Bourbon promises (Serie Bourbon Canyon 3) 8
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G ideon

Me senté en un sofá sorprendentemente cómodo, aunque demasiado florido para mi gusto. Autumn estaba acurrucada a mi lado, con su mano entre las mías.

Le acaricié la piel con el pulgar. Prácticamente temblaba mientras nos enfrentábamos al pelotón de fusilamiento formado por sus hermanos.

Los primeros en llamar con insistencia habían sido Tate y Teller. Tenor había llegado a continuación. Odiaba enfrentarme a ellos en la destilería. Estaba en la propiedad de los Bailey, pero ese lugar era ya más mío que suyo.

Justo cuando se estaban recuperando de la sorpresa de verme, Summer y Wynter habían llegado con el marido de Wynter —Myles— y una bebé.

Autumn me susurró quién era cada hermana.

Summer, la hermana mayor, estaba junto a Tate, lista para tomar las riendas.

Myles estaba en ese momento en el dormitorio, cambiándole el pañal a la bebé.

Wynter merodeaba por el pasillo como si esperara tener que frenar una estampida en cualquier momento.

No tenía por qué preocuparse. Los chicos iban a intentar echarme de casa, no a hacer que entrara más.

—Solicitad la anulación —exigió Tate.

—No —dijimos Autumn y yo al unísono. Ella me dedicó una sonrisa burlona y no pude por menos que corresponder al gesto con otra pequeña de mi propia cosecha. Nuestra respuesta simultánea había hecho enrojecer el rostro de Tate. El rubor se veía incluso bajo la espesa barba del hombre.

—Autumn… —dijo Summer, pasándose un largo mechón de pelo teñido de rojo fresa por detrás de la oreja.

Tenía más o menos el mismo aspecto que de niña, pero también era completamente diferente.

Recordé cómo eran todas las hermanas Kerrigan cuando habían llegado por primera vez al pueblo.

La forma en que se movían, como si prefirieran estar en cualquier otro sitio, como si estuvieran eternamente perdidas y como si las persiguieran los fantasmas. Cuatro chicas perdidas.

No les habría prestado atención, pero mi madre me había hablado de ellas. Mucho. Se había identificado con ellas y quizá había deseado poder ayudarlas. Quizá fuera tan sencillo como querer tener una hija.

En realidad, no había visto a Autumn tan a menudo como a las demás.

Un recuerdo se removió en lo más recóndito de mi mente. Habían resultado heridas. Tanto Autumn como Summer . Mi madre se había preocupado mucho por su recuperación. Summer se había recuperado bastante rápido, pero Autumn había necesitado más tiempo.

—¿Podemos hablar contigo? —La mirada de Summer se posó en mí y luego volvió a su hermana—. En privado. Con Wynter. Quizá podamos llamar a Junie.

—Junie será la única que me felicite —dijo Autumn con aire remilgado.

—¡No hay nada que felicitar! —Teller señaló con el brazo hacia mí—. Te está utilizando.

Autumn puso los ojos en blanco, y, joder, me encantaba cuando se le encendía ese fuego interior.

—Te agradezco mucho tu confianza en mí.

Casi me echo a reír. No tenían ni idea de que su hermana me había acorralado justo cuando la estaba llevando hacia mi red.

—Vosotras no conocéis a tíos como él. Nosotros sí —dijo Tate, dándose un golpecito con el dedo en el centro del pecho.

Autumn se contoneó y enderezó la espalda como una tabla. Habría preferido que sus caderas no rozaran las mías delante de sus hermanos.

—Ya has dicho todo lo que tenías que decir…

—Y una mierda —espetó Teller. Era el que más se parecía a Tate, con el pelo oscuro.

Llevaba la barba más corta. Paseaba de un lado a otro por el pequeño salón, con los brazos en jarras.

Estaba sucio, como si lo hubieran sacado de en medio de las tareas del rancho—.

¿En qué estabas pensando? ¿Pensabas siquiera? ¿O creías que un tipo como este …?

—Harías bien en cerrar la boca ahora mismo, joder. —Me contuve para no gruñir—. Nadie le habla así a mi mujer.

Teller se detuvo, atónito. Tate me observó entrecerrando los ojos.

Summer parpadeó y se volvió hacia Wynter.

Myles apareció desde el pasillo y la bebé se me quedó mirando fijamente, con sus pantalones de volantes y su barriguita al aire.

Parpadeaba con esos ojos grandes e inocentes como si me estuviera preguntando si estaba preparado para tener a alguien como ella.

¿Iba a dejar embarazada a Autumn, a conseguir mis tierras y luego a volver a Las Vegas a fingir que estaba soltero?

