14 Ajuste de Cuentas #2
─Nadie gasta tanto dinero tan rápido, sin importar cuántos zapatos elegantes o vestidos de mujerzuela compre ─respondió─. ¿En verdad cree que somos tan estúpidos?
─Para ser honesta, ¡sí! ─contestó Rachel─. Y te haré saber que no me gasté todo ese dinero en mí misma, sino ¡regalándolo!
─¡Ja! ¡Claro! ¿A quién?
─A la gente que realmente lo necesitaba, imbécil ─dijo Jack─. Trabajadores del ferrocarril. Viudas.
Telly y Stanton comenzaron a titubear.
─Mienten ─dijo Alan─. Nadie haría eso.
─Quizá no un sucio ladrón de medias como tú ─respondió Rachel─. Pero una dama que ya tiene casi todo lo que necesita ─miró brevemente hacia Jack─. ¡Sí!
Rachel guiñó el ojo y Alan frunció el cejo, inquieto.
─¡Dijiste que ella tenía el dinero! ─le reclamó Telly.
─¡Esto no cambia nada! ─dijo Alan─. ¡Yo les pagaré!
─¡Ja! ─rio Rachel─. ¡Ni siquiera tienes esa clase de dinero!
─¡Sí, lo tengo!
─No, tu padre lo tiene ─corrigió Jefferson─. Tú no tienes nada.
Rachel miró a Jefferson, sorprendida, pero reconfortada por su apoyo.
─¡Sí! ─siguió ahora Jack─. ¡Y todos ustedes están secuestrando a tres personas!
¡Ese es un crimen mayor! Se paga con la horca.
Stanton dio un trago de saliva, nervioso.
─¡No lo escuchen! ─gritó Alan.
─¡No, escúchenme a mí! ─repuso Rachel─. ¡Están trabajando para alguien cuya riqueza viene de la explotación de gente vulnerable y la cual siempre termina pagando el precio más alto! ¡Están ayudándolo a secuestrar tres personas! ¿Qué creen que pasará luego? ¿A quién creen que culparán?
─¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate! ─exclamó Alan, no soportándola más.
Se levantó y apuntó su arma al rostro de la joven. Ella sólo sonrió.
─¡No tienes las agallas! ─lo provocó.
─¡Rachel, no! ─pidió Jack.
─¡Si lo detienen, les daré diez mil dólares a cada uno, ahora mismo! ─dijo
Jefferson.
Stanton apretó los labios, interesados. Telly frunció el cejo, titubeante.
─Había dicho doscientos mil… ─dijo.
─¡No, no, no! ─gritó Alan─. ¡Conseguiré el dinero! ¡Sólo hagan lo que les digo! ¡Yo soy su jefe!
¡Ah! ¡Cómo odiaba Telly esa palabra! Lo hacía enfurecer, especialmente si lo decía algún mequetrefe a quien podía vencer de un golpe.
─¡Nadie es mi jefe, ¿oíste!? ─gritó, agarrando a Alan por la ropa─. ¡Especialmente no un patético hombrecito que falla a sus promesas!
Arrojó a Alan contra la pared y se paró frente al trío en el suelo.
¡Y no caeré en tus trampas, granuja! ─siguió─. ¡Ya me busca la horca, así que
me da lo mismo si le agregan secuestro a mis crímenes! ¡Conseguiré mis doscientos mil dólares o les volaré las cabezas a todos ustedes aquí mismo, ¿entendieron!?
Les apuntó con el arma, cuando… ¡BANG! ¡BANG!
Disparos azotaron contra la carreta desde el exterior.
¡Dolores y su pandilla se acercaban! Elam trataba eludirlos, pero con sólo un brazo en funcionamiento, era difícil.
La carreta brincaba arriba y abajo con toda torpeza, y esto hizo que Telly se golpease la cabeza.
─¡Ah, maldita sea! ─gritó y comenzó a disparar hacia afuera, salvajemente.
Stanton, nervioso y fastidiado por la actitud egoísta de Telly, notó la convincente mirada de Jack que lo provocaba a alzar la voz. Era cierto. Telly era un bastardo que nunca pensaba en su pandilla y que sólo se aprovechaba de ellos, y Alan no era mejor. Al contrario.
