Bourbon promises (Serie Bourbon Canyon 3) 10 #2
32%

10 #2

—¿Salíais juntos? —Me dolían los dientes de apretarlos con tanta fuerza.

—Yo no diría tanto… La primera cita fue más bien un encuentro fortuito en la cafetería. Luego fue como una comida de empresa antes de que empezara el curso, en la que seguimos hablando después. La tercera fue oficial, y luego… Bueno, no te interesa saber nada de eso.

—Te aseguro, señora James, que sí me interesa.

Enarcó una ceja rojiza con aire escéptico.

—Me pidió que fuera con él a Spokane para conocer a sus padres.

Pero qué cojones… Me contuve para no perder los estribos.

—Spokane está a más de seis horas en coche.

—Ya —suspiró ella—. Un viaje de al menos una noche. Es fácil hablar con él, pero no creía que hubiéramos conectado tanto. Ni siquiera habíamos… —Apartó la mirada.

—Supongo que había planeado hacerlo en el viaje a Spokane —dije, irritado. El corazón me dio un vuelco. ¿Y si no la hubiera visto en el ascensor? Habría vuelto a Bourbon Canyon y podía haber aceptado la oferta de Mark.

—Y probablemente ni siquiera sabe que Mae no es mi madre biológica. —Sacudió la cabeza, y los mechones húmedos de su pelo bailaron sobre sus pechos.

Saberlo apaciguó la rabia que crecía en mi interior.

—¿No se lo has contado? —Como si yo le hablara a alguien de mis padres, vivos o muertos. Ella negó con la cabeza y bajó la cabeza. Me senté a los pies de la cama—. Es difícil hablar de la pérdida de un padre. Y tú los perdiste a los dos. Además, resultaste herida.

Sus dedos encontraron el hilo suelto. Puse mi mano sobre el lugar donde tenía los pies metidos bajo las mantas. El gato estaba completamente dormido.

—Summer y yo somos las mayores, así que íbamos en la fila del medio. Mis padres fueron los que recibieron lo peor del impacto al dar vueltas, pero ella y yo también resultamos heridas. Summer estuvo a punto de morir. —Se le formó un pliegue entre las cejas y se señaló el pecho—. Hemorragia interna.

Había pasado por una pesadilla y estaba más preocupada por su hermana.

—Esta cicatriz no es de algo sin importancia.

—No. —Tiró y tiró de la colcha. Como estaba más cerca, podía ver varios remiendos y zonas donde se habían reforzado las costuras.

Quizá deberían haberla cosido con hilos de los que se pudiera tirar sin que no lo deshicieran todo—.

Me machaqué los brazos y las piernas de tanto dar vueltas cuando el coche volcó.

—Hablaba como si intentara mostrarse indiferente, pero también como si comentarlo la hiciera revivirlo—. Aunque tuve suerte.

—¿Era eso lo que te decía todo el mundo para que te sintieras mejor?

Su expresión vaciló antes de asentir.

—No me sentía afortunada.

—Yo tampoco me sentía así cuando murió mi madre. Fue una puta mierda, y está bien decir que todo fue una puta mierda y que lo último que sentiste ese día fue que había sido una puta suerte.

—¿Quién te dijo que habías tenido suerte?

Apreté la mandíbula.

—Todo el mundo. Había tenido suerte de no ir en la moto de nieve con ella.

Había tenido suerte porque aún me quedaba Hank.

Había tenido suerte de haber estado con ella todo ese tiempo…

Todo eso son gilipolleces. —Me levanté y me acerqué a ella, que contemplaba su colcha como si mis palabras estuvieran calando en ella y por fin se estuviera permitiendo repasar el accidente tal y como había ocurrido en su cabeza.

Un suceso horrible que no tenía nada que ver con la suerte.

Me agaché para darle un beso en el pelo.

Al igual que cuando le había tocado la cicatriz, no me di cuenta de lo que estaba haciendo hasta que sus fríos mechones me hicieron cosquillas en los labios.

No tenía ninguna intención de tocarla, y mucho menos de besarla—.

Ponte cómoda, Autumn. Solo tardaré un minuto.

Me llevé el neceser al pequeño cuarto de baño.

No lo desempaqué del todo. Al igual que ella no estaba preparada para practicar sexo, lo admitiera o no, yo no estaba preparado para sumergirme en un matrimonio falso.

No podía arriesgarme a olvidar que, en un mes, todo eso habría terminado.

No estaba preparado para preguntarme si iba a sentirme bien volviendo a visitarla porque tenía un puñetero hijo.

Me lavé los dientes y me puse una camiseta blanca y unos pantalones de chándal grises. Autumn estaba acurrucada de lado con los ojos cerrados. Dudaba de que estuviera dormida, pero fingía estarlo.

Cuando me metí en la cama a su lado y me envolví en su dulce aroma, me quedé dormido. Ni siquiera el gato, que se había adueñado de toda la cama entre dos adultos, perturbó mi sueño.

A utumn

Me desperté acurrucada contra un muro de calor. Una cálida banda de hierro me rodeaba la espalda y tenía la nariz hundida en un pecho firme. El reconfortante aroma a cedro y cítricos me inundaba las fosas nasales.

Estaba de lo más a gusto. Mantuve los ojos cerrados y me acurruqué aún más.