Un sabor amargo se extendió por mi lengua. Quería que todos se fueran cuanto antes. Sobre todo la niña.

—Ya os hemos dado la noticia. Mi padre os ha invitado a todos a una cena para celebrarlo. No espero nada más que el mismo respeto que le habéis mostrado hasta ahora.

—¿La venta sigue en pie? —preguntó Tenor.

De los tres hermanos Bailey, él era el más ecuánime.

Llevaba unas gafas negras de montura gruesa, tenía el pelo de un castaño más claro que el de sus hermanos y no llevaba barba.

Andaba encorvado, como si fuera muy consciente de que su corpulencia podía ser intimidante, o como si pensara que aquella casa lo asfixiaba.

Y no era de extrañar, con todos ellos apiñados en el salón.

Era, sin duda, el menos hostil del grupo, pero no descartaba que me atacara si pensara que iba a hacerle daño a Autumn.

Al menos, si lo hiciera, me lo habría merecido: Tenor pensaba antes de actuar o hablar.

—Ya se verá. —Deberían haberme dado un puñetero premio por no dejar que la arrogancia se colara en mi respuesta.

Autumn carraspeó.

—¿Vais a venir o no?

Teller seguía con los brazos en jarras, pero no apartaba los ojos de la mano que yo tenía entrelazada con la de Autumn. Tate había adoptado la misma postura. Wynter cogió a la bebé de los brazos de Myles y nos observaba.

—Tengo una pregunta. —Summer se cruzó de brazos—. ¿Qué le vas a decir a mamá?

A utumn

Solo quería cerrar los ojos con fuerza y hundir la cabeza en el robusto hombro de Gideon. Mamá.

Estaba preocupada por mis hermanos y sus reacciones. Incluso me preocupaba lo que iba a decir Summer. Wynter y Junie no se entrometían como los demás. Pero mi madre…

Iba a quedarse encantada con que me hubiera casado, pero si se enteraba de que era un matrimonio falso iba a destrozarla. Le habría horrorizado saber que había negociado para tener un bebé.

—Voy a hablar con ella. —Quería apretar la mano de Gideon contra mi pecho.

Mi madre nos había aceptado a mí y a mis hermanas desde el principio.

Lo último que quería era sentir que estaba traicionando su confianza.

Nunca le había mentido. Del mismo modo, siempre le había ocultado lo mucho que me irritaba la actitud autoritaria de mis hermanos.

—¿Y qué le vas a decir? —preguntó Teller en un tono más suave que el que había estado utilizando hasta entonces. Tenía que agradecérselo a Gideon. Cuando me había defendido, había forjado nuestra alianza. Él no era ningún dios del casino y yo no era solo la tímida profesora. Éramos un equipo.

Levanté la barbilla.

—Eso es cosa nuestra y de mamá. Te agradecería que nos dejes contárselo a Gideon y a mí.

Wynter se balanceaba de un lado a otro con Elsa.

—Tendréis que hablar con ella pronto. Sin ánimo de ofender, Gideon, pero a tu padre le encanta compartir lo que le hace feliz, y si este anuncio lo ha emocionado, probablemente le contará a todo el mundo lo de su nueva nuera.

Hank parecía un tipo al que le encantaba compartir lo que le hacía ilusión. Si hubiera sido así cuando Gideon era pequeño, en ese momento no habría estado ahí con un hombre taciturno y tan rígido como la puerta de un granero.

Le eché un vistazo a Gideon y me sentí atraída por él al instante. Mandíbula marcada. Nariz larga y recta. Ojos penetrantes. Se había afeitado esa misma mañana, pero ya le asomaba una ligera barba oscura en la mandíbula. ¿Cómo me habría sentido al tener esa barba incipiente bajo mis dedos?

No podía creer que estuviera sentada tan cerca de él ni que nuestras manos volvieran a estar unidas. Me estaba acostumbrando a tocarlo, a sentarme pegada a él, pero, al mismo tiempo, nunca iba a acostumbrarme del todo.

Pero ese momento era más que eso. No era solo un chico guapo: también era un hombre que tenía un montón de sentimientos hacia su familia. Su tensión con su padre no era normal y el comentario de esa mañana sobre aprender a cocinar o pasar hambre lo decía todo.

Gideon sentía las cosas muy profundamente. ¿Alguien más, aparte de mí, había sido testigo de sus emociones?

Cruzó la mirada conmigo, con esos sentimientos bullendo en lo más profundo de sus ojos. En su rostro se leía una leve duda. ¿De qué estábamos hablando?

Ah. Mi madre.

—Deberíamos decírselo en persona. No me parece bien hacerlo por teléfono.