Era una clase de jefe criminal todavía más vil y peor, y no tenía caso arriesgarse por ellos.
Con un profundo respiro, Stanton se hizo de valor y apuntó su arma a Telly.
─¿T-Telly? ─le llamó─. Ya es suficiente.
─¡¿QUÉ!? ─Telly se volteó y vio a su colega rebelándose contra él─. ¡¿QUÉ RAYOS CREES QUE ESTÁS HACIENDO!?
Un disparo de Dolores abrió la puerta de la carreta a su espalda.
─¡Ya-Ya he tenido suficiente de ti! ─dijo Stanton─. ¡Tú-Tú no respetas nuestras aportaciones! ¡No nos valoras! ¡Todo es sobre ti, todo el tiempo!
─¡¿Eres una maldita mujer o qué!?
─¡Oiga! ─protestó Rachel, ofendida.
─¡Vas a hacer que nos maten a todos! ─siguió Stanton─. Por favor. Basta.
─¡Maldito traidor! ─gritó Telly.
Le quitó el arma de la mano. Un disparo se soltó contra el asiento y Rachel gritó.
Jack logró cortar los amarres en sus muñecas y se lanzó contra Telly. Dado su brutal tamaño y fuerza, el líder criminal logró forcejear con Jack y Stanton a la par, hasta que, tras un paso en falso, ¡el trío salió volando de la carreta!
─¡Jack! ─gritó Rachel, aterrado.
Aprovechando la distracción, Alan recuperó su valor y dijo:
─¡¿No tengo las agallas!? ¡Te mostraré quién no tiene un cerebro!
Apuntó su arma a la cabeza de Rachel, pero entonces ¡Jefferson se levantó y golpeó su cabeza contra la entrepierna del banquero! Alan arrojó un grito demasiado agudo y perdió el arma otra vez. Rachel volteó hacia su padre con toda sorpresa.
─¿De dónde crees que lo sacaste? ─preguntó Jefferson, con una sonrisa.
Rachel compartió la sonrisa con una chispa en su mirada, agarró el cuchillo de Jack, y se liberó de inmediato.
Afuera, viendo que tanto Telly como Stanton habían caído, Elam detuvo la carreta y no se resistió. Arrojó su rifle y alzó los brazos, rindiéndose ante Dolores y su pandilla.
─¡Me rindo! ¡Me rindo! ─dijo.
La pandilla sonrió y volteó hacia la nube de polvo que se alzaba sobre la zona de caída de aquellos tres hombres. Jack yacía en el suelo, golpeado, adolorido, y tratando de recuperar su respiración por un momento… ¡hasta que Telly lo jaló de sus prendas!
─¡Oh, vamos! ─protestó Jack.
─¡Estás muerto, granuja! ─gritó Telly.
Lastimado como estaba, Jack apenas podía arrojar alguno que otro golpe contra el brutal Telly, sólo logrando lo suficiente para tener al par dando vueltas por el suelo. El Sr.
Curtis trató de intervenir, apuntando su rifle hacia Telly, pero sin poder disparar.
─¡¿Qué estás esperando!? ─preguntó Dolores─. ¡Mátalo!
─¡Se mueve demasiado! ─contestó el Sr. Curtis.
Rachel se asomó por la carreta y vio la pelea. ¡Le estaban dando una paliza a Jack! La única esperanza del caza recompensas era agarrar el revólver de Telly, tirado a unos metros de distancia de sí, pero no era algo sencillo.
Tras algo de forcejear y girar, las puntas de los dedos de Jack tocaron el arma y una breve esperanza vino a él… antes de que Telly le soltase un puñetazo al rostro, lo dejase fuera de combate por unos segundos, ¡y se hiciese él mismo del arma!
¡Te dije que te agarraría! ─exclamó Telly, con una gran sonrisa.
Apuntó el arma hacia Jack y su dedo estaba por jalar el gatillo, cuando…
¡BANG! ¡El brutal bandido fue derribado por un disparo por nadie más que Rachel!
Sorprendido, Jack alzó la mirada y vio a la encantadora joven colgando de la carreta, con la extravagante arma de Alan en su mano, y concediéndole un guiño del ojo.
─Ahora, esa es una arma sin igual… ─dijo Jack hacia sí.
Sonrió y se incorporó. La batalla finalmente había acabado.