vez que lo llamaba o le enviaba un mensaje.
Llevábamos casados cinco días y era la primera vez que lo hacía.
—Gideon. —Parecía que le faltaba el aliento y se oyó un soplo de viento al otro lado de la línea.
—Hola. —¿Dónde estaba? No tenía un jardín muy grande, pero quizá estuviera disfrutando del buen tiempo en mi césped—. Tengo que encargarme de las cuentas en Copper Summit y luego hacer de camarera, y Summer me ha dicho que podía recogerme de camino allí. ¿Te importa?
—No. —Se oyó un gruñido, pero no era el suyo—. Hank, ya te he dicho que me encargo yo.
—Hace tiempo que no haces esto, Giddy. —La voz de su padre se coló por la línea.
—No me llames Giddy, Hank. —Su respuesta fue más automática que hostil, como la última vez que habían tenido la misma conversación.
Tenía que volver a entrar, pero aún no podía cortar la conversación.
—¿Estás con tu padre?
—Arreglando la valla. ¿Puedo recogerte en Copper Summit cuando hayamos terminado?
¿Quería ver a Gideon sucio y sudado?
—Claro. Será mejor que vuelva a entrar, pero, oye, diviértete.
—Uy, sí, será genial —dijo con aire sombrío antes de colgar.
Le escribí rápidamente a Summer un «Claro» y luego me apresuré a entrar. Podía pasar un rato con mi hermana y luego ver a mi marido. Solo esperaba que el mes que me quedaba con Gideon no se viera truncado por culpa de una valla.