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A utumn
¿Sabía quién era yo?
El corazón me latía a mil por hora contra las costillas. ¿Gideon James sabía quién era yo?
Me quedé mirándolo tanto rato que las puertas del ascensor se cerraron y, una vez más, aquel espacio me pareció demasiado pequeño para albergar a alguien tan alto e imponente como él. Debería haberme bajado, pero el asombro me había dejado paralizada.
—Tú… eh… Sabe…
—Me encargo de saber qué está haciendo la familia que intenta destruir mi legado.
Mis hermanos no solían compartir conmigo muchos detalles concretos sobre la destilería y el rancho, pero había oído hablar de la compra de tierras.
Todos habíamos tenido que dar nuestro visto bueno, pero no había sido más que una mera formalidad.
Teller nos comunicaba los planes de nuestros hermanos y, si no poníamos objeciones, se llevaban a cabo.
Si teníamos alguna objeción, lo más probable era que mis hermanos se salieran con la suya de todos modos.
Tate quería contratar a alguien para cultivar las tierras de los James.
Su nombre oficial era Percival Farms. Parte de ellas solo servían para la ganadería, pero un par de parcelas eran ideales para la agricultura.
Con eso, la destilería familiar, Copper Summit , podía abastecerse de sus propios cereales en lugar de estar sujeta a los caprichos del mercado y de los agricultores de Montana.
Íbamos a ser al mismo tiempo los agricultores y el mercado.
Bueno, iban a serlo mis hermanos. Ellos dirigían los negocios y rara vez me pedían mi opinión.
Gideon ladeó la cabeza. Seguía con la mano en el bolsillo y continuaba apoyado contra la pared. Aquel hombre estaba para comérselo.
La forma en que se le curvaba la boca, un poco burlona, un poco sarcástica, debería haberme molestado.
Pero antes de que mi padre muriera, nos había dado a cada uno de sus hijos una parte de las tierras de Bailey.
A mí me había tocado la parcela más cercana a la destilería.
Había un arroyo que atravesaba la finca, múltiples senderos de animales salvajes y, lo que más me gustaba, arbustos de arándanos.
Montones de ellos. ¿Cómo me habría sentido si mi padre hubiera intentado venderla antes de morir?
Me habría partido el corazón.
—Creo que nadie ha pensado en lo duro que iba a ser para usted.
El ascensor se detuvo y no presté atención al número de la planta. Tres tipos se apiñaron en la cabina y una vaharada de olor a alcohol me rodeó. Me acerqué poco a poco a Gideon, cuyo aroma era cedro y cítricos.
Tensó la mandíbula.
—No creo que les importe.
—Son negocios. Así de sencillo.
Apretó los dientes y me inmovilizó con su mirada oscura. Sus ojos verde pálido se oscurecieron.
—Touché.
Esa pequeña sensación de triunfo fue fugaz.
—Por si sirve de algo, entiendo lo enfadado que está. Si estuviera en su lugar, yo también estaría enfadada con mis hermanos.
Nos detuvimos y los chicos se bajaron. De nuevo, cuando se cerraron las puertas, nos quedamos solos.
No nos separamos.
—¿Copper Summit no es una empresa familiar?
Sabía lo que me estaba preguntando. ¿Acaso yo no tenía voz ni voto? ¿No éramos todos nosotros el cerebro detrás de la operación? Eh… No. Pero no iba a dejar entrever lo poco que podía opinar.
—Lo es, pero Bailey Beef se encarga de las compras. Yo solo soy una de las Bailey.
—Pensaba que diría que es una Kerrigan.
—Supongo que sabes mi nombre de pila, Gideon. Puedes usarlo. No eres uno de mis alumnos.
Sus ojos se iluminaron.
—Autumn. —El ascensor se detuvo. Cuando se abrieron las puertas, el murmullo de la planta principal inundó el pequeño espacio.
Los graves sordos del club se propagaban a través del suelo, recordándome mi humillación de hacía un rato, aquella que le había confesado al hombre más guapo que había visto en mi vida.
Él y yo íbamos a separarnos en breve. Yo iba a irme a mi habitación y él…
No lo sabía. ¿A su mansión en las colinas?
¿A entrar en el Glitter saltándose la cola porque era el jefe y el hombre más guapo que había pisado aquel local?
¿A encontrarse con su novia, que debía de ser tan guapa como él?
Nada de eso era asunto mío, pero cuando estaba a punto de despedirme de él, me di cuenta de que me estaba observando—.
Dime, Autumn. —Su voz era suave y me llenaba de una calidez que solo el mejor bourbon de Copper Summit podía provocar—.
¿Te gustaría ver las partes del casino que tienen mejor gusto?
