9 #2
—Sírvete, Gideon. Aquí no nos andamos con ceremonias.
—Obedecí. Solo habían pasado unos minutos desde que me había reprendido a mí mismo por hacer precisamente eso, pero Mae no era la que iba a comprar la propiedad de mi familia.
Una vez que tuvimos los platos llenos, Mae chascó la lengua.
Tenía un cuchillo en una mano y un tenedor en la otra—.
Bueno. ¿Vas a contarme qué está pasando?
Me pregunto si tiene que ver con esa piedra que lleva Autumn en el dedo.
A utumn
Flexioné la mano izquierda. La piedra en cuestión brillaba bajo la lámpara de araña rústica. No la había escondido, pero no esperaba que mi madre prestara tanta atención a mis manos antes de que diéramos la noticia.
—Nos hemos casado.
La sinceridad era la mejor estrategia con ella. Había criado a demasiados hijos y había acogido a muchos otros como para poder engañarla.
Arqueó las cejas y se recostó en la silla. El cuchillo y el tenedor seguían en alto.
—Vaya…
—Sí —confirmó Gideon, aunque mi madre no le hubiera hecho ninguna pregunta. Agradecí su presencia tranquilizadora a mi lado.
—Los chicos están molestos —dije.
Ella inspiró profundamente.
—Ya. —Dirigió la mirada hacia Gideon y luego hacia mí. Inspiró de nuevo y cortó un trozo de la pechuga de pollo—. Parece una coincidencia tremenda con la venta y todo eso…
—Bueno… —Podía intentar soltar una pequeña mentira—. Mis amigas querían quedarse en el Silver porque sabían que Gideon había venido al pueblo.
Me lanzó una mirada cómplice.
—No me había dado cuenta de que fuera una noticia tan importante.
—Están solteras, mamá. Y él tiene este aspecto.
—Sentí cómo se me sonrojaban las mejillas.
El tenedor de Gideon se detuvo sobre las patatas.
Tenía que saber lo guapo que era. Probablemente las mujeres se lo decían todo el tiempo.
Desahogarme con mi madre justo delante de él me parecía infantil, y había visto de primera mano que él prefería a las mujeres sofisticadas.
Me rugió el estómago. Me moría de hambre y el pollo frito de mi madre era uno de mis platos favoritos—.
Bueno, en fin —dije, clavando el tenedor en un muslo—.
El caso es que entraron en una discoteca y yo me quedé fuera…
—Tragué saliva mientras el calor me subía a la cara.
Muchas gracias, vergüenza—. Gideon pasó por allí por casualidad.
—¿Sueles ir a discotecas? —le preguntó a Gideon como si solo quisiera entablar conversación, pero yo sabía perfectamente que esa pregunta era un sutil interrogatorio. «¿Ibas a la discoteca a divertirte? ¿Vas a menudo? ¿Eres un fiestero?».
—Iba a reunirme con una socia. —Le dio un mordisco al pollo tras cortar con cuidado un trozo.
La imagen de Taya entrando en la disco cuando a mí me habían negado el paso me atravesó la mente. Parpadeé.
—Taya.
Se volvió hacia mí y cabeceó a modo de respuesta.
Le había fastidiado el rollo. Y entonces ella había aparecido a la mañana siguiente. Con una llave de su casa.
Sentí un nudo en el estómago y la nuca se me calentó hasta alcanzar temperaturas nucleares. Él había planeado un rollo de una noche con una mujer guapísima, y se había visto interceptado por mi desgana y mi oportunidad.
Gideon dejó el tenedor y tragó saliva. Me acarició la espalda.
—Autumn me salvó de otra noche aburrida. Hablar con ella fue refrescante.
Parte de mi humillación se evaporó. Casi parecía creíble. No quería echar a perder la comida de mi madre, así que me lo creí. Me permití creer que decía la verdad solo por esa vez. Le sonreí, sorprendida al ver una pizca de preocupación en sus ojos, como si me estuviera preguntando si estaba bien.
—En el club tienen buen bourbon —dije—. Me invitó a un Pappy.
Mamá se rio entre dientes.
—Eso es un punto a tu favor. —Dejó los cubiertos sobre la mesa.
Se le formó un pequeño surco entre las cejas—.
Tendrás que disculparme. ¿Te casaste con mi hija tras conocerla solo un día, y resulta que Bailey Beef va a comprar las tierras de tu familia?
¿El trato sobre el que has expresado abiertamente tu descontento?
Soy una chica de campo de toda la vida. Nací y crecí en Bourbon Canyon, pero no soy ingenua.
Gideon no cogió el tenedor.
—No pensaba que lo fuera, señora… Mae.
—Autumn es especial —dijo mi madre, con tono duro—. Y tampoco es una chica de campo ingenua.
—Créeme, ya estaba al tanto de ello —dijo él con ironía.
Me mordí el interior de la mejilla para no sonreír—.
No me gusta compartir mi vida personal con nadie y Autumn forma parte oficialmente de mi vida personal.
Puedo prometerte que haré todo lo posible por estar a la altura de lo que ella espera de mí, y la trataré con el mismo respeto y sinceridad que ella me ha demostrado.
Lo miré fijamente. Él no me miraba. ¿Se sentía incómodo con lo que acababa de decir? ¿Estaba mintiendo?
No, había sido cuidadoso con la forma en que había ordenado sus palabras. Gideon no parecía el tipo de persona que hiciera promesas que no esperara poder cumplir.
—Me alegro de oírlo —dijo mi madre al cabo de un momento—.
Somos una familia numerosa, Gideon. Va a ser difícil evitar que los demás quieran entrometerse, pero lo respetaré en la medida de lo posible.
No puedo hablar por mis hijos. Pero quiero que sepas que ahora formas parte de esta familia.
—Gideon se puso tenso a mi lado y ella volvió a coger los cubiertos—.
Comamos antes de que se enfríe el pollo.
Os resultará más fácil fregar los platos antes de que todo se endurezca en las sartenes.