El pecho que tenía bajo la cara se levantó. Abrí los ojos de golpe. ¡Gideon!

Intenté apartarme, pero esa banda que rodeaba mi espalda me mantenía en mi sitio.

—Tienes que sentirte más cómoda conmigo, oxidada.

Ese nuevo apodo me dejó pensativa. También me provocó un cosquilleo en el estómago.

—¿Oxidada?

—Me parece más adecuado para por la mañana. La verdad es que, como aún no nos hemos acostado, no sé qué apodo te queda mejor.

Le di un golpecito en el pecho. Probablemente tenía las mejillas tan rojas como mi pelo.

Él se rio, un sonido agradable y profundo que me hizo sonreír.

—No estoy oxidada —murmuré.

La risa se convirtió en un gruñido, pero se cortó enseguida.

—¿Cómo que no estás oxidada?

Dejé la mano sobre su abdomen. ¿Estaba duro por todas partes? La manta se le había bajado hasta la cintura, así que podía responder a la pregunta. Me quedé donde estaba. En esa posición, no podía verle la cara y no le estaba respirando encima.

—¿Quieres que te pregunte lo mismo?

Su estómago se tensó.

—Me parece justo. Seis meses, creo.

Levanté la cabeza de golpe, olvidándome del aliento matutino.

—¿Tanto tiempo?

Su expresión era más suave y tenía el pelo revuelto.

De repente, parecía accesible. Estaba casada con él, pero verlo así ponía en peligro mi determinación más que cualquier otra cosa.

Normalmente esa clase de hombre estaría fuera de mi alcance.

A la suave luz de la mañana, en mi cama, resultaba intimidante.

Volví a recostar la cabeza antes de que respondiera. Seguía acurrucada junto a él y me sentía feliz de quedarme allí. Disfrutaba de tener a un hombre guapo en mi cama mientras pudiera, de vivir el sueño mientras pudiera.

—Al menos seis meses —reiteró—. Solo lo recuerdo porque coincide con el final del primer trimestre y yo estaba trabajando más con…

—Ya. —Por muy desagradable que fuera escuchar sobre su vida sexual, me gustaba saber que con Taya solo había algo cuando el tiempo y la oportunidad coincidían—. ¿Nada de sexo en el segundo trimestre?

Otra carcajada profunda retumbó bajo mi mejilla.

—La venta del terreno no me convertía en la mejor compañía.

—Lo amable que eres no me parece un motivo de ruptura cuando se trata de ti.

—No paras de mencionar mi aspecto, oxidada.

Resoplé.

—Así de bueno es…

—Además, no me has contestado.

Mierda. Me tocaba a mí.

—Eh… Justo después de Año Nuevo. Probé otra app de citas el otoño pasado y pensé que había encontrado a alguien que podía ser una buena opción.

—¿Una buena opción para qué?

—Para ser mi pareja. Tenía trabajo y su familia era agradable. Parecía respetuoso y me trataba bien.

—¿Y resultó ser un asqueroso?

Recorrí con el dedo sus abdominales. ¿Iba a admitirlo? Ni siquiera se lo había contado a mis hermanas. Vaya vergüenza.

—Lo pillé pajeándose con una foto de Junie. Era su entrevista en la revista Music Today .

Se puso tenso debajo de mí.

—Menudo cabrón.

—¿Te imaginas lo incómoda que sería una cena familiar después de descubrir algo así?

—No me digas que te planteaste quedarte con él.

—Intentaba justificarse, así que le dije que imprimiera una foto de su hermano y que yo me lo haría con ella. —Me mordí el interior de la mejilla para no contar el resto de la historia.

—No me digas que se lo creyó.

Ahí se fue el resto de mi orgullo.

—¿Eres adivino?

—No, es que he visto de todo viviendo y trabajando en un casino durante tanto tiempo.

—La gente a veces puede ser un asco.

—Muchas veces.

Nos quedamos en silencio, pero era un silencio agradable. Entonces Sprinkles saltó a la cama, desfiló por las sábanas y maulló a todo pulmón en mi cara.

—¿Hay algún incendio por ahí? —preguntó Gideon. Sprinkles subió por su pecho, tapándome la cara con su peludo hocico mientras lo hacía. Maulló en su cara.

—Es hora de que coma. Y tenemos que prepararnos para una fiesta. —Me aparté y él me soltó. Sprinkles salió corriendo hacia la cocina. Me levanté de un salto de la cama y me aseguré de que mis pantalones holgados de pijama verdes y mi camisón de gato dormilón lo taparan todo.

—Autumn. —Me giré antes de entrar en el baño—. Deberíamos intimar pronto.

—Lo sé. —Y era verdad. Y cuanto más lo pensaba, más tímida me sentía.

La primera noche con él me habría entregado por completo, como uno de esos bufés por los que Las Vegas solía ser famosa.

En ese momento no estaba segura de poder sobrevivir al volver a mi vida tranquila cuando él decidiera que ya no le servía de nada.

¿El sexo iba a merecer la pena? ¿Iba a hacer que fuera mejor o peor?

—. Gracias por…, ya sabes, por darme tiempo.

La mirada con la que me clavó los ojos era sombría y prometedora.

—El tiempo corre.