G ideon
Esperé por su respuesta mucho más tiempo del que lo habría hecho normalmente si hubiera invitado a salir a una mujer. Y hacía años que no lo hacía. Décadas, incluso.
Desde la universidad, probablemente.
En general, las mujeres me hacían sentir como si volviera a ser un adolescente, deseando la atención y la aprobación de quienes me rodeaban y sin conseguirlas. Durante los últimos años, salir con alguien no había merecido la pena. Por eso me acostaba con Taya cuando nos iba bien a los dos.
Mierda, Taya. Me estaba esperando.
Autumn entrecerró los ojos, pero salió del ascensor. La seguí, como una polilla atraída por la llama de su pelo.
Se hizo a un lado y se volvió hacia mí.
—No hay nada que puedas mostrarme que compense lo absolutamente inútil que me ha hecho sentir tu club. Pero gracias por la oferta. Quizá me vaya a dar una vuelta un rato.
«Lo absolutamente inútil…» . Al oír esas palabras, una emoción similar se apoderó de mí. Sabía cómo se sentía.
Aparté ese sentimiento. La venta del terreno estaba sacando a la luz toda clase de pensamientos que hacía tiempo que no tenía. La ira era más agradable. El resentimiento era más útil.
«Pero gracias por la oferta» .
No, su actitud frívola no servía. No podía permitir que regresara a Bourbon Canyon y contara la mala experiencia que había tenido.
—Un momento, por favor. —Saqué el móvil y le envié un mensaje rápido a Taya.
Yo: No puedo quedar. Tengo que hacer de guía a un vip. Empezamos por el club.
Esa era la señal para que me dejara en paz de una vez. A ella no le gustaba atender a los vip, por eso se dedicaba a los números y me dejaba a mí las charlas sociales. A mí no me gustaba esa tarea; no se me daba bien, pero para eso me pagaban: para hablar de negocios.
Me guardé el móvil en el bolsillo de la chaqueta y le tendí el brazo.
—Déjame ayudarte. —Autumn me miró con recelo.
Al final, pasó su pequeña mano por mi brazo.
Su calor se filtró a través de la tela y la dulzura de su aroma se intensificó.
¿Se trataba del perfume o era naturalmente dulce?
La conduje hacia la entrada del club. La cola era más larga que antes.
Se tensó un instante antes de aflojar la mano, y yo puse la mía sobre ella—. No pasa nada, Autumn.
Mantuve mi mano sobre la suya mientras pasaba junto al portero. No sabía cuál de los dos había rechazado a Autumn, pero les dediqué una mirada severa.
El primer portero palideció, y el segundo articuló «Joder» con los labios cuando creyó que no podía verlo.
Mi móvil vibró en el bolsillo. Probablemente era Taya, pero yo estaba con mi vip.
Autumn se quedó rígida mientras pasábamos junto a la multitud que esperaba para entrar.
Alguien murmuró «¿Por qué demonios la dejan entrar?».
Un grupo de mujeres se rio entre dientes. Los chicos que las acompañaban lucían expresiones de suficiencia. Todos parecían listos para una sesión de fotos profesional.
Eran justo la clase de público que Glitter la clase no tiene nada que ver con la cantidad de piel que se muestra.
—El gerente de Glitter iba a pasar por encima de mí para llegar a la junta directiva en cuanto se enterara de lo que había hecho.
Pero me daba igual. Iba a estar preparado—.
Si alguien no es respetuoso, se va. ¿Entendido?
Los dos hombres asintieron.
Me volví para mirar el mensaje que me había llegado al móvil.
Taya: Uf. Me voy. ¿Nos vemos por la mañana?
Gideon: Claro.
El alivio de no tener que lidiar con las preguntas de Taya sobre por qué Autumn era una invitada vip calmó un poco la ira que me habían provocado el comportamiento de los porteros y el gentío.
Ella iba a usar la salida de empleados, así que no tenía que preocuparme por contarle quién era mi invitada.
No podía explicarle por qué me mostraba tan a la defensiva con la recién llegada.
La empresa de su familia, un negocio en el que ella tenía participación, estaba intentando hacerse con Percival Farms. Pero no podía dejar de pensar que ella podía serme útil.
Solo necesitaba pasar más tiempo con ella para saber cómo.
Autumn se abrazaba a sí misma como si intentara encogerse contra la pared, pero la cascada pelirroja de su cabello no iba a permitirle pasar desapercibida, y tampoco esas curvas.
¿Cómo lo habían pasado por alto los porteros?
Le tendí el brazo una vez más.
—¿Vamos?
Era hora de responder a la pregunta que me rondaba la cabeza.
El destino se había portado como una zorra sarcástica conmigo hasta ese momento, pero quizá acababa de dejarme un regalo en las manos.
Solo tenía que abrir el corazón de Autumn y averiguar cuál era su papel en la salvación de mis tierras.