15 El Acuerdo Final
Jack ayudó a Stanton a levantarse, y revisaron a Telly. Su boca estaba llena de sangre y sus profundos ojos miraban perdidamente el infinito cielo azul sobre sí.
─Maldito granuja… ─dijo.
─Toda esta pelea… ¿Realmente no había otra opción para ti? ─preguntó Jack.
Telly extendió una larga y sangrienta sonrisa.
─¿Dónde estaría la diversión en eso? ─contestó.
Jack compartió la sonrisa por pura empatía y entonces Telly tomó su último aliento. Sus ojos se perdieron en el vacío y de repente ya no era amenazante. Había muerto, y pese a su brutalidad, crueldad, y egoísmo, Jack no podía menos que admirar su perseverancia.
Agradeció a Stanton por su ayuda, y se dirigió a donde Rachel y su pandilla se reunían.
Rachel cortaba ahora los amarres de las muñecas de Jefferson.
─Hasta ahí llegó lo de secuestrar a tu padre ─comentó Dolores.
─¿Qué? ─exclamó Jefferson, desconcertado.
─Nada, no te preocupes por ello ─Rachel sonrió con culpabilidad.
Jefferson volteó los ojos y suspiró.
─También me da gusto verte ─dijo.
Compartió un abrazo con Rachel hasta que los distrajo el chillido de Alan con las manos sobre su entrepierna, lamentando su derrota.
─¿Qué haremos con él? ─preguntó el Sr. Curtis─. Sabe demasiado.
─¿Podemos matarlo? ─preguntó el Loco Kinski con entusiasmo.
Alan se encogió con pánico y Rachel sonrió, inspirada.
No, así no es como nosotros hacemos las cosas ─dijo Rachel─. Pero sí creo que el famoso Bandido de las Medias ha agregado un par de crímenes a su repertorio.
Secuestro, asalto…
─Y asesinato, también ─agregó Dolores, apuntando a Telly con la cabeza.
─¡No maté a nadie! ─protesto Alan.
─Buena suerte probando eso con esa arma extravagante suya ─dijo Jefferson.
Alan chilló y la pandilla soltó una risa, cuando llegó Jack.
─Así que cumpliste ─le dijo Jefferson.
─Siempre lo hago ─respondió Jack.
Miró a Rachel y compartieron una pequeña sonrisa. Jefferson sacó un pequeño sobre del interior de su saco con la paga de Jack, y se la entregó.
─Creo que esto le pertenece ─dijo Jefferson.
Jack arrojó un vistazo al dinero y luego a Rachel.
─¿Por qué no hace algo mejor con ese dinero y se lo da a su hija? ─preguntó─.
Estoy seguro de que ella tendrá un mejor uso para él que yo.
─¿Estás seguro? ─preguntó Rachel─. Lo ganaste limpia y justamente.
─Nah. Ya tengo lo que quería…
Rachel bajó la mirada. Sabía perfectamente a lo que se refería.
─Además, puede que no sean cien mil dólares, pero sí que es suficiente para terminar con un “bang”, ¿no crees? ─siguió Jack.
Rachel apretó sus labios, forzándose a ocultar una sonrisa.
─Quizá ─dijo.
─En serio, Rachel, no quiero que te sigas metiendo en más problemas como este ─dijo Jefferson─. De ahora en adelante, si quieres dinero, sea para lo que sea, sólo ven a buscarme, y pensaremos en algo.
─¿Incluso si es para ayudar a viudas indefensas y trabajadores explotados?
En tanto te mantenga lejos de hacer cosas como esta, sí.
Rachel apretó sus labios un poco más y finalmente suspiró.
─¡Bien! ─dijo─. ¡Vaya! ¡Ustedes no dejan que una mujer se divierta a veces!
Intercambió una sonrisa con su padre y tomó el dinero. Entonces, Bob Bull vio una nube de polvo que se dirigía a su distancia – un par de jinetes.
─Alguien viene ─dijo.
Jefferson echó un vistazo y reconoció a sus guardaespaldas.
─Esos deben ser mis hombres ─dijo─. Váyanse de aquí. Me encargaré de esto.
─¡Ya oyeron al hombre, pandilla! ─dijo Rachel─. ¡A cabalgar!
En lo que todos se retiraron hacia sus caballos, Rachel volteó hacia su padre.
─Nos vemos, papá ─dijo con cariño.
─Nos vemos ─contestó Jefferson con un asentir de su cabeza.
Dolores le entregó a Rachel la rienda del caballo de Jack, y Rachel notó su herida.
─¡Oh, vaya! ¡Dolores, ¿estás bien!? ─le preguntó.
─Nada que veinte mil dólares no puedan resolver ─respondió─. Ahora, ¿podrías apresurarte? ¡Tenemos que desaparecer!
Con una risa, Rachel montó el caballo, seguida de Jack.
─Así que también vienes con nosotros, ¿ah? ─le dijo Dolores.
─En tanto no les importe ─contestó Jack.
─No me importa. ¡Andando!
Dolores y la pandilla salieron disparados en sus caballos, dejando a Jack y Rachel solos por un momento. Adolorido por la herida en el hombro, el caza recompensas insistió en que Rachel se encargase en esta ocasión.
─Tendrá que hacerlo usted ─le dijo.
Rachel le arrojó una mirada juguetona.
¿Confías en mí para eso? ─preguntó─. ¿En verdad?
─Eh…
La mirada de Rachel se convirtió en una de “¡por favor!”.
─¡Vamos! ─le dijo─. ¡Ya te salvé la vida!
─Eso hizo, sí… ─contestó Jack con titubeo.
─¿Y entonces? ¿Confías en mí ahora?
Jack torció la boca. Sacó el libro de su saco y lo arrojó a lo lejos.
─Dejémoslo así: quizá no se pueda confiar del todo en usted, ¡pero sin duda se le puede amar por completo! ─dijo.
Rachel sonrió con encanto.
─Y usted en verdad es un hombre tonto ─contestó.
Jack compartió la sonrisa y el par se unió en un largo (y postergado) beso.
Compartiendo la sonrisa, Jack finalmente se abalanzó sobre ella y la besó. Rachel azotó las riendas del caballo y se dieron al escape junto al resto de la pandilla.
─¡Por cierto! ─dijo Rachel─. Cuando prometí todo eso que le dije a mi padre, me refería sólo a meterme en problemas con él. Aún hay varios otros ricos imbéciles con los que tengo cuentas que arreglar, ¡así que más vale que se prepare!
─¡Sí, señorita! ─contestó Jack, con una risa.
Y desaparecieron en la pradera junto a la pandilla.