—Entonces, nos vamos ya. Que se vayan.

Sonreí y le di una palmadita en el brazo.

—Todo esto va muy rápido. —Quizá no fuera el mayor admirador de mis hermanos, pero ese proceso habría sido mucho más fácil si se comportara de un modo un poco más afable.

—¿Qué creías que iba a pasar al volver de Las Vegas casados? —Tate levantó las manos cuando Gideon le dedicó una mirada fulminante—. Solo digo que estamos preocupados por nuestra hermana. Y eso no debería sorprenderte.

—Tienes razón… Quizá no lo pensé demasiado.

—Apreté con más fuerza la mano de Gideon para acallar la discusión que notaba que se estaba gestando en su interior—.

Igual que Wynter no se lo pensó mucho cuando solicitó trabajar para Myles.

—Wynter parpadeó, pero siguió meciendo a la bebé.

Le dedicó a Myles una sonrisa tranquilizadora.

Él fruncía el ceño, probablemente porque le habían llamado la atención a su mujer.

Qué pena—. O estaba pensando tanto como Summer cuando se marchó de su boda para quedarse con Jonah.

Gideon ladeó la cabeza mirando a mi hermana. No debía de haber oído esa historia.

—Bueno… —Summer se balanceó de un pie a otro—. Es que mi prometido acababa de abofetearme.

Gideon se estremeció. La ira que irradiaba era casi palpable. Una buena señal de que le molestaba saber que un chico le había pegado a mi hermana.

—Pero no quisiste enfrentarte a nosotros.

—Me había molestado un poco. Había hecho todo lo posible por entenderla.

Yo no había pasado por lo mismo que ella, y me habría gustado pensar que no habría salido con un tipo como su ex, pero había salido con suficientes inútiles como para no poder decir nada—.

No estabas precisamente preparada para explicar lo que pensabas, y te dimos tu tiempo. —Me volví hacia Tate.

Mi hermano mayor esbozó una sonrisa burlona.

—No puedes meterme en el mismo saco que a ellos, ya que fuisteis vosotros los que os metisteis en mi vida sentimental y me hicisteis acabar con Scarlett.

Ahí me había dejado sin palabras.

—Esa te la voy a pasar…

La sonrisa de Tate era cálida, pero la preocupación no desaparecía de sus ojos.

—Mañana iremos a la comida con Hank, pero no vamos a echarnos atrás con el trato inmobiliario. —Miró a Gideon—. Eso depende de tu padre. Y espero que, mientras estés aquí, te des cuenta de que ya no es el hombre que crees que es. Ya no es un viejo borracho.

—Sé muy bien la clase de hombre que es.

Tate tensó la mandíbula. Ninguno de ellos podía discutir lo que Gideon había pasado, y les agradecí su consideración.

—Como he dicho, eso es cosa tuya y de él. —Tate miró a Teller—. Por nuestra parte, todo está listo, y solo estamos esperando la respuesta del banco. Mañana, entonces. Envíanos los detalles y lo que podamos llevar. Ya sabes que mi madre querrá preparar algo de comer.

Salió por la puerta. Tenor iba justo detrás de él, pero Teller se detuvo y se volvió hacia Gideon.

—Hazle daño a mi hermana y dará igual lo que digas. Te enterraremos a más profundidad que altura tiene ese casino tan elegante tuyo.

Salió por la puerta y yo me quedé boquiabierta. Le eché un vistazo a Gideon, pero su perfil firme no se había alterado. Estaba más tenso en ese momento, en que solo quedaban mis hermanas.

—Junie se va a volver loca —dijo Summer—. ¿Tenemos que esperar para decirle algo?

—¿Te mueres de ganas de contárselo?

Se llevó la mano al pecho.

—Me muero de ganas de contárselo a alguien que piense que estás loca, pero que no esté dispuesta a destripar a tu marido y a convertirlo en cebo para osos. Sin ánimo de ofender, Wynter. No hemos tenido mucho tiempo antes de venir corriendo hasta aquí.

Wynter le dio una palmadita en la espalda a Elsa.

—Estaba en medio de la extracción. En realidad, tenía que habérselo dicho primero a Myles, que no quiere tener nada que ver con el asunto.

Myles negó con la cabeza.

—Te quiero como a una hermana, Autumn, y no estoy de acuerdo con tus hermanos. Creo que puedes manejar a tu nuevo marido.

Esa idea me revolvió el estómago. No había sabido manejar a Gideon en absoluto. Tarde o temprano íbamos a llegar a esa parte del trato, y no debíamos esperar por si la venta se hacía definitiva demasiado pronto.