Bourbon promises (Serie Bourbon Canyon 3) 7 #3
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Era mi familia la que podía echarlo todo por tierra.

Enderecé los hombros. Era adulta y podía tomar mis propias decisiones.

—¿Hola?

—¡Dios mío, Autumn! —exclamó Scarlett con un suspiro de alivio—. Todos estábamos muy preocupados por ti. ¿Estás bien? ¿Dónde estás?

No estaba preparada para ninguna de sus preguntas. Necesitaba más tiempo, pero las cosas se estaban moviendo a la velocidad del rayo.

—En el pueblo.

Otro suspiro de alivio.

—¿Estás en tu casa?

—Nos hemos pasado por allí, pero luego…

—¿Nos?

—Sí, eh…

—¿Has vuelto a casa antes por Mark?

Casi le pregunto quién, pero claro, Mark…

—No, no tiene nada que ver con Mark.

Gideon apretó el volante con fuerza. No le caía bien Mark. Y yo no podía decir que me molestara su reacción después de haber visto a Taya.

—¿Has conocido a alguien en tu viaje? —Su pregunta combinaba a partes iguales interés y preocupación.

—Sí, pero en realidad es de aquí.

—Autumn —intervino Tate .

Sentí un nudo en el estómago. No estaba preparada para enfrentarme a mi familia.

—¿Estoy en altavoz?

—No lo estabas —dijo Scarlett con tono molesto—. Parece que mi marido se ha olvidado de los modales.

—¿Quién es? —exigió saber Tate.

Se me hizo un nudo en la garganta.

—Tate, escucha…

—Las chicas le han dicho a Scarlett que te quedaste en el Silver. ¿En qué estabas pensando?

Sentí cómo se me calentaba la nuca. Mi hermano hablaba lo bastante alto como para que Gideon lo oyera.

—¿En que no necesito tu permiso?

—¿Quién es?

Mi hermano no era tonto. Había estado al mando de Copper Summit hasta que mi padre había enfermado de cáncer y ya no podía dirigir la destilería de Bourbon Canyon ni ocuparse del rancho.

Tate había dejado la destilería de Copper Summit en Bozeman y se había hecho cargo del rancho, pero seguía creyéndose el jefe de todo, igual que cuando mis hermanas y yo llegamos por primera vez a casa de los Bailey.

—Tate…

—Autumn, estás dándole largas al asunto. Sé que no me va a gustar la respuesta. Dime que es una puñetera coincidencia y que has vuelto a conectar con un tipo como Layton Kramer.

—¿Mi pareja del baile de fin de curso? —Levanté la voz.

Gideon giró bruscamente la cabeza hacia mí, pero tuvo que volver a centrarse en la carretera.

Cuando apartó la vista de mí, también lo hizo su calor, pero yo ya estaba bastante enfadada con la intromisión de Tate—.

Besó a otra chica en el armario del conserje mientras yo estaba en el baño.

Los nudillos de Gideon se pusieron blancos sobre el volante. ¿Estaba molesto por mi historia, porque lo estaba retrasando, o es taba legítimamente enfadado en nombre de una Autumn de dieciocho años que había pensado que Layton podría haber sido el hombre de su vida?

—Ya sabes a qué me refiero —dijo Tate.

Solté un suspiro . Ya estaba harta de esa conversación.

—Bueno, no te lo voy a contar por teléfono. Adiós, Tate. Lo siento, Scarlett.

Colgué justo cuando se oía el «Lo siento mucho» de Scarlett.

Me aparté un mechón de pelo de la cara. Metí el móvil en la guantera.

—Eso no ha sido decírselo —comentó Gideon con tono tranquilo—. Pero sí una jugada impecable para tener una posición de fuerza.

Me reí, liberando la tensión acumulada. ¿Estaba yo también radiante?

Gideon me había hecho un cumplido. Claro, no era por mi aspecto, pero pensaba aceptarlo sin reservas.

Mis hermanos solían ver en mí a aquella niña que aún se estaba recuperando de las lesiones que había sufrido en el accidente que se había cobrado la vida de sus padres.

—Gracias. Pero prepárate para recibir visitas cuando lleguemos a casa.

—Volvió a deslizar su mirada oscura en mi dirección.

«… Cuando lleguemos a casa» . Me gustó cómo sonaba eso.

¿Él estaba nervioso? Unos minutos más tarde, entramos en casa.

Me había dejado el móvil en el coche. Me dirigí con paso firme a la cocina—. ¿Tienes hambre?

—Me muero de hambre.

Eché un vistazo por encima del hombro, pero estaba con el móvil. Así que no era una de esas respuestas con doble sentido. Se moría de hambre de verdad. De comida.

¿Era tan malo que sintiera celos del móvil que sostenía holgadamente en su gran mano mientras acariciaba rítmicamente la pantalla con el pulgar?

Quería quedarme embarazada de ese hombre, lo que significaba que teníamos que…

Un escalofrío me recorrió la piel. Me entretuve mirando en el congelador y en la nevera . Gideon se quedó donde estaba, con la atención puesta en su móvil. Intenté no sentirme decepcionada. Quizá fuera bueno que me recordara constantemente que aquello era un acuerdo de negocios.

Volví a preparar una cena temprana.

El viaje había durado tres días, y tenía pensado hacer la compra de camino al pueblo al salir del aeropuerto, pero eso había sido antes de casarme y llevarme a un hombre a casa.

Tenía carne picada. Había pasta en el armario. Podría improvisar algo…

Alguien llamó con fuerza a la puerta principal. Muy fuerte.

Me di la vuelta de un salto. La cara de Gideon rebosaba de satisfacción; se guardó el móvil en el bolsillo trasero.

—¿Lista, esposa?