12 Reunión a la Medianoche #2
─¡Eso es todo lo que quería escuchar! ─sonrió Rachel.
Dolores compartió la sonrisa y miró a Jack.
─No sabe lo afortunado que es, amigo ─le dijo.
Con un movimiento de su cabeza, indicó al Loco Kinski que lo liberase.
El bandido le quitó la navaja de la garganta, pero esto no le importó a Jack.
Su furiosa mirada estaba puesta sobre Rachel.
Comprendiendo la naturaleza de sus pensamientos, la carismática ladrona se sentó frente a él, ligeramente apenada.
─Ahora, no me mires así ─le dijo─. Sabes quién soy y lo que hago. Esto no puede ser una sorpresa…
─No, supongo que no lo es ─contestó Jack.
La decepción del caza recompensas la afligía.
─¿Y bien? ─preguntó Rachel─. ¿Nos ayudarás?
─…No veo cómo eso pueda ser de mi beneficio ─respondió Jack.
─Bueno, aún recibirías una paga de mi padre, ¡y ayudarías en una buena causa!
Dijiste que querías un propósito.
─No, ¡dije que estaba bien sin uno!
Jack vio al Loco Kinski vaciando ahora la cámara de balas de su arma.
─Pero supongo que no tengo opción… ─suspiró.
No, no la tiene ─dijo Dolores─. O nos ayuda, o lo dejamos en el desierto. Decida.
─Perdónela. Su nombre es por algo, ¡pero tiene buenas intenciones! ─dijo Rachel. ─¡No te perdones en mi nombre! ─reclamó Dolores.
─Sí, seguro que las tiene ─dijo Jack─. De acuerdo, ayudaré. ¡Pero sólo porque no quiero leer que te mataron por intentar secuestrar a tu propio padre! ─¡Eres un tesoro! ─Rachel le besó la frente y bajó de la cama.
Jack se quedó congelado, decepcionado de que el beso no fuese en otra parte.
─Es toda una provocadora, ¿no es así? ─comentó Dolores.
─Puede decirlo dos veces… ─contestó Jack.
─Sin rencores ─el Loco Kinski le entregó el arma vaciada de vuelta a Jack.
─Seguro…
*****
Con el abrupto arribar de la pandilla de Rachel, el sueño desapareció del cuerpo de Jack, reemplazado en cambio por una decepción que parecía confirmar sus mayores preocupaciones respecto a su captura; y, sin embargo, no podía antagonizarla.
No del todo. Y no era porque estuviese rodeado de esos hábiles criminales que ahora tomaban control de la habitación para debatir más a fondo la idea de Rachel, sino simplemente porque el corazón puede ser tanto el órgano más vital como estúpido de una persona, y tan sólo no podía pensar menos de ella.
No quería verla en problemas, y aunque todo el plan la parecía una locura, sabía que tenía que ayudarla a, si no tener éxito, sí salir con vida de él.
De manera que ahora y sin quererlo, Jack era el sexto integrante de esa pandilla, y trataría de cumplir su nueva función de la mejor forma posible.
─De acuerdo, así es cómo lo haremos ─empezó a explicar Rachel, parada en medio de la habitación, aún en camisón, pero con un pequeño e improvisado set a escala de una estación hecha con las bolsas de sus compras─.
Mi padre le pidió a nuestro amigo aquí reunirse con él en la Estación Pink Rose.
En caso de que no lo sepan, esto juega a
nuestro favor porque dicha estación está en medio de la nada. Créanme. Lo sé bien. Solía pasar mucho tiempo allá cuando acompañaba a mi padre en su trabajo, y el lugar nunca se desarrolló más allá de eso. Es ideal para encontrarse en asuntos secretos y escapar.
─¿Por qué sospecho que es uno de esos hombres que nunca viajan solos? ─ preguntó Dolores.
─Acertada como siempre, Dolores. No lo hace ─dijo Rachel─. Pero tampoco yo. Su pandilla sonrió entre sí.
─Ahora, no queremos atraer la atención de nadie ─siguió Rachel─.
Así que vamos a seguir la corriente. Nuestro amigo aquí me entregará a mi padre, arreglará cualquier negocio que pueda tener con él…
y entonces mi padre tendrá que llevarme con él, lo que dará inicio a nuestro vals.
Yo lloraré y pediré por su perdón y… Jack soltó una risa y distrajo la atención de todos.
─Creí que querías ser convincente ─dijo─. ¿Acaso ser sumisa y arrepentida suena como a ti?
Rachel hizo una mueca, pensando en ello.
─Tienes razón ─respondió─. Olviden eso. Le gritaré y trataré de liberarme.
─Eso suena más como tú, sin duda ─comentó Dolores.
─En cualquier caso, mientras él y sus hombres me llevan… ustedes llegan y hacen lo que hacen mejor.
─¿Aparecer de la nada y golpearlos en sus cabezas? ─preguntó el Loco Kinski.
─Correcto, querido ─contestó Rachel.
─Ajá, ¿y qué tal si nos oyen? ─preguntó Dolores─. ¡Joder! ¿Y si nos disparan?
─Entonces yo interferiré y apuntaré un arma a mi padre para calmarlos.
─¡Vamos! No esperarás que tu padre crea que le podrías disparar ─dijo Dolores.
─¿En verdad dudas de ella? ─rio Jack.
─En cualquier caso, si él no la orden, la daré yo misma.
Naturalmente, no voy a matar a mi propio padre.
¡No estoy tan loca! Pero ellos no lo sabrán y harán lo que sea para evitar que alguien le dispare a su jefe.
De otra forma, no les pagarán y hombres como esos sólo les interesa el dinero, ¿no es así, Sr. Caza Recompensas?
─…Correcto ─contestó Jack.
─A propósito, ¿qué es lo que hará él? ─preguntó Bob Bull.
Todas las miradas se fijaron en Jack, y Rachel sonrió.
─Él será nuestro ángel de la guarda ─dijo─. Si lo peor llega a pasar, él se asegurará de sacarnos de ahí.
─¿Usted hará eso? ─cuestionó el Sr. Curtis─. ¿ Usted ?
─Estoy aquí, ¿no es así? ─contestó Jack.
El Sr. Curtis esbozó media sonrisa, todavía desconfiando del caza recompensas.
─Entonces, todos escaparemos juntos y negociaremos con mi padre por su libertad ─siguió Rachel─. ¿Qué tal suena eso?
─Suena demente, pero eso nunca te ha detenido ─contestó Dolores.
─¡Tomaré eso como un cumplido! ─dijo Rachel─. ¿Y? ¿Estamos de acuerdo?
Tras un breve intercambio visual, su pandilla asintió con la cabeza.
─Mi dulce dama, la seguiré hasta las puertas del infierno ─dijo el Sr. Curtis.
─Cualquier plan demente es un buen plan ─dijo el Loco Kinski.
─Joder, ¿por qué no? ─rio Bob Bull.
Rachel miró a Dolores, aguardando por su aprobación.
─Sabes que no puedo dejarte sola ─dijo Dolores.
Rachel sonrió y luego miró a Jack, quien sólo se encogió de hombros.
─En tanto no hagas que te maten… ─dijo.
─¡Entonces estamos todos de acuerdo! ─exclamó Rachel y su pandilla celebró.
¡Un nuevo plan estaba en marcha!